2008/03/09

> Iritzia: Ian Gibson > VERGUENZA EN ALICANTE

  • Vergüenza en Alicante
  • El País, 2008-03-09 # Ian Gibson · Hispanista

En Campo de los almendros (México, 1968), tal vez la mejor novela del exilio español, Max Aub cuenta magistralmente, con técnica casi cinematográfica no ajena a la de Manhattan Transfer, el pánico y el caos de los últimos días de la Guerra Civil en Alicante... y el horror de los que les siguieron.


En vísperas del contundente parte final de la contienda del 1 de abril de 1939, caído ya Madrid, abarrotaban los muelles del puerto de Alicante muchos miles de republicanos que esperaban con creciente desesperación la llegada de los barcos anunciados que les librasen de la inevitable vesania franquista. Los barcos no llegaron, pero uno que ya estaba allí, el carguero británico Stanbrook, se ganó un lugar inmortal en los anales de la decencia humana debido a la valentía y generosidad de su comandante, Archibald Dixon, que acogió a bordo nada menos que a 3.028 hombres, mujeres y niños y zarpó con ellos rumbo a Orán. Algunos de los que hicieron la travesía la han recordado, con honda emoción, en el excelente documental de Joan Sella para RTV, Cautiverios en la arena. Una historia del exilio, que se incluyó en la serie El laberinto español, conducida por Jorge M. Reverte y emitida el año pasado.


A los que no lograron escapar de la ratonera alicantina -y que no optaron por el suicidio, que hubo muchos, como narró en su momento el testigo presencial Eduardo de Guzmán-, les esperaban, entre otros paraderos siniestros, el infierno del campo de concentración que daría su nombre a la mencionada novela de Aub. Un documento de los nacionales fechado el 3 de abril de 1939 ya daba fe de las espantosas condiciones que existían en aquel lugar de infausta memoria, situado en la carretera de Alicante a Valencia entre La Goteta y Vistahermosa.


En noviembre de 2004, la Comisión Cívica de Alicante para la Recuperación de la Memoria Histórica solicitó al Ayuntamiento, con mayoría absoluta del Partido Popular, un monumento que recordara el trágico fin de la Guerra Civil en la ciudad. Al día siguiente, el Pleno acordó por unanimidad crear una comisión temporal para estudiar el asunto. Ante la prolongada inactividad de la misma, la Comisión Cívica solicitó, en mayo de 2006, una parcela concreta de suelo público en Los Almendros, de unos mil metros cuadrados, acompañando la necesaria documentación. La solicitud fue reiterada cuatro veces a partir de entonces y hasta finales de 2007, sin ser atendida por el Ayuntamiento. Entretanto, la Comisión Cívica consiguió una subvención del Gobierno de España para edificar el memorial, subvención que vencerá a finales de marzo de 2008.


El domingo 20 de enero de este año se convocó una manifestación en el Campo de los Almendros -hoy en día mayormente urbanizado- con la finalidad de reclamar, una vez más, la construcción del memorial. Según el testimonio de varios presentes, fue un acto emotivo: hablaron algunos supervivientes del campo (ya quedan pocos) de su experiencia de aquellos terribles días, y luego se plantó un simbólico almendro florecido.


Pocas horas después el árbol fue arrancado. Sobre el cartel que lo acompañaba algún energúmeno había pintado la palabra "asesinos" al lado de una esvástica.


El alcalde de Alicante, Luis Díaz Alperi, preguntado por su opinión acerca del proyecto, manifestó: "La culpa la tienen ellos, porque, ¿a quién se le ocurre pedir una subvención sin tener previamente el permiso del Ayuntamiento?". "¿Entonces se construirá el memorial?", insistió el periodista. "Cuando Dios quiera", repuso el edil. Así es el talante del Partido Popular en Alicante, y ello a las pocas semanas de aprobada en las Cortes la llamada Ley de la Memoria Histórica.


Comentando el triste asunto en la sección Cartas al director de este diario (EL PAÍS, 13 de enero de 2008), Juan Manuel Menéndez de las Heras recriminó a los populares alicantinos, con razón, su falta de sentido de la solidaridad, de la justicia y de la humanidad. ¿Sería demasiado esperar a estas alturas que reconsiderasen, que rectificasen? Quiero creer que no. Si fuesen capaces de hacerlo sería no sólo un acto de valentía, sino el mejor homenaje posible al espíritu de reconciliación de la Constitución de 1978. Y también a Max Aub, escritor cada vez más admirado en España y fuera, que tiene en tierras levantinas, concretamente en Segorbe, la fundación que lleva su nombre.

> Erreportajea: Hiesa > VIDAS EN POSITIVO

  • Vidas en positivo
  • Noticias de Alava, 2008-03-09

Cierren los ojos por un momento y piensen en ese amigo de toda la vida con el que han compartido los buenos momentos y que también ha estado ahí para ustedes en las peores situaciones actuando como apoyo incondicional. Abran ahora los ojos y piensen que les comunica su condición de seropositivo. ¿Cuál sería su reacción? La hipocresía lleva a decir a la mayoría que ninguna en especial, pero la realidad es que las personas que descubren que han contraído el VIH se encuentran con el rechazo de una sociedad que, en la mayoría de los casos, no está preparada para asumir que el sida es una enfermedad como muchas otras que existen y que como tal hay que tratarla.


Esta afección la sufren muchas personas en Álava. En su mayoría, éstas llevan a cabo una vida totalmente normalizada que podría serlo todavía mucho más si, en ocasiones, no tuvieran que ocultar el hecho de que están enfermas. Porque si bien es cierto que en la retina de la mayoría se encuentra la imagen de un afectado sin recursos, lo cierto es que esa realidad quedó atrás hace tiempo. El sida tiene dos caras, es cierto. Pero la asociada a los sectores marginales es cada vez menor frente a la de un colectivo que se integra perfectamente en la sociedad y que es capaz de afrontar el día a día como una persona que no padece dolencia alguna.


Éste es el caso de una vitoriana de 41 años -llamémosla A-, que precisamente por el tabú social que todavía existe en torno a esta dolencia, prefiere no hacer público su nombre. Ella es un ejemplo de que hay vida después del peor resultado en una prueba. Y de que las piedras que a veces se encuentran en el camino pueden superarse con tesón y voluntad. Porque prefiere anteponer el hecho de ser positiva al de tener el positivo en un diagnóstico.


Esta filosofía la llevó a superar una adicción a la heroína que duró un lustro y que le dejó hace ya 22 años dos legados: una enfermedad por entonces muy letal llamada sida y una fortaleza de carácter inaudita para superar los problemas. "Cuando a mí me lo diagnosticaron se moría la gente. Pero entonces estaba enganchada y no le di tanta importancia. Fue luego, cuando me quité, cuando asumí lo que suponía. Por entonces, sobre todo, me preocupaba por las relaciones íntimas", explica.


Pero lejos de hundirse, A miró hacia adelante y decidió que ella podría con la enfermedad y no al revés. "Rehice toda mi vida. Muchos miedos parten de la sociedad y se lucha desde uno mismo, de una posición y actitud honesta ante la vida. Yo quiero vivir y lo que viva, quiero hacerlo bien", comenta llena de esa fuerza interna que le ha llevado a triunfar.


A partir de ahí, comenzó su nueva andadura, que le ha llevado a comprarse su propia casa, montar dos negocios y ser feliz con su novio de los últimos doce años. Una circunstancia que también viene a romper el tabú de la imposibilidad de mantener relaciones estables con esta dolencia. "A nivel de pareja en ningún momento me he sentido rechazada. Mi actual pareja es seropositivo, pero también he tenido relaciones con personas sin sida", afirma.


Autoculpa
Asume que, muchas veces, no es sólo la sociedad la que inconscientemente discrimina sino que también los propios afectados se infravaloran. "El seropositivo se quita derechos y luego recapacita para superar las trabas. Caemos mucho y nos quitamos oportunidades a nosotros mismos".


Y aunque afirma que su día a día está totalmente normalizado no oculta que, en muchas ocasiones, es así porque hay que ocultar la enfermedad que les acompaña. "Hay que ser consciente de la realidad. Es una historia muy fuerte. La intuición te lleva a saber a quién se lo puedes decir y a quién no. Hay campos en los que debes esconderlo como en el seguro de vida que te piden si compras una casa, porque si no, no tienes opciones".


Por todas estas causas la receta quizás esté en no obsesionarse y asumir desde un principio que una dolencia crónica no significa que acabe siendo mortal. "Es una enfermedad de transmisión y no contagiosa, en la que tiene mucho que ver la información. Tenemos preocupaciones como pudiera tener un epiléptico o un diabético, pero pienso en mi salud como el resto". Probablemente esta positividad le ha llevado a mejorar tanto su salud que ha llegado a un punto en el que, tras doce años de medicación, le han retirado el tratamiento porque su carga viral es indetectable.


Eso le ha animado todavía más a pensar en clave de futuro. Uno en el que su pareja y ella intentarán ampliar la familia. Un sueño que, tras superar un cáncer de útero que le ha impedido hacerlo de forma biológica, tratarán de hacer realidad de todas las formas posibles. Porque ambos han demostrado ya la madurez suficiente para ser uno más en casa y su capacidad para convivir con el sida sin riesgos ni problemas. "Es importante tener proyectos, vivir con ilusión. El tener una motivación te da fuerzas para continuar". Y ella encuentra cada día miles de motivos para seguir adelante.


Algo que le cuesta un poco más a Andoni, un seropositivo que no ha tenido tanta suerte en la vida, pero que aun así ha decidido no rendirse. Y es que muchas veces, una mala decisión en un momento puntual puede pagarse muy cara durante demasiado tiempo. En ocasiones, toda la vida. Él se vio envuelto en una espiral en la que el sida se convirtió quizás en el menor de sus problemas. Reconoce que cuando le diagnosticaron el Virus de Inmunodeficiencia Humana en los ochenta su vida no cambió demasiado. Entonces y todavía hoy admite que no tiene claro si la transmisión fue por contacto sexual o por compartir jeringuilla.


Todo igual
Pero continuó con su rutina, que le llevó a coquetear con las drogas y que le dejó en jaque más de una vez. En su opinión, el primer error de los médicos fue decirle que se moriría. "Se puede mantener una vida larga y de calidad. Sólo hay que darse cuenta de que esto es una enfermedad crónica". Él asume que, en cierto modo, esto también le llevó a no tomar la medicación que le recomendaron porque, a su juicio, no servía para nada. "Yo conocía a gente que se moría con esos tratamientos, que lo único que hacían era alargar su agonía". Ahora es consciente de que todo ha evolucionado y que la medicación que él toma, le ayuda a mantener sus cargas virales en los niveles óptimos.


Eso sí, siguen siendo caros aunque aquí sean gratuitos para todos los afectados. Así que aunque ése no es un problema para él sí lo son las complicaciones de acceder al mercado laboral por su currículum. Por ello, pide que la sociedad cambie un poco el sanbenito que tiene el sida. "No hay que estigmatizarlo porque cualquier día puedes cogerlo tú. Nadie está a salvo ya que por una casualidad desafortunada pueden transmitírtelo". Pero no sólo eso, también solicita que las instituciones se impliquen un poco más económica y laboralmente para que personas como él puedan superar el día a día e integrarse en le mercado laboral.


Desde que se enteró cuando se acercaba a la treintena, los años fueron pasando entre dimes y diretes y, hace poco, Andoni decidió ordenar su vida definitivamente. Después de superar una situación médica muy complicada ajena al sida, entró en el centro de rehabilitación Besarkada Etxea, donde ya lleva dos años y cuatro meses. Eso le ha servido para encontrar una estabilidad que asume que es necesaria para convivir con la enfermedad. "Llegué con 54 kilos y ahora peso 72. Ha sido una nueva vida para mí. A lo que más importancia le doy más que a la medicación es a tener una rutina estabilizada, que es lo que juega un papel relevante para llevar una buena vida si eres seropositivo".


En clave de futuro
Ahora echa la vista atrás intentando pensar qué habría pasado si un buen día hubiera decidido no compartir una jeringuilla o usar un preservativo y, desde la experiencia, anima a la gente a que tome medidas. Es la eterna pregunta que ofrece a todo el mundo un pasado en el que hubo una disyuntiva y en el que se optó por el camino que luego resultó no ser el deseado. Y a lo mejor, por ello, prefiere no mirar al pasado "porque ya no sirve de nada y no me voy a arrepentir de haber vivido la vida".


Una que desde luego no ha sido de esas de película, pero que no evita que él piense en un futuro positivo donde pueda lograr nuevos objetivos. Al fin y al cabo, Andoni todavía tiene 50 años y mucho por delante. "En esta casa estoy muy a gusto, pero no quiero permanecer siempre aquí. Espero poder salir, buscar un trabajo y seguir por mi cuenta. Y quién sabe, igual salen medicaciones que curen el sida porque dinero sí que se dedica a investigarlo".


Cierren ahora los ojos y piensen que estas personas podrían sentarse hoy al lado suyo en el autobús, acudir a solicitarles un empleo o pedirles simplemente un cigarrillo. Abran ahora los ojos y afróntenlo sabiendo que esto no es el fin del mundo, ni mucho menos. Porque unas pastillas no deberían servir para establecer barreras, sobre todo cuando el único matiz para que sean discriminatorias es el nombre de la enfermedad que palian. Y porque la palabra sida debería poder decirse ya en voz alta sin temor a represalias porque hoy en día no es sino una enfermedad crónica más, como muchas otras.

> Erreportajea: Bestelakoak > LOS ULTIMOS "HAMMAMS" DE EL CAIRO


  • Los últimos ‘hammams’ de El Cairo
  • El País, 2008-03-09 # Vicente Molina Foix

Su húmedo encanto ha perdurado durante siglos. Abiertos al lujo de la conversación en libertad, ahora la desidia y los integristas los están cerrando. ya sólo quedan seis.


A El Cairo no se va uno a bañar, sino a ver pirámides y tratar de distinguir, en el polvoriento aunque maravilloso Museo Egipcio, el atrezo fúnebre de Tutankamón, los retratos hiperrealistas de El Fayum o las distintas narices de Nefertiti. A bañarse y a sufrir los masajes más ásperos del mundo se va a Estambul, por ejemplo, o a Budapest, donde los denigrados turcos dejaron, entre otras huellas, el gusto y la fábrica de unas espléndidas casas de baños. Pero Egipto, como cualquier otro país musulmán, practica sagradamente el rito acuático, y Egipto, más que cualquier otro país de su entorno, vive además del agua, pues no habría cultura, agricultura, economía, ni siquiera vida sin el riego del Nilo, que cruza su territorio de norte a sur. Por eso la noticia de que los hammams de El Cairo están desapareciendo, y hasta son hostigados con una mezcla de celo integrista y suciedad mental, produce, más allá de la tristeza, la sensación de algo incongruente y hasta sacrílego.


Siempre han estado allí, y se dice que Egipto tuvo los primeros baños públicos, los más numerosos del Oriente, los más bellos, y tan apreciados por sus pobladores que existe la leyenda de que, en algunas épocas de penuria, los libros de la Biblioteca de Alejandría fueron quemados para calentar el agua de los baños de esa ciudad costera. Hay testimonios antiguos y muy admirativos de los hammams de El Cairo: el viajero árabe por excelencia, Ibn Batutta, menciona satisfecho unas abluciones vistas en uno de ellos en el año 1326, y los dibujó primorosamente el equipo de artistas que, bajo la dirección del gran escritor y erudito Vivant Denon, realizó para Napoleón Bonaparte la monumental Description de l'Egypte; pero yo llevaba en la cabeza, antes de visitar por vez primera la ciudad, la guía de un autor que fue mucho tiempo mi poeta de cabecera, Gérard de Nerval. Como tantos románticos europeos, Nerval viajó hacia el sur, y los cientos de páginas inspiradas por sus andanzas egipcias, sirias y turcas constituyen uno de los textos más perdurables del orientalismo decimonónico, en su peculiar mezcla de crónica, relato y diario íntimo.


Aunque cueste creerle hoy cuando uno entra en el hammam cairota de Bichri, o ve el conjunto de fotos hermosas y lacerantes de este reportaje, Nerval, que los frecuentó en 1843, cuenta que la mayor parte eran “verdaderos monumentos que servirían muy bien de mezquitas o de templos”, describiendo sus columnas de mármol, sus gabinetes abovedados, sus fuentes de traza elegante. “Allí podéis aislaros o mezclaros con la muchedumbre, que no tiene nada del aspecto malsano de nuestras congregaciones de bañistas, y se compone generalmente de hombres sanos y de hermosa raza, cubiertos, a la antigua, de una larga tela de lino. Las formas se dibujan vagamente a través de la lechosa bruma atravesada por los rayos blanquecinos de la bóveda, y uno puede creerse en un paraíso poblado de sombras dichosas”.


Nerval experimentó también el purgatorio de las piscinas de agua hirviente, donde “el bañista sufre diversas clases de cocción”, y el castigo de los rudos masajes practicados en la zona por “esos terribles estafermos con las manos armadas de guantes de crin, que os desprenden de la piel largos rollos moleculares cuyo espesor os asusta, haciéndoos temer que acabaréis siendo usados gradualmente como una vajilla demasiado lavada”. Después viene el alivio de los hervores y las palizas, en tiempos de Nerval más mullido de lo que hoy lo es; el escritor francés describe, en el capítulo sobre ‘Las mujeres de El Cairo’ de su Voyage en Orient, la toma del café y los sorbetes, el humo enajenante de su pipa de narguilé, recostado en unas otomanas desde las que la clientela dominaba la sucesión de salas limpias y relucientes.


Fui a El Cairo con esas fantasías producidas por la palabra de Nerval y no encontré lujo asiático ni sabias manos férreas que después de darte una tunda te dejan como nuevo. El hammam de Bab el Bahr, situado en el barrio comercial de Mouski, es uno de los menos dilapidados de la capital, pero sus salas no tienen gracia ni atmósfera, al contrario que las de los más antiguos baños cairotas de Beshtak (siglo XIV) y Sinaniye (siglo XVI); ninguno llega, en todo caso, a la altura de los mejores baños turcos de Estambul, aquellos –como el situado frente al Gran Bazar– que construyó en la primera mitad del siglo XVI Sinán, uno de los grandes arquitectos civiles y religiosos de lo que podríamos llamar el Renacimiento paneuropeo. Frente a la dramática disposición de espacios, luces y sombras que caracterizan las obras maestras de Sinán, las construcciones de los baños de El Cairo, al menos tal y como hoy se encuentran, ofrecen estancias abigarradas, pero más acogedoras, donde el repinte en colores chillones no siempre esconde la vejez ruinosa de los materiales. El de Bichri tiene algunos rincones que producen la impresión de un patchwork donde los paños colgados a secar, el amontonamiento de los divanes y la mancha de sus ventanas y puertas pintadísimas parecen la obra de un anónimo artífice que un día fuese adepto del pop art y al siguiente se levantara practicando el arte povera.


Tampoco el viajero actual encontrará en los hammams de El Cairo la posibilidad del vicio que tanto atrajo a otro ilustre personaje, Gustave Flaubert. El autor de Madame Bovary viajó por Oriente Próximo pocos años después de Nerval, entre octubre de 1849 y junio de 1851, acompañado por el escritor y (excelente) fotógrafo Maxime du Camp. “El Oriente siempre”, escribía ya un Flaubert de 19 años a principios de 1841, y aunque la devoción resulte inverosímil en razón de su vida posterior, Gustave siguió diciendo hasta el fin de sus días que había nacido para vivir allí. En las cartas que escribe desde Egipto, muchas de ellas a su gran amigo y consejero Louis Bouilhet, el novelista se muestra explícito respecto a sus aventuras amorosas. Así, mientras recorre el Alto Egipto se entera de que el sultán Abbas Pacha ha cerrado los burdeles y prohibido el espectáculo de las danzarinas; Flaubert se las arregla para entrar en contacto con una prostituta clandestina, estableciendo la mujer y el cliente “una extraña relación en la que los dos se miran sin poder hablarse”. También asiste a una “danza de las abejas” ejecutada en un garito por hombres disfrazados de mujer, y tanto le atrae esa peculiar exhibición de “parloteo muscular” de los travestidos que los va siguiendo por los baños turcos donde actúan. Ninguna indecencia les resulta, a él y a Maxime, desdeñable, fuera o dentro de los hammams; a Flaubert se le ve disfrutar refiriéndole a Bouilhet la escena –vista en un mercado de El Cairo– de un asno masturbado por un mono.


Esta lubricidad no brilla tan públicamente en los barrios y calles de El Cairo actual, pero aun así las noticias que llegan respecto a la amenaza oficial contra los últimos baños públicos supervivientes de la época de los mamelucos y los fatimíes apuntan, una vez más en nuestros días, y una vez más con mayor virulencia en el ámbito musulmán, a operaciones de policía moral. Y no por la eventualidad de que, como sucede con disimulo en uno o dos céntricos baños turcos de Estambul, se practique entre sus aguas calientes la homosexualidad. Se trataría, más simplemente, de represaliar el concepto civil de estos lugares cerrados, pero abiertos a la palabra, íntimos y sensoriales, placenteros y purificadores, donde tradicionalmente se ha practicado, más que el amor, el lujo de la conversación. No sólo entre los hombres, que han proporcionado por razones sabidas una mayor cantidad de iconografía bañista. Las mujeres (al margen de las huríes y favoritas del harén) han sido siempre usuarias, en horario distinto al masculino, de estos espacios de relajación, intercambio social e higiene del cuerpo; según una de las más perspicaces viajeras del siglo de las luces, lady Mary Wortley Montagu, esposa del embajador británico en Constantinopla, los hammams –que ella visitó en 1717– constituían para las mujeres árabes unos formidables centros de ocio no vigilado y libertad genérica.


En España tenemos, naturalmente, una larga memoria y una presencia física de los baños árabes y, antes, de la obsesión acuática de los romanos, grandes cultivadores de una cultura y una innovadora ingeniería del agua. Siempre me ha gustado creer, pese a su aire de falsedad manifiesta, la anécdota, leída en un libro de historia de las termas, que hace al emperador Nerón inventor de la palabra spa, tan de moda hoy. Nerón, según esa leyenda, habría exclamado, al ver una noche las magníficas fuentes de Roma en pleno funcionamiento, la frase “¡sanitas per aquas!” (la salud a través del agua), formando sus tres iniciales el rampante término balneario.


No se me ocurriría llamar spa a ninguno de estos pequeños y decaídos templos para la salvación del cuerpo que ahora pueden desaparecer del rico tejido urbano de la capital egipcia. Guardo recuerdos de toallas cairotas transparentes por el mucho uso, de sillas de reposo desvencijadas, de un jabón que me dieron tan espeso y oscuro que me hizo pensar en el que usaban los griegos de la palestra, hecho de cenizas y grasa de cabra, e idóneo, por lo visto, para la limpieza del poro y la eliminación de todo lo que el cuerpo destila de malo. Esos recuerdos, mezclados en mi repaso triste a las fotos que ilustran estas páginas, me han llevado a Cavafis. El refinado poeta alejandrino no fue muy proclive a los baños, pero la sensualidad amenazada le atañe. Peligroso se llama uno de sus poemas mejores, un himno a la alianza entre la reflexión y la pasión, puesto en boca de un estudiante sirio de Alejandría, Mirtias (cito un fragmento en la traducción de Ramón Irigoyen): “Entregaré mi cuerpo a los placeres, / a los goces soñados, / a los más atrevidos deseos eróticos, / a los lascivos ímpetus de mi sangre, sin / miedo alguno, porque cuando yo quiera / –y lo querré, fortalecido / como estaré con la contemplación y los estudios– / en los momentos críticos encontraré otra vez, / como en tiempos, ascético, mi espíritu”.

> Berria: Interneta > EXPEDIENTADO UN MILITAR POR UN ANUNCIO SEXUAL

  • El brigada superdotado
  • Expedientado un militar por un anuncio sexual
  • El País, 2008-03-09 # Miguel González · Madrid

"Hombre atractivo, alto, moreno, muy apasionado, tierno, morboso, atlético y superdotado...". Remitir a una página web especializada en contactos sexuales el anuncio encabezado por esta frase puede costarle hasta dos meses de arresto a un brigada de la Armada destinado en la base naval de Rota (Cádiz). El motivo del expediente disciplinario no está en el contenido del mensaje, que además de inmodestia ("si me pruebas sólo una vez, te volverás adicta a mí", concluía) pecaba de falta de originalidad, sino en la firma: "mforlop.fn.mde.es".


Las primeras letras corresponden al acrónimo de su nombre y apellido, mientras que "Fn" son las siglas de Fuerza Naval y "mde" las de Ministerio de Defensa de España. Se trata, por tanto, de una dirección de correo electrónico correspondiente al servidor oficial de la Marina de Guerra española.


Todos los miembros de las Fuerzas Armadas disponen de una dirección electrónica (con las siglas fn los de la Armada, et los del Ejército de Tierra y ea los de la Fuerza Aérea). Junto a la misma se les entrega una copia de la normativa de uso, en la que se hace constar que esa dirección de correo electrónico sólo puede emplearse para gestiones del servicio.


El brigada habría incurrido por tanto en una falta disciplinaria grave consistente en "utilizar para usos particulares medios o recursos de carácter oficial". El Código Disciplinario Militar castiga esta conducta con la pérdida del destino o entre uno y dos meses de arresto.


Enviado desde Rota
El asunto no es, sin embargo, tan fácil. Primero hay que demostrar que el anuncio fue remitido a la página de contactos por el propio brigada y que nadie suplantó su identidad. Aunque por Internet circulan numerosas copias del mensaje, al parecer la primera se envió a principios de enero desde un ordenador de la base de Rota.


El segundo problema estriba en que, pese a la prohibición, son muchos los militares que utilizan su dirección electrónica oficial para usos particulares y, hasta ahora, se ha hecho la vista gorda con esta práctica. "No es lo mismo", señalan fuentes militares, "ofrecer un coche de segunda mano que poner un anuncio porno". No es lo mismo, pero el código disciplinario no establece ninguna diferencia, así que habría que aplicar al brigada otro tipo disciplinario si no se quiere incurrir en agravio comparativo. La complejidad del tema, sobre el que se quiere sentar una doctrina para el futuro, explica que aún no se haya resuelto el expediente.


No obstante, la aplicación de la disciplina militar a Internet no es un hecho novedoso. Una marinera y dos marineros fueron expulsados en 2006 de la Armada después de que uno de ellos colgara en Youtube un vídeo con prácticas sexuales a bordo del buque Marqués de la Ensenada. También en la base de Rota, pero en la parte que ocupa la Marina estadounidense, un militar fue encausado por acceder a páginas de pederastia desde un ordenador de la Navy. Y en el Ministerio de Defensa un coronel fue castigado con ocho días de arresto domiciliario en 2005 por despedirse del servicio activo remitiendo una proclama golpista a miles de usuarios de la red interna del departamento.

> Berria: Eliza > ROUCO, EL RETORNO DEL CARDENAL TRONANTE

  • El retorno del cardenal tronante
  • Vuelve el Rouco de siempre. El cardenal de Madrid toma a los 71 años, por tercera vez, las riendas de la Iglesia para impulsar su cruzada antilaicista y "defender la familia"
  • El País, 2008-03-09 # Lola Galán

La lente fotográfica no miente. Antonio María Rouco Varela era un hombre feliz el martes pasado, cuando se presentó ante los periodistas como nuevo presidente de los obispos españoles. Su aspecto -con gafas más ligeras, un corte de pelo discreto y un brillo nuevo en la mirada- disipaba cualquier duda sobre la salud del cardenal de Madrid, ya superada la enfermedad que obligó a extirparle un riñón en el otoño de 2004. Recuperar a los 71 años su puesto en la sala de mando de la jerarquía eclesiástica española en vísperas de una previsible (según las encuestas) victoria socialista, no podía resultar indiferente al cardenal que más ha batallado contra algunas leyes del PSOE.


La victoria tenía también una lectura personal. Hombre propenso a la melancolía, la derrota de 2005, cuando se quedó a un voto de ser reelegido por tercera vez presidente de los obispos y el timón pasó a manos del moderado obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, le había producido una gran decepción.


Durante el gobierno de Blázquez, Rouco dio un paso atrás, dejando casi todo el protagonismo, en lo que al ala dura del episcopado se refiere, al cardenal de Toledo, Antonio Cañizares, y al de Valencia, Agustín García-Gasco. Su perfil se mantuvo bajo, aunque su voz se alzara para rechazar el derecho del Estado a dar una educación moral a los escolares (a través de la asignatura de Educación para la Ciudadanía); para denunciar una y otra vez el laicismo creciente de la sociedad española o la maldad intrínseca de los matrimonios gays. Su verdadera reaparición estelar no se produjo hasta el 30 de diciembre pasado, en la multitudinaria manifestación de la plaza de Colón de Madrid. Allí, Rouco fue de nuevo Rouco. El poderoso cardenal que congrega masas gigantescas. El que fustiga al Gobierno socialista con verbo afilado.


"El ordenamiento jurídico ha dado marcha atrás respecto a lo que la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas reconocía: que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad y tiene derecho a ser protegida", dijo ante las más de 160.000 personas congregadas. Y no se la protege, siguió Rouco, porque con "las leyes vigentes" se "relativiza radicalmente la idea del matrimonio" y "se fomentan desde las edades más tempranas prácticas y estilos de vida opuestos al valor del amor indisoluble".


Era el Rouco de siempre, tronando con su garganta propensa a la ronquera. El líder indiscutible del sector más integrista del catolicismo español. El único capaz de tejer las alianzas precisas con el principal inquilino del Vaticano, Benedicto XVI, que asomó por la pantalla gigante, en conexión directa desde la plaza de San Pedro. La manifestación fue, para muchos, la señal del cambio que se avecinaba. Y el cambio se materializó este martes.


Rouco vuelve a ponerse al frente de la poderosa empresa eclesiástica española, con sus 20.000 sacerdotes, 4.500 religiosos y 54.000 religiosas, la mayor parte de estos últimos dedicados a la enseñanza; su centenar largo de catedrales, sus 120 seminarios y sus 23.000 parroquias. Y, lo más importante, su ejército de unos 39 millones de católicos, aunque sólo el 30% se reconozca verdaderamente practicante.


Vuelve el afable conversador, el hombre que se desenvuelve a las mil maravillas en las distancias cortas, el purpurado español con más influencia en el Vaticano de los tiempos modernos. El hombre que acumula condecoraciones -desde el Grelo y el Percebe de Oro a la Cruz de Isabel la Católica-, doctorados honoris causa y cargos en la curia romana -pertenece a varias congregaciones y consejos, y se sienta en la Prefectura de Asuntos Económicos-, ha tomado de nuevo las riendas de la Iglesia española, provocando un estremecimiento general dentro y fuera de la institución.


La izquierda se tienta la ropa, los nacionalistas se llevan las manos a la cabeza, los progresistas católicos acogen la elección con resignación. ¿De verdad es para tanto? "Entre la derecha y la extrema derecha, la diferencia no es tanta", dice el portavoz de los homosexuales católicos, del colectivo Lambda de Valencia. "Rouco representa el sector más homófobo, reaccionario y machista de la Iglesia. Claro que para nosotros la jerarquía no es la Iglesia; la Iglesia es la gente, el pueblo de Dios".


Más diplomático, Manuel de Castro, secretario general de la Federación de Religiosos de la Enseñanza (FERE), opina que las cosas no cambiarán mucho. "Al contrario, ahora que Rouco asume la dirección de la CEE es más probable que haya un entendimiento con el nuevo Gobierno socialista si ganan las elecciones".


Los religiosos de la enseñanza quieren diálogo a toda costa y se han distanciado de algunos obispos que abogaban por la objeción de conciencia en la nueva materia de Educación para la Ciudadanía. Ellos se dan por satisfechos con que se les reconozca el poder de elaborar a su gusto los textos de la asignatura. Quieren paz a toda costa. Buscan consenso y que desaparezca "el apoyo implícito a un partido determinado". De Castro no lo nombra, pero se refiere al Partido Popular, el más próximo al ideario de Rouco Varela y al ala conservadora de la Iglesia, la única gran formación que ha saludado con satisfacción el regreso al poder del cardenal de Madrid. "Nos gustaría que esta nueva fase del gobierno episcopal se distinguiera por un espíritu dialogante", insiste De Castro.


¿Será así? Son muchos los entrevistados para este reportaje que no ven sustanciales diferencias entre Blázquez y Rouco. El cambio se establece más bien en el talante de cada uno y en las fuerzas en las que se apoyan. "Blázquez es una persona buena, sin doblez; Rouco es más político, tiene más don de gentes", dice un sacerdote que ha coincidido con ambos. Prueba de que el obispo de Bilbao no parece hecho para llevar las riendas del gobierno episcopal es que en la manifestación del 30 de diciembre se le vio descolocado, ampliamente sobrepasado por la potencia fustigadora de los cardenales que le escoltaban, aunque no faltó a la cita. Y luego está su carácter, más bien suave y poco amigo de las intrigas.


Hasta hace muy poco, Blázquez no tenía siquiera teléfono móvil y llevaba los asuntos de la Conferencia Episcopal desde su despacho de la ciudad vasca. A Rouco Varela, en cambio, le sobran contactos en toda España y está en permanente comunicación con la cúpula vaticana. Es un hombre de amplio espectro. Pasa del clergyman a la sotana púrpura con la mayor naturalidad. En Roma es su eminencia; en Madrid, don Antonio, y en familia, simplemente Tucho. De su lado están los grandes movimientos cristianos, desde el Opus Dei hasta Comunión y Liberación, y sobre todo el Camino Neocatecumenal de Kiko Argüello, el hombre que ha decorado las vidrieras de la catedral de la Almudena, para consternación general, aunque al cardenal le gusten.


Los kikos, como se conoce a los seguidores de Argüello, llenan plazas y catedrales a una llamada de don Antonio. Rouco se apoya en los kikos, y en Roma están encantados con las masas que congrega. A cambio, todas las puertas de la curia se abren a su paso. Y el laberinto vaticano ha dejado de tener secretos para él. Hombre de confianza de Juan Pablo II, que le distinguió con multitud de honores y le nombró cardenal en 1998, ha sabido establecer una comunicación fundamental con su sucesor, Benedicto XVI. Rouco ha abrazado la cruzada de Ratzinger contra el relativismo de las sociedades desarrolladas y la defensa de la familia tradicional con el mismo entusiasmo con el que abrazó el folclore multirracial de los encuentros de la juventud de Wojtyla. Pero siempre con pies de plomo. ¿Un ejemplo? Mientras otros cardenales conservadores presidían en Roma misas en latín, con la liturgia preconciliar, él escondía bajo la alfombra a la pequeña comunidad de sacerdotes y fieles que practicaba el rito en Madrid, temeroso de las críticas.


Su sintonía con Benedicto XVI es, sin embargo, innegable. ¿De dónde arranca? Se ha contado hasta la saciedad que la amistad surgió en Múnich. Rouco estudió en esa universidad alemana entre 1959 y 1964, y Ratzinger fue, supuestamente, profesor suyo. En esa etapa, sin embargo, el hoy Pontífice era profesor en Bonn y en Münster. Nada impide que se encontraran en la capital bávara con otro motivo. Sea como fuere, el cardenal de Madrid habla alemán con fluidez (además de latín, italiano y gallego), y puede conversar con el Papa en su idioma. El Pontífice le apoya y todo el mundo lo sabe. "En el Vaticano es una persona muy apreciada. Entre otras cosas porque puede presentar una cuenta de resultados encomiable", dice el socialista Francisco Vázquez, embajador español ante la Santa Sede y, desde los años ochenta, amigo y admirador de Rouco. En ese balance están no sólo las masas de fieles que es capaz de reunir el cardenal de Madrid, sino el seminario de la archidiócesis, repleto de aspirantes a sacerdotes en tiempos de galopante crisis de vocaciones, y la devoción con la que Rouco contribuye al óbolo papal. Estos mismos poderes conquistaron a Karol Wojtyla cuando visitó Santiago de Compostela en 1989, para presidir la IV Jornada de la Juventud. El Papa se encontró en el Monte del Gozo con una multitud difícil de reunir en Europa. Y apuntó en su agenda el nombre del artífice de aquel éxito: el arzobispo local, un tipo sólido con aspecto de cura rural llamado Rouco Varela. Catorce años después, ya arzobispo de Madrid, volvió a demostrar su poderío al reunir otra masa oceánica en la capital española, donde un Wojtyla en total declive físico beatificó a cinco españoles.


Con razón, en la curia romana se confía en Rouco. Y su elección al frente de los obispos españoles sólo puede haber sido acogida con entusiasmo. Seis semanas antes de la crucial elección, el cardenal fue recibido por el Papa en el Vaticano. Son audiencias que han dejado de ser novedosas por lo frecuentes. El cardenal vive casi a caballo entre Madrid y Roma. Hasta el punto de que tiene un guardarropa completo, con trajes de ceremonial y sotanas cardenalicias, en el colegio-residencia español de Via Giulia, donde se aloja siempre. Y una rutina fija. Se levanta temprano, celebra misa a las ocho de la mañana, acude a las reuniones de la curia que le corresponden y encuentra siempre tiempo para acercarse a comer al Palacio de España. "Es un asiduo de esta embajada", reconoce Vázquez con un punto de orgullo. "Viene a comer y luego le gusta mucho hacer un poco de tertulia. No discutimos de política, hablamos siempre de valores, de la marcha de la sociedad". Oyendo a Vázquez es fácil imaginarse la tertulia romana de Rouco, en torno a una metafórica mesa camilla, con el rector de la iglesia española de Santiago y Montserrat, José Luis González Novalín, y otros sacerdotes españoles que viven en la Ciudad Eterna. En Roma reinan la paz y la concordia, y Rouco puede practicar sin problemas el único deporte que practica: caminar.


"Recorre sus buenos cuatro kilómetros a pie. Siempre en círculo", dice González Novalín. Camina hacia la plaza de San Pedro, luego enfila hacia el Tribunal Supremo, atraviesa Piazza Navona, Campo dei Fiori, y reaparece en Via Monserrato, escoltado siempre por uno de sus secretarios. A veces, los compatriotas le reconocen y le paran para saludarle. En pleno cónclave, dos periodistas se lo tropezaron paseando por Via Giulia. "Cardenal, ¿cómo van las deliberaciones?, ¿qué perspectivas hay?", le preguntaron. "Todo bien, todo bien", respondió él con una media sonrisa socarrona de gallego desconfiado.


Los pasos de Rouco en Madrid son mucho más difíciles de seguir, como imposible es sumergirse en los detalles de la biografía de este hombre de 71 años de edad, 167 centímetros de estatura y unos 75 kilos de peso, que controla directa o indirectamente la Iglesia española desde hace una década. El obispo secretario de la CEE, Juan Antonio Martínez Camino, uno de sus más estrechos colaboradores, se excusa por no poder hablar, recluido en los trabajos de la Conferencia. Tampoco su sobrino, Alfonso Carrasco, flamante obispo de Lugo, que participa en la misma reunión. Y los que pueden hablar no quieren hacerlo. "No me gusta participar en estas cosas de la prensa", se disculpa el deán de la catedral de Santiago, que fue compañero de pupitre de nuestro cardenal en sus años de seminarista en Mondoñedo. No habla su familia, y muchos de sus amigos se obstinan en presentarse como simples conocidos. A juzgar por las reacciones, cualquiera diría que el nombre del cardenal arzobispo de Madrid quema como una tea encendida.


"Pero si es un hombre de lo más sencillo y tratable. Viene siempre de incógnito. A mí me avisan los vecinos. '¡Vimos a Tucho paseando junto al río!', me dicen". Lo cuenta Gerardo Criado, alcalde de Villalba, el pueblo de Lugo donde nació, el 20 de agosto de 1936, nuestro cardenal. Criado conoce a su hermana, Visitación, y a tres de los sobrinos de Rouco que viven todavía en el pueblo, en la vieja casa de los abuelos, y regentan la tienda de telas familiar. Rouco, el menor de seis hermanos, vivió poco en Villalba.


A los 10 años ingresó en el seminario de Mondoñedo; de ahí pasó a la Universidad Pontificia de Salamanca -ciudad donde fue ordenado sacerdote- para estudiar teología y derecho canónico, y luego a Múnich, donde se doctoró en esta última materia.


Salamanca, adonde regresó para dar clases de derecho en 1969, tras un periodo de profesor en Mondoñedo y en Múnich, parece haber sido una ciudad clave en su meteórica carrera eclesiástica, pero pocos se dieron cuenta. Compañeros de aquellos años lo recuerdan como una persona introvertida, muy aficionado al cine y sumamente ortodoxo en sus clases. Rouco obtuvo la cátedra de Derecho Canónico y fue vicerrector del centro hasta 1976, cuando el destino le llevó de vuelta a Galicia, como obispo auxiliar de Santiago. Ya huérfano, el joven obispo encontró un segundo padre en el titular de la archidiócesis, Ángel Suquía. Un vasco de carácter explosivo que se convertiría en su mentor y allanaría el camino hacia la cúspide del joven gallego. Suquía, en excelentes relaciones con el papa Wojtyla, consiguió que Rouco le sustituyera cuando fue nombrado arzobispo de Madrid. Un puesto que pasaría a Rouco en 1994, al jubilarse el cardenal vasco. "Es obvio que Suquía fue un verdadero mecenas para Rouco. Sus carreras son paralelas, arzobispos en Santiago y Madrid, y su talante, muy similar", señala el teólogo Juan José Tamayo.


Las similitudes con Suquía (fallecido en julio de 2006 y enterrado con todos los honores en la catedral de la Almudena) no terminan ahí. Entre 1987 y 1993, el cardenal vasco presidió con mano firme la CEE y dio más de un quebradero de cabeza a los Gobiernos socialistas. Hasta el punto de que el entonces presidente del Ejecutivo, Felipe González, dejó pasar el segundo mandato del cardenal sin recibirle, pese a la insistencia del purpurado.


Comparado con su padrino y mentor, Rouco podría parecer casi un moderado. Suquía condenó el aborto en los términos más duros, y llegó a pedir la cárcel para los perpetradores de semejante delito. En su mensaje de despedida como líder del episcopado español reivindicó el derecho de la Iglesia a "asesorar" a los fieles en cuestiones políticas.


Rouco no está muy lejos de estos planteamientos, pero su tono es más conciliador, "al menos cuando la situación lo requiere", constatan los que le han tratado. Internacionalmente, sin embargo, el cardenal de Madrid no ha llegado a despegar. Relator general del Sínodo de Obispos Europeos de 1999, sus intervenciones, teñidas de catastrofismo, no contribuyeron a aumentar su popularidad. Aun así, en vísperas de la muerte de Juan Pablo II, Rouco figuró fugazmente en la lista de papables, entre los candidatos más conservadores.


El cardenal de Madrid tuvo sus quince minutos de fama planetaria en la primavera de 2004, cuando celebró el matrimonio del príncipe Felipe con Letizia Ortiz, en una ceremonia retransmitida a millones de telespectadores en todo el mundo. Su discurso, sin embargo, fue plano, según coincidieron la mayoría de los medios, impropio del escenario y del momento.


"Mantened la amistad con Cristo a lo largo de toda vuestra vida matrimonial y familiar", les instó. "Cuidad la oración personal. Participad en la oración de la Iglesia, especialmente en la eucaristía dominical, donde Cristo transforme en vino nuevo el agua de vuestra existencia". Una homilía larga que exasperó a los miembros más pequeños de la familia real y a buena parte de los invitados.


Cualquiera echa un borrón, porque, insiste el embajador Vázquez, "el cardenal es uno de los grandes teólogos de la Iglesia universal. No es una casualidad que forme parte de varios dicasterios de la curia romana". No todo el mundo está de acuerdo. Su eminencia ha publicado pocos libros de impacto. Para ser exactos, su producción se limita a la tesis doctoral (Relaciones Iglesia-Estado en la España del siglo XVI, publicada en alemán en los años sesenta y en español en 2001) y otros cuatro libros -uno de ellos como coautor-; el último, publicado en 2006, lleva por título España y la Iglesia católica. Y según la página web de una gran librería madrileña, sigue habiendo ejemplares disponibles que se pueden comprar con descuento si se adquiere a la vez un segundo libro; por ejemplo, La última vidente de Fátima, escrito por el cardenal Tarsicio Bertone y el periodista italiano Giuseppe di Carli.


"Rouco no es un teólogo propiamente dicho, su especialidad es el derecho canónico. Tiene una mente muy jurídica, o mejor dicho, canonista; lo importante para él es que se cumplan los cánones", dice el teólogo Tamayo. Echando mano de los cánones resolvió el espinoso conflicto de la iglesia de San Carlos Borromeo de Madrid, amenazada de cierre por haberse alejado de la liturgia oficial. El cardenal se presentó en el templo una noche, cenó con los tres sacerdotes que lo llevan y les explicó, ante una dorada al horno, que la cosa tenía fácil remedio: bastaba con reconvertir el templo en centro pastoral. Asunto resuelto. Con la misma mentalidad adicta a las normativas afronta otras cuestiones como la asignatura de Educación para la Ciudadanía o la del matrimonio gay. Para Tamayo, que no cree en los cambios desde arriba, el regreso de Rouco es "la reafirmación de la estructura jerárquico-patriarcal y piramidal de la Iglesia. Lo que significa más represión para los teólogos, más trabajo para la Congregación de la Doctrina de la Fe (antigua Inquisición) y el mantenimiento de una línea dura con el poder legislativo y el ejecutivo".


Pocas novedades, en última instancia, porque la bronca con el Gobierno socialista viene de lejos, aunque haya arreciado sólo unos meses antes de las elecciones generales que se celebran hoy. Un enfrentamiento áspero quizá atizado por ambas partes. El presidente José Luis Rodríguez Zapatero no dudó en protestar ante el nuncio por la injerencia de los obispos en los asuntos del Gobierno español en la famosa manifestación de diciembre. El martes pasado, tras la elección de Rouco, Zapatero y el nuevo presidente del episcopado intercambiaron corteses y constructivos mensajes. "El cardenal es un político nato", aseguran quienes le conocen bien. "Mide cuidadosamente sus palabras y sus actos, pero está dispuesto a defender los intereses de la Iglesia". A su estilo. Puño de hierro en un guante de terciopelo.

  • El amigo de Ratzinger
  • Desde Merry de Val, ningún otro cardenal ha tenido tanto poder en Roma como Rouco
  • El País, 2008-03-09 # Juan G. Bedoya

El secreto del poder del cardenal Rouco se llama Ratzinger. Pero yerran quienes atribuyan la brillante carrera del cardenal de Madrid sólo a su vieja amistad con el papa Benedicto XVI. Rouco lleva 32 años en la Conferencia Episcopal y fue nombrado a los 59 años príncipe de la Iglesia (es lo que son los cardenales, apenas 120 en el mundo), una edad en que muchos prelados actuales no han sido consagrados obispos. Treinta y dos años son muchos en un oficio de mando, sobre todo para un hombre suave de modales, pero rocoso, austero, trabajador incansable y con gran olfato para averiguar la dirección de los vientos eclesiásticos.


Suele decirse que los obispos españoles tienen tortícolis de tanto mirar a Roma. Pese a ser canónicamente pontífices en sus diócesis, y el Papa no más que un primus inter pares, es verdad que la mayoría actúa por lo que se diga en Roma. Rouco, no. Rouco es, en realidad, Roma. Cómo logró esa compenetración natural, que le ha hecho pisar con firmeza en un terreno habitualmente pantanoso, hasta el punto de despreocuparse desde hace años por lo que haga o deje de hacer el nuncio del Papa en Madrid, es algo que explican bien sus admiradores, que son legión. Rouco tiene certezas doctrinales y políticas. No necesita mirar lo que va a hacer Roma. Lo sabe de antemano.


Rouco, además, viaja mucho a Roma. Allí estuvo hace apenas una semana, y sus incondicionales se encargaron de correr la voz en la asamblea de los obispos de esta semana. ¿Habló allí de sus aspiraciones presidenciales? Nunca se sabrá. Pero sus fieles sonríen. Es seguro, esto sí, que cuando Rouco viaja a Roma, entra y sale del despacho del Papa como el obispo Blázquez en el suyo del palacio episcopal de Bilbao.


El papa Ratzinger y Rouco son amigos. “Mi amigo Ratzinger”, solía decir Rouco cuando Benedicto XVI era un prelado más de la curia vaticana, y también cuando ascendió al poderosísimo cargo de gran inquisidor de la Iglesia universal.


El “amigo Ratzinger” no olvidó nunca al joven español, delgado y escueto, incluso frágil —había nacido en el verano de 1936, un tiempo terrible en España para nacer—, pero tenaz como un labrador gallego, que apareció por Múnich con una maleta de madera en los años sesenta del siglo pasado. No era un emigrante. Iba a doctorarse en Teología. Aprendió mucho más. Sobre todo, supo convivir y madurar en un país donde el 50% de los que creen en Dios pertenece a una religión distinta de la católica. Fue una lección de humildad, pero también de reto por la evangelización, para un joven sacerdote que hasta entonces veía normal, incluso necesario, que el Boletín Oficial del Estado español iniciase algunos decretos con un “en el nombre de la Santísima Trinidad”.


En Múnich se conocieron Rouco y Ratzinger, y se acostumbraron a hablar en alemán. Siguen haciéndolo en esa lengua, aunque también podrían comunicarse en italiano e, incluso —o sobre todo—, en latín, que los dos hablan como dos curas antiguos.


El viaje a Alemania, la patria de Lutero, le valió, además, para comunicarse mejor con el polaco Karol Wojtyla, otro superviviente con maleta de madera. En un ambiente —el del Vaticano— de prelados engreídos, que se sienten élite de su organización, el gallego Rouco y el polaco Juan Pablo II, austeros, cazurros y sabios como el cura rural de Bernanos, confraternizaron de manera natural.


Pero tampoco sería justo atribuir a Wojtyla la carrera episcopal de Rouco, o a Ratzinger su culminación. Rouco era obispo cuando estos dos últimos papas apenas habían despegado. Lo elevó a ese rango Pablo VI en 1976, cuando acababa de cumplir Rouco los 40 años. A esa edad, casi un chaval si se compara con la de los obispos auxiliares de ahora, empezó su carrera jerárquica uno de los cardenales más poderosos y mejor relacionados de la historia de España.


Desde que hay estadística sobre la cuestión, allá por el año 1200, España ha tenido 202 cardenales. La archidiócesis de Madrid, creada en 1964 (hasta entonces era sufragánea de la de Toledo), suma tres, dos menos que Málaga y Barcelona, por ejemplo.


El primero fue Tarancón, que llegó en 1971 a Madrid siendo ya cardenal primado de Toledo por elección de Pablo VI en 1968. Tarancón mandó mucho porque Juan XXIII y Pablo VI lo tenían como una flor rara en la Iglesia de entonces, apegada a la dictadura. Pero no le dejó Roma hacer siempre lo que quería. Ni siquiera pudo nombrar obispo a su vicario general, el jesuita José María Martín Patino. Rouco acaba de hacer prelado de Lugo a su sobrino Carrasco Rouco, y auxiliar en Madrid a su gran escudero, el jesuita Martínez Camino.


Hay que remontarse a finales del siglo XIX y primeros años del XX para encontrar otro prelado igual. Es el cardenal Rafael Merry del Val y Zulueta. Si hubiera nacido italiano, habría sido elegido papa en el cónclave que designó a Pío XI en 1922. Era hijo de marqués e hizo una carrera espectacular: diplomático en Canadá, presidente de la Academia Pontificia, arzobispo de Nicea, cardenal por decisión de san Pío X a los 38 años y secretario de Estado vaticano o responsable del Santo Oficio de la Inquisición con san Pío X (1903-1914) y Benedicto XV (1914-1922). Antes que él habría que remontarse a los dos papas valencianos: Calixto III, de civil Alonso de Borja (Torre de Canals, 1378-1458), y a su sobrino Alejandro VI, el nombre que tomó Rodrigo de Borja, natural de Játiva.

> Berria: Oroitzapena > UNA NIÑA ESCUCHA A LORCA

  • Una niña escucha a Lorca
  • Vicenta F. Montesinos publica sus memorias infantiles
  • "De forma intuitiva, yo sabía que era un genio y lo admiraba"
  • El País, 2008-03-09 # Fernando Valverde

Vicenta Fernández Montesinos García, sobrina de Federico García Lorca e hija de Manuel Fernández Montesinos, el que fuera alcalde de Granada fusilado por los fascistas en 1936, ha publicado en la editorial Comares los recuerdos de su niñez bajo el título de “Notas deshilvanadas de una niña que perdió la guerra”. El libro, que comienza con sus recuerdos relativos a la Huerta de San Vicente, la residencia de verano de la familia García Lorca, está escrito en un tono cercano y amable, sin concesiones de ningún tipo que pudieran desviar de lo esencial, los propios recuerdos.


La primera vez que aparece Federico en la memoria de Vicenta es precisamente por la fuerza de su voz, de la que no queda ningún tipo de constancia en la actualidad pero que puede intuirse por el recuerdo de la niña de cuatro años que se encontraba convaleciente en la casa de campo. "Tuve una enfermedad que afectó a mis oídos. Me sentía muy débil, tan frágil que cuando alguien me preguntaba cómo me encontraba rompía a llorar. Tío Federico entraba mucho a mi cuarto a verme y me preguntaba cómo estaba con una voz muy potente. Más que una pregunta era una afirmación de que me iba a poner buena. De forma intuitiva, yo sabía que era un genio y lo admiraba", explica.


Sin embargo, en poco tiempo aquel ambiente mágico que se respiraba en aquella casa se convirtió en tragedia, como en la mayor parte de los hogares de España, cuando el calendario marcó con sangre el verano de 1936. "Durante aquellos días todo el ambiente que nos rodeaba en la Huerta era triste", recuerda justo antes de dar paso a su primera percepción de lo trágico, que sólo había podido intuir antes por el revuelo de los vecinos. "Oí a mi hermano decir que tenía que vengar la muerte de mi padre. Me quedé petrificada y no comenté nada con nadie", explica mientras se entristece por no haber recibido ninguna explicación de nadie, aunque siempre tuvo claro que su padre y su tío Federico "ya no estaban".


Después, los vestidos de flores que su madre, Concha, llevaba al campo, se fueron convirtiendo en negros, como los de toda la familia. "Incluso el color de la ropa interior era negro. A los niños nos vestían de medio luto con unos lazos negros en la cabeza", rememora. Aquella tragedia que nadie le explicaba, propició que la niña Vicenta le tuviera un miedo atroz a la noche.


Después llegaron los bombardeos, que instalaban el miedo en los mayores y la emoción en los más pequeños. "Es un recuerdo nada traumático para mí, pues lo viví como una aventura. Hicimos un pequeño refugio en la Huerta, al que un día tuvimos que bajar corriendo con el plato de comida", asegura. Sin embargo, al final de la guerra Vicenta se había convertido en "una niña más tímida", y las noches nunca volvieron a ser las de su infancia. Le habían arrebatado a su padre y a su tío, le despojaron del paisaje, le cambiaron la vida.


Primero se instaló con el resto de su familia en Madrid, en el hotel Gran Vía, donde se hospedaban también corresponsales de guerra y periodistas que estaban a favor de la República. Unas semanas después, se mudaron a la calle Velázquez, donde residieron hasta que emprendieron el viaje más difícil de sus vidas, el que les llevaría a Estados Unidos "ni exiliados ni deportados", como decía su madre, ya que consiguieron un pasaporte tras firmar un documento en el que se comprometían a no hablar mal de España. "¿Cómo iba a hablar mal siendo yo una niña que dejaba atrás su infancia", se interroga Vicenta, que recuerda las horas previas a su partida, en las que su madre la llevó a confesar "los pecadillos de siempre".


Tras tanto dolor y sorpresa, un barco le enseñó la grandeza del océano y también el significado de la incertidumbre llevada al límite. "La gente que había allí huía y no sabía lo que se iba a encontrar. Escuchar a una joven cantar fue para mi madre y para mí como un canto a la vida". Tras 40 días de viaje con una escala en La Habana, la ciudad de la que tanto gozó su tío Federico, la familia llegó a Nueva York, otro de los lugares fundamentales en la vida del poeta. "La llegada a Nueva York fue triste y emocionante. Todos se abrazaron llorando y los niños nos apartamos, conscientemente, mientras observábamos la escena". Precisamente en esa distancia se ha escudado Vicenta Fernández Montesinos para contar los recuerdos de la niña que fue, una como tantas de un país sin abrazos.

> Berria: Homofobia > VICTORIO & LUCCHINO TOPAN CON LA IGLESIA

  • Victorio & Lucchino topan con la Iglesia
  • El País, 2008-03-09 # Reyes Rincón · Sevilla

La cruzada de la Iglesia contra el matrimonio homosexual no perdona a nadie. A José Víctor Rodríguez y José Luis Medina, Victorio & Lucchino (V&L), les ha salido cara su boda, celebrada en marzo de 2007. Según confirmó a este periódico la responsable de comunicación de los diseñadores, ambos han sido apartados de una labor a la que se dedicaban desde hace "seis o siete años" gratis y por devoción: vestir a las imágenes de uno de los pasos que cada Martes Santo procesiona en Sevilla con la Hermandad de San Esteban.


La portavoz de los modistos confirma que "han sido expulsados" como vestidores de las imágenes y que en el trasfondo del asunto está el matrimonio formalizado por la pareja hace unos meses. Los modistos rechazan hacer declaraciones: "Prefieren dejarlo pasar".


Los responsables de la cofradía admiten la desvinculación de V&L, pero niegan que tenga que ver con su cambio de estado civil. El hermano mayor (máximo responsable) de San Esteban, Carlos García Guisado, lo explica así: "Es una decisión de ellos adoptada de forma voluntaria y unilateral. Jamás nadie les ha dicho nada en contra", asegura García. Otras fuentes afirman que los modistos "han sido invitados" a abandonar su labor, pero que ambas partes han llegado a un "pacto de silencio". Victorio & Lucchino siguen siendo hermanos de San Esteban. "Nosotros no los hemos echado ni tengo constancia de que se hayan dado de baja", afirma el hermano mayor. La marcha de los diseñadores ha obligado a la hermandad a desempolvar las viejas indumentarias de las imágenes.

2008/03/08

> Berria: Islama > AFGANISTAN: PROTESTAS POR CARICATURAS DE MAHOMA Y CINTA SOBRE EL CORAN

  • Afganos protestan por caricatura de Mahoma y cinta sobre Corán
  • Reuters, 2008-03-08 # Sayed Salahuddin · Herat, Afganistán / editado en español por Marion Giraldo

Cerca de 1.500 personas protestaron el sábado en Afganistán para condenar la reimpresión de una caricatura del profeta Mahoma en diarios daneses, y por una película sobre el Corán promocionada por un legislador holandés.


Los manifestantes quemaron banderas danesas y holandesas y cantaron eslóganes contra las potencias de Occidente.


En la ciudad de Herat, al oeste del país y escenario de las mayores protestas, los manifestantes quebraron ventanas de vehículos policiales, mientras que una granada fue lanzada contra edificios del Gobierno antes que la multitud se dispersara.


Los afganos también se reunieron en la provincia este de Kunar, en la frontera con Pakistán.


Las manifestaciones del sábado fueron las mayores de los últimos días en el país, y a igual que anteriores protestas, los que participaban pidieron la expulsión inmediata de las tropas danesas y holandesas que operan bajo el mandato de la OTAN.


No se reportaron víctimas por la explosión en Herat y ambas protestas finalizaron pacíficamente.


La reimpresión de una caricatura de Mahoma y la anunciada publicación de una película sobre el Corán coincide con las recientes incursiones de Israel en la Franja de Gaza, donde más de 120 civiles palestinos murieron.


Aquellos eventos enfurecieron al mundo musulmán y provocaron una serie de protestas en Afganistán, donde militantes talibanes e insurgentes llevan adelante una campaña para derrocar al Gobierno y a las tropas extranjeras.

> Erreportajea: Emakumeak > EL SEXO DE LAS LETRAS

  • El sexo de las letras
  • El peso femenino en la literatura, tanto en lo referente a la crítica como a la gestión y decisión, resulta todavía muy escaso
  • Ideal, 2008-03-08 # María Bengoa

Se imaginan que la sección de Deportes de un periódico en la que protagonistas de noticias y lectores son abrumadoramente masculinos fuera dirigida y comentada sólo por mujeres? Difícil pero no imposible. Las de moda, con mucho más público femenino, están con frecuencia en manos expertas masculinas. Hoy, con los diseñadores y modistos punteros del mercado, sería fácil formar un equipo de fútbol.


Bueno, pues en el mundillo literario, más de lo mismo. ¿O es más de los mismos? Basta echar un vistazo por librerías y bibliotecas o frecuentar el transporte público para comprobar quién lee más. Un reciente estudio del Gremio de Editores lo corrobora. Tampoco parece despreciable que informes de educación, estudios sobre el cerebro de hombres y mujeres o estadísticas y test de inteligencia abunden en la idea de que la capacidad verbal de las mujeres suele ser superior a la de los hombres. No es despreciable, pero, en el ámbito de las decisiones de la letra impresa, sucede como en los demás patios de la casa de cada cual: llueve masculino.


Allí donde se ventila qué se publica, donde alguien firma o se critica qué textos son mejores, en las páginas que se comentan libros, películas, teatro, música, fútbol lo que sea, allí hay una mirada experta de hombre diciéndonos qué tenemos que pensar y elegir. Si se trata de juzgar los merecedores de un premio literario el jurado será mayoritariamente de hombres; en el de los galardonados, sin embargo, la pareja varón heterosexual-varón gay arrasa en los últimos tiempos en sustitución del clásico hombre premiado-mujer finalista.


«En la SGAE no pude hacer nada. En buena parte, por ser mujer». Las palabras de la dramaturga Ana Diosdado al dejar su cargo como presidenta de la Sociedad General de Autores y Editores en declaraciones a 'XL Semanal' el 10 de febrero, les sonarán a muchas. En la revista, Diosdado responde a Virginia Drake: «He terminado lo que ellos llamaron mi 'mandato' sin mandar nada. Todas las iniciativas que intenté las frenaron».


Banco de pruebas
Hay acuerdo en que en las secciones de Cultura de los periódicos han aterrizado siempre muchas mujeres, becarias y recién licenciadas, sobre todo. Según Inés García-Albi, autora del libro 'Nosotras que contamos. Mujeres periodistas en España' (Plaza & Janés) la sección se ha considerado una de las marías del periodismo y «ha sido un banco de pruebas para el mando femenino».


Aún hay nombres de críticas literarias indiscutibles en el país, como Mercedes Montmany, con presencia en jurados y asociaciones de críticos; pero se echa en falta a Mª José Obiol, Ana María Moix, Nora Catelli, la lexicógrafa Lola Beccaria y tantos nombres de mujeres que frecuentaban las páginas de libros como críticas (de esta última, Jorge Herralde dijo que escribía «pequeñas joyas».) Es posible que ellas y tantas otras se hayan cansado de que sólo les encarguen libros de mujeres como si en su mente lectora no hubiera sitio para más.


Un rastreo personal de la sección de la revista 'Qué leer', 'El canon de ', que permite descubrir títulos desconocidos, da el siguiente saldo: entre los doce preguntados hay cinco mujeres. Pero, mientras todas ellas citan a una, dos, o tres autoras (la que más cuatro) de entre sus diez títulos preferidos, cuando se llega a ellos siete, las mujeres casi no existen.


En el canon de las mujeres escritoras aparecen los cuentos de Grace Paley, la gran Mercé Rodoreda con 'La Plaza del Diamante', la deliciosa 'Dama extraviada' de Willa Cather (la encontrarán en los clásicos de Alba), 'Ancho mar de los Sargazos' de Jean Rhys, 'La cabeza cortada' de Iris Murdoch y 'Al Faro' de Virginia Woolf, entre otros títulos excelentes. En el canon de cinco hombres no aparece ningún libro debido a una autora, aunque hay algún anónimo y hasta un diccionario de la Lengua.


Sin reciprocidad
Casi seguro gracias a alguna diosa femenina el australiano Peter Carey -dos veces ganador del Booker- cita entre los elegidos de su canon, casi en último lugar, 'Escapada' de Alice Munro. Esta autora, que se mueve en la estela de Flannery O'Connor, acaba de publicar 'La vista desde Castle Rock' lo más parecido a una autobiografía, como siempre en RBA, y es para algunas voces cualificadas de la crítica mundial el mejor escritor vivo del ámbito anglosajón. Sí, he dicho el mejor, no la mejor.


También es la única mujer que ha obtenido (2005) el Premio del Reino de Redonda, el de Javier Marías. Además, suena para el Nobel. Un gran lector y articulista como Muñoz-Molina escribió hace años sobre su prosa: «Su naturalidad es tan perfecta, sus personajes parecen tan comunes, que no siempre se advierte la magnitud de su talento».


Así pues, las mujeres que leen también leen sobre todo a hombres; pero no sólo a ellos. Sin embargo, esto no es exactamente recíproco. En fin, son sólo algunos datos, cifras sobre letras que disuaden de lo muchísimo que invade la letra femenina los estantes de novedades. Un libro que Laura Freixas publicó hace años en Destino, 'Las mujeres y la literatura', desmonta el camelo que hay detrás de esa gran apuesta femenina del mundo editorial que nadie ha visto. Cualquier solapa de últimos títulos publicados (da casi lo mismo de qué editorial) les demostrará el bluf.


Tampoco en las revistas literarias las cosas son de color rosa para las féminas; aunque la muy leída y amena 'Qué leer' (portada rosa chicle y la bellísima Audrey-Holly de 'Desayuno en Tíffanys') dedica en marzo un gran reportaje central a 'Prostitutas y amantes en la literatura'. El mes pasado ofrecía un reportaje sobre las 'Mujeres fatales' y en portada aparecía la autora J.K. Rowling, obviamente excluida del colectivo citado, y una llamada 'Mujeres espía, las agentes secretas más seductoras'. Ellos sí que lo tienen claro.El 'staff' de este periódico es abrumadoramente masculino, como el de otros de muy distinta línea editorial.


Catálogo editorial
Beatriz de Moura, el mejor editor de este país de los últimos cuarenta años con permiso de Jorge Herralde, y Esther Tusquets (editora de Lumen) lo habrán tenido muy difícil entre tanto hombre, seguro; pero su catálogo sólo habla de sus méritos y los acrecienta.


Respecto a las revistas literarias y adyacentes, señalen todas las cabeceras que quieran, más o menos especializadas. Aunque no hayan visto los créditos pueden apostar sin riesgo a que en ellas quienes deciden y firman masivamente son hombres. Después comprueben. Es un axioma.


La paridad que ha llegado a las aulas universitarias y al Congreso, ni roza de lejos el mundo de las letras, donde más que oler a cerrado huele a testosterona. En los consejos de dirección no deberían descartar que la ventilación llegue con un soplo de pensamiento femenino. Impreso.

> Erreportajea: Gorputzak > PELOS

  • Pelos
  • Ritual cotidiano, y sin embargo indescifrable, es el de ensañarnos contra los pelos que nos crecen en el cuerpo
  • El País, 2008-03-08 # Laura Restrepo

Una espesa mata de pelo fue lo que más destacó Courbet al pintar su “Origen del mundo”, retador close-up de un sexo femenino expuesto. "¡Pelos, pelos!", les gritaba el público a las encueratrices durante los espectáculos populares de striptease en Ciudad de México, porque era eso lo que quería ver. Algo ha cambiado, sin embargo, y el ser humano, extraña criatura que se niega a sí misma, ahora aborrece lo que aún le queda de ese pelo corporal que en el inicio de los tiempos lo cubría por completo. La atracción sexual parece centrarse en una zona pelviana rasurada, o pubis angelical, que llamara Manuel Puig. ¿Qué se busca con ello? ¿Quieren las mujeres parecerse a las estrellas porno, que tanto han difundido el estilo, o por el contrario, les atrae la idea de mostrarse virginales e infantiles? Mucho teórico derrama tinta al respecto, pero yo le he pedido la opinión más bien a Aurora, una empleada de Conejo's, salón especializado en depilaciones. Ella no se pregunta el porqué, pero en cambio sabe mucho del cómo.


A cada cual le gusta cuidar su aspecto -me explica ella-, yo nunca he visto delito o maldad en eso, es algo natural, viene con la cultura. "La vellosidad es para las bestias, a nadie le gusta andar con una selva entre las piernas" y ahí es donde entro yo a jugar mi papel, ayudándoles con todo el profesionalismo del caso, porque ya tengo 22 años de experiencia. Aunque sólo tres en este local, que se llama Conejo's; la dueña le puso ese nombre porque también así le dicen a la cuca, por peludita, supongo. O también la araña, o la cosita, eso depende.


Lo que es yo, trabajo con todos los requisitos de higiene y de trato comprensivo y cuidadoso. Porque este oficio es algo muy íntimo, figúrese, uno ahí encerrado, entre un cubículo chirriquitico, con una clienta que está en la camilla como Dios la echó al mundo. Claro está que hay clientecitas muy tranquilas, muy educadas, y con esas no tengo bronca, pero hay otras directamente histéricas que te gritan y te mientan la madre cada vez que les haces doler sin culpa. Aquí viene todos los meses una señora supremamente grosera. Cada vez que medio la tocas, suelta unas palabras tan plebes que ninguna de nosotras quiere atenderla, pero como la dueña del negocio nos mata si sabe que nos negamos, lo echamos a cara o cruz, a ver cuál se gana ese tute. Le cuento otro caso. Hace poco me llega una muchacha muy joven, pelirroja ella, y me pide que le haga el trabajo completo, es decir, de cuerpo entero. Desde que la vi me dije a mí misma, Aurora, estás en problemas. ¿Y sabe por qué? Porque los pelirrojos son de piel muy delicada. Póngame cuidado y le cuento. Yo le hice todo con suma delicadeza, ella se fue contenta y yo me quedé tranquila. Cuando al otro día qué escucho, pues una gritería: ahí está la mamá como una fiera, ¡qué me le hicieron a mi hija, le dejaron moretones por todo el cuerpo! La señora esa gritaba que no había derecho, que nos iba a denunciar ante el Ministerio de Salud, que esto y lo otro y el coño de su madre.


Claro que yo trato de comprender a las personas, porque sé que este asunto puede resultar doloroso. Pongamos que la cera esté demasiado caliente y entonces quema. El tirón del lienzo es todo un arte, ¿si?, para no lastimar hay que hacerlo seco y rápido, de abajo para arriba, así, seco y rápido. Pero con la gente muy velluda la vaina se complica y cada tirón puede ser un calvario. Haga de cuenta ir al odontólogo, pero sin anestesia y para colmo por allá abajo.


Aunque la mayoría de las personas resisten bien el tratamiento, algunas se ponen pálidas del dolor, otras tiemblan, otras casi se desmayan. Ahora, que cuando eso pasa hay que suspender la sesión, traerle al cliente una agüita de manzanilla, ponerle conversación un rato, dejar que se vaya tranquilizando, porque no se puede trabajar si hay mucho drama. Hay otras, y otros, que tiemblan pero de frío, porque imagínese, si es trabajo completo tienen que permanecer quietos y desnudos sobre la camilla más o menos una hora, y a veces la temperatura ambiental no es favorable. En ese caso yo les prendo el calentador y espero a que se sientan confortables.


Algunas se avergüenzan, pongamos las que vienen por depilación anal, que es algo muy popular también entre la clientela masculina. Y se comprende, póngase en el lugar de un cliente que tiene que colocarse así agachado, en cuatro patas. Yo le digo una cosa, ahí el manejo psicológico por parte de uno juega un papel clave. Tengo compañeras de trabajo, aquí en Conejo's, que se curan en salud y aclaran desde el principio que ellas lo que es depilación anal, no hacen. No todas se prestan para eso, o hay unas que lo hacen y después protestan y salen diciendo, "huy, esa vieja me hizo quitarle pelos hasta por allá del ju-jummm". Yo si no tengo escrúpulos de esa naturaleza, yo con el cuerpo humano me muevo como pez en el agua.


De todo se ve en este oficio. Hay clientas tan frescas, que hasta se quedan dormidas mientras las depilo. Como quien dice, se ponen en mis manos. Hay otras que se pasan la hora hablando por su celular. A duras penas me saludan al principio, "hola, Aurora, qué tal, vengo a que me hagas piernas y axilas", en fin, lo que sea, y al final se despiden, "gracias, Aurora", o "chao, Auri", según la confianza. No son más las palabras que cruzamos, porque de resto se olvidan de mí y se dedican a charlar con el novio, o así, con las amistades, planeando lo que van a hacer después. Porque una cosa es segura, cada depilada trae plan, sea fiesta, o playa, o cama, porque nadie se depila para quedarse solo entre su casa. O sea, no sé si me entiende, después de cada depilada es fijo que algo pasa, y no es raro que la clienta hable de eso mientras se prepara. Por ejemplo, puede que le charle al novio, "ay, mi amor, estoy quedando toda peladita como te gusta, esta noche nos encontramos". Como le digo, en este oficio uno tiene que escuchar cosas.


La depilación ornamental tiene que ver con cortes, digamos, más sofisticados. "A algunas clientas les gusta decorarse en la zona del pubis con esas rarezas". Hay algunos cortes que ya son standard, como decir el Mister T, o sea, una cresta en medio; o el corazón, que no hace falta que le explique; o por ejemplo uno muy popular que es el diamante. También el chiquitico, y otro menos frecuente, el nerd, que es raya al medio y el vello peinado hacia los dos lados. También está el boleto de metro, y hay algunas, o también algunos, que piden letras, por ejemplo las iniciales del novio, o vaya uno a saber de quién, no siempre confiesan. Cuando quieren un número, casi siempre es por algún aniversario; están cumpliendo seis meses de novias, pongamos por caso, y entonces piden que se les haga un 6 allá abajo. El 6 es problemático, y también la S, por las curvas que llevan. Letras como la F o la H son regaladas, en cambio la R, por ejemplo, es una pesadilla, yo no la recomiendo, una vez que me llegó a Conejo's una clienta que tenía un enamorado que se llamaba R. R., lo recuerdo como si fuera ayer porque pasé soberano aprieto, la primera R me quedó medio chueca y como empecé a ponerme nerviosa, en la segunda me salió un mamarracho, cómo sería aquello que cuando le mostré en el espejo, me dijo que mejor la rapara, que mejor nada que eso.


Va por modas. Ahora muchas quieren que les quiten todo, sobre todo las más jóvenes. Una clienta bien bonita, actriz de televisión bastante conocida, obvio que el nombre no puedo decirlo, siempre me pide que la deje limpia, sin un pelito, porque al marido le gusta verla como una niña de ocho años. Otras se hacen teñir. De rojo, de rubio, así. ¿De negro? ¡No! De negro no, no conozco a nadie que se haga teñir de negro, por el contrario, todo mundo quiere llevar el vello claro, porque para pelambre oscura están los primates.


La tragedia de nosotras, aquí en Conejo's, ha sido el láser. Nosotras no lo aplicamos, no contamos con esa tecnología de punta, nos quedamos en la era de la cera. Y como hoy día todo el mundo exige láser, pues aquí hemos perdido mucha clientela. Tuvimos que trasladar el local de un barrio bueno, de clase alta, a este, más modesto. Y qué le voy a hacer, otro oficio no sé desempeñar, hasta el final de mis días seré lo que se dice una preciosista del depilado a la cera.

> Erreportajea: Hiesa > INFECCIONES DE TRANSMIISON SEXUAL EN LESBIANAS: MITOS Y CERTEZAS DE UNA REALIDAD NO VISIBILIZADA

  • Enfermedades de transmisión sexual en lesbianas: mitos y certezas de una realidad no visibilizada
  • Entrevista a dos lesbianas activistas políticas de la asociación Vox
  • AG Magazine, 2008-03-08 # Antonia Amprino
Pasaron muchísimos años, varias décadas, desde la instauración del 8 de marzo, como día internacional de la mujer. Mucho hablamos, y se habla sobre si es necesario tener un día para festejar. Las opiniones son disímiles y unas buscan estar por encima de otras.


Pero lo cierto es que la lucha sigue siendo vigente. No somos las mismas mujeres, porque las que ya consiguieron sus derechos, las que lograron hacerse oír, dejaron paso a nuevas mujeres que hoy seguimos invisibilizadas. Hablar del día internacional de la mujer y no hablar de SIDA, es hablar sólo de temas de los cuales nos sentimos cómodos. Y sí, el SIDA es un tema bastante incómodo de abordar, porque casi siempre lo hacemos desde lo negativo, desde la muerte.


Las escasas campañas de difusión de la prevención de esta infección en la actualidad no ayudan a disminuir el número de personas afectadas por el VIH en el país. Y las cifras dan cuenta que las mujeres representamos el sector que más estamos contrayendo la enfermedad en los últimos tiempos.


Pero lo que es peor aún, hay un sector de la población femenina de la cual no tenemos cifras exactas debido a la invisibilidad de la que seguimos siendo objeto, más allá de todos los logros conseguidos. Concretamente ¿cuanto se sabe de lesbianismo y SIDA? ¿Cuánto de otras infecciones de transmisión sexual y la incidencia de contagio entre esta minoría sexual se conocen? ¿Cuántas portadas de los diarios y revistas de mayor circulación ocuparon en los últimos años?


Ninguna portada. Ningún triste título, que de cuenta de la cantidad de mujeres lesbianas que están infectadas por el virus. Todo es parte de una raíz más compleja, donde la discriminación hacia las mujeres de parte de una sociedad marcadamente machista va instaurando discursiva y arbitrariamente los temas de interés. La sociedad patriarcal no permite que nos expresemos y nos hagamos notorias, porque no permite la visibilización de las prácticas sexuales que se alejan de las normas impuestas. Y por lo tanto al negar esta realidad, estamos negando al mismo tiempo el derecho a la salud de una importante porción de la población.


Desde Vox, asociación civil que lucha por los derechos de las minorías sexuales manifestaron al respecto que «las enfermedades de transmisión sexual, que preferimos decirles infecciones de transmisión sexual entre mujeres son las mismas que pueden contraerse entre parejas heterosexuales, así como también las que se contagian en relaciones entre hombres». La incidencia de contagio «entre lesbianas es la misma en relación con las ITS, exceptuando el VIH, aunque no se puede determinar las cifras reales, ya que como segmento de la población nos enfrentamos cotidianamente a una discriminación en los consultorios ginecológicos donde existe una heteronormatividad», esto es que los cuestionarios ginecológicos y de atención médica están dirigidos solamente a mujeres heterosexuales.


Desde la salud se encara el tema del sexo desde una postura casi exclusivamente reproductiva y se da por sentado que lo que se busca es prevenir los embarazos no deseados «por ejemplo te van a preguntar ¿conque te cuidas? Esto a una mujer lesbiana le resulta totalmente ineficiente por que nuestro cuidado no parte del tema de la reproductividad. Parte del cuidado de la salud, de la prevención de las infecciones». Estas preguntas orientadas a las prácticas exclusivamente reproductivas del sexo implican también que «una mujer lesbiana no reconozca su homosexualidad», es decir somos invadidas por un sentimiento de exclusión producto de la marcada lesbofobia que atraviesa a la sociedad. Por esto también dicen «no hay posibilidad de estadísticas más allá de casos puntuales que puedan detectar las ONG, y que no siempre llega a conocimiento de las mismas porque existe una auto-discriminación, es por eso que decimos que nos manejamos con datos supuestos» concuerdan las chicas de LexVox.


La no aceptación de las diversidades sexuales por parte de la sociedad condiciona notoriamente a estas minorías en sus prácticas sexuales, que muchas veces son llevadas a cabo en el desconocimiento del alto índice de riesgo de contraer infecciones. No es un dato menor la ausencia de políticas gubernamentales de promoción de la salud para este sector, por parte del estado. En los hospitales públicos aseguran desde VOX «no vas a encontrar un Kit lésbico que es económico y que sin embargo no se reparte: que es el guante, con el preservativo con las instrucciones para hacer la barrera de látex».


Por otro lado, al no poder asumirse como lesbianas en las consultas ginecológicas por parte de la mayoría de las mujeres que lo son; tampoco pueden indagar sobre las maneras de prevenir las ITS (Infecciones de Transmisión Sexual) o el VIH. Esta imposibilidad de demandar información, cuestionar estereotipos establecidos, incurre en el aumento de riesgos de contraer estas infecciones.


Está presente en el imaginario social una creencia que coloca a la mujer en general en un papel pasivo en el ejercicio de su propia sexualidad; Jackie Dutton reflexiona al respecto «en el contexto del control de nuestros cuerpos por parte de nosotras mismas, y en el contexto del SIDA, el lenguaje que usamos dicta que las mujeres no cogemos (to fuck) sino que nos cogen (get fucked)». Si se parte de esta creencia que supone una actitud paciente, la sociedad instaura un preconcepto de inactividad de la mujer en el contexto de una relación heterosexual, lo cual se acrecienta de manera notoria cuando se piensa en las relaciones sexuales entre mujeres. El imaginario dice que la mujer sólo puede ser penetrada por el hombre y «que el sexo lésbico sólo es preliminar a la espera de un hombre».


Este preconcepto es el que reduce o impide directamente las políticas de intervención en los organismos públicos a la hora de definir campañas en prevención de las ITS y el VIH; que están dirigidas casi exclusivamente a los públicos heterosexuales en primera medida, y en segunda instancia al público gay.


Desde VOX manifiestan que «no en todos los entes de salud, reconocen al VIH como una posibilidad de contagio entre mujeres». Pero son reflexivos y afirman «nosotros sí sabemos que existe la posibilidad».


La práctica del sexo oral sin barreras de protección son conductas que permiten la transmisión de infecciones, y en el caso de mujeres este hábito practicado durante la menstruación incrementa las posibilidades, «son conductas de riesgo el sexo oral en la menstruación, o la penetración con las manos y los dedos lastimados, como otras tantas prácticas que están in-visibilizadas por la propia hipocresía social», aseguran en LesVox.


El acceso a la información en prevención o promoción de la salud es muy importante; porque no se puede prevenir sobre el desconocimiento. Y la información que de cuenta de las posibilidades de contagio durante el sexo oral practicado entre gay, lesbianas, transexuales, y heterosexuales sigue siendo mínima, y hasta nula. Como dice Dutton: «Es una hiper-simplificación decir que un virus no puede elegir; él no puede, pero la gente sí. Y las elecciones que hacemos se basan en gran medida en la información a la que tenemos acceso».


En relación a las ITS como el herpes y el HPV que son fáciles de contraer, las chicas de Lesbox dicen «porque se va invertir una suma de dinero en prevención primaria si el herpes sale y se va, el problema es que mal tratado puede desencadenar en un cáncer de útero, el HPV de igual manera». Y al respecto denuncian que «se está invisbilizando la salud, el derecho a la salud de la mujer, porque a la que le molesta la verruga es a la mujer». Al mismo tiempo ven necesario que los organismos públicos desarrollen campañas que prevengan estas infecciones y que estén dirigidas a las mujeres lesbianas.


En LESVOX son conscientes de la necesidad de un cambio que posibilite contar con datos, cifras exactas del riesgo de contraer el VIH en lesbianas, y al respecto declaran que «demanda un trabajo más de fondo porque hasta que el escenario del contexto social no sea propicio para que la mujer pueda asumir que es lesbiana, nunca vamos a llegar a actualizar el sistema de salud, por que para ser contenida en el sistema sanitario como mujer lesbiana, primero está el paso de poder aceptarlo». Al mismo tiempo que adhieren a una campaña nacional «Cambiemos las preguntas». Lanzada por la red Espartiles (Espacio de Articulación Lésbica), que está conformada por todas las asociaciones lésbicas del país. Por el momento es una campaña que está en la primera etapa de la misma que se está trabajando con las reparticiones municipales que «son los que nos han prestado oído para poder empezar a sensibilizar al personal de efectores de salud, dispensarios donde la atención primaria propicia que se pueda visibilizar la identidad de la mujer lesbiana» y agregan «no es a la mujer lesbiana a la que hay que convencer, persuadir que se asuma como tal, sino al profesional, que se plante como profesional en pro de la diversidad. Que debería ser parte de su función», y «una vez realizadas las nuevas preguntas se pondrán en vigencia en las consultas ginecológicas».


Es importante destacar que esta ONG viene trabajando en pro de un sexo más seguro, entregando en los boliches o lugares de encuentros de la comunidad a las mujeres un kit para la prevención de las infecciones. Desde hace meses que se está haciendo ininterrumpidamente ya que está financiada por el Fondo global de lucha contra el SIDA, en la primera etapa de la campaña tuvieron que interrumpirla porque veían que los guantes de latex eran tirados a la salida del boliche o llegaban rumores que eran usados para teñirse el pelo.


La interrupción de la campaña no significó para VOX quedarse con las manos cruzadas, dejando pasar el tiempo y acrecentando la ignorancia. Si no que buscaron una nueva estrategia para llegar a las lesbianas e instalar el tema de la prevención. «vimos que no tenía frutos que las chicas directamente los tiraban, pensamos hacer un taller con otros temas además de VIH/SIDA y hablamos sobre la importancia de la prevención y las chicas tuvieron, jugaron, en el sentido de verlo, de tocarlo, de hacerlo propio y creo que eso fue un primer paso importante para nosotras, y ahora con el proyecto se ve como más aceptación» La estrategia fue erotizar el material de prevención, para que no sea sentido como un objeto extraño, ajeno al cuerpo y al sexo, y al encuentro íntimo entre dos mujeres.


La falta de adherencia a la prevención dicen desde LesVox «no parte solamente de las no ganas, sino de la falta de autoestima, porque para cuidarse hay que quererse, y la falta de autoestima deriva de la lesbofobia internalizada, de la violentización de la sociedad, como te decía antes y eso hay que trabajarlo mucho para empezar a trabajar prevención». En relación a esto en la asociación se llevan a cabo talleres para charlar de esto y otros temas, mirar películas, contener, informar, todos los miércoles a partir de las 17 horas.


Como decía al principio de la nota la lucha por los derechos de muchas mujeres sigue vigente, las reivindicaciones de los derechos de muchas otras minorías es todavía una lucha de todos los días. Lo importante es asumirnos diferente, aceptarnos con otras conductas sexuales-afectivas, pero con la misma necesidad de placer, y amor, que todos y todas las mujeres.