2008/01/06

> Erreportajea: Familiak > PAIS VASCO: LAS NUEVAS FAMILIAS SE VAN IMPONIENDO

  • Las nuevas familias se van imponiendo
  • El 58% de los hogares ya no responde a la estructura del matrimonio con hijos
  • El País, 2008-01-06 # Eduardo Azumendi • Bilbao
Hasta hace tres años, J. Antonio Armentia se creía un hombre felizmente casado, con esposa y dos hijos. Lo típico. Sin embargo, hoy, a sus 47 años, está divorciado, vive solo y ve a sus hijos en fin de semana. Su lugar en la estadística se ha invertido y ha pasado de ocupar un sitio entre las familias tradicionales (matrimonio con hijos) a la casilla de los hogares unipersonales, mientras que su ex esposa se encuentra ahora en la de hogares monoparentales. Signo de los tiempos, el surgimiento de nuevas fórmulas de convivencia y el aumento de las separaciones y divorcios han dado lugar a modelos de familia que ya han desbancado al hogar tradicional.

En la actualidad, el 58% de las familias vascas no responden a la estructura clásica del matrimonio con hijos, según un avance de los datos de una encuesta realizada a 30.000 familias por el Eustat, al que ha tenido acceso EL PAÍS y que analiza la evolución desde el año 1981.

Los sociólogos y los estadísticos califican a esta nueva realidad como una "transición demográfica". Y Euskadi no ha sido ajena a esta rápida transformación social.

Que se lo pregunten a Armentia si no. "Yo llevaba 12 años de matrimonio, un momento delicado para la pareja. Los problemas empiezan y, a pesar de que crees que les puedes poner solución, cada vez se van agrandando y la convivencia se hace imposible", reconoce.

Ese 58% de nuevas familias está integrado por parejas de hecho, divorciados o separados, matrimonios homosexuales, madres solteras, personas que viven solas, inmigrantes que comparten piso, familias interraciales,... Las opciones se suceden. Frente a ellas, el otro 42% corresponde a las familias del modelo tradicional, muy lejos ya del 62,9% que suponían en 1981. La diversidad y la tolerancia han ido abriendo una brecha, que cada vez se agranda más, en una de las instituciones sociales más reacias a los cambios.

Martín González, coordinador de estadísticas demográficas del Eustat, constata que en el caso de los hogares unipersonales se trata de personas solas (solteros y divorciados, fundamentalmente) y ancianas, más que de jóvenes que se han emancipado, un fenómeno tardío en la comunidad autónoma. "La familia tradicional ha perdido la hegemonía. En general, se trata de la adaptación de las familias a las nuevas circunstancias sociales y demográficas", resume.

En 2006, se contabilizaron cerca de 790.000 familias, lo que supone 50.000 más que en el censo correspondiente a 2001. El aumento se produce sin que apenas ascienda la natalidad. "Las familias que existían siguen, pero se crean otras nuevas porque los hijos forman las suyas. Y, aunque el cónyuge muera, la viuda o el viudo sigue habitando la casa, es decir, se mantiene el hogar. Se crece en familias, pero apenas en población", resalta González.

El tamaño de los hogares se está reduciendo en la comunidad autónoma a gran velocidad. La media ascendía a 3,7 personas por familia en 1981. Bajó a 2,78 en 2001 y la última previsión del Eustat para 2006 fija un nuevo descenso hasta 2,6.

Se trata de un periodo de "completa transición", apunta el sociólogo Javier Elzo. "El modelo de familia tradicional se tambalea. La mujer sale de casa, sin que el hombre entre. Ya no pivota todo sobre la madre. En segundo lugar, las expectativas profesionales cambian. Las mujeres y los jóvenes quieren tener hijos, pero no en detrimento de su futuro laboral", apostilla.

La eclosión de los modelos familiares que se está viviendo ya no tendrá fin. "Un tercio de las parejas se divorcian. Unos se vuelven a casar. Lo normal será que se casen hasta dos o tres veces. Preveo que en un plazo de 20 años este fenómeno tendrá una consistencia estadística importante", concluye Elzo.

Puede que sea el caso de Armentia: "Aún no me veo con fuerzas para otro matrimonio. Estoy desengañado, pero nunca se sabe".

La irrupción de los nuevos hogares conlleva una consecuencia práctica: la necesidad de pisos pequeños para personas divorciadas y ancianos. Un estudio de Vivienda sobre las necesidades a largo plazo del mercado inmobiliario prevé un aumento importante de hogares encabezados por mayores de 80 años y por mujeres solteras, divorciadas y viudas. Los especlistas justifican esta evolución por varias razones: la esperanza de vida de las mujeres es mayor, los divorcios siguen en aumento y las jóvenes muestran mayor predisposición a vivir solas.