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2008/08/01

> Berria: Literatura > IÑIGO SOTA AMBIENTA EN CHUECA UNA GRAN NOVELA SOBRE EL MUNDO GAY

  • "Las distancias cortas"
  • Íñigo Sota ambienta en Chueca una gran novela sobre el mundo gay
  • La literatura no tiene por qué juzgarse en función de orientaciones sexuales. Estamos ante un excelente relato de un autor capaz de navegar en los ambientes más dispares.
  • El Semanal Digital, 2008-08-01 # Pascual Tamburri Bariain

El candor, la pasión, la decepción, el desamparo, la amistad, el amor, el abandono, los proyectos, el afecto, la angustia, la maldad; la grandeza de lo humano y sus bajezas, el sacrificio y el egoísmo, los errores no por previstos más evitables, los hallazgos no por inesperados menos luminosos: todo lo humano está presente en la gran tradición literaria occidental, sea como reflejo de la realidad existente o como ejercicio de la imaginación y de la voluntad. Como todas las artes, la literatura deja un amplio espacio a la opinión y a las diferencias de gusto, pero indudablemente existe buena y mala literatura. Siempre ha sido así y siempre será, al margen de modas y de tendencias.


Íñigo Sota Heras ha entrado con Las distancias cortas en el pequeño Parnaso de los buenos narradores.
En una historia breve, de apenas dos centenares de páginas, este periodista navarro, emancipado ahora con su propio blog, exhibe todas las cualidades de un futuro gran novelista. Con frases breves y aceradas –en las que se pone de manifiesto sus formación académica y su práctica profesional- Sota reúne una maraña de trayectorias vitales en el Madrid del siglo XXI. El resultado es una cuidada descripción de ambientes con minimalismo de adjetivos, y especialmente una panoplia de tipos humanos en nuestra mejor tradición. La trama intriga, los personajes no pueden dejar indiferente y el final tiene el único defecto de llegar demasiado pronto.

Frente a esas virtudes, ¿qué importa, en un sentido o en otro, que Sota haya elegido un segmento del Madrid homosexual para situar su narración? Las distancias cortas corre el peligro de ser descalificado por parte de la crítica sólo porque sus protagonistas son homosexuales y porque Sota se ha atrevido a describir con poca autocensura esa parte de la actual realidad española. Sería injusto restar a Sota méritos literarios por esa elección valiente que seguramente no tiene precedentes en la literatura joven española.


No es menor el segundo riesgo que este prometedor autor ha afrontado con la alegría propia de su edad: otra parte de la crítica, no pequeña y cada vez más influyente, puede tener la tentación de elevarlo a los altares sólo por dar protagonismo a "lo gay", sin caer en la cuenta de que Íñigo Sota ha creado un relato de gran calidad sin necesidad de apelar a uno u otro ambiente.


Las distancias cortas no es una novela gay. Es una excelente novela breve que tiene como nota distintiva de importancia secundaria el ambiente que su autor ha elegido. Lo ha descrito con brillantez y también con un punto de ironía desesperanzada que no todos apreciarán, pero lo interesante de estas páginas no es la cantidad de gays que aparezcan o las actividades a las que se dediquen: lo más importante que se nos descubre es el propio narrador y su técnica. En Las distancias cortas difícilmente tendremos un icono homófobo ni deberíamos tenerlo homófilo, porque los personajes –Edu, Aritz, Edén, Jaco, Fénix- son de carne y hueso, y no rozan la perfección pero tampoco carecen de explicación en sus humanas miserias.


Humano, profundamente humano pero no demasiado humano, Íñigo Sota ha conseguido muy pronto lo que para muchos es el sueño de una vida: su primer relato ha llegado a las librerías y va a triunfar en ellas sin necesitar etiquetas de conveniencia. La editorial Cocó, acostumbrada a poetas noveles, ha salido de sus itinerarios habituales pero no se ha equivocado en la apuesta. La firmeza de la prosa de Sota y su sensibilidad para contar sin juzgar y para demostrar en que en cualquier momento y lugar es posible mantener un ideal elevado darán mucho que hablar. Es de desear que pronto en una novela de mayor envergadura que no tenga que luchar contra los prejuicios. Tampoco contra los prejuicios falsamente progres.

2008/06/05

> Berria: Eliza > CARLO MARIA MARTINI: "LA ENVIDIA ES EL VICIO POR EXCELENCIA EN LA IGLESIA"

  • "La envidia es el vicio por excelencia en la Iglesia"
  • El cardenal Carlo María Martini apunta también la calumnia y la vanidad como otros pecados capitales muy comunes entre los eclesiásticos
  • El País, 2008-06-05 # EFE · Roma

El cardenal Carlo María Martini, ex arzobispo de Milán y considerado durante años un papable, ha asegurado durante los ejercicios espirituales que ha dirigido en una sede de los jesuitas en la localidad italiana de Ariccia que el "vicio clerical por excelencia" es la envidia y que otros pecados capitales fuertemente presentes en la Iglesia son la vanidad y la calumnia, destaca hoy el diario La Repubblica.


Según Martini, de 81 años, dentro de la Iglesia existen muchas personas "consumidas" por la envidia, que se preguntan: "¿qué mal he cometido yo para que nombren obispo a fulanito y no a mí?".


No es el único defecto entre los clérigos. El purpurado también habló de la calumnia, resaltando que a las diócesis llegan numerosas cartas anónimas en las que se habla mal de algunos de sus miembros, y contó que, cuando era arzobispo de Milán, ordenó que se destruyeran todas esas misivas que llegaban sin remite, "muchas de ellas escritas desde Roma".


El jesuita Martini ha denunciado también el vicio de la vanidad, precisando que en la Iglesia "es muy grande". "Preferimos el aplauso al pitido, la acogida a la resistencia. ¡Que grande es la vanidad en la Iglesia!. Se ve en los hábitos. Antes los cardenales exhibían capas de seis metros de cola de seda. Continuamente la Iglesia se reviste de ornamentos inútiles. Tiene esa tendencia a la ostentación, al alarde", manifestó.


El vicio del "carrerismo"

El purpurado también arremetió con el "terrible carrerismo" clerical y especialmente en la Curia Romana, "donde cada uno quiere ser más". A este respecto, denunció que con esos objetivos "ciertas cosas no se dicen, ya que se sabe que bloquean la carrera", y eso es -aseguró- "un mal malísimo para la Iglesia". Así, según Martini, la verdad brilla por su ausencia, ya que "se intenta decir lo que gusta al superior y se actúa según como cada uno se imagina que gustaría al superior, haciendo de esta manera un flaco servicio al Papa".

2008/05/16

> Kritikak: Zinema > "EL CIELO DIVIDIDO"

  • «El cielo dividido»
  • El tercer largometraje del exportable cineasta mexicano Julián Hernández es una poética y apasionada historia de amor homosexual, que fue muy bien recibida en la Berlinale hace un par de años.
  • Gara, 2008-05-16 # M.I. · Donostia

El cine de Julián Hernández gusta más en Europa que en México, donde lo consideran algo pretencioso. No hay más que ver la largura de los títulos de sus dos primeros largometrajes: «Hubo un tiempo en que los sueños dieron paso a largas noches de insomnio» (1998) y «Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor». A lo mejor se ha equivocado de medio expresivo y lo suyo era la poesía, y así reconoce la inspiración literaria que hay detrás de «El cielo dividido» (2006), la cual se debe a una lectura del libro de Marguerite Duras «El mal de la muerte». No obstante, su tercera película, presentada en la Berlinale hace dos años con muy buenas críticas, es una obra esencialmente visual que renuncia a los diálogos. La historia de amor homosexual que describe es contada a través de los gestos y las miradas de sus dos protagonistas, de una manera tan física como esteticista. Está claro que el cineasta ha buscado la belleza de los cuerpos entrelazados, casi al modo renacentista. Los dos jóvenes amantes viven su romance en un México D.F. tolerante, poco menos que idílico, siendo la única presión que sienten la de su propia inseguridad personal y la presencia de terceros.

2008/02/23

> Kritikak: Juan Goytisolo > LA LITERATURA QUE BROTA DE LOS MARGENES

Ilustración de Fernando Vicente

  • La literatura que brota de los márgenes
  • El País, Babelia, 2008-02-23 # Juan Goytisolo

Como suele ocurrir en nuestros pagos, el aguijador ensayo de Vicente Verdú, “Reglas para la supervivencia de la novela” (EL PAÍS, Babelia, 17 de noviembre de 2007), no suscitó el debate que pretendía el autor. Fue muy leído y comentado de viva voz y a través de internet tanto en España como fuera de ella, pero en el campo de la crítica literaria directamente concernida por él se impuso el silencio condigno a cuanto perturba o molesta. Observaciones como "la novela deberá mostrarse enérgicamente resistente al intento de trasladarla al cine, al telefilme o al videojuego: la literatura, hoy más que nunca, debería alzarse como intransferible porque las historias novelescas al aroma del siglo XIX han sido ya usadas con diferentes métodos de explotación, y lo fueron porque, precisamente, no existían entonces los guionistas a granel que actualmente redactan productos audiovisuales


(...) La escritura, sin embargo, es insustituible en cuanto agudiza su ser, emplea las palabras exactas y no la palabra como un andén para llevar la obra a otra versión" condensan la reflexión, expuesta ya por Milan Kundera en “El telón”, de un buen puñado de novelistas jóvenes que rehúsan seguir unos esquemas gastados hasta la médula, aunque el mayoritario lector perezoso se acomode a ellos: a ese más de lo mismo al que se doblega en la creencia ingenua de leer algo nuevo. El tema, y no la propuesta literaria, determina sus gustos. El autor de éxito lo sabe y cambia de tema, pero no de estética. Escribe así docenas y docenas de obras de asunto o trama distintos mas sin salirse del guión previamente trazado. Ello significa adentrarse en una vía muerta, por más que el brillo de lo actual -la luminaria mediática que encandila al lector- oculte el carácter reiterativo y efímero de las novelas de consumo fácil.


Digo esto a propósito del volumen titulado “Mutantes”, publicado recientemente con dos prólogos de Julio Ortega y Juan Francisco Ferré. Aunque el subtítulo del libro, 'Narrativa española de la última generación', puede inducir a engaño -sólo se incluye en él a autores nacidos después de 1960-, no se trata, como suele ocurrir en el ámbito literario hispano, de una agrupación generacional motivada por la necesidad de abrirse camino entre sus mayores y encontrar un espacio propio a la luz del sol, sino de unas afinidades electivas surgidas a partir de una conciencia común: la de pertenecer a una época en la que la saturación mediática y la ubicuidad de internet descentran nuestra percepción de las cosas y exigen nuevos modos de crear y narrar. Los novelistas incluidos en “Mutantes” tienen muy claro lo que no quieren hacer y no confunden la actualidad con la modernidad. No buscan el punto de llegada -el desenlace- que vertebra el relato tradicional: cambian simplemente el punto de partida de un itinerario arriesgado y aleatorio que deberá sortear los escollos de su navegación personal. El proyecto no va dirigido contra nadie: la obra muerta no merece que nos demoremos en ella. La apertura al mundo y a las nuevas técnicas de comunicación instantánea es una respuesta a los desafíos de la globalización. Los relatos son semillas arrojadas al viento con la esperanza de que arraiguen y fertilicen la mente del lector.


En la antología figuran narradores conocidos, cuyas novelas leí con vivo interés estos últimos años: Germán Sierra, autor de “Alto voltaje”; Manuel Vilas, del libro de relatos titulado “Z” y de la novela Magia; Isaac Rosa, de “El vano ayer” y de la desmitificadora “¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!”; Robert Juan-Cantavella, de los jugosos relatos de “Proust Fiction”; del inventivo y cursado lector de Julián Ríos, Eloy Fernández Porta. Sobre Javier Pastor, del que me enorgullezco de haber sido su primer lector, escribí en estas páginas una reseña de “Fragmenta”, y también contribuí en ellas a dar a conocer las excéntricas propuestas narrativas de Juan Francisco Ferré en “I love you Sade” y prologué su cáustica y divertida “La fiesta del asno”. A otros autores seleccionados los conocía tan sólo de oídas y agradezco vivamente a los antólogos la oportunidad de acceder a sus escritos.


La lectura de “Mutantes” depara al lector sensible a la parodia del mundo mediático y dotado del sentido del humor una sucesión de incentivas sorpresas: “Moda en Londres”, de Juan Francisco Ferré, muestra una vez más su despiadada ironía respecto al celestineo de las ofertas de trabajo a las top models, atraídas como falenas con el señuelo de la celebridad. Jordi Costa invita a perderse en la atopía y acronía de una existencia puramente virtual. Javier Fernández desmonta con corrosiva lucidez el tratamiento mediático de las catástrofes y amenazas colectivas que son nuestro pan cotidiano. Vicente Luis Mora rescata con una prosa bella, en los antípodas de la meramente utilitaria de las novelas al uso, la misteriosa civilización de una Atlántida encubierta por la inmensidad oceánica de las dunas. La busca por internet de la identidad andaluza en el entorno nacionalista catalán, obra de Jorge Carrión, merecería ser impresa en el boletín oficial de la Generalitat.


Estos y otros narradores que por falta de espacio dejo en el tintero son un soplo de brisa fresca en la asfixiante quietud de la trama reiterativa de los productos editoriales de nuestros días. Apostar por la novedad de los planteamientos condena a sus autores a una casi inevitable marginación impuesta por la lógica del mercado y "la restricción informativa en que fundan su acción determinados medios socialmente influyentes". Pero la literatura brota a menudo de los márgenes, como pruebe la "rareza" de Cervantes y la fecunda soledad de Kafka. La invención pertenece al campo de lo raro o queer.

2008/02/19

> Kritikak: Clandestinos > QUE NO PASEN DESAPERCIBIDOS...

  • Que no pasen desapercibidos...
  • ... porque a pesar de su título, Clandestinos, hay que verla. Eduardo Nabal, autor de "El marica, la bruja y el armario", ya lo ha hecho, y nos lo cuenta.
  • Revista Cultural Librería Berkana, 2008-02-19 # Eduardo Nabal

Tuve la ocasión de asistir en el festival de cine gay-les-trans de Madrid al estreno mundial de Clandestinos, el primer largometraje de Antonio Hens. Este director se dio a conocer por su valiente y premiado cortometraje En malas compañías que, al igual que este filme, está protagonizado por el joven Israel Rodríguez. Hens se embarca aquí en un argumento difícil y algo rocambolesco sobre el amor ¿imposible? entre un joven abertzale y un maduro guardia civil.


Tres chicos se escapan de un reformatorio, Joel y Driss dos inmigrantes, uno marroquí y otro mexicano, y Xabi, un muchacho vasco (Rodríguez), que tras su máscara de fanatismo adolescente oculta una profunda necesidad de afecto. En el filme hay dos figuras paternales: Iñaki, el antiguo mentor del intrépido joven, un hombre del entramado de ETA, y el maduro y solitario guardia civil retirado al que encarna Juan Luís Galiardo, co-productor del filme. En toda la película está la sombra de Eloy de la Iglesia, amigo y, en cierto sentido, gurú espiritual de parte del cine de Hens.


Clandestinos, no obstante, se acerca más a la comedia iconoclasta que al melodrama social, rompiendo tabúes vigentes como el del terrorismo en nuestro país y otros más trabajados como la prostitución masculina, las relaciones intergeneracionales y la búsqueda de la identidad en un mundo mediatizado, donde las fuerzas policiales y el caos espiritual se han instalado en las vidas de las grandes urbes y en el corazón de jóvenes de diferentes razas y procedencias que tratan de sobrevivir y encontrar su lugar en un mundo violento, insensible, homófobo y ajeno a la verdadera naturaleza de sus problemas sociales y existenciales. El desnudo masculino, la alienación, el retrato de las capas más desfavorecidas de nuestro país y las relaciones hombre-hombre, hombre-mujer, la amistad a través del tiempo están presentes en Clandestinos, como en parte del cine del ya desparecido Eloy de la Iglesia. Pero Clandestinos es el trabajo de Hens, un director joven y con pocos prejuicios a la hora de disparar aquí y allá. De nuevo, como en En malas compañías, encontramos la desinhibición sexual de los protagonistas, las grandes superficies de los centros comerciales convertidas en sitios de ligue, la vigilancia de unos adultos, a la vez fascinados y atemorizados por las acciones y las actitudes nuevas de los jóvenes. Aunque algunos de sus escenarios están reconstruidos en Málaga, Hens sitúa su acción en el Madrid actual con su anquilosamiento espiritual y con la presencia creciente de la inmigración frente al fanatismo reaccionario. En los recuerdos de Xabi el filme incluye paisajes y paisanajes del norte de España, donde ese joven aprendió otro tipo de fanatismo y descubrió el amor-pasión de manos de un hierático etarra que ahora se niega a reconocerlo.


No sé cual será el destino comercial y crítico de Clandestinos; pero, pese a algunas imperfecciones o apresuramientos, es un título refrescante en el bastante acomodado panorama del cine gay de nacionalidad española. A Hens le gusta romper esquemas, pero una vez más en este filme -incluso de forma más evidente que en sus cortos-, se deja ver que ama con pasión a sus criaturas.

2008/02/16

> Berria: Erakusketak > LAS MAMAS DE BLANCANIEVES

  • Las mamás de Blancanieves
  • La exposición “La mirada iracunda”, en Vitoria, indaga en las falsas respuestas que da el feminismo al arte
  • El País, 2008-02-16 # Angela Molina

Las mujeres somos cuerpos, y lo somos más que los hombres. A más cuerpo, más texto, más escritura, más placer. Voladoras-ladronas –“voleuses”-, hadas, parcas, sacerdotisas y profetisas, planeamos sobre el límite que nos frena socialmente. Los hombres, por el contrario, juegan a muñecas. Son ellos, y no las niñas, quienes disfrutan sintiéndose príncipes al galope por los bosques de la infancia a la búsqueda de un objeto práctico: un ataúd de cristal en cuyo lecho duerme, inviolada, una madre que nunca acaba de morir. Es el viejo sueño de Pygmalion.


Pero no es ningún pecado que el hombre se dedique a su vocación. Ni que, aún hoy, la mujer no se disculpe por sus esfuerzos artísticos. La teórica feminista Linda Nochlin cita en “Why are there no great women artists?” (“¿Por qué no hay grandes mujeres artistas?”) el caso de la pintora del siglo XIX Rosa Bonheur que utilizaba ropas masculinas para visitar mataderos e hipódromos y estudiar a los animales que pintaba: "Mis pantalones han sido mi gran protección. Muchas veces me he felicitado por haberme atrevido a romper con las tradiciones que me habrían obligado a abstenerme de ciertos tipos de obra, debido a la obligación de arrastrar mis faldas por todas partes".


El modelo de historia del arte es abrumadoramente masculino por necesidad. Describe la evolución de las formas como una guerra crucial de padres e hijos y define el proceso creativo desde el punto de vista metafórico de un encuentro sensual (cuando no sexual) entre el pintor y su musa. Ocurrió hasta Picasso -con un pequeño paréntesis con Duchamp/Rrose Sélavy-, continuó en el expresionismo abstracto, se camufló durante los setenta para dejar espacio al arte conceptual y “preformativo”, regresó con fuerza en los ochenta; y así parece seguir hoy, cuando la creación llamada "de mujeres" ha acabado convirtiéndose en un fetiche de las multinacionales museísticas (la araña de Louise Bourgeois como eterno femenino amenazante y a la vez protector) o como lema subrepticio y falso consuelo de una bienal de arte (Venecia 2005).


Algunas revisiones recientes sobre la lucha por la igualdad en el arte -en 2007, en el Brooklyn Museum de Nueva York y en el MOCA de Los Ángeles- han servido para ilustrar esa desposesión y degradación histórica del principio femenino y analizar una cultura cuyas definiciones de la autoridad creativa son encubiertamente patriarcales, en el sentido no sólo de autor/padre del texto, también dueño de los sujetos de su texto, el tipo espiritual de un patriarca tal y como se entiende en las sociedades fundamentalistas, católicas e islamistas.


Xabier Arakistain, comisario de "Kiss, Kiss, Bang, Bang "(Museo de Bellas Artes de Bilbao, 2007), una colectiva que hacía hincapié en cómo la vanguardia feminista se había incorporado a la historia del arte, propone ahora con Maura Reilly un recorrido actualizado en torno a las prácticas que denuncian la desigualdad social entre los sexos. Pero -reconozcámoslo así- el gran mérito de esta exposición descansa en su (sana) capacidad de "ofensa" al espectador, dado el contexto en el que se exhibe, una ciudad, Vitoria, profundamente conservadora, cuya máxima satisfacción artística ha sido colmada hasta ahora por la blanda y poco penetrante programación del Artium.


“La mirada iracunda”, que abre la programación del nuevo centro Montehermoso, demuestra indirectamente que el feminismo, como ha ocurrido con otros movimientos sociales, ha sido desplazado por las nuevas políticas sociales del presente. La mitología del feminismo nace en el momento que se queda atrás, pero eso no debería llevarnos a un pesimismo estratégico, al contrario, debería servir para exigir a la obra una dignidad estética que se aliara con su propia capacidad para superar unos condicionantes históricos. La mayor parte de los trabajos incluidos en esta exposición usan los formatos menos tradicionales, y por discutibles que puedan ser algunas propuestas (los vídeos de Pilar Albarracín, la instalación de A. L. Steiner) consiguen someter a crítica el "relato" oficial. Lo importante del "gesto" de autoras como Lida Abdul, Mireia Sallarés, Lara Favaretto, Yurie Magashima, Cristina Lucas, Caron Geary, Loulou Cherinet o Coco Fusco es que son capaces de articular momentos de estrategia sentidos; los suyos son gestos diacríticos: a la vez que crean el momento de visibilidad de la crítica a la tradición lo destruyen, ya que la (buena) formalización de la obra es solamente una premonición finalmente no confirmada. Excepciones son las películas de Alice Anderson (Londres, 1976) y Sophie Whettnall (Bruselas, 1973); la primera construye una atmósfera onírica en torno a una niña que desea construir con el lenguaje; el trabajo de Whettnall se acoge a la autocrítica, las ansiedades y antifeminismo femeninos.


Inalterablemente femeninas, estas artistas de "mirada iracunda" bailan para salirse del espejo de la autoridad masculina, pero no lo suficiente para superar la ansiedad por jugar en el mismo marco de representación. Puestas a jugar dentro de él, ellas han de desfilar por la misma ventanilla. Y si no, regurgitar la manzana envenenada, levantarse del ataúd de cristal y bailar otra danza. Una danza de autoridad.

> Berria: Erakusketak > PIONERAS DE LA VANGUARDIA HISTORICA

  • Pioneras de la vanguardia histórica
  • "Amazonas del arte nuevo" reúne 116 obras de 41 mujeres artistas poco conocidas de los sucesivos ismos del siglo XX
  • El País, 2008-2-16 # Francisco Calvo Serraller

Comisariada por Josep Casamartina i Parassols y Pablo Jiménez Burillo, la exposición “Amazonas del arte nuevo” reúne 116 obras de 41 mujeres artistas de las vanguardias históricas del siglo XX, pero no sin dejar un hueco, a su vez, a quienes inmediatamente precedieron a éstas, con lo que se nos propone un panorama acerca de cómo la mujer se incorporó al momento álgido de la vanguardia artística de nuestra época, que cabe fechar hacia el primer tercio del XX.


Aunque antes de estas fechas y, por supuesto, antes de nuestra revolucionaria época, hubo mujeres artistas, es indudable que se fueron multiplicando a partir del siglo XVIII y que lo hicieron, venciendo ya cualquier restricción, a partir de la Primera Guerra Mundial, justo el momento que abarca de lleno la presente convocatoria. Lo que supuso la llamada Gran Guerra para la "liberación" femenina en cualquier campo se explica por el hecho indeclinable de que resultaba ya muy difícil poner coto a mujeres que, por poner un ejemplo, habían estado trabajando en fábricas pesadas durante un quinquenio y, en este terreno laboral decisivo, pero también en los restantes, habían comprobado de manera fehaciente su capacidad para hacer, disfrutar y padecer todo.


Aunque no esté de más refrescar estas obviedades, quedarse sólo en ellas sería improcedente e injusto para calibrar el valor de esta exposición. Tampoco me parece adecuado encuadrar sin más esta iniciativa en el fragor de las otras muchas que se vienen realizando al respecto durante el último cuarto de siglo, por mucho que la que ahora nos ocupa haya elegido, no sólo un momento histórico preciso, sino el más álgido. Porque, desde mi punto de vista, el auténtico valor de la presente exposición radica, por una parte, en la presencia de muchos nombres aún muy poco conocidos, pero, sobre todo, por otra, en que casi todos atesoran una calidad y un interés que expulsa cualquier atisbo de "paternalismo" o, muy adecuado para el caso, "maternalismo", piadosos sentimientos válidos en cualquier plano salvo en el del arte, de suyo bastante amoral.


Ordenada en ocho apartados, que siguen la secuencia histórica de los sucesivos ismos, desde las corrientes de fines del XIX hasta el surrealismo, lo primero que nos llama la atención es la presencia de no pocas artistas casi desconocidas, ellas mismas, o, en el mejor de los casos, sus obras. En este sentido, junto a las Mary Cassatt, Suzanne Valadon, Kathe Köllwitz, las rusas Goncharova, Popova, Exter, Marevna y Rozanova, María Blanchard, Ángeles Santos, Marie Laurencin, Tamara de Lempicka, Frida Kahlo, Georgia O'Keefe, Katarzyna Kobro, Sophie Taeuber-Arp, Claude Cahun, Dora Maar, Lee Miller, Maruja Mallo o Leonora Carrington, a las que desconocer su existencia está prohibido a cualquier buen aficionado al arte del siglo XX, nos encontramos con otras tantas, como Anna Boch, Louise Breslau, Mela Muter, Valentine de Saint-Point, Meraud Guevara, Grethe Jürgens, Francisca Clausen, Marthe Donas, María Nocz Borowiak, Florence Henri, Marie Toyen, de las que, según y cómo, se sabía muy poco y casi siempre de forma indirecta. Con este simple recuento, además de cubrir casi completa la larga lista de participantes en la exposición, se pone en evidencia que hay tras ella una muy encomiable labor de investigación.


No creo que sea una mala carta de presentación para una exposición que se nos presenta en términos de reivindicación de "género" el que, gracias a un buen trabajo de exploración, amplíe nuestro siempre escaso bagaje de conocimientos; pero, como arriba sugerí, la aportación de la misma es mucho más ambiciosa y feraz, porque la selección de obras, es, sin ambages, estupenda, con lo que, al final del recorrido, el visitante, no voy a decir que obvie, pero sí logra olvidarse del "género". Por lo demás, hay que resaltar que en el catálogo de la muestra hay ensayos de autoras tan reputadas como Estrella de Diego o Victoria Combalía, además de una selección de documentos y escritos muy oportunos.

2008/02/15

> Kritikak: Clandestinos > LOCO, LOCO TERRORISMO

  • Clandestinos: Loco, loco terrorismo
  • El País, 2008-02-15 # J.C.

No hay manera de contar el argumento de esta película sin que la primera frase nos remita a un tradicional modelo de chiste: van un “jarrai”, un marroquí y un inmigrante mexicano ilegal... El desarrollo no mejora: el trío se escapa de un centro penitenciario y viaja a Madrid con la intención de atentar. El secreto propósito de la misión consiste en impresionar a un veterano etarra vinculado sentimentalmente al joven “jarrai”, que, a la sazón, tiene una doble vida como “chapero”. Avanzado el metraje, al crítico no le queda más remedio que admitir que, por lo menos en este caso, la primera impresión es la que cuenta: esto es un chiste. Tiene que ser un chiste, aunque resulte tan mal enfocado o tan irresponsable como querer organizar una verbena en Dachau. Cuando la trama llega a su anunciada escenificación de un atentado, se abre una nueva posibilidad: de golpe, el espectador se ve instalado en los territorios de “Mortadelo y Filemón”. Se escapa a este crítico para qué o para quién se ha hecho esta película.