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2008/11/27

> Berria: Filosofia > CLAUDE LEVI-STRAUSS, LOS 100 AÑOS DEL PADRE DEL ESTRUCTURALISMO

  • Los 100 años del padre del estructuralismo
  • El antropólogo Claude Lévi-Strauss cumple un siglo de vida con plena lucidez
  • El País, 2008-11-27 # EFE · Paris

Claude Lévi-Strauss, uno de los intelectuales más relevantes del siglo XX, destacado antropólogo y padre del enfoque estructuralista de las ciencias sociales, que ha influido de manera decisiva en la filosofía, la sociología, la historia y la teoría de la literatura, cumple mañana 100 años de vida. A pesar de su longevidad e intensa actividad intelectual desde antes de la Segunda Guerra Mundial, Lévi-Strauss, miembro de la Academia de Francia desde 1973, goza de buena salud y se mantiene lúcido, como relató a la prensa el director del museo Quai Branly de París, Stéphane Martin, institución que alberga un teatro con el nombre del célebre antropólogo.


Francés nacido en Bruselas el 28 de noviembre de 1908, este centenario humanista es hijo de un judío agnóstico de origen alsaciano que le educó en un ambiente artístico, aunque terminó cursando estudios de Derecho y Filosofía en la Sorbona de París. El autor de Mythologiques ejerció como profesor de esta última disciplina hasta que recibió una invitación de Marcel Mauss, padre de la etnología francesa, para ingresar en el recién creado departamento de etnografía.


Fue así como despertó en Lévi-Strauss la curiosidad por una materia en la que desarrollaría una brillante carrera y que le ha concedido un "lugar preeminente entre los investigadores del siglo XX", explicó el profesor de Antropología Social de la Universidad Complutense de Madrid Rafael Díaz Maderuelo.


Entre los Bororo y los nambikwara
Su nueva vocación le llevó a aceptar un puesto como profesor visitante en la universidad brasileña de Sao Paulo, de 1935 a 1939, estancia que le posibilitó llevar a cabo trabajos de campo en el estado amazónico de Mato Grosso y en la Amazonía. Allí realizó estancias esporádicas entre los bororo, los nambikwara y los tupi-kawahib, experiencias que le orientaron definitivamente como profesional de la antropología, campo en el que su trabajo aún hoy "sigue siendo válido para la mayoría de los antropólogos", señaló Díaz Maderuelo sobre el autor de El pensamiento salvaje.


Tras regresar a Francia, en 1942 se trasladó a Estados Unidos como profesor visitante en la New School for Social Research de Nueva York, antes de un breve paso por la embajada francesa en Washington como agregado cultural. De vuelta a París, fue nombrado director asociado del Museo del Hombre y se convirtió después en director de estudios en la École Pratique des Hautes Études, entre 1950 y 1974, trabajo que combinó con su enseñanza de antropología social en el Collège de France, hasta su jubilación en 1982, al tiempo que dirigía el Laboratorio de Antropología Social.


La teoría de la alianza
Hijo intelectual de Émile Durkheim y de Mauss, e interesado por la obra de Karl Marx, por el psicoanálisis de Sigmund Freud, la lingüística de Ferdinand Saussure y Roman Jakobson, el formalismo de Vladimir Propp y un largo etcétera, es además un apasionado de la música, la geología, la botánica y la astronomía. Las aportaciones más decisivas del trabajo de Lévi-Strauss se pueden resumir en tres grandes temas: la teoría de la alianza, los procesos mentales del conocimiento humano y la estructura de los mitos.


La teoría de la alianza defiende que el parentesco tiene más que ver con la alianza entre dos familias por matrimonio respectivo entre sus miembros que, como sostenían algunos antropólogos británicos, con la ascendencia de un antepasado común. Para Lévi-Strauss, no existe una "diferencia significativa entre el pensamiento primitivo y el civilizado", señaló Díaz Maderuelo, pues la mente humana "organiza el conocimiento en parejas binarias y opuestas que se organizan de acuerdo con la lógica" y "tanto el mito como la ciencia están estructurados por pares de opuestos relacionados lógicamente".


Comparten, por tanto, la misma estructura, sólo que aplicada a diferentes cosas. Respecto a los mitos, el intelectual sostiene desde la reflexión sobre el tabú del incesto, que el impulso sexual puede ser regulado gracias a la cultura. "El hombre no mantiene relaciones indiscriminadas, sino que las piensa previamente para distinguirlas. Desde ese momento ha perdido su naturaleza animal y se ha convertido en un ser cultural", comentó Díaz Maderuelo.


Para Lévi-Strauss, las estructuras no son realidades concretas, sino más bien modelos cognitivos de la realidad que sirven al hombre en su vida cotidiana. Las reglas por las que las unidades de la cultura se combinan no son producto de la invención humana y el paso del animal natural al animal cultural -a través de la adquisición del lenguaje, la preparación de los alimentos, la formación de relaciones sociales, etc.- sigue unas leyes ya determinadas por su estructura biológica.

2008/01/24

> Berria: Indarkeria > MICHELA MARZANO: EL CUERPO ANTE LA BARBARIE

  • El cuerpo ante la barbarie
  • La filósofa Michela Marzano reflexiona sobre la fragilidad humana en un tiempo de sobreexposición a la violencia
  • El País, 2008-01-24 # Agustí Fancelli · Barcelona

La filósofa Michela Marzano (Roma, 1970) abrió el lunes pasado, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, el ciclo de reflexión sobre La condición humana -en el que también intervendrán otros pensadores como Terry Eagleton, Judith Butler, Enrique Vila-Matas o Jordi Llovet- en el marco de unos debates iniciados en 2005 que tratan de aproximar las condiciones de libertad en que puede moverse el hombre contemporáneo.


Investigadora en el Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) de París, Marzano ha centrado sus estudios en el cuerpo como lugar de la fragilidad humana. Ha publicado media docena de libros -en España sólo se ha traducido "La pornografía o el agotamiento del deseo", Manantial, 2006-, el último de los cuales es "La mort spectacle. Enquête sur l'horreur-réalité" (Gallimard), una reflexión sobre la vacuidad de la violencia transmitida por los medios de comunicación. El corpus de su análisis lo constituye, entre otros materiales, los vídeos de degollamientos de occidentales a manos de extremistas islámicos, que han circulado en Internet con mayor frecuencia a partir del asesinato del periodista David Pearl en febrero de 2002, los de bandas urbanas occidentales vapuleando a indigentes o a simples usuarios del metro o reportajes sobre limpiezas étnicas como las de Ruanda o la antigua Yugoslavia.


"El cuerpo es el espejo de la fragilidad humana, el lugar donde se encuentran dos tipos de violencia: la física y la simbólica. La primera hace referencia a la materialidad de la condición humana, al hecho de ser cuerpo, pura carnalidad, mientras que la segunda remite a una realidad psíquica capaz de pensar el cuerpo. La deshumanización consiste en negar este segundo aspecto, en negar la razón y reducir al otro a pura fisicidad".


El punto de partida del pensamiento de Marzano es que no se han cumplido las previsiones del sociólogo Norbert Elias, anteriores a la II Guerra Mundial, en el sentido de que la brutalidad estaba siendo progresivamente contenida, "civilizada". "Muy al contrario. Al fanatismo islamista se responde revocando la Convención de Ginebra para los prisioneros de guerra iraquíes, torturados en la prisión de Abu Ghraib. Para mí existe una diferencia fundamental entre estas imágenes y las que mostraban el horror cuando se liberaron los campos nazis. Tras las últimas hay un punto de vista, una denuncia, mientras que las primeras invierten los términos: no habría muerto si no estuviera ahí una cámara para enseñarlo. Es la reificación máxima del cuerpo".


La barbarie, pues, no ha dejado de crecer, hasta llegar a la destrucción del menor resquicio de sentido. ¿Qué hacer? Marzano propone poner límites a la difusión de estas escenas, pero ahí se ha topado con los defensores a ultranza de la libertad de expresión e información. "En Francia, donde los periodistas han tomado el lugar de los intelectuales, he tenido una dura polémica con el Nouvel Observateur, que puso en la Red en agosto pasado la decapitación en Rusia de un individuo a manos de un supuesto grupo nazi [luego se demostró que todo era un montaje]. Estoy en contra no ya de la difusión, sino de la falta de jerarquía de las imágenes, de que se sirvan sin ir acompañadas de instrumentos críticos, interpretativos. Creo que haciendo eso los periodistas dimiten de su responsabilidad, de su tarea, que es la de mantener un punto de vista. Cosa que no impide, por cierto, que sean lo más objetivos posible".


Siguiendo a Freud, Marzano propone tres diques "al grado último de la barbarie" (Steiner, 1971) que vivimos a partir del siglo XX: "El pudor por el propio cuerpo, el disgusto frente al cuerpo del otro vejado y el más importante de todos, la compasión, en su acepción etimológica: sufrir con el otro".


Una conclusión muy "occidental": finalmente, el Cristo en la cruz es la primera imagen de tortura y de invitación a compartirla por la vía de la piedad que hemos conocido muchísimas generaciones de occidentales. ¿Es cristiana, Marzano? "Sí, creyente en un más allá, aunque no practicante del catolicismo en que fui educada. Justamente porque la praxis exalta la crucifixión, cuando yo lo veo como la representación de lo que el hombre nunca debe hacer al hombre. Además, hoy hay una apropiación de los evangelios por parte del tradicionalismo católico que ha llevado a vaciarlos de su contenido de lucha, de su mensaje de libertad. En la era neoliberal, la gestión empresarial ha invadido la esfera privada y ha dejado fuera discursos como el de la solidaridad. Al menos, en Francia".