2008/06/13

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  • El Diario Vasco, 2008-06-13 # José Javier Esparza

Visto en 'Hospital Central' esta semana: un paciente aguarda en el quirófano a que le rajen las vísceras; en la estancia aneja, dos de las médicas lesbianas que aparecen en la serie se expresan su cariño con profusión de besos; una de ellas ha de intervenir acto seguido al sujeto de las vísceras en sazón. Y, hombre, esto no es de recibo. Entrar en este tipo de asuntos se ha convertido en una actividad de alto riesgo, porque basta que uno levante mínimamente la voz, para que inmediatamente un coro de activistas se abalance sobre él llamándole fascista, machista, falócrata, reaccionario y que sé yo cuántas cosas más. Pero justamente la histeria orquestada de esas reacciones hace más necesario decir un par de cosas.


Vamos a ver: si yo soy paciente de un centro hospitalario, estoy en la camilla de un quirófano esperando una intervención a vida o muerte y me entero de que en el cuartito de al lado, donde los médicos se lavan las manos, la cirujana que me va a intervenir se está dando el lote con otra médica justo antes de rajarme la barriga, monto un pollo que tiembla la catedral de Santiago, y no por el hecho de que sean dos mujeres las que se besan, sino por la temeridad de que una cirujana se me acerque, bisturí en mano, con el 'calentón'. ¿Usted cree verosímil una situación así? No sé si habrá cirujanas lesbianas; supongo que sí y, en todo caso, me importa un bledo. Pero quiero creer que a ninguna se le ocurriría entregarse a las delicias del amor justo antes de sajarle el vientre a un moribundo.


Ahora bien, a 'Hospital Central' no le interesa realmente contar un caso médico (como hacen por ejemplo en 'House'), ni le interesa tampoco la barriga del paciente, ni siquiera la pericia quirúrgica de la mujer en cuestión, sino que su único propósito es estimular a un público abotargado con escenas impactantes, sacudir a un público mayoritariamente heterosexual. Esto de 'Hospital Central' no es una reivindicación de la homosexualidad como algo normal, según pretende el discurso de la serie; al revés, es una manipulación de lo homosexual con fines instrumentales para ganar audiencia por la vía de lo chocante. Que este tipo de trucos puedan ser considerados como un guiño de «progreso» me parece una sandez.