2008/10/03

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  • Maten a Mickey Mouse
  • Algunas fetuas islámicas establecen órdenes esperpénticas y contrarias a la ley
  • El País, 2008-10-03 # Angeles Espinosa · Teherán

Un ulema saudí ha declarado ilícitas las fiestas de cumpleaños. Uno egipcio, censura la participación en concursos televisivos con premios en metálico. Y otro clérigo, el también saudí Mohamed al Munajid, ha emitido recientemente en televisión un edicto contra Mickey Mouse. Considera que el personaje de Disney es "un soldado de Satán" a quien "se debería matar". El dibujo animado, justifica, ensalza a los roedores, animales a los que, según él, la sharía (ley islámica) califica de pequeños corruptores y permite matar.


En los casos más graves, estos doctores de la ley islámica condenan a muerte a personas cuyas acciones consideran blasfemas o heréticas, al margen de las leyes de sus respectivos países. Esos pronunciamientos religiosos, las fetuas, son de obligado cumplimiento para los musulmanes, pero a veces resultan desconectados de la realidad o se contradicen unos a otros. A falta de un papa o un patriarca que ejerza de árbitro de la ortodoxia islámica, su proliferación abruma a los creyentes. Algunas voces piden que se ponga orden a ese caos.


El penúltimo debate ha estallado en Arabia Saudí, donde una de las más altas autoridades judiciales (y religiosas), el jeque Salih Ibn al Luhaydan ha decretado que "resulta legítimo matar" a los propietarios de las cadenas de televisión por satélite que emiten programas inmorales, siempre que otros castigos no resulten efectivos. Al Luhaydan, que preside los tribunales islámicos, respondía en la radio a un oyente que pedía su opinión sobre algunas telenovelas difundidas el mes de ramadán en las que aparecen mujeres musulmanas sin velo y, para los estándares más conservadores, ligeras de ropa.


Así es como se pronuncian las fetuas, a instancias de los creyentes. Aunque el islam proporciona pautas de comportamiento para todos los ámbitos de la vida, el Corán o los dichos del profeta no siempre dan respuesta a las situaciones de la vida contemporánea. ¿Es lícito para un musulmán participar en un concurso de televisión que ofrece jugosos premios en metálico o celebrar su cumpleaños? Ante la duda, los piadosos se dirigen a sus ulemas en busca de orientación.


Antes la respuesta del erudito en cuestión quedaba confinada al ámbito de sus seguidores más inmediatos. Hoy, con Internet y la televisión por satélite se difunde de inmediato. A los pocos minutos de pronunciarse, el edicto de Al Luhaydan estaba colgado en la Red y era objeto de un encendido debate, lo que llevó al jeque a matizarlo. Los nuevos medios de comunicación han aumentado la facilidad para plantear consultas. Hace un siglo, el comité de fetuas de Al Azhar (la más alta institución del islam suní) emitía menos de 200 edictos al día; hoy supera el millar. Y Al Azhar no es la única fuente de fetuas. De Marruecos a Indonesia, diferentes autoridades religiosas se sienten legitimadas para guiar a los fieles de su jurisdicción sobre cualquier tema, desde el sexo hasta las inversiones en Bolsa (algunos valores del parqué de Doha temblaron en 2006 cuando un ulema les acusó de financiarse con préstamos no islámicos).


Las cuestiones van desde lo trivial (si está permitido llevar peluca; hay edictos contradictorios) hasta asuntos de enjundia (el cambio de sexo; admitido por destacados ulemas). Pero las respuestas son, en ocasiones, delirantes. A una consulta sobre si está permitido que una mujer y un hombre sin relación alguna trabajen juntos a solas en una oficina, Ezzat Atiya, un clérigo de Al Azhar, sugirió el año pasado que la mujer amamantara al hombre cinco veces para crear un vínculo materno que descartara el riesgo de relaciones sexuales.


El escándalo que se desató en Egipto fue morrocotudo. El comité de fetuas de Al Azhar se reunió, anuló el edicto y sancionó al clérigo que lo emitió. Poco después, el presidente de esa universidad, Ahmed al Tayeb, propuso la creación de un canal de televisión para controlar "la profusión de fetuas que se emiten por dinero, o por gente ávida de fama, lo que ofende al islam y a la sociedad".


Hay decisiones esperpénticas, como la de alentar al asesinato de Mickey Mouse, pero también las hay graves. Occidente descubrió las fetuas a raíz de que el ayatolá Jomeini condenara a muerte a Salman Rushdie en 1989 por su novela Versos satánicos, que consideró una blasfemia. La popularidad del entonces líder iraní hizo temer que alguno de sus seguidores intentara ejecutarla. El escritor aún vive con protección policial.


Estos edictos religiosos plantean un dilema a los gobiernos de los países islámicos. ¿Tienen validez legal? Depende del peso que la sharía tenga en la legislación. Y de que los pronunciamientos acomoden a las autoridades de turno. En 2007, el Gobierno egipcio aplaudió el edicto del gran mufti Alí Gomaa contra la ablación de clítoris pero meses antes había parado una fetua que decretaba la escultura contraria al islam.