2008/10/13

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  • Un pasado presente
  • Treinta años después de la limpieza de símbolos franquistas que se hizo en la transición, aún quedan vestigios de la época en Euskadi. También en Gipuzkoa, pese a ser una de las zonas donde más a conciencia se ha borrado cualquier huella
  • Noticias de Gipuzkoa, 2008-10-13

Aunque a muchos ciudadanos les pasen desapercibidos, los símbolos franquistas que aún perduran en los municipios vascos retrotraen a una parte de la población a una realidad que querrían olvidar o, al menos, no verse obligada a recordarla a diario. Euskadi conserva aún hoy ejemplos de águilas imperiales, yugos y flechas falangistas o motivos que recuerdan a los caídos del bando franquista, y las voces que piden su retirada no cejan en su empeño.


Las asociaciones de víctimas del franquismo y sus familiares ya no están solas en esta demanda. A ellos se les han sumado algunos partidos políticos. El tripartito que dirige el Gobierno Vasco (PNV, EA y EB) ha presentado una iniciativa en el Parlamento de Vitoria para emplazar a las instituciones públicas "a retirar de los edificios y vías públicas cuantos símbolos ensalcen al llamado Movimiento Nacional y los cuarenta años de dictadura subsiguientes".


Una iniciativa ésta que, aunque cueste creerlo, tiene aún sentido, 33 años después de la muerte del dictador Francisco Franco. Él murió, su régimen totalitario dio paso a la democracia, pero la simbología de los 40 años de opresión permanece en algunos rincones de la geografía vasca. Ahaztuak 1936-1977 ha recopilado algunos elementos que recuerdan el franquismo o a sus figuras relevantes en calles y localidades en la CAV. Un listado no tan extenso como en otros lugares del Estado, pero lo suficiente para remover la memoria de muchos.


La intensa labor de eliminación de símbolos relacionados con el franquismo y el denominado Movimiento Nacional que se llevó a cabo en Gipuzkoa durante la transición ha dejado en este herrialde escasos vestigios simbólicos de esa negra etapa de la historia reciente. Títulos honoríficos, denominaciones de calles, alguna placa semiescondida… forman parte de un listado de elementos relacionados con el franquismo que es mucho más reducido que en otros territorios.


De hecho, aunque Donostia fue en su día ciudad de veraneo del caudillo y contó con numerosos símbolos del Movimiento, quizá el suelo guipuzcoano es el que menos ejemplos de aquéllos tiene en todo el Estado.


Uno de los pocos que quedan es la denominación anterior de la calle Easo de Donostia, que llevaba el nombre de Víctor Pradera, y que aún puede leerse. Carlista y promotor del antivasquismo en Navarra, Pradera fue fusilado por milicias anarquistas en Donostia en septiembre de 1936. Junto al Hotel Londres, la calle Conde de Plasencia recuerda a José Arrospide Álvarez, destacado golpista y estrecho colaborador de Emilio Mola ejecutado por los republicanos.


Otra muestra de simbología franquista en la capital guipuzcoana es el monumento en homenaje a los caídos en la guerra que se encuentra en el cementerio de Polloe, así como la lápida que junto al primer piso de la avenida de la Libertad recuerda a Laura Brunet, viuda de García Noblejas. Colocada en 1962, la placa recuerda a Brunet como "madre española ejemplar que ofreció a la patria la vida de cinco de sus hijos".


Existen otros elementos que datan de la dictadura y que se construyeron con el visto bueno del régimen y sus autoridades, pero que no son considerados símbolos políticos de la época, como el Sagrado Corazón de Jesús que vigila la bahía donostiarra desde el monte Urgull. Un monumento ideado ya antes del franquismo, al que la II República no dio su visto bueno, pero que contó con todos los parabienes de Franco. Hoy prácticamente nadie lo identifica con la dictadura, pese a erigirse como un referente más de un ambiente en el que imperaba el nacional-catolicismo. Ezker Batua trató sin éxito de abrir hace unos años el debate sobre su posible demolición.


En Bizkaia, el listado de símbolos señala lugares como el edificio de Hacienda en la plaza Moyua de Bilbao, que en la parte superior de la fachada luce un escudo preconstitucional. Se mantiene debido a la catalogación especial que tiene el inmueble, aunque se retiraron las palabras una, grande y libre . También la sede de Correos mantiene sobre la puerta de acceso otro escudo franquista. Y en otra sede, la de la Sociedad Bilbaina, una placa honra a los caídos , con un escudo franquista bruñido en su base.


En las cercanías del Parque de Doña Casilda el símbolo no es de piedra. Una calle, Sánchez Mazas, recuerda al renombrado falangista. Y en el barrio de San Inazio perduran algunas placas del Ministerio de la Vivienda franquista, como en tantos otros bloques de pisos de protección oficial promovidos por la Falange y acogidos al auxilio social .


Otro de los ejemplos de este tipo de elementos en el herrialde vizcaino lo constituye el monumento erigido en el monte Gaztelumendi en el lugar exacto en el que los fascistas rompieron el Cinturón de Hierro, la línea defensiva que protegía Bilbao del asedio de las tropas de Franco en la Guerra Civil.


Otra piedra, la levantada en Urbina en recuerdo de tres aviadores alemanes de la Legión Cóndor muertos en accidente continúa la lista de símbolos franquistas, aunque en territorio alavés. Pero uno de los más imponentes monumentos fascistas de este herrialde es la cruz del monte Olarizu, que preside toda la zona sur de Gasteiz. Colocada por la Santa Misión Vitoriana en 1951, tiene en su base una inscripción bastante deteriorada y una serie de nombres, los de sacerdotes alaveses que cayeron en la "cruzada".


En Laguardia, una placa recuerda a Luis Rabanera, jefe del Requeté de Álava y tío abuelo del ex diputado general del PP Ramón Rabanera. Y en esa misma localidad, existe un busto dedicado a Calvo Sotelo. De nuevo en Vitoria, un escudo franquista preside la parte superior de una puerta en la Catedral Nueva. Un escudo visible a miles de ojos, porque se encuentra en la zona del templo que acoge el Museo Diocesano de Arte Sacro.