2008/12/29

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  • Rouco vuelve a Colón
  • El País, 2008-12-29
Los obispos españoles, una parte de ellos al menos, están acostumbrando a la feligresía a recibir mensajes propios del cine de terror. En la misa por la familia celebrada ayer en la plaza de Colón, el cardenal arzobispo de Madrid, Rouco Varela, conjuró una imagen propia de Cecil B. de Mille en sus películas de cristianos torturados: "Estremece el hecho y el número de los que son sacrificados por la sobrecogedora crueldad del aborto, una de las lacras más terribles de nuestro tiempo". Sobre esta imagen, viene al caso la no menos terrorífica que ofreció Esperanza Puente, una de las comparecientes ante la subcomisión de estudios sobre la Ley del Aborto a petición del PP. Extrajo del bolso cinco muñequitos en representación de cinco embarazos a tamaño y peso naturales durante el primer trimestre, para ilustrar los daños que causa la interrupción del embarazo. Al cardenal arzobispo de Madrid no se le escapa que "una de las lacras más terribles de nuestro tiempo" responde a una ley aprobada por el Parlamento, es decir, por todos los ciudadanos.

Exactamente lo mismo sucede con otras lacras, como el matrimonio homosexual o el divorcio. Así que Rouco volvió a Colón con un guión ligeramente distinto del de concentraciones pías anteriores. Cambió los ataques directos y feroces contra el Gobierno por un asedio en toda regla a las leyes aprobadas por el Parlamento. Con estos mensajes tremendistas, los obispos siembran estupor entre los fieles. "Vamos a ver si arreglamos esto de la familia entre todos", declaraba esperanzado uno de los asistentes a la misa, como si la familia fuese el motor de un coche.

Pero nadie amenaza a las familias españolas, como no sean sus enemigos tradicionales: la recesión y el desempleo. Por supuesto, hay que confiar en que la jerarquía eclesiástica no crea en el cuento que difunde. El objetivo que hay que destruir son las leyes del aborto, el divorcio y el matrimonio homosexual; el instrumento es construir, con la machaconería de un gorigori, la imagen de una Iglesia ferozmente atacada con leyes inicuas. Las misas de ayer fueron un acto más de esa representación sin pies ni cabeza.