2008/12/24

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  • Publicidad y pornografía
  • El Plural, 2008-12-24 # Beatriz Gimeno
El número de mujeres muertas no disminuye a pesar de la Ley contra la Violencia de Género. Es lógico. Las leyes no pueden cambiar a las personas y mucho más si esas leyes se limitan, casi, al aspecto penal. En muchos delitos, quizá en los más graves, las penas no son disuasivas como sabemos todos los que estamos contra la pena de muerte y hemos leído datos y datos al respecto. De la misma manera que la pena de muerte no impide el asesinato, penas más graves no impedirán el machismo. Constantemente, además, las encuestas realizadas a la juventud nos demuestran que los chicos de ahora son igual de machistas que sus padres. Volvemos a la educación.

Se señala y se persigue a los asesinos de mujeres, pero los chicos reciben mensajes contrarios a la igualdad constantemente y desde todas partes. La publicidad emite mensajes en los que las mujeres son bellos objetos sexuales únicamente, además de mujeres capaces de hacer cualquier cosa con sus cuerpos para conseguir ser más bellas según cánones fijados por esa misma publicidad; y los mensajes que emite la publicidad son poderosos, porque están pensados para seducir y convencer, además de presentarse como legítimos. La publicidad es una de las fuentes en las que los chicos aprenden cómo son (para qué sirven, cual es su función) las mujeres. La otra fuente es la pornografía. No hay chico, adolescente o niño que no acceda a pornografía por Internet. La pornografía es una escuela de misoginia y de educación sexual misógina. La pornografía en sí no tendría por qué serlo (yo misma he escrito un libro porno), pero el caso es que lo es y esa pornografía es la que ven los adolescentes. Así que en la pornografía los chicos aprenden que no somos iguales, que las mujeres están para satisfacer a los hombres, entre otras cosas. Después abrirán un periódico y leerán cosas como : “Se ofrece gatita caliente y guarra para que hagas con ella lo que quieras” (anuncio real) Leyendo esto, y las decenas de anuncios que cada día se publican del mismo tipo, ¿quién podría pensar que hombres y mujeres son iguales, que tienen el mismo poder, la misma autonomía, que ocupan la misma posición social? Y podríamos seguir: ¿quién podría pensar que hombres y mujeres son iguales ante la sexualidad?

Así que ¿qué podemos esperar? A cambio de ésto únicamente están (y están más bien a trancas y barrancas) los tibios contenidos de Educación para la Ciudadanía que, por si fuera poco, es una maría. ¿quién presta atención a las marías? ¿y quién se puede tomar en serio algo que hay que estudiar obligatoriamente y que no parece servir para nada?

En fin, no tengo la solución porque es un problema demasiado complejo para la extensión de esta colaboración. Creo que no es posible prohibir la pornografía, quizá no sea ni bueno. Me inclino por prohibir lo menos posible. Creo que hay que luchar para, desde instancias de legitimación, deslegitimar aquello que perjudica, o directamente torpedea, la igualdad. Y una de las maneras de contribuir a deslegitimar sería, por ejemplo, presionando a los periódicos para que no publiquen anuncios de prostitución porque, no sólo son denigrantes para las mujeres, son denigrantes para todos los seres humanos en tanto que son un atentado directo a la igualdad. No se trataría tanto de prohibir dichos anuncios como de conseguir que ninguna institución se publicitara, por ejemplo, en periódicos que publiquen dichos anuncios. Esa es una campaña sencilla, barata y fácil de llevar a cabo por el Ministerio de Igualdad, que para eso está.