2008/12/07

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  • Contra la homofobia
  • El Espectador, 2008-12-07 # Editorial
Despenalizar la homosexualidad es por estos días tema de inusitada importancia en la Asamblea General de la ONU, según se desprende de su encomiable deseo de impulsar una declaración conjunta que, aunque no obliga jurídicamente, envía un mensaje político contundente.

La iniciativa fue ideada por Francia, actual presidente de la Unión Europea, y se espera que países de otras latitudes se unan para superar la barrera de las 54 naciones que en propuesta anterior de la ONU, redactada por Noruega el año pasado, exigieron de la Comisión de Derechos Humanos mayor atención a las discriminaciones por orientación sexual.

El objetivo último del texto puesto a consideración es el de “lanzar un movimiento global contra una práctica intolerable”, toda vez que en países como Arabia Saudí, Irán, Emiratos Árabes, Sudán, Mauritania, Estados del Norte de Nigeria y Yemen, los actos homosexuales se castigan con detención, arresto y en muchos casos la propia muerte.

Bajo el ya usual argumento de la defensa de la familia como institución de la que depende la sociedad entera, el Vaticano se opone a la declaración por considerar que puede derivar en abierta aceptación de las uniones entre personas del mismo sexo. Pese a que la Santa Sede no gusta de ver que los países islamistas más radicales con frecuencia se escudan en sus posiciones para legitimar su homofobia, su rechazo de la declaración sigue siendo la piedra en el zapato.

La homosexualidad, a diferencia de países que, como España, Bélgica, Holanda, Canadá y Suráfrica, aceptan el matrimonio entre parejas del mismo sexo, sigue siendo una práctica mal vista e indeseable. No hace mucho que en Colombia, antes de que el histórico jueves 29 de enero de 1981 se reformara el Código Penal, el homosexualismo se pagaba con cárcel y se consideraba enfermedad.

Hoy existen instituciones menos homofóbicas que otras. Lo hecho por la Corte Constitucional hasta el momento en materia de reglamentación de los derechos de esta población contrasta con la retardataria visión que sobre el asunto ha defendido el Congreso. Sin ir muy lejos, el senador de Colombia Viva en Comunidad Cristiana, Víctor Velásquez, protagonizó un encarnizado debate en la W con motivo de la versión colombiana de la serie de televisión Aquí no hay quien viva. Según el congresista, la serie fomenta el homosexualismo y “desfigura el concepto familiar, enseña la promiscuidad y hasta habla de relaciones incestuosas”. Todo en razón a que una pareja de homosexuales aparece en la pantalla chica.

“Estamos perdiendo los valores y principios para pasar de ser libres a libertinos”, sostiene el congresista de uno de los movimientos políticos más cuestionados y menos representativos de todos. Al respecto, quizás sea útil recordar que Velásquez reemplazó con escasos 9.283 votos a Jorge Enrique Gómez después de que éste renunciara a su investidura para defenderse de las acusaciones que se le hacen por estafa y fraude procesal. En su momento Gómez relevó a Vicente Blel, detenido por concierto para delinquir. Y antes, Blel sustituyó a Dieb Maloof, condenado a cuatro años y nueve meses por el mismo motivo.

El camino por recorrer, si de lo que se trata es de erradicar la homofobia, es bastante largo. Pese a que el Congreso negó, el pasado 8 de octubre, la aceptación de los derechos patrimoniales de las parejas del mismo sexo, el deseo de Francia y quienes adhieran a la declaración habrá de ser un gesto relevante que ojalá nuestros propios legisladores asimilen. Si no lo hacen, por lo menos es de esperarse que en el debate frente al lugar que ocupa la familia heterosexual en la sociedad, como corresponde a todo Estado laico, no sólo participe la iglesia.