2008/12/26

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  • Psiquiatras discuten si las compras compulsivas y la transexualidad son desórdenes patológicos
  • En 2012 lanzan 5ª edición del DSM: Manual de trastornos mentales levanta debate antes de publicarse
  • El Mercurio, 2008-12-26
Ni el más célebre de los autores de bestsellers logra levantar la expectativa y el debate que está despertando la próxima edición del "libro de los problemas humanos", como tildó el diario The New York Times al Manual Diagnóstico y Estadístico de Desórdenes Mentales (DSM, por sus siglas en inglés).

El libro, que se edita desde 1952, es un referente para profesionales de la salud mental, pues compila todos los desórdenes de este tipo que pueden afectar a niños y adultos que han sido aceptados por la comunidad médica. Además de describir sus síntomas, entrega prevalencia por género y edad y describe el curso de la enfermedad.

La anorexia, la depresión, la esquizofrenia o el trastorno obsesivo compulsivo son algunos de los 283 desórdenes que describe la actual edición, conocida como DSM-IV y lanzada en el año 2000.

Y aunque la quinta edición saldrá al mercado recién en mayo de 2012, ésta ya está levantando polémica entre psiquiatras y otros expertos en salud mental, inquietos por qué trastornos quedarán clasificados como desórdenes mentales.

Asperger y autismo
Entre los temas polémicos, los psiquiatras a cargo de editar la próxima calificación deberán determinar si consideran como desórdenes mentales la adicción a las compras y la ingesta compulsiva de alimentos. Lo mismo ocurre con el fetichismo.

También tendrán que definir si sacan de la lista los trastornos de identidad de género, cuadro que incluye a personas que se identifican con el sexo opuesto. Sobre si es o no una trastorno ni siquiera las organizaciones transgénero se han puesto de acuerdo.

Mientras algunas abogan por retirarlo del manual, porque no consideran que se trate de un desorden mental, otras prefieren mantenerla, porque así los transgénero pueden obtener cobertura para seguir un tratamiento o recurrir a una intervención de cambio de sexo.

Otro punto a discutir es si el síndrome de Asperger se fundirá en una misma categoría con el autismo de alto funcionamiento. Ambos son casi idénticos, pero tienen distintas connotaciones sociales.

Según indica The New York Times, debido a las consecuencias que implica la calificación para las aseguradoras de salud, para la investigación y para la identidad psicológica de los individuos, "el proceso de edición se ha vuelto un ejercicio tan científica y socialmente beligerante, que por primera vez la Asociación Americana de Psiquiatría ha exigido a sus colaboradores firmar un acuerdo de confidencialidad".

"En psiquiatría nadie conoce las causas de nada, así que la clasificación puede ser motivada por todo tipo de factores: político, social y financiero", dice Edward Shorter, un historiador de la psiquiatría y crítico del manual.

Otros detractores sostienen que la política de clasificación de desórdenes del DSM no es suficientemente estricta y por mucho tiempo han tendido un manto de duda sobre supuestos pagos que las empresas farmacéuticas habrían hecho a autores del manual para influenciar sus decisiones.

Para hacer más transparente el proceso, "los científicos que aceptaron la invitación a trabajar en el nuevo manual -lo que se considera una distinción- acordaron limitar sus ingresos por parte de empresas farmacéuticas y otras fuentes a US$ 10 mil al año por la duración del trabajo, consigna The New York Times. Según explica el doctor Darrel Regier, director de investigación de la Asociación Americana de Psiquiatría, a ese diario, la cifra es más conservadora que las reglas de muchas instituciones y universidades.

EN ALZA
100 desórdenes mentales incluía la primera edición del DSM, en 1952. La cuarta y última edición, lanzada en 2000, incorpora casi el triple.