2008/11/23

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  • Gais con pies de plomo
  • Evolución de un tabú en el país más tolerante del mundo árabe. La homosexualidad goza de cierta libertad en el Líbano, pero aún es ilegal
  • El Periódico de Catalunya, 2008-11-23 # Carine Mansour · Barcelona
Cuando Laurence, al volver antes a casa, halló a su marido con otro hombre en la cama, se dio cuenta de que su mundo, construido durante 10 años, era mentira. "Lo entendí todo. Los tangas, los aceites... ¡Qué tonta fui!", reflexiona.

Hijo de buena familia, guapo y rico, su esposo lo tenía todo. Pero para esquivar la presión social y seguir su vida homosexual, tuvo que casarse. Como él, muchos gais en el Líbano tienen una doble vida. El Código Penal criminaliza "las relaciones antinaturales", castigadas hasta con un año de cárcel.

Esta ley es benévola en comparación con otras del mundo árabe-musulmán, donde la homosexualidad es vista como una perversidad importada de Occidente. En ocho países, entre ellos Irán y Arabia Saudí, los gais son condenados a muerte. El Líbano, el país más liberal del mundo árabe, es una burbuja de libertad para sus vecinos. "Tenemos cierta libertad. No hay una política de persecución como en los países cercanos", explica Georges Azzi, coordinador de Helem (Sueño), una asociación para la defensa de los gais. Aunque, dice, "la ley existe y la policía la aplica cuando quiere".

La ley data de los años 40, cuando el país estaba bajo mandato francés. Pero las leyes en Francia cambiaron; en el Líbano, no. "Esta ley no tiene sentido --opina Azzi--. No solo está dirigida contra los gais, sino contra las libertades privadas". Para Shant, portavoz de Meem (M de Mujer), una asociación para la protección de las lesbianas, "es una herramienta para manipular y humillar a los individuos".

Desviados
El termino árabe que se refiere a los homosexuales, cház, significa desviado o extraño. Hace poco, la prensa empezó a usar otro más neutro, mislé, que significa homosexual. Paralelamente, la sociedad se fue volviendo más tolerante, por lo menos en la capital. "Podía sentir la tolerancia obvia que los beirutís fomentaron hacia los gais", apunta Fares, de 23 años, que volvió al Líbano en el 2007, tras tres años en Canadá.

Sin embargo, hay una fractura cultural entre Beirut y las regiones. En el norte o el este, jóvenes gais huyen de su familia cuando sus padres descubren que lo son y, en algunos casos, son amenazados de muerte. Uno de ellos, que aún era menor, acudió aterrorizado a Helem. Allí le ayudaron a encontrar una casa y un trabajo. También es frecuente que la homosexualidad sea vista como una enfermedad. Shant cuenta que hay padres que al descubrir que su hija quiere a otra mujer, la llevan a un psiquiatra o un religioso. Otros la encierran en su habitación.

A veces, la familia lo acepta. Fares salió del armario en el 2004, en Montreal, donde vivía solo. En el 2005, lo anunció a sus padres. "La Biblia dice...", le dijo su madre, aunque luego no lo rechazó.

Pero el día a día es complicado. Muchos, por miedo a ser discriminados, callan su orientación sexual en el trabajo. "Elijo con cuidado a quién se lo cuento", confiesa Sam, de 23 años, empleado en el sector financiero.

En el espacio público, la homofobia está muy presente. Una lesbiana cuenta cómo dos hombres la acosaron en la calle y cuestionaron su sexualidad. "¿Quieres divertirte? Vamos a divertirnos", le dijeron, tomándola por un chico.

"La homosexualidad masculina molesta porque destruye la imagen del varón, que considera a la mujer una subordinada", explica Azzi. En cambio, "las lesbianas no son tomadas en serio. Se asocian a una ilusión sexual". Además, en la sociedad libanesa los jefes religiosos son muy influyentes. Y la religión, tanto la cristiana como la musulmana, prohíbe la homosexualidad.

Avances frágiles
Por ello hay que tener cuidado. "Las muestras de afecto se limitan a muy pocos lugares", explica Shant. Aunque no se definen como tales, varios bares y clubs gais abrieron sus puertas en Beirut y sus alrededores. En los últimos años, el número ha crecido. Y es que el auge de internet ha ayudado mucho a la emancipación. Los foros on line son un espacio de charla, información y cita. También los jóvenes gais se sienten más cómodos en la universidad y salen más del armario. Hace cinco años, la edad media era de 20. Hoy día, ha bajado a 16. "Eso da un poco de miedo --reconoce Azzi-- porque no tienen recursos para vivir solos".

Lo más duro es el hecho de no tener ningún derecho, al no ser reconocidos por la ley. "Nuestro objetivo es que los homosexuales sean considerados como ciudadanos y se beneficien de la protección de la ley", destaca Azzi. Desde Meem, Shant añade: "Queremos tener el derecho a tener un cuerpo, una sexualidad. Queremos una sociedad que incluya a la gente y que no sea fragmentada".

Sin embargo, aún queda mucho por hacer. Azzi teme que todo puede caer como un castillo de arena: "Puede ocurrir si un jefe religioso habla contra nosotros".