2008/11/30

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  • Las personalidades de Germán
  • Compatriotas del ecuatoriano acusado de las últimas violaciones en Donostia le definen como «buena persona»; la Ertzaintza tiene pruebas irrefutables contra él
  • El Diario Vasco, 2008-11-30 # Javier Peñalba · DV · San Sebastián

Carlos Germán O.F., Quito, 13-02-1986. Dicen de él sus amigos que es un hombre educado, responsable, buena persona, trabajador, nada violento... La Policía sostiene, sin embargo, que es el presunto autor de varias violaciones cometidas en San Sebastián, la última de ellas en el barrio de Riberas de Loiola. ¿Quién de los dos es en realidad? ¿Qué lado se impone en su personalidad? Es Jekyll o Hyde. Las evidencias policiales inducen a creer que tenía una doble vida y la vista de las manifestaciones de sus conocidos, también una doble personalidad. Todo apunta a que ante su círculo de amistades más próximo se mostraba como el «buen chico» que dicen que es, y que fuera de ese entorno se transformaba en un presunto violador en serie. Las pruebas, desde luego, le incriminan de pleno.


Carlos Germán nació en el seno de una familia humilde, «que no marginal», se apresta a matizar un amigo de su infancia que actualmente vive en Gipuzkoa. Dejó la escuela siendo apenas un mocoso para ayudar a su madre y contribuir a la precaria economía familiar. Hoy, Germán, como le llaman sus allegados, se halla preso en la cárcel de Martutene. Sobre él penden cuatro imputaciones formales. Él se declara inocente. Compatriotas suyos que viven en San Sebastián y que le conocen le creen «mientras no se demuestre lo contrario». Afirman que es una persona «bastante buena». Cuando supieron que le habían detenido y la gravedad de las acusaciones no dieron crédito. «Pero si salía con una chica de aquí, muy bonita. No tenía ninguna necesidad de recurrir a la agresión para mantener relaciones», explica un amigo suyo.


Cinco años en Donostia
Carlos Germán llegó hace cinco años a San Sebastián. Para entonces hacía ya más de tres que su madre se había asentado en la capital. Es el mayor de tres hermanos; las otras son chicas. «Al igual que yo, dio sus primeros pasos en Carapungo. Es un barrio de Quito donde residen familias humildes, trabajadoras. No se trata de una barriada de marginados. Allí vive gente sencilla que se tiene que ganar la vida con mucho esfuerzo y sacrificio y lo hace», afirma su amigo que prefiere mantenerse en el anonimato.


Siendo sólo un crío, Germán colaboraba con su madre para sacar adelante a la familia. «Ella se dedicaba a vender en la calle, ropas y algunas otras cositas; él le ayudaba. Hace ocho o nueve años, su mamá vino a España y se instaló en San Sebastián. Ha trabajado como empleada de hogar. Unos años más tarde se trajo a su hija pequeña y al poco vinieron Germán y luego su otra hermana», explican conocidos de la familia.


Estupor
Compatriotas del joven inculpado sólo tienen buenas palabras hacia el presunto violador. «Es un chico muy correcto. Siempre que venía a la tienda era respetuoso. Me saludaba, me extendía la mano con educación. Puedes preguntar a cualquiera que le conozca. Te dirán lo mismo», afirman desde un comercio situado en el Centro de Donostia, regentado por ecuatorianos y que el acusado frecuentaba.


Miembros de esta comunidad suramericana que viven en la capital y que también han tratado a Germán no ocultan su estupor ante las noticias que van conociendo sobre las sospechas y pruebas que le incriminan en los delitos. «Para nosotros ha sido una verdadera sorpresa. Jamás lo hubiéramos imaginado. Pero si desde que se vino a vivir con su madre aquí no ha hecho otra cosa que trabajar. Siempre nos ha parecido que es una persona muy responsable. Era, junto a su madre, el sustento económico de la familia», explican.


Las mismas personas aseguran estar estupefactas de la violencia que el autor de los hechos ha utilizado contra sus víctimas cuando, según afirman, Germán nunca ha protagonizado incidentes de esta índole en su presencia. «No era de esos que salía mucho por las noches ni de los que ante el mínimo incidente saltara y se pusiera violento. Siempre estaba dispuesto a ayudarnos. A veces, cuando hemos salido en grupo y alguno de nosotros hemos terminado un poco bebidos, solía recoger nuestros móviles y algunas pertenencias para que no nos las robaran o las perdiésemos. Luego, al día siguiente nos la devolvía», recuerda un conocido suyo.


Varios empleos
Desde su llegada a Donostia han sido varios los trabajos que Germán ha desarrollado. «Al principio estuvo repartiendo Coca Colas y últimamente estaba empleado en una firma dedicada a montar andamios», relata un conocido. También probó en el Ejército. Ingresó en los cuarteles de Loiola, pero sólo permaneció unos meses. «Lo dejó porque le enviaban destinado a Barcelona y él no quería dejar a su madre y sus hermanas solas», recuerda otro amigo.


En Donostia salía con una cuadrilla de jóvenes, la mayor parte de ellos de nacionalidad española. Afirman sus compatriotas que tenía una relación más íntima con una chica donostiarra. «Es muy guapa. Que nosotros sepamos nunca ha tenido problemas con ella y tampoco con el resto de sus amigos. Se divertían como jóvenes que son. Pero si no tenía ninguna necesidad de forzar a nadie para mantener relaciones», precisan.


Dolor en la familia
Allegados a la familia afirman que el arresto de Carlos Germán ha causado un profundo dolor en la madre y hermanas. «Su mamá no es la misma. Está hundida moralmente. Cuando hablamos del caso le saltan las lágrimas. En casa se refugia en alguna habitación para que las niñas no le vean llorar. Lo están pasando francamente mal. Pero claro, también estarán sufriendo, y mucho, las niñas que han sido agredidas y, por supuesto, sus familias», reconoce un compatriota.


Los conocidos de Germán, de momento, le conceden el beneficio de la duda, el in dubio pro reo, pero son rotundos al afirmar que «si en realidad es el autor de todos los hechos que se le imputan, sólo cabe pedir que la justicia recaiga sobre él, que cumpla por lo que ha hecho. Yo también tengo hijas y por nada del mundo quiere que les suceda algo parecido», explica el mismo que le vio crecer en Carapungo.