2008/12/18

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  • "Señoría, desde mi infancia me considero un oso"
  • Absueltos de injurias al Rey los autores de una sátira sobre la caza de 'Mitrofán'
  • El País, 2008-12-18 # Manuel Altozano • Madrid
Que los juicios penales cumplen, entre otras muchas funciones, una netamente teatral mediante la que se trata de escenificar ante los ciudadanos la administración de justicia, se sostiene en cualquier manual universitario de Derecho Procesal. El proceso por injurias al Rey contra los autores de un chiste y un artículo satírico sobre la caza del oso Mitrofán por el Rey, celebrado ayer en la Audiencia Nacional, tuvo mucho de comedia en la que el papel protagonista quedó reservado a uno de los acusados.

El titular de ese órgano, José María Vázquez Honrubia, absolvió a José Antonio Rodríguez y Javier Luis Ripa, autores de un fotomontaje publicado en la portada del suplemento humorístico Caduca Hoy del diario Deia. En ella se mostraba al Rey en actitud risueña, armado con un fusil y tocado con un gorro de piel ruso, junto a un oso con un barril de cazalla al cuello. A la izquierda de la imagen un pequeño texto decía: "Mitrofán era un oso de feria, lo metieron en la jaula y lo pusieron a tiro del Rey tras emborracharlo con vodka y miel. ¿Lo harían para que estuviera en igualdad de condiciones?".

También resultó absuelto Nicolás Lococo, filósofo y humorista que firmaba el artículo Las tribulaciones del oso Yogui en esa misma publicación y también en Gara, en el que, en relación a la caza del plantígrado ebrio -desmentida por la Casa Real-, deslizaba frases como "por esta vez el rey de copas no es quien nosotros pensamos, sino nuestro congénere, el bueno de Mitrofán" o "no estaría de más que se diera la voz de alarma a los ositos de peluche, incluidos los de Froilán y toda la cuchipanda, no sea que el mequetrefe de su abuelo, despechado por no encontrar ejemplares en la fauna, la emprendiera a tiro limpio con ellos".

Los tres acusados negaron que con sus publicaciones trataran de menospreciar al Rey atribuyéndole la ingesta de bebidas alcohólicas, como mantenía el fiscal, y aseguraron que sólo hacían uso de su libertad de expresión a través del humor. Pero el interrogatorio de Lococo, que se presentó como profesor de Filosofía y ajedrez y estudiante de Historia y Física, quitó a la vista cualquier tipo de solemnidad ante el asombro y las miradas incrédulas de letrados, fiscal y público. También del juez.

"Desde mi infancia me considero un oso a nivel espiritual porque desde hace cinco generaciones a los miembros de mi familia, que viven en Castro Urdiales, les llaman osos", afirmó a preguntas del fiscal, entre risas y rumores. Cuando señaló que siguió con mucho interés "las vicisitudes de Chu-lin", el oso panda "encarcelado en el zoo de Madrid", que hasta los seis años se crió "al lado de un oso de peluche" y que sólo se desengañó "al verlo colgado con pinzas al salir de la lavadora", se escucharon las primeras carcajadas que el juez tuvo que acallar.

Lococo pasó después a explicar lo que para él significaba la figura del Rey, para concluir que, desde que descubrió que "los Reyes Magos eran falsos", tenía un sentido negativo. "Todo eso [el oso y el Rey] confluyó en mi cabeza y salió el artículo", dijo. "Sólo quería hacer una obra de arte que me salió fenomenal" y que, según su autor, "no debería ser juzgada por la Audiencia Nacional sino por la Academia de la Lengua porque a veces cometo faltas de ortografía".

El humorista aseguró que su artículo se basaba en la noticia El Rey de España mata a un oso borracho, cuyo titular generaba confusión sobre quién de los dos había bebido. "Había que explicar que el borracho era el oso, no el Rey. Yo me refiero al animal, no a Su Majestad", dijo. Después añadió que las palabras "mequetrefe", referida al Rey, y "cuchipanda", utilizada con sus nietos, tenían en realidad un sentido "cariñoso, añejo y juguetón". Y que el término "irresponsable" sólo trataba de reflejar que el titular de la Corona "haga lo que haga, diga lo que diga, no puede ser juzgado". "Si el puesto de Rey es vitalicio y hereditario debería tener un comportamiento ejemplar", prosiguió.

La verborrea de Lococo lo condujo a declarar que la víspera de la vista se había encontrado con otros dos osos -estos sí, verdaderos- que habían salido de sus escondites en solidaridad con él y a fundamentar la supuesta afición de los Borbones a cazarlos en su teoría de que Carlomagno habría instaurado esta tradición para acabar con el culto a ese animal, "muy extendido entre los merovingios".

En medio de esa verborrea, el fiscal Pablo Rubira, recurrió también al teatro para defender el derecho a la intimidad del Rey y de su familia, supuestamente mancillado por los acusados con sus publicaciones. "¿Acaso, como diría William Shakespeare, si pinchamos al Rey no sangra?", se preguntó. La respuesta le llegó del profesor de Filosofía durante su turno de última palabra, en el que, tras quejarse de que Rubira "se había cebado" con él, le lanzó: "Algo huele a podrido en Dinamarca". Después le recitó, a su manera, el monólogo de Segismundo en La vida es sueño, de Calderón de la Barca: "Ay mísero de mí, ay infelice...".

Tras escuchar a los tres acusados, el juez anticipó el fallo in voce. "No han traspasado por muy poco los límites de la libertad de expresión", razonó Vázquez Honrubia, que consideró que existía "una duda razonable" de que los procesados hubieran tenido intención de menospreciar a la institución de la Corona. Lococo, que había pedido una sanción no demasiado elevada -"soy mileurista", dijo- se libró de un plumazo de una multa de casi 11.000 euros.

Dos ilustraciones, dos resoluciones
- Absueltos. Los autores del fotomontaje humorístico de Deia fueron absueltos porque no traspasaron "los límites de la libertad de expresión", según el juez, que apreció una "duda razonable" sobre la intención de los procesados de menospreciar a la Corona.
- Multa de 3.000 euros. El juez consideró que dos periodistas de El Jueves pasaron la "delgada línea" entre la sátira y el insulto al tildar al Príncipe "de vago y codicioso" en una ilustración de portada en el que don Felipe aparecía manteniendo relaciones sexuales con su esposa con el fin de obtener el cheque-bebé de 2.500 euros.