2008/12/17

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  • Educación en valores
  • El Plural, 2008-12-17 # Beatriz Gimeno
Al parecer, más de un 30% de los jóvenes está a favor de la pena de muerte según un reciente estudio sobre los valores de la juventud. Ante este dato sobrecogedor los medios y los analistas se han escandalizado y han desarrollado diversas teorías acerca de la razón de que haya ocurrido una cosa semejante. En realidad, no hay de qué sorprenderse; era previsible. No existe sociedad en la que los valores éticos y cívicos -aquellos que marcan la manera en que se desarrolla nuestra convivencia- surjan solos, por generación espontánea. Los valores, como todo lo demás, se aprenden. Y aquí el problema es de dónde y cómo se aprenden.

Normalmente se suele decir que la juventud carece de valores de ciudadanía porque no ha sido educada en ese sentido. Pero eso no es cierto. Claro que hay una educación en valores, claro que los jóvenes son educados, lo que ocurre es que son educados en valores reaccionarios, egoístas, antidemocráticos, insolidarios... Porque ¿quién educa a los jóvenes? ¿Quién transmite los valores en los que crecen? Fundamentalmente la televisión, los medios de comunicación, el grupo de pares y, lejanamente, las familias. Así que educación sí que hay, transmisión de determinados valores por supuesto que hay, lo que no está claro -o lo que ha quedado claro- es que sean los valores adecuados.

La televisión y los medios, no es necesario explayarse, transmiten valores antidemocráticos y antisociales. Vemos constantemente contenidos en los que la tortura es justificada o, al menos, presentada como necesaria; el asesinato, el “ojo por ojo” se presenta como moralmente adecuado, la presencia de las víctimas de los delitos pidiendo la pena de muerte es presentada de manera normalizada y comprensible sin que haya ninguna voz que explique por qué las víctimas no están legitimadas para ejercer la venganza; constantemente la justicia se presenta como venganza, la pena de muerte en otros países presentada como justa o, al menos justificable... y si nos vamos a cuestiones que parecen menos importantes como el consumismo, el dinero como único valor, el desprecio por los débiles, por los que son considerados fracasados, la divinización del triunfo en el mercado... todo eso se presenta constantemente como un valor positivo y deseable. Y eso es educación. Así que decir que nuestros jóvenes no reciben educación en valores es incierto, la reciben; otra cosa es en qué valores se les educa.

Ante todo eso ¿quién educa en otro tipo de valores? ¿Quién presenta como valores deseables la empatía, la compasión, el reconocimiento del otro, la solidaridad, la generosidad? ¿Quien se responsabiliza de la formación moral de los futuros ciudadanos? Únicamente la familia (algunas familias) se esfuerzan en ese trabajo. Pero es un trabajo hercúleo en una sociedad en la que la familia no tiene, ni mucho menos, el peso educativo que tenía, y en la que cada vez tiene menos. Ese trabajo, la educación en aquellos valores que la sociedad considera moralmente positivos -porque nos los hemos dado después de alcanzar cierto consenso democrático-, debería ser una obligación del estado. La inacción en este sentido lo que hace es crear una sociedad en la que crezcan cada vez más actitudes contrarias a la propia sociedad de la que surgen, contraria a esa misma libertad que ha protegido la extensión de un aprendizaje en gran parte antisocial. Esta sociedad está creando monstruos.

Por eso, que el estado renuncie a educar en valores es dejar en las peores manos la educación de los jóvenes. Por eso no es de extrañar que estén a favor de la pena de muerte. Estoy completamente segura de que hay muchos chicos y chicas en los colegios e institutos españoles que piensan que la pena de muerte existe en España o en Europa. Y muchísimos más, como hemos visto, están convencidos de que hay determinados delitos para los que es un castigo justo y adecuado. Al fin y al cabo, ¿alguien les ha explicado lo contrario?.