2008/10/29

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  • Fernando Olmeda · Periodista y escritor: «La homofobia es en esta sociedad tan alarmante como el racismo»
  • Fernando Olmeda, periodista de larga trayectoria profesional, ha realizado y presentado diversos servicios informativos en diferentes medios de comunicación. Además de eso, también ha escrito varios libros, entre los que destaca «El látigo y la pluma», publicado en 2004.
  • Gara, 2008-10-29 # Janire Arrondo

Fernando Olmeda participará hoy en la X. Jornada de Memoria Histórica organizada por Gehitu, organización de gays y lesbianas de Euskal Herria. En su ponencia, titulada «El látigo y la pluma», hablará sobre la situación que vivió el colectivo LGTB durante el franquismo, la transición y la «democracia».


¿Qué le llevó a investigar sobre los sucesos más oscuros del franquismo?

Como periodista, y como esto es algo que sale por dentro, los ciudadanos tenemos el derecho y la obligación de saber y conocer la verdad. Es el afán por conocer, contar y ser intermediario de determinadas situaciones que quedaron silenciadas. La intención es alumbrar periodos, que por el olvido o silencio oficial o por el silencio pactado han quedado ocultos. Me da la sensación de que ahora es un buen momento social y político para aclarar aspectos ocultos de la dictadura, la transición y la democracia. En aquel momento estaba en Informativos Tele5, y en el ejercicio profesional tomaba decisiones editoriales que dejaban clara mi postura. Era bastante razonable conectar mi ejercicio profesional con un libro en el que doy voz a quienes nunca la tuvieron. Algunas de esas vidas han quedado olvidadas por dos razones: el silencio y el miedo.


¿En que consistía la llamada Ley de peligrosidad y rehabilitación social?
Esta ley se aplicó a sangre y fuego con una gran arbitrariedad e impunidad por parte de los jueces y con una gran indefensión por parte de las víctimas. Curiosamente, la ley es de la última fase del franquismo. La sociedad ganaba en la calle y la autoridad se ponía más dura. Encarcelaban a las personas sin haber cometido delito alguno.


¿En qué consistían los castigos?

La filosofía de los jueces era la de rehabilitar al sujeto peligroso en la cárcel. Realmente no había condena porque no había delito. Los castigos consistían en una separación, es decir, en una privación de libertad con afán rehabilitador. Era doblemente cruel, porque después de estar en prisión se aplicaba el destierro, por lo que se prohibía volver a su ciudad, lugar de trabajo, etc. También hubo campos de concentración, como el de Nanclares, en el que, entre otras procedencias, había personas homosexuales confinadas. Además, en la última etapa se habilitaron cárceles específicas para los homosexuales, como las de Huelva o Badajoz. También muchos homosexuales vascos fueron trasladados a esas cárceles. Lógicamente, no se lograba ningún tipo de rehabilitación.


¿Cómo ha cambiado la situación en estos treinta años?
Objetivamente, ahora se ha conseguido una equiparación de derechos casi total, al menos en lo sustancial, que es en los matrimonios, en cuestiones de herencias... Todo esto se ha conseguido después de 25 años de lucha, y porque se han dado las circunstancias políticas favorables. Además, esta ley de matrimonio viene bien aparentemente para los homosexuales jóvenes, pero también les beneficiará a los de 50 y 80 años, que han vivido otra época. Pero, realmente, en la democracia los homosexuales han sido los grandes olvidados, y esto se debe a que la transición tuvo otras prioridades. Ahora, espero que la Justicia se normalizará en esta cuestión.


¿Ha evolucionado de la misma forma la perspectiva de la sociedad?

En esta sociedad, la homofobia es tan alarmante como el racismo. Hay que seguir trabajando, sobre todo en cuanto a la discriminación social. La igualdad legal está muy bien, pero evidentemente, de alguna forma esta sociedad ha heredado buena parte de lo que Almodóvar llamó la mala educación. Se refería a aquella enseñanza del nacional-catolicismo franquista, que muchos aprendieron de sus padres y transmiten ahora a sus hijos. Aun así, estamos avanzando mucho, pero hay que seguir extendiendo como una mancha de aceite la idea de que hay que seguir trabajando por la igualdad y por otros temas que están pendientes. La posición económica que vivimos hoy en día invita al relax, pero evidentemente hay otras muchas tensiones que nos llevan a reflexionar sobre el hecho de que no está todo conseguido.