2008/12/10

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  • Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
  • El Plural, 2008-12-10 # Alberto Moncada · Presidente de Sociólogos sin fronteras

En el sesenta aniversario de esa proclamación, diciembre de 1948, puede comprobarse que los derechos humanos todavía distan mucho de ser reconocidos y en algunos lugares son permanentemente violados.


Es cierto que las personas no pueden ser objeto de compraventa como sucedía hace un par de siglos, todavía se dan casos en Africa, pero la esclavitud sexual, laboral de tantas personas, tantos menores, aún debería enrojecer nuestras conciencias.


Naciones Unidas, a pocos años de su creación, se esforzó por corregir las brutalidades de las dos últimas guerras mundiales, prohibiendo la tortura, el trato inhumano a los prisioneros, el genocidio, aún presentes como prueba el caso de Guantánamo


A mitad del siglo pasado, años cincuenta y sesenta, se promovieron intensamente, sobre todo en Europa y Estados Unidos, políticas de no discriminación sexual o racial, se consolidaron los derechos a una mayor igualdad política y social y a las libertades básicas.


Pero esa política se detuvo ante la discriminación económica. Las desigualdades se mantienen o crecen y la globalización no ha hecho sino aumentarlas. El derecho a la salud, a la educación, al techo, al empleo están condicionados por un sistema económico que subraya la única competencia del mercado para distribuir bienes y servicios. Cuando se promulgó la Declaración también se establecieron las bases del Estado bienestar que garantizaba una cierta acción protectora pública para los menos afortunados. El neoconservadurismo que se instaló en los años setenta, con Tatcher y Reagan en el mundo anglosajón, ha tratado de fomentar un Estado mínimo, un crecimiento de la libertad empresarial, hoy multinacional, con paraísos fiscales que hacen menos posible la financiación de los servicios públicos. Este estado de cosas acaba de estallar con la implosión del sector financiero cuyas consecuencias están padeciendo, sobre todo los más pobres, los más desfavorecidos y especialmente con el crecimiento del desempleo y los precios de los alimentos.


La situación es más grave al decrecer la ayuda humanitaria a los países más pobres que ven crecer la mortalidad infantil y las enfermedades fruto de la desnutrición y las carencias de agua potable.


Los derechos humanos tienen hoy un capítulo nuevo, la protección del medio ambiente para que el planeta pueda seguir sustentando a una demografía cada vez más desbocada. Hace cincuenta años el mundo tenía una población de tres mil millones de personas, hoy son más de seis mil y los países emergentes, China, India, apetecen el mismo sistema de consumo que los países ricos.


Los derechos humanos han ampliado su horizonte pero han visto disminuída su protección porque todavía no existe una autoridad internacional capaz de ejercer una función de equilibrio y control, necesaria para evitar los desafueros de las dictaduras políticas y los abusos económicos.


El fortalecimiento de los derechos humanos es así inseparable de la consolidación de la democracia, de esos tres principios de la Ilustración, libertad, igualdad, fraternidad que todavía son largamente ignorados.