2008/11/25

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  • Asier Bilbao · Experto en victimología: «Se sienten más arropadas pero igual de inseguras»
  • Sicólogo experto en Victimología, trabaja desde comienzos de los noventa en colaboración con la asociación Clara Campoamor asistiendo a mujeres víctimas de la violencia sexista. Su labor es curar aquellas heridas que no se ven, las profundas, las que más tardan en sanar. También suele acudir a escuelas, donde el principal objetivo debe ser la prevención.
  • Gara, 2008-11-25 # Maider Eizmendi · Bilbo

Considera que la situación de la mujeres víctimas de la violencia sexista ha mejorado, pero todavía hay mucho que hacer: «Las mujeres se sienten más arropadas, pero igual de inseguras». En su consulta se encuentra con personas que acuden a él «profundamente dañadas». «La mayoría de ellas vuelven a hacer una vida normal», pero asegura que «siempre les queda alguna cicatriz que se llevan para los restos».


Cada año recibe en su consulta a decenas de mujeres víctimas de violencia sexista. ¿Cómo se presentan? ¿Cuál es su situación?

Hoy por hoy, no hay un diagnóstico aceptado en los manuales sobre el «síndrome de la mujer maltratada», aunque en los juzgados nos pregunten por él. Sí es cierto que las mujeres presentan normalmente un síndrome mixto ansioso-depresivo. Muestran todo tipo de síntomas de ansiedad, una depresión muy profunda y un cambio importante en su carácter. Estas mujeres pierden las creencias básica del control, de la invulnerabilidad. Por ello, se vuelven personas que en todo momento están a la defensiva. Además, en la mayoría de los casos su autoestima está muy mermada. No podemos olvidar que son personas que han perdido mucho a nivel de tiempo y oportunidades. Tienen la sensación de que el tiempo ha corrido para todo el mundo menos para ellas. Se presentan profundamente dañadas. Su deterioro se da a diferentes niveles: social, laboral, sicológico... y su pronóstico no suele ser muy bueno. La mayoría de ellas vuelve a hacer una vida normal, pero, por mi experiencia, ninguna se queda asintomática, siempre les queda alguna cicatriz que se la llevan para los restos.


¿A qué cicatrices se refiere?
A nivel clínico consiguen superar la depresión y la ansiedad, pero a nivel de personalidad y carácter sufren cambios de los que no se recuperan. Muchas mujeres me dicen: «Yo ya no soy la misma», «ahora tengo más miedo».


A algunas mujeres les cuesta mucho ser conscientes de lo que están viviendo.

Hay mujeres que acuden al sicólogo y no son víctimas recientes, es decir, en su momento no pusieron una denuncia y esa situación se ha ido cronificando porque nadie les ha prestado ayuda. Precisamente, lo más importante de un denuncia no es tanto parar el ciclo de violencia, que también lo es, sino que a partir de ese momento lo que le ocurre a esa mujer empieza a ser conocido y, por lo tanto, puede comenzar a recibir ayuda.


¿Cómo se enfrentan estas mujeres a los procesos judiciales?
Judicialmente la situación es desagradable. Las mujeres tienen la sensación de que son ellas las que tienen que demostrar qué es lo que ha ocurrido. Incluso la propia dinámica del juicio les crea malestar, no entienden por qué ellas son las que han de pedir un biombo para no ver a su agresor.


Uno de sus trabajos será preparar a esta mujeres para enfrentarse a esta situación.

Sí. En la consulta se les explica cómo va a ser el proceso judicial e incluso, cuando se acerca la fecha, se le hace un training y acudimos a ver un juicio, a ser posible en la misma sala, para que vaya situándose. Pero aun así, la situación es bastante difícil y sufren una segunda victimización.


Se dice que en los casos de agresiones sexuales de episodio único, como la violación, el proceso judicial puede provocar incluso recaídas.
Precisamente, de un tiempo a esta parte las agresiones sexuales de episodio único son las que más tratamos, porque para estos casos no se ofrecen tantos recursos públicos. En estos casos el proceso penal se alarga mucho. Nosotros hemos tenido casos en los que el juicio se ha realizado cuatro años después de la agresión. Este hecho es un mazazo para la víctima. Muchas rehacen su vida y, en la medida en la que pueden, olvidan lo que les pasó. Es cierto que cuando se les presenta el juicio, suele haber una recaída importante


La situación todavía es sangrante, pero no se puede obviar que la violencia sexista es un tema del que se habla mucho. ¿Cómo se refleja este hecho en la víctimas?

Comencé a trabajar con víctimas de violencia de género en el año 1992 y muchas de las reflexiones que hacían las mujeres antes no las hacen ahora. Evidentemente, la situación ha cambiado mucho, aunque todo es mejorable. Las mujeres se sienten igual de inseguras que antes, pero más arropadas, sobre todo, por el mundo menos técnico, porque en la vía judicial y en el mundo sanitario muchas veces no se sienten bien tratadas. Quizás son los dos ámbitos, fundamentalmente el jurídico, donde se encuentran menos comprendidas.


¿Se podría decir que muchas de las personas que atienden a las mujeres maltratadas no están preparadas para ello?
Yo no me atrevería a decir eso, porque en general la gente que actúa con las víctimas lo hace bastante bien. Pero sí es cierto que una mujer se puede encontrar con todo tipo de personas y que, si va a poner una denuncia, depende de la personas que esté en comisaría y del día que tenga, puede recibir un trato más o menos correcto.


Además de las víctimas directas, muchas veces las personas que las rodean sufren con estas situaciones. ¿Se trata también a estas personas?

Es cierto que las personas que están alrededor de una mujer maltratada son también víctimas secundarias. Por ello, es necesario trabajar también con estas personas, por ejemplo, con los hijos. Su situación depende mucho de la edad y, sobre todo, de lo que hayan llegado a ver. Normalmente, a los niños con una cierta edad les suele afectar más, porque de alguna manera, queriendo o sin querer, han participado muchas veces en esas situaciones, por querer defender a sus madres. Nos encontramos con todo tipo de conductas, desde jóvenes con una relativa normalidad hasta chavales con comportamientos violentos y con un escaso control de sus impulsos. Generalmente, experimentan una fuerte lucha de lealtades y una ambivalencia afectiva muy grande.


En los medios de comunicación cada vez tiene más espacio este problema, pero no siempre se acierta a la hora de abordarlo. ¿Qué opinión le merece?
La información es fundamental, pero muchas veces se tiende a incidir en las noticias más dramáticas y, de esta manera, se ensombrece el futuro de muchas víctimas. Ellas suelen tener mucho miedo y ante este tipo de noticias ese miedo se acrecenta. La mayoría de las órdenes de alejamiento funcionan y la mayoría de las mujeres vuelven a rehacer su vida, pero, si todo eso no se refleja en los medios de comunicación, las mujeres tienen la sensación de que al denunciar a su agresor ponen en peligro su propia vida. Además, opino que en las noticias sobre la violencia de género en muchas ocasiones se actúa impulsando el morbo y que se tiende a buscar una explicación sobre la actuación del agresor como si fuese una cosa puntual. El mensaje ha de ser más correcto y más esperanzador de lo que es.


¿Y qué opina sobre el papel que juegan las instituciones en días como éste?

La violencia contra las mujeres se ha convertido en moneda de cambio político. Cualquier institución o partido político contempla adoptar medidas, aunque ni ellos mismos se las crean.


Quizás uno de los aspectos más preocupantes a día de hoy es la edad de las personas que están involucradas en relaciones en las que se da violencia sexista.
La edad de las parejas en las que se fragua la violencia de género es muy preocupante. Cuando comencé a trabajar con víctimas de maltrato, ellas tenían generalmente más de 50 años. Hoy en día estoy viendo a chicas de 20 años. Nosotros ofrecemos charlas y talleres en las escuelas a jóvenes de 14, 15 y 16 años, y nos damos cuenta de que siguen manteniendo ideas y esquemas muy machistas y en los colegios se muestran preocupados. Los jóvenes conocen el discurso correcto, porque cada vez se habla más de ello, pero luego no actúan en base a él. Además, desconocen el proceso que desarrolla una relación de maltrato, que es más sutil de lo que las jóvenes y los jóvenes creen. Quizá una de las cosas que habría que enseñarles es cuáles son los primeros signos de alarma.


Comenta que cada vez hay más información. Entonces, ¿qué es lo que sucede?

Hoy por hoy el tema se incluye en los diseños curriculares de las escuelas, pero lo cierto es que está disminuyendo la edad de los agresores. Entre jóvenes hay relaciones de pareja muy violentas, no tanto físicamente como sicológicamente. Además, vemos cómo muchas jóvenes justifican el control de sus parejas y eso asusta. Algo se están haciendo muy mal.


Esta situación no es nada esperanzadora.

Sí, y es algo que preocupa a mucha gente, al fin y al cabo los chicos y chicas de hoy en día son el futuro. A los jóvenes no se les enseña a resolver conflictos al margen de estrategias violentas y, además, siguen teniendo los mismos esquemas machistas. Me parece que es un tema que hay que abordar prioritariamente.