2008/11/02

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  • Después de una violación
  • La denuncia y la terapia ayudan a la víctima a superar el sentimiento de culpa y las secuelas psicológicas de una agresión sexual, afirman los expertos
  • El Diario Vasco, 2008-11-02 # Cristina Turrau • DV • San Sebastián
De una violación se sale adelante y para iniciar ese camino hay que empezar por denunciar. Es el mensaje de los equipos de abogados, psicólogos y asistentes sociales que atienden a las mujeres que han sufrido una agresión sexual. «Podrá ser la peor experiencia de tu vida, pero algún día se convierte sólo en eso, en una experiencia negativa más», afirma la psicóloga María Ángeles de la Cruz, miembro del equipo de la Asociación de Asistencia a Mujeres Violadas, un servicio que lleva 23 años atendiendo a mujeres en Madrid. «La vida, por suerte, es mucho más que eso».

Desde el Servicio de Atención a la Víctima (SAV), una entidad dependiente de la consejería de Justicia del Gobierno Vasco, se anima a las mujeres a denunciar los hechos. «Por un lado, porque ayuda a la recuperación y, por otro, por solidaridad con otras mujeres, a las que podría pasarles lo mismo», explica una portavoz. Es lo que hizo la joven que el pasado fin de semana sufrió una violación en el barrio de Riberas de Loiola en Donostia.

Cicatrizar la herida
El Servicio de Asistencia a la Víctima en Gipuzkoa, con sede en Donostia, ofrece servicio judicial y psicológico a través de una asesora judicial, una psicóloga, una asistente social y una administrativa. Las puertas están abiertas a víctimas de cualquier delito. El pasado año atendieron a 25 víctimas de agresiones sexuales o violaciones y a 11 víctimas de abusos sexuales, todas ellas mujeres.

Las personas llegan por su propia iniciativa o derivadas desde el procedimiento judicial. «Para atenderles no exigimos haber formalizado una denuncia, aunque animamos a hacerlo porque, en general, ayuda en el proceso de recuperación», explica la portavoz. Las heridas mal cicatrizadas reaparecen siempre. «Realizar una denuncia es iniciar el proceso para superar lo que te ha ocurrido. Ayuda a comprender que no podías haber evitado los hechos. Que el único culpable es el agresor. Además es importante y solidario con otras mujeres, porque el agresor puede volver a actuar».

En los últimos años, la sensibilidad de la sociedad y los agentes judiciales y policiales ha cambiado mucho. La portavoz del SAV en Gipuzkoa recuerda la primera vez que pidió un biombo para que la víctima de una violación pudiera evitar cruzar la mirada con su agresor. «Pensaban que estaba loca», dice. «También ha cambiado la actitud de la víctima, que ha dejado de ser un sujeto pasivo del proceso judical para tomar parte activa y hasta ejercer la acusación particular».

El servicio de atención teléfonica a mujeres víctimas de maltrato, dependiente de la dirección de Bienestar Social del Gobierno Vasco, se creó en enero de 2006 y atiende una media de 215 llamadas al mes. «Funcionamos las 24 horas del día y venimos registrado un aumento constante de llamadas», dice su responsable. «Las víctimas de una violación se encuentran mal psicológicamente y nos piden apoyos».

En la Asociación de Asistencia a Mujeres Violadas conocen el proceso por el que va a pasar la víctima de una violación. «Será un recorrido desagradable, que tiene que ver con la cuestión de la culpa», explica Maria Ángeles de la Cruz, psicóloga del centro. Frases como 'podría haberme escapado', 'tenían que haberme acompañado' o 'tenía que haber mirado antes de abrir la puerta' se adueñarán estos días de su pensamiento. Si hay una rueda de reconocimiento aparecerá el miedo a ver de nuevo a su agresor. Si no ha podido verle, la culpa puede aparecer bajo la fórmula de 'tenía que haberle mirado'. También aparecerá la frustración: 'podía haberle reconocido y por no haber mirado no puedo hacerlo'.

Sentimiento de culpa
El sentimiento de culpa es inherente a una experiencia trumática, explica la psicóloga. «Es algo natural. Los seres humanos necesitamos pensar que tenemos un control sobre las cosas, aunque la realidad nos demuestre que esto no es así». Este sentimiento se da menos cuando la causa es totalmente externa, como en el caso de un terremoto. «Las mujeres con las que trabajo en terapia repiten continuamente: 'tenía que haber mirado antes de entrar', '¿por qué no acepté el ofrecimiento de aquel amigo para acompañarme?' o 'tenía que haber llamado a mi padre'». Este tipo de pensamientos son especialmente frecuentes en las primeras etapas, en las que se sufre una gran ansiedad y se vive en un estado de mucha reactividad, explica de la Cruz. «En estas fases apenas se puede razonar con ellas».

Más adelante se da una reestructuración de estos pensamientos de culpa. «Se asume que no se tenía el control de lo que pasó. Y es una cuestión difícil porque supone aceptar que en otra ocasión puede volver a ocurrir».

Atención a los portales
En las charlas de prevención que los profesionales de esta asociación madrileña ofrecen en colegios e institutos de distintas comunidades autónomas se analiza el caso de la entrada por la noche en el portal de casa. «Constatamos que es un momento que aprovechan los agresores y ofrecemos ciertos consejos de prevención, aunque no son infalibles. A veces, como fórmula disuasoria basta con hacer ver que alguien te espera arriba. Y es que, generalmente, los violadores no siguen a la víctima. Simplemente, ven la oportunidad y actúan».

Esta psicóloga recuerda que es fundamental que la víctima cuente con claridad lo ocurrido en su primera declaración ante la Policía. «Este testimonio va a tener una importancia crucial en el juicio. No hay que tener vergüenza. Hay que admitir que terminarán contando la historia, así que es mejor hacerlo desde el principio».

La sensibilidad de los interlocutores hacia los delitos de carácter sexual ha cambiado mucho en los últimos años. «Al menos es lo que ocurre en la Comunidad de Madrid, donde existe un grupo policial especialmente formado para la tarea», dice.

Se dice que una sentencia injusta en un caso de violación puede echar por tierra toda la terapia. A esta psicóloga le ha tocado verlo. «Animamos a las víctimas a que crean en la Justicia y cuando se produce una de estas sentencias su efecto es demoledor. Yo he llegado a escuchar esta pregunta '¿Cómo llevabas de corta la falda'. Actitudes de este tipo suponen frustración, rabia y reactivar procesos que dábamos por superados».

El mensaje de la terapeuta es que una violación se supera. «Es muy importante el apoyo social. La familia, los amigos, las redes estudiantiles». Y aboga por la prevención. «Deberían darse carpetazo a los comentarios de 'algo habrá hecho' o 'vaya horas de llegar a casa'. La experiencia puede ocurrir en cualquier familia o en el entorno más cercano».

  • EL PROCESO
  • Aviso a un cuerpo policial. Es el primer paso que debe realizar la víctima de una agresión sexual o violación. Se inicia así un protocolo de actuación para este tipo de delitos.
  • Reconocimiento médico: Es importante que no desaparezcan las pruebas o muestras biológicas que pueden inculpar a un acusado. La víctima tiene derecho de privacidad y de estar acompañada de sus familares.
  • Terapia psicológica: Se ofrecen de forma gratuita en distintas instituciones. Son sesiones de una hora, que se realizan semanalmente o con la la periodicidad necesaria en cada caso. Duran una media de año y medio pero el tiempo varía dependiendo de cada caso.
  • Procedimiento judicial: Se inicia una vez que es detenido el presunto agresor. Se siguen los trámites exigidos por la ley. El tiempo de espera va desde los 8 meses, al año o año y medio.
  • Preparación del juicio: Supone revivir los hechos y aunque la víctima haya sido dada de alta en la terapia, se imparten nuevas sesiones para preparar la vista.
  • Telefónos permanentes: 112 (Emergencias) y 900 840 111 (Atención telefónica del Gobierno Vasco)
  • «La atención debe ser inmediata»
  • Existe un servicio foral permanente para atender psicológicamente a las víctimas
Una atención inmediata. Es lo que se necesita cuando existe una agresión sexual. Y los equipos que atienden a las víctimas están preparados para ello. Es el caso del Programa de Atención Psicológica para Mujeres Maltratadas y Víctimas de Agresión Sexual en Gipuzkoa. Nació en 1993 a partir de un convenio entre el departamento de Bienestar Social de la Diputación y el colegio de Psicólogos de Gipuzkoa. Un total de 87 psicólogos, repartidos por toda Gipuzkoa, están adscritos al servicio. Y hay un servicio foral de urgencias, con un psicólogo o asistente social, en guardia permanente. Se trabaja en coordinación con el teléfono de Emergencias de la Ertzaintza, el 112.

«El servicio ofrece una atención inmediata y un acompañamiento a la víctima en el momento de la denuncia, la revisión médica o acompañamiento a casa», explica la psicóloga Ana María Sánchez, coordinadora del programa. «Se les informa del programa de atención psicológica».

Desde el servicio se constata que denunciar la agresión ayuda en el proceso de recuperación, además de a otras mujeres, posibles víctimas. «Se marca claramente que la responsabilidad es del agresor y que la víctima no pudo haberlo evitado».

Superado el estado de shock inicial, la víctima necesita saber que se encuentra en un proceso de curación. «Si no, podría aparecer un estrés postraumático».

La violación es una de las experiencias «más terribles que pueden ocurrir en la vida», dice Sánchez. Pero, en general, se supera. La sociedad ayuda. «Antes los prejuicios marcaban a la mujer. Hoy se sabe que la responsabilidad es del agresor. Es un hecho imprevisible. Por eso cuando sucede es absolutamente impactante. Ultraja el cuerpo y el ser de la persona. Es el mayor daño que podemos sufrir».

Este año el servicio ha tratado 34 casos de agresiones y abusos sexuales. El pasado año fueron 37, dentro de un total de 300 mujeres atendidas por malos tratos o agresiones sexuales.

Mayor conciencia
Para Enrique Echeburua, catedrático de Psicología Clínica de la UPV, existe una mayor conciencia social que ha hecho que el número de denuncias por violación aumenten. «La mujer ha tomado conciencia de que se trata de un delito intolerable», dice. «Pero ocurre más cuando el agresor es desconocido. En los casos de abusos sexuales intrafamiliares o entre personas conocidas las denuncias no son tan frecuentes». Cuando ha habido consumo de alcohol o drogas y la persona ha cometido un abuso de confianza con la víctima, hay que tener muy claro que la acción de la justicia «va a ser reparadora», dice. Porque, en caso contrario, la víctima puede caer en lo que se conoce como «victimización secundaria», lo que impediría su recuperación, dice.