2008/11/02

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  • La negra olía mal
  • Noticias de Gipuzkoa, 2008-10-02 # Miguel Sánchez.Ostiz

La famosa frase de Rajoy, referida al desfile militar del día de la Hispanidad, y por completo irrelevante para todos aquellos que no sienten, pero sí padecen, los ardores patriótico-guerreros de sus compatriotas, vino a demostrar que en este país hay dos lenguajes, el público y el privado, y que mientras en público, y parafraseando sus propias palabras, hay que oír a fecha fija "lo que Rajoy guardaba en su corazón", en privado el donfigura se ciscaba paladinamente de lo que decía guardar en su corazón o pedía que guardaran en el suyo el resto de los españoles.


Es el mismo caso del periodista de opinión que piensa y se expresa en privado de muy distinta manera a como lo hace en público, a través del medio para el que trabaja. Y algo muy parecido sucede con los comentarios xenófobos o racistas que raras veces se expresan en público y, sin embargo, son moneda corriente en privado, entre iguales, cuando los reunidos están seguros de compartir los mismos prejuicios, las mismas taras, idénticas creencias de la iglesia del desprecio y la conciencia de clase. El dinero es otra raza, la única raza de verdad superior conocida. Y algo parecido, aunque más sonrojante, cuando nuestras opiniones coinciden por arte de magia con las de gente que tiene más poder, posición social o éxito mediático que nosotros. Su opinión es de inmediato la nuestra si ésta nos supone algún riesgo. ¿Qué pensamos en realidad de las cosas por nosotros mismos, si es que pensamos algo, y sin el arrimo de la cuadrilla, la tribu o el público?


Me temo que ese no es el caso del fiscal de La Rioja que ha sido sancionado por un comentario despectivo, pero muy común por lo visto, hacia una nigeriana por decir, antes de que se celebrara una comparecencia judicial, que se abriera, no sé si la puerta o la ventana, porque "la negra huele mal", que son cosas que se pueden pensar, pero no decir. El fiscal, por decir lo que pensaba, amparado en su toga y función pública, ha sido sancionado con una amonestación por haber incurrido en una falta leve. Amonestación se habrá llevado, pero también un linchamiento mediático de primera. La frase, alada, irreflexiva, da pie a cebarse con su autor y tomar al toguilla como un chivo expiatorio de otros demonios y otras ortodoxias, y otros ocios. Su metedura de pata nos hace virtuosos, correctos. No tiene que ser entretenido estar ahora mismo en la toga, digo en el pellejo, del fiscal que ha intentado arreglar el salchucho aduciendo condiciones objetivas porque que, según informaciones de buena tinta, la negra, en efecto, olía porque se había pasado la noche en un calabozo. Es decir, que parece que olía, porque el fiscal, en realidad, no la había olido. Al fiscal le habían dicho, fuentes dignas de crédito de ordinario bien informadas, que son las que manejan esta gente tan principal. Claro que si a mí se me ocurre decir o escribir algo parecido, seguramente me habrían empapelado los de SOS Racismo u otros.


Me parece que oler o no oler no es la cuestión. La cuestión es ser negro o extranjero. De haber estado yo en su mismo caso, el fiscal no habría podido decir lo mismo, porque no soy negro, aunque de haber estado en algunos lugares de los Estados Unidos, sí que lo habrían podido decir, por varias razones y porque igual no soy lo suficientemente blanco, tal y como figuraría en los papeles de inmigración. Todos somos el negro de alguien. Y yo no tengo constancia de que los negros huelan mal o cuando menos peor de lo que olemos los demás si no nos lavamos, pero lo cierto es que es posible que el alma nos vaya oliendo a podre.