2008/11/03

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  • La ciudad prohibida
  • Noticias de Gipuzkoa, 2008-11-03 # Ruth Gabilondo
Todos los municipios tienen puntos negros, también llamados zonas de miedo. Son lugares que se perciben objetiva o subjetivamente como peligrosos, sobre todo por las mujeres, un colectivo más vulnerable por el riesgo de sufrir agresiones sexuales. Quien más quien menos ha preferido alguna vez tomar un camino alternativo antes que atravesar esa zona normalmente poco iluminada y solitaria que teme, aunque esta decisión suponga realizar un gran rodeo.

NOTICIAS DE GIPUZKOA se ha propuesto dibujar lo que podría ser el mapa de la ciudad prohibida en algunos municipios del territorio, con la ayuda de los mensajes que nos han hecho llegar los lectores, y a la espera de que el Departamento vasco de Vivienda y Asuntos Sociales culmine el manual metodológico que sirva de base a los ayuntamientos para analizar y erradicar esas zonas de miedo.

La Carta Europea de la Mujer en la Ciudad sostiene que la seguridad en las localidades "debería llegar a ser la expresión de una sociedad de respeto mutuo". Sin embargo, los municipios guipuzcoanos tienen todavía asuntos pendientes a este efecto, empezando por la capital. Plazandreok ya sacó los colores a los responsables políticos donostiarras con un exhaustivo mapa que situaba el pasadizo de Egia o barrios como Loiola o Herrera en el punto de mira.

La violación del pasado fin de semana de una joven de 19 años en Riberas de Loiola ha unido esta zona a la lista negra y ha despertado el debate en otros municipios. Lectores de este periódico han sugerido incluso que la calle Carlos I de Donostia se sume a este siniestro catálogo, no sólo en el pasadizo, sino al final de la avenida, "el muro que se eleva sobre el vial es una zona realmente peligrosa en la que se han llevado a cabo numerosos robos, ataques a comercios y a personas".

Las estaciones: Pasadizos temibles
En Ordizia, por ejemplo, los alrededores del parking que se sitúa en el barrio San Bartolomé, al lado del centro comercial Eroski, configuran una de las zonas más inhóspitas, sobre todo para los jóvenes que eligen esta localidad para salir de marcha y optan por dejar el coche en el aparcamiento. Cuando regresan a buscarlo, se encuentran con un lugar solitario y oscuro.

En Oarsoaldea, los residentes de Trintxerpe, en Pasaia, saben lo que es sentirse desprotegidos. De hecho, el pasadizo que une la estación del Topo de Herrera y el distrito pasaitarra es el primer lugar que a muchas mujeres les viene a la mente cuando se habla sobre puntos que deben evitar de noche. Los pabellones industriales abandonados a un lado y un muro de más de cuatro metros de altura al otro lo convierten en el prototipo de punto oscuro. A éste se une otra zona conocida como Escalerillas, unos peldaños que salvan la N-I y que comunican Trintxerpe con la parada de autobús y Altza.

Además, reciente es la agresión sexual que sufrió una mujer a manos, presuntamente, de un hombre y dos menores de edad, que tuvo lugar precisamente en este distrito. Concretamente ocurrió en la calle Araneder, la trasera de la céntrica avenida Euskadi que vertebra esta parte de Pasaia.

Las estrechas callejuelas, oscuras y poco concurridas, propician la sensación de miedo entre sus habitantes. Por este motivo, el Consistorio pasaitarra estudia mejorar la seguridad ciudadana reurbanizando las áreas degradadas, mejorando la iluminación y haciendo especial hincapié en la educación sexual y de género que reciben las nuevas generaciones.

No es el único Ayuntamiento que se ha puesto en marcha para resolver estas cuestiones. El de Hernani elaboró junto a la agrupación de arquitectos Hiria Kolektiboa (artífices del manual metodológico que promueve Lakua) un mapa de puntos negros del municipio. Hasta diez puntos peligrosos detectaba, entre ellos, las escaleras del Apeadero de Renfe, el túnel de acceso a Santa Bárbara (en el barrio de La-tsunbe), el paso por debajo de las vías del tren en Portu auzoa o Ereñozu, donde se aconsejaba reforzar el servicio público de autobuses.

Para ello, el Consistorio contó con la aportación de las vecinas y también de las alumnas de la ikastola Langile, ya que ellas mismas señalaron con spray aquellas zonas que consideraban peligrosas.

Parques y paseos fluviales: Sombríos y poco transitados
Los programas de Igualdad han hecho que los responsables municipales tomen medidas para erradicar estas zonas o, al menos, detectarlas, como ocurre en Errenteria y Legazpi. Curioso es el caso de Arrasate, cuyo Servicio de la Mujer lleva doce años impartiendo clases de defensa personal. Según sus impulsores, la prioridad de este Ayuntamiento es sensibilizar a la ciudadanía sobre el derecho de la mujer de caminar por la calle con absoluta libertad.

Por su parte, los puntos negros de Tolosa están vinculados a las zonas más oscuras y marginales del municipio, aunque también existen espacios temibles cerca del núcleo urbano. Uno de los lugares que intentan evitar las mujeres, sobre todo en horario nocturno y sin compañía, es la cuesta boscosa y poco iluminada que une el barrio Berazubi con los Sacramentinos. La oscuridad también es protagonista en el paseo de la ribera del río Oria, un lugar sombrío, silencioso y poco frecuentado.

El prado Grande, otrora uno de los lugares preferidos de los tolosarras, se ha convertido en un lugar de usos marginales, donde se han registrado varios robos de coche durante los fines de semana. No obstante, se está sometiendo a la zona a una reforma integral para convertirlo en una alternativa de ocio. Otra reivindicación de los vecinos de Tolosa es la de mejorar la iluminación entre Belate y Anoeta, ya que son muchas las personas que utilizan este inhóspito espacio para aparcar.

En Zarautz, el Departamento de Igualdad está elaborando un diagnóstico sobre la equidad entre hombres y mujeres y uno de los apartados es justamente el de los puntos negros. Edurne Epelde (Bilgune Feminista) apunta a los pasadizos subterráneos de Sanz Enea y los Franciscanos, el camino de la playa desde el restaurante Arguiñano hasta el canal de Iñurritza y el acceso al aparcamiento Arrona (donde se instalan las txosnas).

El paseo del río Urola en Zumaia es considerado por los vecinos una zona de miedo. De hecho, cuando se plantaron los árboles, muchos mostraron su rechazo al pensar que el lugar se convertiría en una ratonera en caso de agresión. Otro pasadizo peligroso es el del bar Txepetx en Lasarte-Oria. Su configuración urbanística convierte el enclave en una zona a evitar por la noche, al igual que algunos soportales del barrio Sasoeta.

En definitiva, pasadizos, callejuelas estrechas, zonas cercanas a las estaciones de tren o autobuses, aparcamientos mal iluminados, paseos desapacibles pero, sobre todo, lugares solitarios se perfilan como los puntos más problemáticos de Gipuzkoa.