2008/11/05

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  • Herméticos por obligación
  • Las familias reales europeas callan por imperativo legal y hablan únicamente bajo supervisión de los Gobiernos. Entrar en polémicas les debilita
  • El País, 2008-11-05 # Mabel Galaz / Con información de Walter Oppenheimer e Isabel Ferrer

Don Juan Carlos lee discursos, no los escribe. Su opinión es la opinión del Gobierno. Si el Rey viaja a Argentina es el ministerio de Exteriores quien le manda los textos de las intervenciones. Si tiene una reunión con agricultores es el ministerio de Agricultura quien le apunta lo que debe decir. El rey de España, como Jefe del Estado, está sujeto a la supervisión del Gobierno cuando habla. "En la Casa del Rey lo que hacemos es ponerle música a lo que nos envían", explica Juan González Cebrián, jefe de prensa del palacio de La Zarzuela. "Aquí hay personas encargadas de dar forma a las palabras del Rey, pero siempre teniendo en cuenta el guión que remite el Gobierno".

El momento de mayor libertad de expresión para don Juan Carlos llega en Navidad. El discurso que se escucha cada año en la Nochebuena lo escribe él con la ayuda de sus asesores. Es el más personal e independiente. "Aunque siempre se envía a Moncloa para que lo supervisen", apunta González Cebrián.

Lo mismo sucede cuando hablan los otros miembros de la familia real: la Reina, los príncipes de Asturias y las infantas Elena y Cristina. También sus palabras dependen de Moncloa. El Rey no puede, como Jefe de Estado, tener opinión propia y manifestarla y su familia, tampoco.

Por eso ha sorprendido que al cumplir 70 años, la reina Sofía haya hablado para decir que está en contra del matrimonio homosexual y de la eutanasia. Para desvelar que el Rey no abdicará jamás, criticar al rey Hassan de Marruecos y cuestionar, entre otras cosas, la política internacional de Bush tras el 11-S. Sus opiniones están recogidas en un libro de la periodista Pilar Urbano. Doña Sofía la recibió hasta en 15 ocasiones en La Zarzuela para responder a un cuestionario de más de 600 preguntas. El Gobierno no conocía el contenido del libro a pesar de que todas las manifestaciones públicas de la familia real deben ser supervisadas por el Ejecutivo. Porque ellos deben ser herméticos por obligación.

Marc Carrillo, catedrático de Derecho Constitucional, cree que el texto es claro: "La Reina-consorte no ejerce funciones constitucionales salvo en el caso de que forme parte de la Regencia (Art. 58 CE). Pero ello no la exime de la discreción institucional como miembro de la Corona y del deber de abstención en el debate público. Si bien nada le impediría hacer uso de la libertad de expresión en un ámbito no público, como miembro de la Corona que es la consorte, la emisión pública de sus opiniones plantea problemas acerca de la adecuada posición institucional de la Corona en una monarquía parlamentaria".

Y añade: "El pronunciamiento público de un miembro de la Corona sobre aspectos de interés general, que suscitan controversia y que además tienen traducción normativa a través de leyes aprobadas en las Cortes, implica a la Corona en un debate del que siempre debe estar alejada".

En el Reino Unido, Isabel II no concede entrevistas y, menos aún, colabora en la redacción de libros sobre ella o los suyos. Sus discursos son escritos normalmente por sus asesores y no hay ninguna persona especialmente encargada de supervisarlos, porque nadie se la imagina saltándose las normas. Sus ayudantes consultan con el Gobierno los discursos que la monarca pronuncia durante las visitas de Estado de dignatarios extranjeros o sus viajes al exterior.

Hay un solo discurso al año que escribe íntegramente el Gobierno: el que lee la reina con motivo de la apertura del año parlamentario en la Cámara de los Lores, ante lores y diputados, en el que el primer ministro presenta una lista de las leyes que piensa llevar a las cámaras durante el año parlamentario.

El consorte de la reina, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, suele escribir sus discursos con su propia mano. Suelen ser temas relacionados con las actividades de los proyectos de caridad que él preside. Felipe es famoso, sin embargo, por sus meteduras de pata en conversaciones de corrillo. Hace poco se le oyó decir: "Lo malo de Brasil, son los brasileños".

El ex jefe de la Casa del Rey Sabino Fernández Campo, que supervisó la biografía que de don Juan Carlos escribió José Luis de Villalonga, ha advertido de que los Reyes pueden tener opiniones propias pero deben mantenerlas en la intimidad. "Una disposición, una ley aprobada en las Cortes puede no sentarle a uno interiormente bien, pero es a lo que tenemos que atender y acatar: lo que han aprobado las Cortes, que representan al pueblo español".

El filósofo Fernando Savater es rotundo: "Por encima de lo que ha dicho la Reina, como que está en contra del matrimonio homosexual o a quien se lo ha dicho, que es una periodista del Opus Dei, está que la Reina al hablar se ha convertido en una persona vulgar. Los Reyes tienen derecho, cómo no, a tener opinión pero no pueden manifestarla. Como un profesor de niños no debe contarles chistes verdes aunque le gusten. Los Reyes, lo mismo que cuentan con otros derechos, como vivir en un palacio, deben callar. Es inoportuno lo que ha hecho la Reina".

En Dinamarca, la constitución danesa estipula la inmunidad de la reina Margarita y deja la responsabilidad política al Gobierno que es quien supervisa todos sus discursos y los del heredero. Beatriz de Holanda tampoco hace declaraciones de tono político en público. En realidad, tampoco se pronuncia sobre otros asuntos, hecho que ha afianzado una imagen de eficacia, pero ha diluido algo su perfil humano. Pero tal vez el mayor sobresalto sufrido por la casa real holandesa en los últimos años sea el protagonizado en 2007 por la princesa heredera, Máxima. Fue a causa de un discurso en el que aseguraba "no haber encontrado la identidad holandesa porque ésta es múltiple, llena de facetas e imposible de reducir a un solo símbolo". El texto fue leído antes por el primer ministro y los titulares de Justicia e Integración. En él aseguró que "el holandés no existe". En un país muy sensible a los retos planteados por la inmigración, las críticas fueron inmediatas, desde la extrema derecha a los monárquicos acérrimos.

En Bélgica, los discursos del Rey son visados o escritos por consejeros. Pero en el pasado ha habido momentos en los que la Monarquía se ha hecho notar como cuando el católico rey Balduino, ya fallecido, abdicó unas horas para no tener que rubricar la ley que legalizó el aborto.

El rey de Olaf de Noruega se ha pasado casi todo su reinado callado. Sólo se recuerda un claro pronunciamiento cuando, en 1977, en la inauguración del nuevo Parlamento, dijo que iba a estudiar la propuesta planteada sobre el aborto a petición de la gestante. "Una mujer debe tener la oportunidad de decidir la suspensión de su embarazo cuando no vea otra salida a su problema", afirmó. Su declaración fue contestada por la entonces oposición cristiano popular.

En España, las declaraciones de la Reina tampoco han sido bien vistas por los partidos. "El modelo de reinado en la España democrática lo ha escogido Juan Carlos I y ha consistido en mantenerse al margen de las disputas políticas, ni siquiera ha ejercido su derecho al voto para evitar tomar partido. Creo que ese papel discreto hasta ahora ha favorecido sobre todo a la propia monarquía y en mi opinión incluye a la Reina y a los eventuales sucesores al trono", ha manifestado Mar Moreno, responsable de Relaciones Institucionales del PSOE.

En el PP se ha impuesto oficialmente el silencio. Los populares muestran su respeto a la Corona. Sin embargo, el viernes, Esteban González Pons, su portavoz, se sinceró en una tertulia y opinó que la Reina "debe ser neutral, no debe hablar". Y el portavoz de IU Gaspar Llamazares considera que la familia real "no puede ni debe manifestar opiniones públicas sobre asuntos políticos".

El historiador Angel Viñas concluye que las declaraciones le parecen un error "profesional, de apreciación y de buen juicio". "Los responsables de la Casa del Rey no hubieran debido darles luz verde en lo que se refiere a temas controvertidos y que en parte ya han sido objeto de legislación. Que la Reina tenga opiniones conservadoras no es extraño. Lo extraño es que haya sentido la necesidad de darlas a conocer en asuntos cuyo tratamiento cae dentro de la responsabilidad del Gobierno y del Parlamento". Y añade: "Deseo creer que la Reina quizá no haya analizado lo suficiente el comportamiento en el Reino Unido y en el exterior de Isabel II. Todavía le queda, pues, algo que aprender.

  • Meteduras de pata reales
  • Felipe, duque de Edimburgo, le preguntó a un profesor de autoescuela en Escocia en 1995: "¿Cómo consigue que los nativos estén bastante rato sin beber para pasar el examen?". Durante la recesión de 1981, dijo: "Siempre decimos que hay que tener más tiempo libre y ahora se quejan de que están parados". En 1996, se cebó con las dotes culinarias de las ciudadanas de su país: "Las mujeres británicas no saben cocinar". En un viaje a Papúa Nueva Guinea le dijo a un estudiante: "Así que ha conseguido usted que no se lo coman". Y a otro estudiante británico en China le advirtió de que si se quedaba allí mucho tiempo acabaría teniendo "ojos rasgados".
  • El príncipe Bernardo, padre de Beatriz de Holanda, admitió en una entrevista publicada póstumamente haber aceptado dinero de la compañía aeronáutica Lockheed por mediar en un contrato de compra de aviones.
  • Máxima, princesa de Holanda, dijo en 2007 en un discurso que "no había encontrado la identidad holandesa porque ésta era múltiple, llena de facetas e imposible de reducir a un solo símbolo".
  • Ari Behn, marido de la princesa Märtha Louise de Noruega, hizo un vídeo en Afganistán en el que manifestó: "El asunto es, amigos míos, que en Occidente hay muchas personas que no creen todo lo que el señor Bush y los estadounidenses dicen".