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2008/11/11

> Iritzia: Belén Martínez > OBAMA VENCIO AL KATRINA

  • Obama venció al Katrina
  • Gara, 2008-11-11 # Belén Martínez · Analista Social

En 1924 la población india nacida dentro de los límites territoriales de los EEUU obtenía la ciudadanía americana. Hace cuarenta años era inimaginable que un negro fuera presidente de los Estados Unidos. Los resultados electorales pueden dar a entender que la sociedad americana participa enteramente de un discurso “abolicionista” triunfante y que ha finiquitado toda opresión basada en la pertenencia a una raza, etnia o cultura. Pues no. Persisten los discursos teóricos y las representaciones mediáticas que inducen a la discriminación, al militarismo patriota, al neocolonialismo y al apartheid, y que sirven de justificación intelectual para la guerra contra el eje del mal.


Barack Hussein Obama encarna la diversidad, por su biografía familiar, y ha superado el axioma ideológico de la supremacía blanca. Sin embargo, no creo que represente los intereses de las y los desheredados condenados a la miseria por una doctrina en la que un dios muy particular y el gran capital se dan la mano.


Cuando trabajó como educador social, se mostraba sensible a las desigualdades sociales y culturales que afectan “la otra América”. En cambio, no estoy tan segura de que su gobierno sustituya la política de criminalización creciente de las múltiples expresiones del sufrimiento social por otra basada en la justicia económica y social.


Barack Obama está en deuda con sus valedores y avalistas, que no son precisamente de izquierdas. Pero tiene también un deber de memoria para con las y los militantes a favor de los derechos civiles y con el activismo negro, principalmente Black Power. Muchos retos y demasiadas servidumbres. Yes we can.

2008/07/15

> Iritzia: Belén Martínez > REPETIDAS ESCENAS DE VIOLENCIA

  • Repetidas escenas de violencia
  • Gara, 2008-07-15 # Belén Martínez · Analista social

No sé hasta qué punto era previsible lo que iba a ocurrir, ni cuánto de premeditación hubo en la forma de actuar de Jose Diego. Al recurrir a la violencia, éste se negó a situar a Nagore en un pie de igualdad, y le negó a su vez el derecho a decidir por sí misma


No tengo ni idea de qué tipo de persona era Jose Diego Yllanes Vizcay, el autor confeso de la muerte de Nagore Laffage, antes de cometer el crimen. Por el tipo de trabajo que desempeñaba, supongo que estaría especialmente entrenado para enfrentarse a situaciones de estrés y alta tensión emocional. Ya sé que el hecho de que trabajara en el ámbito de la psiquiatría no significa contar con un aval que nos haga presuponer que la conducta y comportamiento de Yllanes nunca franqueaban la línea roja del derecho a la igualdad de mujeres y hombres. Puede que incluso Jose Diego hiciera gala de una saludable normalidad armónica con su entorno laboral y relacional... Y aún siendo así, ¿por qué acabó con la vida de Nagore, intentando ocultar el crimen y los rastros que condujeran hacia su persona?


A la mayoría de la gente le resulta difícil aceptar que un joven de 27 años haya podido llevar a cabo un acto tan brutal y macabro. Y es que Yllanes pertenece a la generación educada en una escuela no segregada y socializada bajo el lema de la igualdad de oportunidades y de derechos de mujeres y hombres.


No sé hasta qué punto era previsible lo que iba a ocurrir, ni cuánto de premeditación hubo en la forma de actuar de Jose Diego. Al recurrir a la violencia, éste se negó a situar a Nagore en un pie de igualdad, y le negó a su vez el derecho a decidir por sí misma lo que estaba o no dispuesta a compartir con él. Además, le negó su cualidad y calidad de sujeto autónomo con capacidad de decidir, sin coerción, sin amenazas, sin violencia.


El asesinato de Nagore reabre el debate social sobre las violencias ejercidas contra las mujeres, sobre las diferencias de apreciación cultural y personal relacionadas con determinadas cuestiones, como acudir a determinados lugares, aceptar ciertas proposiciones o tomar la iniciativa. En función de nuestra reacción subjetiva ante estos hechos, formularemos una u otra respuesta colectiva: más autocontrol por parte de las mujeres, autorregulándonos a la hora de frecuentar determinados lugares o ambientes; fortalecimiento del orden penal, estableciendo la cadena perpetua, sin posibilidad de redención de pena, listas públicas de maltratadores de mujeres, etc.


Ante el fracaso de ciertas políticas públicas encaminadas a erradicar la denominada «violencia de género», se instaura una línea de pensamiento de demanda de mayor castigo a los culpables. Una línea situada en la corriente principal de un derecho penal, que, en este caso, trataría de defender a «las débiles» contra «los fuertes». Al privilegiar esta vía penal, en detrimento de otras, se refuerza la victimización de las mujeres. Por el contrario, combatir las desigualdades donde subsisten, contribuiría a superar este fenómeno. Sigo resistiéndome a situar estas violencias en el campo de una «guerra entre los dos sexos», sin espectadores inocentes, y donde la violencia habitaría en cada hombre según el imaginario social. Llegadas a este punto, alguien podría proponer la feminización de la segunda parte de aquella locución latina que decía: Homo homini lupus.

2008/05/20

> Iritzia: Belén Martínez > BUSCANDO LA "VERDADERA" IDENTIDAD SEXUAL

  • Buscando la «verdadera» identidad sexual
  • Gara, 2008-05-20 # Belén Martínez · Analista social

La cultura occidental establece definiciones identitarias dogmáticas: declara proscritas a quienes no se identifican en tanto que hembras o machos, y obliga a crecer adoptando comportamientos masculinos o femeninos en función de las expectativas sociales


A comienzos de los setenta, la homosexualidad era retirada de la clasificación de desórdenes mentales de la Asociación de Psiquiatría Americana. Sin embargo, hasta 1985 no fue sacada del manual de diagnóstico y estadística de enfermedades mentales. Habría que esperar hasta 1992 para que fuera retirada de la lista de enfermedades mentales de la OMS. Hoy en día, la transexualidad es considerada como enfermedad mental, mientras que la intersexualidad se percibe como un desorden del desarrollo sexual, una anomalía sexual o malformación genital.


Hace poco más de un año se promulgaba, en el Estado español, la ley reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas. Una ley que no logra sustraerse del discurso patologizante, ya que, para llevar a cabo la rectificación registral, la persona solicitante debe acreditar que le ha sido diagnosticada «disforia de género», que la ley entiende como la discordancia «entre el sexo morfológico o género fisiológico y la identidad de género sentida o sexo psicosocial».


Nuestra cultura occidental se caracteriza por establecer definiciones identitarias dogmáticas: declara proscritas a quienes no se identifican en tanto que hembras o machos, y obliga a crecer adoptando comportamientos masculinos o femeninos en función de las expectativas sociales que se tienen sobre uno y otro sexo. Para ello, dispone de un sistema jurídico-legal que impone dos categorías sociales de sexo excluyentes y opuestas: mujer o varón. Estas identidades encerradas en sí mismas obligan, en ocasiones, a resolver la aparente contradicción entre anatomía e identidad de género (como ocurre con las personas intersexos, comúnmente conocidas como hermafroditas). En esos casos, todo un arsenal de tecnología médica -cirugía de (re)asignación sexual- y química -tratamiento hormonal-, se encarga de la producción y mantenimiento del dimorfismo sexual (macho/hembra), y de la identidad de género que se deriva de éste.


La sociedad del siglo XIX no toleraba la ambigüedad sexual de Herculine Barbin, llamada Alexina B. o Abel Barbin. A Herculine, sin embargo, lo que le dolía era su sexo «verdadero», el que le habían impuesto a la edad adulta. Antes de suicidarse, Herculine dejó sus memorias, recuperadas a finales de los setenta por Foucault.


El pasado 17 de mayo se conmemoraba el día internacional contra la lesbofobia, la transfobia, la bifobia y la homofobia. Luchar contra todo eso significa combatir un sistema de género heteronormativo restrictivo, sustentador de desigualdades y discriminaciones; jerarquías y violencias. Significa también luchar por la desmedicalización de los cuerpos y la despsiquiatrización de las identidades. Existen personas intersexos e intergéneros que no se consideran enfermas y que reivindican la politización de los cuerpos, las sexualidades y las identidades, creando nuevas formas de resistencia al poder, generadoras de subjetividades alternativas al discurso tradicional aniquilador de la diversidad.