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2008/10/07

> Iritzia: Queer Ekintza > LA LOGICA DE LA DISCRIMINACION

  • La lógica de la discriminación
  • Deia, 2008-10-07 # Queer Ekintza Taldea

Realmente todas las cosas guardan su lógica, no tenemos más que ponernos a buscarla. En una sociedad como la nuestra la discriminación ha sido uno de los valores que más discursos coherentes ha creado, podremos observarlo en el tiempo que lleva el discurso segregacionista en vigor en las acciones del día a día de una gran parte de la sociedad.


La discriminación la podemos observar en los puestos de trabajo, en el hogar de cada cual, en las relaciones intergeneracionales, en las relaciones sociales, en el ocio, es decir, en todos los ámbitos y espectros de la vida y, aún hoy, se mantiene en vigor. Obviamente, han de ser discursos muy lógicos y coherentes, puesto que si no las personas inteligentes rechazarían sistemáticamente las acciones y actitudes discriminatorias como parte de la sinrazón y necedad de una minoría social. Sin embargo, la experiencia de cada una nos muestra que hasta ahora no viene siendo así, sino que se le da cancha a todo discurso heteronormativo como discurso referente por el cual han de regirse los valores de las personas. Con lo cual, da por pensar que el discurso debe ser muy coherente y, por tanto, digno de ser reproducido.


Las discriminaciones, como cualquier actitud que se reproduce en los actos cotidianos de cada una de las individualidades sociales que conforman la comunidad, son procedimientos asimilados desde un principio en la niñez, mediante los mecanismos educativos que mantenemos tanto en lo familiar como en lo escolar. Por tanto, una vez interiorizados ciertos conceptos sobre las mujeres, gays y lesbianas, sobre transexuales, sobre negros, rojos o amarillos, es decir, sobre todo lo que no sea ese pellejo que recubre todo alrededor de nuestro ombligo blanco y heterosexual, asimilamos que es indigno de ser categorizado a nuestro mismo nivel, por lo que lo prejuzgamos como inmediatamente inferior a lo normal; a todo lo normal que aspira ser la heteronormatividad.


Resulta curioso, en la escuela se trata de enseñar al alumnado que todas las personas son iguales y no han de ser tratadas como no les gustaría que les tratasen a ellas mismas. Pero, sin embargo, en la calle se reproducen un discurso y unas actitudes segregacionistas. La incongruencia entre el discurso para adultas que, supongo, debiéramos asumir como propio, pues así nos lo enseñaron nuestras ancestras, y el discurso que tratamos de hacer entender a las siguientes generaciones; crea entre ambos un vacío, es decir, crea un vacío entre discursos que se refleja en las acciones del día a día de una sociedad diezmada y, a su vez, reproductora, de cuantos valores deshecha en la educación de sus hijas.


Realmente no deja de ser otra cosa, más allá, del miedo al cambio, a lo que no hemos conocido en propia experiencia. Mentes y personas sin mayores visos de solidaridad que echar una moneda a la salida de la iglesia. Personas que no entienden, ni hacen por entender, el significado y el poder de las palabras empatía, paridad y lógica social. Para ellas la lógica no abandona la egolatría vivencial de cada una de ellas. No aspiran a más, no quieren darse cuenta; no aceptan crítica ni se molestan en hacerla a sus propios discursos, métodos ni acciones. No es más que el miedo al cambio, el miedo a que sus hijas se nieguen a ser víctimas de una sociedad represora. Quieren, caiga quien caiga, que sigan los pasos de sus progenitoras.


Estos últimos años han muerto a razón de 70 mujeres a causa del machismo que impera en esta sociedad, innumerables personas transexuales a causa de la transfobia que emerge de las mentes más recalcitrantes y necias, muertas y agredidas han sido personas que por su sexualidad disidente, parecían poner en tela de juicio la normatividad de la heterosexualidad. Muertes, todas ellas, que no alientan más que la sinrazón social que sigue y seguirá existiendo salvo que hagamos un esfuerzo por el cambio.


Debería darse cuenta la sociedad y, especialmente tú que estás leyendo, que esa mujer asesinada a manos de su pareja heterosexual es tu pequeña hija, que hoy educas en valores desiguales respecto a sus compañeros de clase; ese gay, esa lesbiana, esa persona bisexual, transgénero o transexual, pese a que por tus ideas retrógradas puede no habértelo dicho pues no has fomentado un entorno de confianza y comunicación en tu hogar, puede ser tu hijo o hija el que mañana acabe muerto o muerta, en la salida del trabajo, en el pasillo de su instituto. No, la mía no (puedes estar pensando). Sí, la tuya también, porque es tu trabajo como familiar y educador, al igual que el mío como profesora, al igual que el mío como agente social del cambio, el fomentar actitudes y valores que generen esa empatía, paridad en las que se base una lógica social de convivencia.


Aunque sea por egoísmo, únicamente porque quieres lo mejor para tu hijo o hija, para tu sobrino o sobrina, déjale ser lo que quiera, permítele sentir y compartir esos sentimientos contigo. No prejuzgues su vida, porque decida vivirla de un modo diferente a como tú la has vivido.

2008/08/18

> Iritzia: Shere Hite > ¿ES LA HOMOSEXUALIDAD CONTRANATURA?

  • ¿Es la homosexualidad contranatura?
  • "¿Por qué algunas personas prefieren tener relaciones sexuales con personas del mismo sexo -inclusive hasta enamorarse?". Sobre este y otros temas diserta Shere Hite en su columna de este domingo. Éste es el texto de su "Sexualidad y Actualidad", publicada este domingo en Últimas Noticias.
  • Cadena Global, 2008-08-18 # Shere Hite / Traducción Charlie Cecilia García · Ultimas Noticias

Tradicionalmente lo que se conoce como "sexo" ha sido una actividad que, por definición, era heterosexual: "obviamente", como muchos han dicho, el sexo tenía que ser practicado entre dos personas del sexo opuesto para que la reproducción fuera posible.


Esta fue la premisa de nuestro orden social al decir que el apetito sexual era producido únicamente por una necesidad biológica de reproducción. No obstante, la mayoría de la gente, la Iglesia y la sociedad creían o sostenían que cualquier otra forma de actividad sexual no podía ser considerada como "natural". ¿Qué pasaría, por ejemplo, si tanto hombres como mujeres fuésemos concebidos con orgasmos y no por medio del coito? Hoy sabemos que el sexo no necesariamente está conectado con la reproducción. Muchos de nosotros prevenimos embarazos de una forma u otra. También vale preguntarse si el sexo existe solamente con el objetivo de reproducir.


Por ejemplo, ¿por qué no es necesario el orgasmo femenino para que se produzca la reproducción o concepción? En otras palabras, podemos decir que existen personas que se sienten atraídas por personas del mismo sexo -y por supuesto, la reproducción no está dentro de sus planes. Mientras muchos de nosotros experimentamos la sensación de "hacer el amor" como un deseo para el coito heterosexual, otros tienen deseos diferentes. En fin, algunas veces algunas personas prefieren tener sexo con otras del mismo sexo porque entienden el cuerpo de esa persona y de esta manera pueden gozar mucho más. También porque su biología así se los indica.


La palabra "homosexual" tan sólo fue creada a finales del siglo XIX con el fin de separar este tipo de actividad de la "heterosexual". Fue aproximadamente en 1870 cuando dos "sexólogos" alemanes la inventaron con el objetivo de designar a las personas que les gustaba tener sexo con personas del mismo género.


"Lesbianismo" también es una reciente designación que históricamente hace referencia a la isla de Lesbos de la antigua Grecia, donde la poeta Sapho (supuestamente una lesbiana por el contenido de sus poemas) vivía en tiempos remotos. Luego, aproximadamente 2.050 años más tarde, Alfred Kinsey y sus coautores escribieron que los términos "homosexual" y "lesbianismo" sólo debían ser utilizados como adjetivos para describir actividades y no para designar personas. ¿Por qué? Debido a que todo el mundo tiene la capacidad de cambiar su orientación sexual a lo largo de su vida, a veces más de una vez.


Con base en este panorama histórico, cabría preguntarse: ¿Es este el momento para otro avance? ¿Podemos hacerlo? Es posible que tengamos que expandir nuestros pensamientos e incluir este tipo de sexo como parte de un nuevo espectro "natural".


Nuestra sociedad presume que el sexo es un comportamiento "natural" que consiste en "un precoito", seguido por "penetración", y desencadenando en el orgasmo o eyaculación (entendiéndose esto en un contexto reproductivo). Esta vieja hipótesis señala que el sexo "naturalmente" debe culminar con el acto como la máxima y natural expresión del deseo sexual.


Mientras que cualquiera de nosotros siente que algunas veces este comportamiento es totalmente natural, hay quienes tienen un deseo diferente.


Hace aproximadamente 2.000 años la heterosexualidad pasó a ser la forma más aceptable de sexualidad, a pesar de que muchos pensaban que el sexo "siempre había sido el mismo" o que "siempre había sido así". Pero el hecho es que no siempre ha tenido fines reproductivos. Anterior a eso, el erotismo era visto y expresado bastante diferente. Estereotipos con alusión a las "profesiones más antiguas del mundo" -mujeres como prostitutas- son utilizados actualmente para justificar la ideología sexual en la que a las mujeres "hay que cogérselas" y luego preñarlas. Existen unos cuantos que aplauden esta idea. La verdad es que muchas mujeres tienen el cerebro envenenado y "deben darle a sus parejas o acompañantes lo que les pidan".


En otras palabras, existen dos razones por las cuales se ha dicho que debemos considerar la sexualidad como "mala" si no es heterosexual: la primera, se supone que el sexo se realiza para reproducir (a pesar de que usualmente hacemos uso de métodos anticonceptivos), y la segunda, supuestamente que esta actividad es bastante natural, ya que las personas del mismo sexo saben cómo hacer que la otra persona tenga orgasmos con más placer, tal como Jerry Steinberg estupendamente dijo en su serie televisiva Seinfeld (ahora vendida en todas partes del mundo en CD), cuando hablaba con su mejor amiga Elaine y le dijo "ellos pierden muy pocos jugadores porque ellos entienden a los de su propio equipo mucho mejor".


Por ejemplo, muchas mujeres lesbianas reportan que tienen orgasmos sin problema en este contexto, aunque no hay un "patrón" (ni por supuesto) ninguna idea reproductiva; el coito, obviamente, no es el punto principal.


La penetración entre mujeres existe, pero no está empapada con la carga simbólica que resulta la penetración de una mujer por un hombre aunque contenga símbolos emocionales. Dato importante: dos mujeres juntas tienen más orgasmos que las mujeres que tienen relaciones heterosexuales.


En fin, el hecho es que mucho de nuestro erotismo "natural" (cualquier cosa que sintamos) ha estado dirigido por un orden social centrado en rituales reproductivos, los cuales estamos urgidos a repetir frecuentemente.


A pesar de que las actividades tradicionales heterosexuales pueden ser hermosas, ¿por qué deberían ser las únicas formas en que la gente se debe relacionar? Después de todo, millones de personas han vivido y se han reproducido en diversas sociedades. Recordemos la antigua Grecia, o las civilizaciones de Polinesia, África, o Suramérica, que existieron sin insistir que sólo la definición de sexo reproductiva ("insertar A en B") era correcta, buena o moralmente correcta. Hoy día, según nuestro punto de vista, existe una sola forma de expresar "correctamente" la sexualidad física. La única forma de tener sexo es de manera "correcta" o siguiendo "las costumbres". A finales del siglo XX, para algunas personas, tener sexo regularmente era algo obligatorio para estar "saludables".


Muchas teorías y creencias que justifican la "naturaleza" de los impulsos reproductivos heterosexuales han crecido o se han desarrollado durante los últimos 2.000 años porque existía una enorme presión por dirigir los sentimientos eróticos a un escenario reproductivo. Sin embargo podríamos preguntarnos: ¿es nuestra idea del sexo con fines reproductivo un hecho "natural"? Uno de los cambios más importantes a direccionar en este proceso de transformación es hablar contra la opresión de las mujeres en la institución tradicional del sexo, y mostrar cómo la identidad sexual de hombres y mujeres puede ser conceptualizada en nuevas y mejores formas.


Por último, varias concepciones de "sexo" pueden ser consideradas como buenas, tal como lo he mencionado anteriormente en esta columna y continuaré explicando en el futuro. Nuestra idea de lo sexual o erótico no debe enfocarse solamente en "el acto" reproductivo; pudiera expandirse como un bouquet de hermosas flores en muchas direcciones.

2008/08/08

> Iritzia: Carlos Figari > FOUCAULT Y SU LABORATORIO DE EXPERIENCIAS SEXUALES

  • Foucault y su laboratorio de experiencias sexuales
  • Página 12, SOY, 2008-08-08 # Carlos Figari · Doctor en sociología, investigador del conicet/unca

Para Foucault la experiencia de la heterosexualidad moderna tiene dos momentos: en primer lugar el “cortejo” del hombre a la mujer, en una segunda instancia el sexo. Como la prohibición que históricamente pesó sobre los homosexuales nunca les permitió elaborar una forma de cortejo, su experiencia se concentró en el acto sexual y en su intensificación. Por ello los gays tendrán formas diferenciadas de relacionarse y respecto de una frase de Casanova que rezaba: “El mejor momento del amor es cuando subimos las escaleras”, Foucault le contraponía otra para el caso gay: “El mejor momento del amor es cuando el amante se está yendo en el taxi”. “Es el momento cuando ya se realizó el acto y el muchacho se fue, y comenzás a recordar el calor de aquel cuerpo, el encanto de su sonrisa, el tono de su voz...” Lo que sería verdaderamente importante en la homosexualidad no es la anticipación del acto sino el recuerdo del mismo.


Así sucede también con el sadomasoquismo, en tanto la imaginación canalizada en el juego erótico que implicaba el cortejo pasa a ser dedicada a la intensificación del acto sexual. A esto denominaba Foucault un “laboratorio de experiencias sexuales”, donde especialmente la relación Amo-Esclavo sería como un juego de ajedrez, al mismo tiempo regulado y abierto y en donde cualquiera de los dos puede ganar o perder. El amo puede perder si no satisface las demandas de la víctima y ésta puede perder si no es capaz de reaccionar ante los estímulos del amo. “Esa mezcla de reglas y aberturas intensifica las relaciones sexuales al introducir una novedad: una tensión y una seguridad perpetuas que no existen en la mera consumación del acto”. Sin olvidar, por cierto, abrir el juego para utilizar cualquier parte del cuerpo como instrumento sexual. Lo interesante del SM sería así para Foucault la “desexualización del placer”. O sea, buscar nuevas y creativas formas de placer a partir de objetos o partes del cuerpo no usuales, descartando la creencia de que la fuente de todo placer es sexual y que, a su vez, éste sólo deba proceder del placer físico.


Foucault manifestaba un gran entusiasmo por lo imprevisible de las relaciones que podrían llegar a ser creadas en el mundo de las sexualidades periféricas. Pero también percibía, con su acostumbrada agudeza, que no era la perfomatización de lo femenino ni aun lo sexual lo que causaba escándalo –ni lo que sería perturbador o subversivo–, sino la “forma de vida gay”. La posibilidad de desarrollar “relaciones intensas y satisfactorias” que no encajen en los moldes usuales del heterosexismo: “Lo que muchas personas son incapaces de tolerar es la posibilidad de que los gays sean capaces de crear tipos de relaciones no previstas hasta ahora”.


Los aportes de Michel Foucault al campo de los estudios gay-lésbicos y a la teoría queer son incuestionables, aunque intentar situarlo es una impostura que él mismo nos cuestionaría: “No, no estoy donde ustedes tratan de descubrirme sino aquí, desde donde los miro riendo”.

2008/05/29

> Iritzia: Orlando Contreras > HOMOSEXUALES, LESBIANAS E IGLESIA

  • Homosexuales, Lesbianas e Iglesia
  • La Iglesia, con sabiduría de madre, no se pronuncia sobre las causas del homosexualismo ni del lesbianismo. Solo constata que hay personas que tienen esa condición y percibe su sufrimiento. Por Orlando Contreras sj.
  • El Morrocotudo, 2008-05-29 # Orlando Contreras, sj.

Un signo de los tiempos es que lo que antes se ocultaba hoy se muestra abiertamente. Es el caso de lesbianas y homosexuales. Así por ejemplo tenemos que, en la T.V., entre los panelista de programas de farándula, hay reconocidos homosexuales que comentan la vida de los famosos; en el mundo literario también hay declarados homosexuales que nos sorprenden con novelas de hondo contenido humano y social; en el mundo sindical, uno de los principales dirigentes de los trabajadores del cobre que lucha en contra de situaciones injusta que afectan a sus compañeros, ha reconocido su condición de homosexual; Isabel Allende, en su última novela "La Suma de los Días", relata el proceso de su nuera asumiendo su condición de bisexual y todo lo que produjo en la familia; en el mismo libro la novelista relata que una de sus nietas, que nació con muy pocas esperanzas de vida porque su mamá era una adicta a la droga, fue adoptada por una pareja de lesbiana y, a fuerza del cariño que recibió, salió adelante.


¿Qué decir sobre esto? ¿Cómo se plantea la Iglesia frente a estas personas? La actitud de Dios, por medio de la Iglesia, es semejante a la de una mamá que tiene a su hijo en la cárcel. En la prensa -y en los comentarios de no pocos vecinos- los titulares son: “¡Asesino! ¡Ladrón! ¡Violador!”. La mamá, leyendo los titulares o escuchando los comentarios, sin negar la verdad, dice: “¡Es mi hijo! ¡Solo yo sé lo que él me costó! ¡Yo lo tuve en mis entrañas! El que está en la cárcel es carne de mi carne y sangre de mi sangre”. Y por eso, cada domingo, se dispone a ir a la cárcel para abrazar a su hijo y darle un beso expresándole: “¡Hijo, ya va a pasar esto! ¡Pronto saldrás de aquí! ¡Yo no te dejaré!”. Sin duda que, a lo largo de su historia, la Iglesia, como toda madre, ha cometido algunos errores en relación a las lesbianas y homosexuales, pero su ser más profundo y la verdad de su doctrina va en la línea de lo señalado.


La gran mayoría de las lesbianas y homosexuales no están en la cárcel por algún delito que hayan cometido. Pero ellos, sin estar presos, viven una cárcel mucho peor y que los hace sufrir y mucho. Ellos viven y sufren al sentir que su el cuerpo físico que tienen no responde a su psicología y comportamiento que naturalmente les brota; ellos viven y sufren la frustración que provoca en sus padres su condición porque “no eres lo que esperábamos”; ellos viven y sufren la burla y discriminación desde su más tierna infancia en el colegio; ellos viven y sufren en una sociedad que, por el solo hecho de tener esa condición, los discrimina, los rechaza y los hace sujeto de todo tipo de burlas cerrándole muchas puertas como para desarrollarse como cualquier otra persona. Por eso nos parece que, si hoy, abiertamente dan a conocer su condición tienen mucho mérito de su parte y es muy positivo porque nos están a invitando a mirarlos y relacionarnos con ellos de un modo muy distinto a como lo hacemos en la actualidad.


Desde el punto de vida de Dios y de la Iglesia, la lesbiana y el homosexual, como el heterosexual es, ante todo, un hijo de Dios; él es sujeto del amor gratuito de Dios; por ellos, como por todos los hombres y mujeres de la humanidad, Dios Padre, en Jesús, murió clavado en la cruz por sus pecados y para su salvación.


La Iglesia, con sabiduría de madre, no se pronuncia sobre las causas del homosexualismo ni del lesbianismo. Simplemente constata que hay personas que tienen esa condición y percibe el dolor y sufrimiento que hay detrás de cada uno de ellos. Como los heterosexuales, la Iglesia proclama que ellos son hijos de Dios y, sin son bautizados, son hijos propios a los que ama con entrañable amor de madre. Enseña también que, como todo ser humano, están llamados, e invitados, a vivir en santidad. ¿Qué significa ser santo para un homosexual o una lesbiana? Lo mismo que para el heterosexual: con la gracia y la ayuda de Dios, reproducir, en la vida de cada día, el modo de ser de Jesús que no buscó el placer a costa de lo que sea sino más bien vivió donándose a los demás buscando el bien ajeno, particularmente de los que sufren; siguiendo a Jesús, con la luz y fuerza del Espíritu Santo, la santidad es vivir entregando la vida por una sociedad más justa, más humana y más solidaria; la santidad es vivir un proceso en que continuamente ellos, como los heterosexuales, dejan que su corazón se llene de Dios de modo que aflore y resplandezca lo mejor de si al servicio de los demás.


Algunos piensan y dicen que homosexuales y lesbianas tienen un comportamiento que es aberrante. Los que piensan así olvidan, o no quieren reconocer, que las aberraciones más grandes que registra la historia de la humanidad han sido cometidas por heterosexuales. Otros suavizan sus comentarios diciendo que homosexuales y lesbianas viven en el pecado. Estos olvidan que para la Iglesia todos somos pecadores de pensamientos, palabras, obras y omisiones. El pecado de cada ser humano, en su concreción histórica, esta relacionado con su condición y sus posibilidades de concretarlo como daño a los demás y ofensa a Dios. Olvidan también que la actitud de Jesús frente a quienes viven señalando el pecado de los demás es decirles “el que esté libre de pecado que lance la primera piedra”. La actitud de Jesús, frente a todo hombre y mujer que vive en el pecado, es ir a su encuentro allí mismo donde está pecando; allí lo contempla con amor y le hace una invitación: “Sal de allí. Ven y sígueme”.

2008/01/09

> Iritzia: Nemo > SOBRE EL "DERECHO A NO SER HOMOSEXUAL"

  • Sobre el "derecho a no ser homosexual"
  • Dos Manzanas, 2008-01-09 # Nemo

El derecho a ser homosexual ya está reconocido. Una vez más, me gustaría reclamar de nuevo el derecho a no serlo. (…) La sexualidad es una conducta: se hace, no se es. No imprime carácter, como ser sacerdote (…). Algunos queremos acostarnos por la noche con quien nos dé la gana, de cualquier sexo, sin que eso nos obligue a ser nada durante el resto del día.” El fragmento que cito proviene de un artículo de opinión (“Derecho a no serlo”) aparecido el 31 de diciembre pasado en el diario ‘Público’, en concreto en la sección “Carta con respuesta”, que cada día escribe el novelista y crítico Rafael Reig. Como era de esperar en un diario que se reclama nítidamente de izquierdas, y que desde su aparición se ha caracterizado por dar con mayor frecuencia y corrección de lo habitual en la prensa generalista española noticias relativas a la comunidad LGTB, esta reivindicación del “derecho a no ser homosexual” no se hace en nombre de un discurso homofóbico represivo al uso, ni constituye tampoco una apología de la familia tradicional amenazada por la ‘falsa moneda’ de los matrimonios homosexuales. No: Reig habla desde una posición, supuestamente, emancipadora y hasta libertaria. Por eso añade que “algunos queremos ejercer el derecho a no ser ni siquiera heterosexuales”, invoca el nombre de Foucault para explicar que “la invención de la homosexualidad como categoría es una forma de control social” y acaba aventurando que “quizá podríamos llegar a ser más libres” si nos deshiciéramos de lo que denomina “el carnet sexual”, esto es, de los conceptos mismos de homo o heterosexual.


Nada que ver, pues, con el discurso de los reaccionarios, con los anatemas y las filípicas contra gais y lesbianas de los obispos o de sus empleados de la COPE. Bueno, es cierto que seguramente obispos y locutores ‘coperos’ estarían muy de acuerdo en eso que dice Reig de que el derecho a ser homosexual ya está reconocido en nuestra sociedad –demasiado reconocido, añadirían–, y en lo de que ya es hora de reivindicar “el derecho a no serlo” –esto es, a ser una familia ‘como Dios manda’… o bien célibe, claro–. Tampoco les parecería nada mal eso de que “la sexualidad es una conducta” y no una forma de ser, puesto que la mayoría de los reaccionarios homófobos de hoy suelen minimizar la importancia, ignorándola o relativizándola, de la orientación sexual (que para ellos en todo caso es tan sólo una “tendencia” a la que el individuo puede y debe resistirse), lo cual les permite estigmatizar con mayor comodidad, como “antinaturales”, “inmorales” y “viciosas”, las prácticas homosexuales. Y en lo que seguro que coincidían los carcas –especialmente los que hoy van de ‘liberales’– con Reig es en que lo que uno haga “por la noche” en el terreno sexual es mejor dejarlo bien oculto en las tinieblas de su intimidad más privada, y no sacar a la luz del día cosas tales como que le da por acostarse con gente de su mismo sexo. Bien clarito lo decía hace unos meses el historiador ‘revisionista’ Pío Moa en un artículo de ‘Libertad Digital’: “Estas cosas [‘montárselo’ “con tríos, cuartetos, animales o entre personas del mismo sexo”] (…) pertenecen a la intimidad personal, y ahí debieran quedarse. El problema surge cuando salen de la intimidad y pretenden dominar el espacio público. Cuando pretenden equiparar, incluso por ley, formas de sexualidad evidentemente taradas con las formas normales.


Yo, en cambio, estoy en desacuerdo con el columnista de ‘Público’ en todos estos puntos. Para empezar, ¿qué es eso de que “el derecho a ser homosexual ya está reconocido”? ¿Dónde? ¿En qué país? Porque, por más que vivamos en uno de los estados con una legislación más favorable a los derechos LGTB, en la realidad social las cosas son muy distintas, y si no que se lo pregunten a tantos gais y lesbianas adolescentes o mayores, o de pueblo, o asalariados, etc. que no se atreven a decir o mostrar en su entorno familiar y social, en su instituto o en su residencia de ancianos o en su trabajo, que son homosexuales… porque saben perfectamente que “el derecho a ser homosexual” está muy lejos de ser real y plenamente reconocido en dicho entorno. O en la sociedad en general, cabría añadir, dada la inmerecida respetabilidad que ésta sigue atribuyendo al discurso homofóbico que sin cesar emana de la jerarquía católica y de los medios, las asociaciones y los partidos afines a ella. Por eso, la idea de que lo que hay que reivindicar hoy en día es en realidad el “derecho a no ser homosexual” me suena –y no creo ser el único al que le ocurra– un pelín a sarcasmo.


Tampoco consigo verle las ventajas emancipadoras a la reducción de la homosexualidad a unas prácticas determinadas. Cuando, hace unos meses, el tirano iraní Ahmadineyad afirmó en Nueva York que en su país no había homosexuales, no pretendía negar que hubiese allí individuos que practicaran el sexo entre hombres (no podía, dado que en Irán se condena a muerte a adolescentes por ello), sino que lo que quería decir era que en la cultura islámica iraní, tal como él la entiende, no hay sitio para una visión ‘occidental’ y ‘moderna’ de la homosexualidad como orientación o como identidad: existen las prácticas, pecaminosas y perversas por supuesto, pero no otra cosa. Y debemos recordar que esa misma concepción de Ahmadineyad dominaba en el Occidente cristiano hasta no hace mucho, y permitía condenar, también aquí, a muerte o a la cárcel a quienes incurriesen en esas prácticas estigmatizadas. La verdad es que la aparición del concepto moderno de “homosexual”, aunque en su momento fuera aprovechada por quienes pretendieron prestar una supuesta legitimidad científica a la homofobia tradicional, ha acabado por posibilitar que lo que durante siglos fue visto como la conducta aberrante y depravada de algunos individuos aislados sea considerado hoy en Occidente, cada vez más, como una forma minoritaria pero legítima de la sexualidad y la afectividad humanas; y la conciencia y la afirmación reivindicativa de dicha diferencia sirve actualmente, en las democracias liberales, para sabotear los mecanismos discursivos de quienes presentan como ‘lo (único) normal’ aquello que es propio de la mayoría, para luego hacer de esta supuesta ‘normalidad’ la ‘norma’ (cultural, religiosa o incluso legal) de obligado cumplimiento para todos.


Siendo esto así, no extrañará que tampoco coincida con Reig en que para lograr ser más libres convenga prescindir de lo que él llama “el carnet sexual” (y otros suelen denominar “etiquetas”), esto es, de los conceptos de ‘homosexual’, ‘heterosexual’ y ‘bisexual’. Me temo que desechar dichos conceptos entrañaría, en la práctica, suprimir la visibilidad social de gais y lesbianas (y bisexuales); así podría volver a asumirse sin problema alguno que todo el mundo es ‘normal’, ‘como Dios manda’… es decir, conforme a la norma heterosexista. Y bueno, todos conocemos gente a la que el pretexto de “no me gustan las etiquetas” le sirve para poder pasar por ‘normales’ (heteros) ante la totalidad o parte de su entorno. Aunque entiendo que hay que respetar –al menos en principio– que cada uno haga visible su sexualidad/afectividad en la medida en que pueda asumirlo o lo crea conveniente, me parece obvio que la visibilidad es la principal arma de que disponemos en la minoría LGTB para combatir la homofobia y el heterosexismo y hacernos un sitio en la sociedad.


Eso que Reig propugna, “acostarnos por la noche con quien nos dé la gana (…) sin que eso nos obligue a ser nada durante el resto del día” en realidad hace mucho que está inventado: se llama ‘el armario’. El regreso a él, lejos de ser un emancipador instrumento de liberación sexual y afectiva, es justo lo que nos exigen –ya que propugnar la vuelta a una legislación fuertemente represiva contra nosotros, como la que hubo hasta hace más bien poco en este y en otros países occidentales, sería hoy generalmente considerado como demasiado extremista– los homófobos más virulentos de nuestra sociedad: ello salta a la vista, por ejemplo, en el fragmento que he citado antes de Pío Moa; o en este otro del mismo artículo, en el que, tras rasgarse las vestiduras “ante la osadía y la desvergüenza de los putos y las putas, tan orgullosos de serlo y tan dueños de los medios de masas”, Moa acaba clamando “acciones (…) que frenen esta invasión de la basura”… con lo cual evidencia el daño que nuestra visibilidad social hace a la homofobia. No: en el mundo real, no será desde luego el armario el que nos hará más libres. Y es que no es verdaderamente emancipador (ni ‘liberal’, ni ‘libertario’) todo lo que, incluso de buena fe, pretenden vendernos como tal.