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2008/07/19

> Berria: Bestelakoak > GALICIA: BORIS IZAGUIRRE, PREGONERO EN SANTIAGO, DONDE VIVIO "JOVEN E INDOCUMENTADO"

  • Boris fue pregonero en la ciudad en que vivió «joven e indocumentado»
  • Se mostró «contento y feliz» de abrir los festejos del lugar en el que conoció al que hoy es su marido. El «showman» y escritor declaró su amor por Santiago en la alocución con la que abrió las fiestas del Apóstol
  • La Voz de Galicia, 2008-07-19 # Manuel Beceiro

El polifacético y mediático personaje que es el hispanovenezolano Boris Izaguirre fue ayer un hombre nostálgicamente feliz pregonando a la luna compostelana, y a los miles de personas que acudieron para verle en el Obradoiro, su amor por esta ciudad en la que fue «joven e indocumentado» hace 16 años pero conoció al hombre que hoy es su marido.


A nueve horas de su proclama festiva compareció Boris en el Pazo de Raxoi ante los periodistas con su alocución de tres páginas, preocupadísimo a su manera por lo larga que era y dudando aún de si eliminar algunas cosas. Dieciseis años menos joven y más relajado en su tono de expresar que cuando vivía Compostela, pero bien documentado en papeles y liposucionado en talla, un tanto embutida bajo chaleco y vaquero, el showman y escritor se mostró «contento y feliz» por haber sido invitado a pregonar en esta que fue su ciudad.


Porque hay tres cosas que no son muy del agrado de Boris: «que te digan que sales más gorda en la televisión, que sales más joven y que te llamen a dar pregones en sitios en los que nunca has estado y a los que nunca volverás». No es ese el caso de Santiago, por lo que en pocos días Izaguirre pasó de correr en ropa deportiva por la Gran Manzana a pregonar el Apóstol. Y es que el animal de frivolidades que firmaba crónicas rosa en Venezuela se fue a escribir su próxima novela, esta vez «con trasfondo histórico muy importante», a la Biblioteca Pública de Nueva York. Un Boris escritor que, confiesa, tiene que escribir más sobre España y abandonar Latinoamérica aunque ésta es realmente la que conoce.

2008/04/17

> Berria: Oroitzapena > LA VERDAD DE "LAS MARIAS"


  • La verdad de 'Las Marías'
  • Un documental desvela la historia de dos conocidas hermanas de Santiago
  • Los falangistas las maltrataron para averiguar el paradero de sus hermanos
  • "Quienes no se rebelaban por temor veían en 'Las Marías' un grito de libertad"
  • El País, 2008-04-17 # María Fabregas · Santiago

Salían cada día a pasear por las mismas calles de Santiago, siempre a las dos en punto, arregladas con una ropa y un maquillaje tan colorido como extravagante. Todavía hay mucha gente en la ciudad que recuerda a las inseparables hermanas Coralia y Maruxa, más conocidas como Las Marías, dos emblemáticos personajes de Compostela a los que las nuevas generaciones sólo conocen por la estatua que les rinde homenaje en la entrada del parque de la Alameda.


Pero bajo esa fama de locura que les precede hasta hoy, escondían un drama personal que no todos conocen, con la Guerra Civil como telón de fondo. Así lo recoge el documental Coralia e Maruxa, as irmás Fandiño, de Xosé Rivadulla Corcón, para cuya elaboración ha contado con testimonios de personas como Encarna Otero, Xosé Luis Bernal o Dionisio Pereira.


Nacieron en una familia obrera de 11 hermanos, tres de ellos destacados miembros de la CNT. El documental relata cómo tras el estallido de la Guerra Civil, asesinan a uno de ellos mientras que los otros dos consiguen huir. La pesadilla para las hermanas comenzó cuando los falangistas trataron de utilizar a la familia para averiguar su paradero. A horas intempestivas de la noche, llegaban a la casa de los Fandiño, registraban y desbarataban la vivienda, desnudaban en la vía pública a las hermanas para humillarlas y las subían al monte Pedroso de Santiago. "No está demostrado, pero hay gente que afirma que las llegaron a torturar e incluso a violar", explica Rivadulla.


Con poco más 20 años y sin haberse metido con nadie, la vida de Las Marías se convierte en un mal sueño que se prolongará desde el inicio de la guerra hasta mediados de los años 40. Rivadulla señala que esos malos tratos continuados fueron la causa de la locura que ambas sufrieron, porque "antes no eran así". Finalmente los hermanos huidos fueron arrestados y cesó la presión sobre las Fandiño.


Aun así, su situación económica era muy precaria. Las hermanas dejaron de trabajar como costureras, oficio que venían desempeñando junto a su madre, porque los clientes dejaron de llevarles ropa "por ser una familia anarquista, por miedo a significarse". Vivían en parte gracias a la caridad de los vecinos. No les ayudaban de forma directa, porque quienes las conocían sabían que no aceptarían una limosna, sino que les dejaban de forma anónima pequeñas cantidades de dinero en distintos comercios, en los que después ellas compraban.


La solidaridad de los vecinos se puso a prueba a principios de los 60, cuando un temporal tiró abajo el tejado de la casa de las Fandiño. Enseguida se organizó una gran colecta entre los vecinos de Santiago y se llegaron a juntar 250.000 pesetas. "Es espectacular", dice Rivadulla, "porque en la época eso es lo que costaba un piso".


"Manifestaron su locura mostrándose rebeldes contra la sociedad", afirma el autor. Las Marías nunca pasaron desapercibidas, no sólo por su llamativa vestimenta y sus rostros maquillados con polvos de arroz, sino por su actitud. "Ellas piropeaban a los hombres algo que, por supuesto, no se le ocurría a ninguna otra mujer. Siempre manifestaban que todos los hombres se enamoraban de ellas y flirteaban con los estudiantes". En contra de lo que pueda parecer, eran muy diferentes: Coralia, la menor y más alta, era tímida y poco habladora, mientras que Maruxa, más pequeña aunque de más edad, era la que llevaba la voz cantante.


La opinión del autor del documental es que las hermanas desempeñaron, posiblemente sin saberlo, una papel fundamental en esa época de represión. "Mucha gente que se sentía ahogada por el régimen y que no se rebelaba por temor a represalias, veían en Las Marías ese grito de libertad". Cuando en 1980 falleció Maruxa, Coralia se fue a vivir con otra hermana a A Coruña, ciudad a la que nunca se adaptó. Murió tres años más tarde después de preguntar muchas veces cuál era el camino para volver a Santiago.