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2008/12/07

> Iritzia: Maruja Torres > PASANDO DE CRUCES

  • Pasando de cruces
  • El País, EPS, 2008-12-07 # Maruja Torres

Comparto la frase de uno de los personajes de Ley y orden: "Respeto cualquier cosa que ayude a una persona a pasar la noche", dice, refiriéndose a las creencias religiosas y a la, a menudo, abismal soledad del ser humano. Pero yo añado que me enfrentaré siempre por vía pacífica a cualquiera que, por la mañana y recobrado ya el aplomo, considere necesario imponerme esa creencia.


Así pues, mi respeto hacia las religiones se limita estrictamente a quienes las practican en la intimidad y sin dar la tabarra. No abarca a quienes se creen investidos por la superioridad moral necesaria para juzgar y castigar a los otros, y además por el mandato divino que insta a fumigar a los apocados. Perdónenme, pero tengo al señor Darwin en muchísimo mejor concepto que a los cantamañanas que forman el nudo gordiano jerárquico de cualquier religión. Cualquier religión, insisto. Para mí, la Salvación con mayúscula fue el descubrimiento de los antibióticos y de la anestesia. Lo de las células madre me parece impresionante, mucho más, por supuesto, que lo de los panes y los peces, que sólo me merece indulgencia si a alguien le da fuerzas para pasar una mala noche. Y punto.


No se trata tan sólo de una opinión subjetiva. Es que pago mis impuestos, y no quiero que vayan a parar a impostores que tienen la responsabilidad de enseñar, de educar. Y ya me dirán ustedes la clase de educación seria que puede recibir un infante, a la edad de creer en los Reyes Magos o en Superman, cuando le digan que un caballero de antaño murió crucificado tras sufrir torturas y humillaciones para salvarnos de nuestro pecado original (ese chollo de los capataces del rebaño: qué forma de culpabilizar a los niños). Pues tal es el mensaje del crucifijo, no otro. Ningún símbolo es inocente. Ni cristos, ni espadas, ni retratos presidenciales, ni fotos del rey, ni banderas en las aulas. Paredes limpias, pizarras, mapas. Ordenadores, que es lo que hace falta. Hablo de los colegios públicos y concertados. Los otros, como si son seguidores del culto a Loewe y cuelgan un bolso.


Del mito del crucifijo y el pecado a lo de Adán y Eva, incluido el párrafo del costillar que tanto nos complace a las señoras, media un paso. Aunque pongámonos en lo peor. Pongámonos en eso tan moderno que inspira a la Derecha Cristiana estadounidense, y que se ha extendido por el mundo y, desde luego, por Europa -aquí, con la ayuda de la FAES y sus crustáceos-, pues largos son los tentáculos de los espíritus cristianamente renacidos y enriquecidos con Bush el Bibliófilo. No existe ninguna prueba de que un dios controlara la evolución, previo diseñarla inteligentemente. La ciencia, como si dijéramos, es más de fiar.


Y nosotros no nos fiemos. No importa cuán decepcionada pueda sentirse la Derecha Cristiana en Estados Unidos, después de que el hombre al que condujeron a la Casa Blanca para que ejecutara sus designios políticos haya sido enviado a freír ranchos tejanos por los electores. El fundamentalismo evangélico y su inmenso poder mediático y económico siguen ahí. No es cuestión de preguntarse cómo se sienten, sino cómo van a reaccionar. Sus aspiraciones y su ideario mesiánico y de cruzados continúan intactos. También sus megaiglesias, con miles de parroquianos; sus apartados de marketing, sus festivales, sus millones de dólares. Sus sobornos, sus intrigas. Sus espectáculos televisivos, que tan aviesamente Juan Pablo II incorporó a su propio negociado, y que su sucesor natural -antes su inspirador- tan prolijamente sigue.


Aquí tenemos la suerte de que Rouco Varela es un clásico del nacionalcatolicismo, y en cuanto abre la boca empitona a la razón (la de cogitar) y nos hace reaccionar. En cuanto los modernos de su tribu ganen terreno, aliados a la cosa suya de los neocons políticos, verán cómo extienden lo de que Dios ya sabía que había un monito más listo que los otros. Y verán también lo difícil que les resulta a los profesores verdaderos enseñar la teoría de la evolución.

2008/06/15

> Iritzia: Maruja Torres > POCA COÑA CON LA VIRGINIDAD

  • Poca coña con la virginidad
  • El País, 2008-06-15 # Maruja Torres

Dos hechos muy significativos se produjeron durante el pasado mayo –casualmente, el Mes de María–, con sólo dos semanas de interludio. A mediados de mes, el papa Benedicto XVI recibió en Ciudad del Vaticano a 3.000 vírgenes consagradas a mantener intacta la conservación de salva sea la parte con el propósito de vivir sus vidas, tal como les exhortó el Pontífice, “de tal manera que siempre irradiéis la dignidad de ser esposas de Cristo”. Por aberrante que nos parezca el asunto no ya a los no católicos, sino incluso a los no fanáticos, cada cual tiene derecho a hacer con su entrepierna lo que le venga en gana. Por más que sepamos que de sexos reprimidos, no sólo de mujer, están los rebaños de borregos llenos. Pero allá ellas y ellos con sus atavismos.


La noticia sólo habría resultado una curiosidad, más o menos deprimente, de las que tiene por costumbre facilitarnos el Vaticano desde hace un par de reinados. Pero dos semanas después apareció la información relacionada con un acontecimiento complementario y gravísimo. En Lille, Francia, un juez se sintió autorizado para anular el matrimonio de dos musulmanes porque ella, que no era virgen como había asegurado y había sido repudiada por su esposo (un ingeniero) y su familia, había llegado a la boda mediante engaño. Podemos suponer que si el novio le hubiera mentido a ella, asegurándole, por ejemplo, que tardaba un mínimo de media hora en llegar al orgasmo, y que en todo caso no lo alcanzaría sin antes proporcionarle un par a ella; y que, al no cumplir con lo prometido, la recién casada se hubiera presentado ante el mismo juez a reclamar una anulación como una casa, ¿debemos inferir que el alto funcionario habría accedido a concedérsela? Permítanme que lo dude.


Daría ganas de vomitar, si no pusiera los pelos de punta, esta incursión en la caverna de un magistrado crecido en el terruño del Siglo de las Luces (y de la Revolución Industrial, que en Lille fue puntera). Pero no nos engañemos. Llevamos demasiado tiempo merodeando en torno a la pertinencia o no del regreso a las buenas costumbres. Para empezar, habría que llamarlas por su nombre: tradiciones retrógradas, auspiciadas por quienes saben que la castidad como meta vital produce desequilibrio mental, cuando no es el resultado de ello. Uno empieza riendo ante Amo a Marta (la parodia de MTV), pero poco a poco va aceptando que su mundo está llenándose de psicópatas que, como no lo prac¬tican, sólo piensan en el sexo, y a quienes se les llena la boca (lamentablemente, de palabras) para ufanarse de su superior control de lo que llaman bajas pasiones.


Entre la recepción papal a las 3.000 vírgenes (un anciano en su sano juicio, o simplemente impelido por la caridad, les habría dicho que no fueran tontas, que la vida pasa en un soplo) y la sentencia del de Lille existe una diferencia que infunde pavor. Y es que el juez se apoyó en el Código Civil para realizar una interpretación torticera de la ley e inmiscuirse en algo tan sagrado (miren por dónde) como la condición sexual de una mujer. Las esposas de Cristo, por mí como si quieren salir a la calle vestidas por Ágata Ruiz de la Prada. En cuanto a las mujeres a las que se obliga a llegar vírgenes al matrimonio para que su amo esté contento, las leyes deben ampararlas. Entre otras cosas porque si mienten, lo hacen para no ser despreciadas, o algo peor, por su comunidad, que casualmente vive, como ellas, en un país que se tiene a sí mismo por civilizado.


Lo que separa los dos hechos es que uno se produce en el terreno de la mitología y el desvarío que toda religión propicia, y el otro, en el marco de una democracia que predica la igualdad de derechos entre los sexos. Y si empezamos a relajar el marco legal, ¿qué nos quedará? ¿Qué le impedirá a monseñor Rouco, si no lo hace la ley, comportarse con los homosexuales como los autócratas de los países islámicos?


La única castidad que no produce malos resultados es la que se observa, por fuerza, a edades como la mía. Y les aseguro que, gracias a los dioses, no es absoluta.

2008/02/07

> Iritzia: Maruja Torres > SUS FETOS

  • Sus fetos
  • El País, 2008-02-07 # Maruja Torres

La declaración de un grupo de médicos de Roma sobre la "obligación ética de mantener en vida a fetos prematuros, aun sin el consentimiento de los padres", un torpedo directo del Vaticano contra la práctica del aborto terapéutico, resulta lo bastante cínica y macabra -ese hipócrita interés por la vida, acompañado por una muy poco ética indiferencia hacia el sufrimiento humano- como para prestarse a más comentario que el del buen sentido que cada uno aplicará por su cuenta.


Sí me interesa subrayar aquí las posibilidades dramáticas que, para la ficción, ofrece tal iniciativa, si sale adelante y se cuela en los oportunistas programas de los políticos-plañideros, no sólo italianos. Para empezar, podremos readaptar a la actualidad aquella película o dramón mexicano -un clásico que ha sido resucitado en varias telenovelas- que tanto éxito tuvo en la España del Congreso Eucarístico de 1952: “El derecho de nacer”. Les ruego me permitan hacerles un somero resumen.


Una joven de la alta sociedad pide a un apuesto ginecólogo que la libre del ser que lleva en sus entrañas, fruto de su relación con un indigno calavera. El tocólogo objeta ante tamaña petición y le cuenta a la mujer la historia de su vida: él mismo es un niño que consiguió nacer porque su madre no logró abortar. Moraleja, el Señor impidió aquel aborto para que yo pueda ahora evitar éste.


Imaginen lo que daría de sí una cultura en la que todos los ex fetos pudieran dedicarse a la obstetricia y los hospitales más devotos dispusieran, al estilo de los masters de periodismo patrocinados por los más prestigiosos periódicos, de sus propias granjas de antiguos fetos reanimados -no importaría en qué condiciones: es el soplo, la vida, el don divino lo que interesa; allá ellos si salen jorobaditos- y amaestrados para que se conviertan en no menos píos ginecólogos.

2008/01/03

> Iritzia: Maruja Torres > KIKO UTIL

  • Kiko útil
  • El País, 2008-01-03 # Maruja Torres
La aparición de Kiko Argüello -fundador y cabeza de la secta católica llamada Camino Neocatecumenal, pedazo de negocio- en la manifestación de los obispos y adyacentes bajo el lema pro familia suya, me recuerda lo que ocurrió en La Meca en 1979. Allí, aprovechando la masiva reunión de fieles motivada por el principio del siglo musulmán, un saudí wahabista, que también pretendía refundarlo todo en nombre de Alá y contra las disolutas costumbres de la época, se hizo fuerte con sus seguidores en el sagrado recinto islámico y la emprendió a tiros con el personal. La familia real saudí buscó en el alto clero ayuda -es decir, permiso en forma de fatua- para contraatacar en el santo lugar, y los capitostes espirituales marearon la perdiz hasta obtener la promesa de que serían canceladas las reformas y detenidos los avances sociales llevados a cabo por el difunto rey Fahd. Luego permitieron que se cargaran al iluminado: implantado su programa (incluía la prohibición de que salgan mujeres en la tele), que sigue vigente, ya no lo necesitaban. De aquella impecable maniobra integrista vienen muchos de los lodos extremistas que hoy sufrimos en todo el mundo, en el orbe musulmán más que en ninguna otra parte.

Al contemplar la sudada imagen de Argüelles, que parece un extra en película franquista piadosa de los cincuenta, he pensado en aquel tipo. Lo más retrógrado es lo que mejor se vende. No hay nada como los mensajes simples. Nuestro Kiko ha sido un peón importante útil del aparato publicitario de los dos últimos papados, y ahora se ha puesto a la orden de los obispos para salvar a España de la igualdad de derechos y la libertad de elección.

Terrible Iglesia, esta que enarbola a sus bufones como agitadores. No la menosprecien por pintoresca. Echa en falta medrar en la desgracia del país, su mejor caldo de cultivo.