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2008/11/12

> Elkarrizketa: Eduardo Mendicutti > "UNA PARTE DEL COLECTIVO GAY RECHAZA AL MARIQUITA DE PUEBLO"

  • Eduardo Mendicutti: "Una parte del colectivo gay rechaza al mariquita de pueblo"
  • El escritor y televisivo participa en los actos del décimo aniversario del Centro Andaluz de las Letras en Granada
  • Granada Hoy, 2008-11-12

Si la risa es terapéutica, Eduardo Mendicutti y los suyos tienen asegurada una larga vida. Ayer participó en los actos del décimo cumpleaños del Centro Andaluz de las Letras con una charla sobre libros y lectura. Y leyó parte de su última novela, Ganas de hablar, donde reivindica la figura del "mariquita de pueblo", en la línea de otras obras con títulos como El palomo cojo.

-Su charla ha girado en torno al libro y la lectura. Ofrezca diez razones para leer.
-Hay muchísimas más. El libro es el mejor compañero, el mejor guía para viajar por tu alma y por la de otros. Es incluso el mejor guía turístico: en tiempos de mucha precariedad había quien viajaba simplemente leyendo la guía de ferrocarriles. Un libro es un buen vecino, se puede cotillear en ellos sin necesidad de perder el tiempo en el rellano de la escalera, asistir a reuniones elegantísimas, es el mejor cuidador de niños y pueden salir tan viajados como los niños de la Preysler.


-Leyendo sus títulos, 'El palomo cojo' o 'Yo no tengo la culpa de haber nacido tan sexy' se observa un entronque con otros títulos como 'El caso de la mujer asesinadita' de Mihura. ¿Respeto a la tradición?
-Ahí hay una tradición del humor español, con Jardiel Poncela por ejemplo o Mihura. Es un humor en principio más blanco, pero a veces minusvalorado, capaz de lo más lírico mediante el absurdo, de abrir una puerta a la imaginación, a las emociones... Pero, tradicionalmente, el sufrimiento ha tenido más prestigio que el humor.


-Pero su humor no deja de ser como la careta de un payaso, con mil historias y penurias detrás...

-Pero la gente prefiere la tristeza en primer plano. Pasa en todas parcelas, como en el cine, donde el Oscar casi siempre se lo dan al drama y no a la comedia.


-¿España es más una obra de Quevedo que de Góngora?
-Sin duda. Yo comprendo que algún amigo mío se lleve las manos a la cabeza, pero creo que el sarcasmo, el esperpento, bien analizado, es un retrato de la sociedad muy eficaz. El barroquismo está muy bien, tiene un gran fuste, pero esa otra mirada sobre la realidad descarnada está muy bien. Pertenece mucho al carácter español sea eso lo que sea.


-Ha hablado de amigos, caso de Luis García Montero, Caballero Bonald o Joaquín Sabina. ¿Cómo son sus veraneos en Rota?

-Es una especie de contubernio que han organizado Luis y Almudena Grandes, sobre todo, con Felipe Benítez Reyes, Pepe Caballero o Sabina. Supongo que acabará formándose una especie de comuna veraniega de escritores y anexos y se convertirá en algo enormemente fructífero. Entre risas y farra se habla de todo, y bien. Sobre todo se vive mucho, y como yo creo que la literatura se nutre de la vida creo que ahí hay un buen manantial.


-Como tertuliano político, ¿nada mejor que un escritor dada la política de ficción que algunos dicen que tenemos?
-Con ese planteamiento tiene toda la razón del mundo.


-¿Por qué en algunos sectores tiene fama de conservador? ¿Por colaborar en 'El Mundo'?

-Es posible. Es verdad que a veces he visto cosas en internet que me han dejado estupefacto, no sabes si es que no me entienden, si entienden lo que les da la gana... He leído cosas tremendas. Internet es un desbarajuste aunque entiendo su capacidad y sus posibilidades. Pero la falta de rigor y de garantías de que lo que lees es cierto es el punto flaco de internet.


-¿Algún comentario le ha llamado especialmente la atención?
-Fíjese, lo que más me llamó la atención fue cuando una chica, que había estado en una conferencia mía, escribió en un chat que le había encantado y que quería saber más cosas de mí, muchos piropos. Una persona le contestó: "No te fíes que es un tertuliano de María Teresa Campos". La otra acabó dando las gracias por el aviso.

-Su último libro, 'Ganas de hablar', habla del mariquita de pueblo, algo tan consustancial a este país como el toro de Osborne.
-Los pobres lo han pasado muy mal, aunque han sido muy divertidos. He querido reconocerlos, una parte del colectivo gay rechaza la figura el mariquita de pueblo. Me parece injusto porque uno puede ser muy culto y refinado pero esa gente ha dado la cara.


-En 'Los martes de la cuadra dorada' ha habido una media de menos de 25 personas por acto literario. ¿Qué opinión le merece?
-Es curioso. Yo creo que hay una diferencia notable entre las cosas que se organizan en grandes ciudades y las que se organizan en pueblos.

2008/02/18

> Berria: Literatura > EDUARDO MENDICUTTI RECREA EL LENGUAJE QUE HA SERVIDO AL MARIQUITA PARA NO HUNDIRSE

  • El escritor Eduardo Mendicutti recrea el lenguaje que 'ha servido al mariquita para no hundirse'
  • Terra, 2008-02-18

En su novela 'Ganas de hablar', desde un mundo interior duro y trágico pero con el humor de Quevedo, Cela o Mihura, el escritor Eduardo Mendicutti rinde homenaje al 'mariquita de pueblo' y a su lenguaje como 'modo de sobrevivir', ese hablar pintoresco y gracioso 'que merecía entrar en la Literatura', según dijo a EFE.


'Con todo ese jolgorio escribí una novela contra el silencio forzado o impuesto, ese silencio frustrante que produce la cerrazón', explica Mendicutti en la entrevista por la aparición de esta novela, que edita Tusquets y cuya portada anuncia la fuerza para hablar desde la 'calle Silencio'.


Casualmente, la calle por la que pasa cada Miércoles Santo la procesión del Cristo, aunque el protagonista, Cigala, un manicura de señoras que no se deja hundir y usa el lenguaje para salir airoso en los malos ratos, no pensó en eso al elegirla, cuando el pueblo le otorgó el honor de dedicarle una calle.


Cigala le da la noticia contentísimo a su deteriorada hermana, Antonia, y 'habla por ella, recuerda por ella, construye el mundo, la vida y la historia por ella', pues ha percibido que hay algo que le emparenta con 'otros' -mujeres, emigrantes, señoras venidas a menos...- despreciados socialmente, como él, y siente 'una especie de simpatía'.


En Antonia el escritor resume las demás relaciones que mantiene Cigala, quien en un momento dado se rebotará con su hermana, ya que 'poco a poco ha ido viendo que, sí, mucho cariño, pero a la hora del apoyo social de verdad, la cosa no está tan clara...'.


¡Eso de que le quiten la calle al Cristo del Silencio..!, hay quien lo ve como una herejía, y en él se despiertan recuerdos amargos, aunque nunca perderá esa expresión risueña que es lo que toda la vida le sirvió para salir adelante.


Mendicutti, que se inspira en un gaditano real cuyas anécdotas circulan por su pueblo, Sanlúcar de Barrameda, sitúa los soliloquios en los 15 días de marzo de 2006 que van desde la concesión de la placa hasta el momento del homenaje, y entre medias deja que aflore su dura crítica social.


Y el tema de ETA, que aparece en una de las escenas más costumbristas, una tendencia que el autor reivindica, pues 'se llama así a cualquier cosa realista, cuando la vida es como es y los novelistas hemos de contarla, pero aquí huimos de los temas sociales como de la peste', explica.


Y está por supuesto el humor. 'En la literatura española, desde Cervantes a Valle Inclán, Cela o Jardiel Poncela, hay un eje humorístico que apreciamos, aunque parece que cuanto más cerca está en el tiempo, el sufrimiento adquiere más prestigio que la alegría', según Mendicutti.


'Si un novelista usa el humor, se arriesga a parecer epidérmico o superficial', constata, y en su novela hace oscilar ingredientes de humor 'corrosivo, combativo, feroz, negro o lírico...'.


Despues de hablar y hablar, Cigala entra en un monólogo interior con la procesión, y es cuando le vienen sus recuerdos más duros, cuando estuvo a punto de cortarse los genitales, por el rechazo del padre y todo el desprecio que le echó encima, 'una peste de la que nunca se pudo librar'.


Por eso, cuando, ingenuamente, camino de EEUU y sin saber inglés, le llama 'nigro' a un joven y luego le explican el desprecio que implica el término, reconoce su propia vivencia, insultado por 'mariquita', y se horroriza de que ese chico lleve toda la vida esa herida encima.


Mendicutti aclara que sus personajes 'no son en absoluto autobiográficos', pero admite compartir con Cigala 'cierto sentimiento de confusión, de impulso a buscar salidas a necesidades personales, familiares o profesionales, y desde luego el humor, porque se dirá de mí que soy optimista, pero es que la procesión va por dentro'.


En su opinión era un deber dar su dimensión literaria a ese modo humorístico de contar el mundo del estereotipo de gay, incorporando su voz a la voz colectiva 'que expresa lo que somos y lo que hemos sido, lo que queremos o no queremos ser'.


Y bromea que ahora que se ha jaleado tanto el '¡Por qué no te callas!', 'yo reivindico las 'Ganas de hablar'.

2008/01/31

> Berria: Literatura > "NINGUN TEXTO ES APOLITICO", AFIRMA EDUARDO MENDICUTTI EN LA APERTURA DE LETRAS POR LA PAZ

  • «Ningún texto es apolítico», afirma Eduardo Mendicutti en la apertura de Letras por la paz
  • El escritor habló sobre literatura y compromiso en el ciclo de Idi Ezkerra. Reivindicó al trabajador como personaje
  • El Diario Vasco, 2008-01-31 # Alberto Moyano · DV · San Sebastián

«Ningún texto es apolítico». Así de tajante se manifestó el escritor Eduardo Mendicutti (Sanlúcar de Barrameda, 1948) ayer en San Sebastián durante la charla que abrió el ciclo Letras por la paz, organizado por la Fundación Idi Ezkerra. «Algunos lo serán de forma más clara -y ahí está el riesgo de lo panfletario y lo doctrinal- y eso no está reñido con su valor literario y otros lo serán de forma más taimada. Sin embargo, el escritor ya demuestra su responsabilidad en el mero hecho de elegir determinados temas y la mirada que tiene sobre ellos».


Mendicutti habló del compromiso del escritor y de las formas en las que éste se plasma en la obra. Horas antes de la charla, el escritor manifestaba a DV que «siempre he creído que la literatura, como la historia, ha estado escrita durante muchos siglos por los vencedores, mientras que los vencidos han tenido escasas oportunidades. La literatura ha estado sometida a la voz dominante: la masculina, la occidental, la del primer mundo, la de los ricos, la de la raza blanca, la heterosexual... Ahora deben incorporarse otras voces».


El autor de novelas como "El palomo cojo" o "Los novios búlgaros" señaló que «durante un tiempo me ha interesado mucho, naturalmente, la voz homosexual, que se está incorporando al relato de la historia, pero ahora también me interesan otras cosas porque están en las mismas condiciones que la homosexual, como por ejemplo, la voz de los trabajadores». Mendicutti cree que el personaje del escritor ha quedado excluido de las modas literarias. «El mundo laboral está absolutamente ausente de casi toda la novela que se ha escrito durante los últimos años del siglo XX. Es una cosa muy sorprendente. Es como si todo el mundo fuéramos burgueses y entendiésemos mucho de arte. Hay que recuperar la voz del trabajador, que era la de la tan denigrada novela realista del siglo XIX. De otra manera, con otras formas narrativas, por supuesto, pero hay que recuperarla».


En el Día Internacional de la No Violencia, el novelista andaluz invitó a celebrar la jornada reivindicativa en su sentido más amplio: «La no violencia política y terrorista, pero también de la no violencia cotidiana o económica. No hay que olvidar la brutalidad que el sistema económico puede ejercer contra los más débiles». En su opinión, «la violencia -cualquier tipo de violencia: política, de género, homófoba...- deja unos rastros que deben estar en la literatura, que puede ser la avanzadilla para que, de una vez, sólo hablen las palabras, pero todas las palabras. Que no las haya prohibidas, olvidadas o repudiadas».


Mendicutti recalcó que «en principio, creo que todos los escritores son autores comprometidos. Cuando el autor defiende las posiciones conservadoras parece que no está comprometido, pero también lo está».


«El humor puede ser corrosivo»
El humor es un elemento que siempre está presente en la obra de Eduardo Mendicutti, por muy pegada a la realidad que ésta siempre se sitúe. En su opinión, «uno corre el riesgo de que se le tome a chufla, pero el humor es un instrumento fantástico para poner en cuestión lo que haga falta, para ser corrosivo, para ser desafiante...».


Tres años después de la publicación de su último libro, el escritor publicará a comienzos de febrero su nueva novela, Ganas de hablar (Ed. Tusquets). «Es una celebración y homenaje del lenguaje hablado y coloquial en un momento en el que está siendo sustituido por otros lenguajes, como el de los medios, el de los SMS, el del correo electrónico... a través de un personaje que toda su vida se ha apoyado en el lenguaje oral para sobrevivir».