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2008/11/14

> Erreportajea: Katixa Agirre > LAS MUJERES-HOMBRE

Qamil
  • Las mujeres-hombre
  • Octogenarias ya la mayoría, en las montañas albanesas aún viven mujeres que mediante el código medieval de Dukagjini renunciaron a su género para ser aceptadas socialmente como varones.
  • Deia, 2008-11-14 # Katixa Agirre

Son mujeres, pero se han convertido en hombres. Físicamente parecen hombres. Socialmente ejercen de hombres. Las últimas viven aún en las montañas albanesas, reconvertidas según un código ancestral que en una sociedad patriarcal les permitía asumir todas las atribuciones de un verdadero varón... siempre y cuando dejaran de ser féminas. El colmo de la desigualdad.


Una de ellas es Qamile Stema, convertida en Qamil, su equivalente masculino, que sigue usando. Hija pequeña entre ocho hermanas juró por voluntad propia, hace casi ocho décadas, que nunca se casaría, y que permanecería virgen hasta el fin de su vida. "Hice este sacrificio por mi mamá que se quedó sola porque mi padre murió muy joven y ella tenía que criarnos a nosotras", confiesa Qamile desde su humilde casa en la aldea de Barganesh, a unos 50 kilómetros de Tirana.


Qamile, que tiene ahora 88 años, ocupó el lugar de su padre, se cortó el pelo, se despojó del vestido y se vistió con la indumentaria brekushe (pantalones negros anchos, chaleco, camisa y gorra blanca), típica de los hombres de la región de Kruja. Lo único que resulta extraño en el conjunto es la pistola que solía meterse en la cintura para protegerse de una posible agresión.


Éstas eran algunas de las obligaciones impuestas por 12 hombres llamados garantes, cuya misión era vigilar el cumplimiento del juramento que las vírgenes habían hecho ante ellos, según explica el profesor de etnografía Mark Tirta.


Las mujeres se convertían en hombres no sólo cuando faltaban varones en casa, sino también en caso de rechazo al novio que les había escogido el padre. Mediante esta conversión, las vírgenes gozaban de más libertades en una sociedad rural patriarcal que despreciaba el papel de la mujer, aunque no implicaba convertirse en homosexuales, aclara Tirta.


Este fenómeno social, del que aún existen unas veinte representantes en todo el país, tiene sus raíces en el código medieval de Lek Dukagjini, que rigió la vida social y económica de los montañeses albaneses católicos y musulmanes entre los siglos XV y XIX.


Qamile recuerda con nostalgia las largas charlas entre humo de tabaco en compañía de los hombres, cómo llevaba a pastar a las cabras, la temporada de producción de raki (aguardiente), los rezos con los hombres los viernes en la mezquita, momentos que nunca habría podido saborear siendo una simple mujer.


Cuando se le pregunta si se ha puesto alguna vez el delantal para lavar los platos responde con humor, "yo no soy una mujer", y asume su papel para mostrarse satisfecha con su vida de hombre. "Me han tratado como a un hermano y no son cotillas como las mujeres", dice riéndose aunque acaba finalmente por revelar algunas desventajas del cambio.


"Vivo sola, igual que los que se casaron y que ahora están abandonados por sus hijos", se justifica, y critica a los hombres de hoy, que han perdido la virilidad por haber tolerado recibir órdenes de sus esposas.

2008/10/11

> Erreportajea: Trans > LAS ULTIMAS MUJERES CON ROL SOCIAL MASCULINO SOBREVIVEN EN ALBANIA

  • Las últimas mujeres con rol social masculino sobreviven en Albania
  • La Vanguardia, 2008-10-11 # EFE • Kruja, Albania
En las montañas de Albania viven todavía las últimas mujeres convertidas socialmente en hombres, según un código ancestral que en una sociedad patriarcal les permitía asumir todas las atribuciones de un verdadero varón.

Una de ellas es Qamile Stema, que se convirtió en Qamil, su equivalente masculino, que sigue usando hoy. La hija pequeña entre ocho hermanas juró por voluntad propia hace casi ocho décadas que nunca se casaría, y que permanecería virgen hasta el fin de su vida.


"Hice este sacrificio por mi mamá que se quedó sola porque mi padre murió muy joven y ella tenía que criarnos a nosotras", confesó Qamile desde su humilde casa en la aldea de Barganesh, a unos 50 kilómetros de Tirana.

Qamile, que tiene ahora 88 años, ocupó el lugar de su padre, se cortó el pelo, se despojó del vestido y se vistió con la indumentaria 'brekushe' (pantalones negros anchos, chaleco, camisa y gorra blanca), típica de los hombres de la región de Kruja. Lo único que resulta extraño en el conjunto es la pistola que solía meterse en la cintura para protegerse de una posible agresión. Éstas eran algunas de las obligaciones impuestas por 12 hombres llamados garantes, cuya misión era vigilar el cumplimiento del juramento que las vírgenes habían hecho ante ellos, explicó el profesor de etnografía Mark Tirta.

Las mujeres se convertían en hombres no sólo cuando faltaban varones en casa, sino también en caso de rechazo al novio que les había escogido el padre. Mediante esta conversión, las vírgenes gozaban de más libertades en una sociedad rural patriarcal que despreciaba el papel de la mujer, aunque no implicaba convertirse en homosexuales, dijo Tirta.

Este fenómeno social, del que aún existen unas veinte representantes en todo el país, tiene sus raíces en el código medieval de Lek Dukagjini, que rigió la vida social y económica de los montañeses albaneses católicos y musulmanes entre los siglos XV y XIX.

Qamile recuerda con nostalgia las largas charlas entre humo de tabaco en compañía de los hombres, cómo llevaba a pastar a las cabras, la temporada de producción de raki (aguardiente), los rezos con los hombres los viernes en la mezquita, momentos que nunca habría podido saborear siendo una simple mujer.

Cuando se le pregunta si se ha puesto alguna vez el delantal para lavar los platos responde con humor: "yo no soy una mujer". Se muestra satisfecha con su vida de hombre, al declarar que no se ha peleado nunca con ellos. "Me han tratado como a un hermano y no son cotillas como las mujeres", dice riéndose. Pero mientras menciona los privilegios, revela algunas desventajas concretas de su vida dualista, como una ceremonia nupcial, cuando un hombre muy celoso se abalanzó sobre ella para matarla al ver que bailaba muy apretada con su mujer.

Además, confiesa que se sentía muy incómoda cuando le venía la menstruación y tenía que pasar horas y horas sentada en reuniones con los hombres para tomar decisiones sobre los problemas locales. "No me ponía sujetador y para esconder los pechos los aplastaba con una faja bien apretada", explicó.

A pesar de haberse quedado sola después de fallecer su madre y hermanas, y de que sus sobrinos viven lejos, asegura que no se ha arrepentido de su vida. "Vivo sola, igual que los que se casaron y que ahora están abandonados por sus hijos", se justifica, y critica a los hombres de hoy que han perdido la virilidad por haber tolerado recibir órdenes de sus esposas.

2008/09/02

> Erreportajea: Trans > VIRGENES JURADAS

Tito es Fátima, tiene 77 años. Posa delante de su casa, en Zogaj, en la zona de Tropoja, Albania. Vive con su sobrino, hijo de su hermano, que la llama 'tito'. Trabajaba en una mina de cromo y, en su tiempo libre, cuidaba del ganado de su familia. Parece que se hizo hombre para evitar un matrimonio no deseado.

No se trata de un cambio de sexo ni de un transexual, muchas mujeres como ella prometen castidad eterna y total para conquistar el honor de ser hombre, de vestirse como ellos, tener armas y combatir, pero también de concederse lujos totalmente masculinos, como el tabaco y el alcohol, prohibidos a las mujeres en la sociedad albanesa.

Esta práctica se remonta al siglo XV, en el que la conversión se realiza cuando la niña jura su virginidad ante los 12 hombres más importantes del pueblo.

Hubo un tiempo en que las vírgenes juradas también se encontraban en Serbia y Montenegro, pero en la actualidad se encuentran muy pocas-se habla de algunas decenas-y se esconden en las montañas que sirven de frontera entre Albania y Kosovo.

Las razones misteriosas que llevan a estas llamadas burrnesh-del término burré, que significa 'hombre'-hay que buscarlas en las arraigadas costumbres de esta tierra guerrera.

''No lo hacen por cuestiones religiosas: hay burrnesh tanto entre mujeres musulmanas como cristianas. A menudo, la mujer debe pagar con la castidad el haber rechazado un compromiso de matrimonio.''afirma la antropóloga Antonia Young en la obra Mujeres convertidas en hombre.

''La conversión se produce sobre todo cuando no hay hombres en la familia. Una chica se convierte en hombre para heredar las propiedades familiares que de otra forma no podría tener. Pero la transformación también se produce en memoria de un padre o un hermano muertos''.

Pero más allá del mito, la tradición de las vírgenes tiene una explicación más moderna: en una Albania rural, donde, para una mujer, el tabaco, el alcohol, el trabajo, el sexo y cualquier soplo de libertad se convierte en verguenza, la burrnesh adopta esa máscara simplemente para vivir.

Afirma el antropólogo Moikon Zego:'' No tiene nada de extraño. La nuestra es una tierra de trasvestimientos mágicos...En algunos pueblos, tras el nacimiento de un hijo, el hombre finge ser la madre y recibe las visitas tumbado en la cama. Y vestido de mujer.''

2008/08/31

> Erreportajea: Trans > ALBANIA: HABLAN LAS "VIRGENES JURADAS"

  • Albania: Hablan las `virgenes juradas´
  • XLSemanal, n. 1088, 2008-08-31 # Gughi Fassino
Fatime Xhedia, 77 años. Vive con su sobrino, que la llama `tito´. Trabajaba en una mina de cromo y cuidaba del ganado de la familia. Parece que se hizo hombre para evitar un matrimonio no deseado.

Casi niñas, renunciaron a su feminidad para convertirse en hombres, siguiendo una ancestral tradición balcánica que hoy asombra a los sociólogos. Así podían beber, fumar y disparar un fusil. También, ocuparse de sus hermanas y administrar los bienes de la familia. Hoy, algunas viven aún en las montañas del país de las águilas. Hemos ido hasta allí para que nos cuenten sus extraordinarias vidas.

El pastor empuja las cabras hasta el redil. Es un viejo arrugado por la fatiga al que el humo del tabaco ha cincelado en su cara dolorosas arrugas como su propia soledad. «He tenido una vida difícil. Si no fuera porque soy duro, no habría sobrevivido. Te pasas el día y la noche con el rebaño sobre los picos de las montañas heladas: duermes, comes y hablas con los animales. Al final, te conviertes en un guerrero de la naturaleza, porque, para no sucumbir, tienes que combatirla.» Sin embargo, este anciano también tuvo otro trabajo: «Los peores años fueron los que pasé en la mina. Al principio comía hierba, y después me encontré en las entrañas de la tierra. Ese es un trabajo para ratas de alcantarilla, no para hombres».
  • Ver artículo completo en XL Semanal, n. 1088

2008/08/21

> Berria: Trans > ALBANIA, LAS VIRGENES JURADAS Y EL PODER

  • Albania, las Vírgenes juradas y el poder
  • Su vida vale lo mismo que la de un hombre: 12 bueyes
  • Cimac, 2008-08-21 # Rocío Duque • México
Pashe Keqi nació mujer hace 78 años en las montañas de Albania. A los 20 decidió que eso no era negocio.

Los hombres mandaban, las mujeres obedecían. Los hombres se divertían, las mujeres parían. Los hombres comían, las mujeres cocinaban. Los hombres portaban escopetas, las mujeres escobas.

Además había obligaciones qué cumplir. Su padre, el último varón en la familia, había sido asesinado en una de las usuales vendettas de la región y, con sus cuatro hermanos, ya sea en prisión o también asesinados, ¿quién se iba a hacer cargo de sus cuñadas y varios sobrinos? Una casa sin hombres no es una casa de respeto.

Así, Pashe se convirtió en una "virgen jurada": cortó su pelo, cambió sus ropas por las de su padre y juró renunciar para siempre al matrimonio, el sexo y los hijos.

Dan Bilefky, en Albanian Custom fades: woman as a family man, dice que "la tradición de las vírgenes juradas se remonta al Kanun de Leke Dukagjini, un código de conducta que pasó oralmente entre los clanes del norte de Albania por más de 500 años. Bajo el Kanun, el rol de la mujer está severamente circunscrito: cuidar a las y los niños y la casa. Mientras la vida de una mujer vale la mitad que la de un hombre, la de una virgen (jurada) vale lo mismo: 12 bueyes".

Ser una virgen jurada permite a la mujer actividades absolutamente restringidas a las otras, tales como portar armas, tener propiedades y libertad de movilidad. Ellas participan con los hombres de la comunidad en todas las actividades masculinas, excepto tener sexo, ya que la homosexualidad es tabú.

Y gozan de las prerrogativas masculinas también, tales como ser servidas en la mesa por las mujeres.

La tradición de las vírgenes juradas ha sido respetada tanto por musulmanes como por cristianos. A la fecha hay aún unas 40 vírgenes juradas en Albania, la mayoría de ellas arriba de los 50 años de edad.

Rakipi, otra virgen jurada, se lamenta de lo que hoy pasa con las mujeres albanesas: "Hoy, las mujeres van medio desnudas a las disco. Toda mi vida he sido tratada como un hombre, siempre con respeto. Yo no limpio, yo no plancho, yo no cocino. Ese es trabajo de las mujeres."

Empoderarse, otra palabra clave en el ideario feminista, también tiene sus “asegunes”. Las vírgenes juradas lo hacen renunciando a su identidad de género, especialmente a su sexualidad, mientras a lo largo de la historia muchas mujeres han compartido el poder masculino mediante el matrimonio.

Aun hoy, en naciones "modernas" muchos dudan que una mujer pueda dirigir los destinos nacionales sin un "hombre fuerte" a su lado. Para muchos, por ejemplo, el boleto electoral de Hillary Clinton estuvo atado irremediablemente a su famoso marido; así, el electorado en realidad votaría por "Billary". Una vez que ella perdió la nominación y se empezó a barajar la posibilidad de que Barak Obama la escogiera como su candidata a la vicepresidencia, la broma usual era: "Imposible, Bill nunca aceptaría ser el "segundo caballero".

Varias mujeres a lo largo de la historia han sido mandatarias, aunque como género nunca hemos tenido el poder. Y la verdad, cuando algunas mujeres han llegado al poder el resultado no ha sido muy alentador.

Como vírgenes juradas, las reinas y gobernantes mujeres han renunciado (o han sido obligadas a renunciar) en su mayoría a su identidad de género para poder jugar con las reglas de los chicos malos. ¿No hay de otra?

Sorprende, por ejemplo, que prácticamente durante todo el siglo XVIII, Rusia (un poderoso imperio entonces) estuvo gobernada por mujeres: Anna, las dos Catherinas e Isabel. Aunque, al igual que otras ilustres de la época, llegaron al trono a través del matrimonio o por herencia. Pero no crean que siempre de una manera pasiva. Tuvieron que hacerse su camino al poder, jugando rudo: una que otra conjura, un pequeño envenenamiento por acá, una guerrita por allá, en fin ¡Ah...!

Y qué tal otra virgen (dicen unos que sí, otros que no) que gobernó Inglaterra desde 1558 hasta su muerte en 1603(?). Claro, Elizabeth I, quien en 1559, dirigiéndose a la Cámara de los Comunes dijo sobre sí misma: "Y, al final, será suficiente para mí que una lápida de mármol declare que una reina, habiendo reinado tal tiempo, vivió y murió virgen". Por cierto, la reciente película sobre ella (Elizabeth, con Cathe Blanche en ese papel) no es precisamente muy fiel a los datos históricos y ahí le inventan un amorío con Sir Walter Raleigh, quien aparece como un galán atrevido y encantador y no como el pirata sangriento y colonialista que en realidad fue.

Y qué tal Cristina de Suecia que gobernó de 1632 al 54 (?) quien, de acuerdo a algunas biografías, "fue educada a la manera típica de los hombres y frecuentemente llevaba ropa de hombre". Su apodo cuando niña era "La chica rey". Cuando abdicó, dejo el país vestida de hombre y bajo el seudónimo de "Conde Dohna". Por supuesto, Cristina jamás se casó y durante muchos años se especuló que era hermafrodita, hasta que en 1965 una investigación de sus restos mostró que ella tenía un perfectamente normal cuerpo de mujer.

2008/08/13

> Erreportajea: Trans > LAS VIRGENES JURADAS DE ALBANIA

  • Las vírgenes juradas de Albania
  • mQh, 2008-08-13 # Joshua Zumbrun]
Cuando la periodista y escritora albanesa Elvira Dones viajaba por las montañas del norte de Albania, le pidió ayuda a alguien que pensaba que era un hombre que cruzaba en su mula una aldea, con el rifle al hombro.

Tras la conversación, su guía le susurró: "Ese es uno de ellos".

Dones, que vive en Rockville, se había topado con un practicante de una antigua tradición albanesa en la que las mujeres juran solemnemente permanecer vírgenes toda la vida a cambio del derecho de vivir como hombres. El proceso no es quirúrgico: en estas montañas apenas si se sabe que es posible cambiar de sexo quirúrgicamente. Más bien, las vírgenes juradas se cortan el pelo y llevan los holgados atuendos masculinos y trabajan en oficios de hombres, como pastores o camioneros e incluso líderes políticos. Y los que están a su lado -pese a saber que las vírgenes juradas son mujeres-, las tratan como a hombres.

A ojos modernos, la idea de que una mujer renuncie al amor y viva como hombre para controlar su propio destino parece primitiva. Pero quizás en el contexto de una cultura de cuento de hadas, una cultura de antes del feminismo, pueda ser visto como progresista. La existencia de vírgenes juradas revela, aunque sea incipiente, la creencia cultural de que una mujer puede hacer los mismos trabajos que un hombre.

"¿Por qué vivir como hombre?", se preguntó a sí misma retóricamente una de estas vírgenes, Lule Ivanaj, en un documental subtitulado en inglés, ‘Sworn Virgins', que hizo Dones sobre las mujeres para un canal de televisión suizo. Ivanaj se ve como hombre entrado en los cincuenta, de pelo corto, robustos brazos y una ancha pulsera de metal en una muñeca. "Porque aprecio mi libertad. Supongo que nací antes de tiempo".

Dones, 47, se enteró de las vírgenes juradas hace veinticinco año de boca de sus compañeras en la universidad en Tirana, la capital de Albania. La práctica se remonta al menos al siglo quince, cuando las tradiciones de la región fueron registradas por primera vez, según Dones. Las vírgenes juradas surgieron para emergencias: Si moría el patriarca de la familia y no había otro hombre para reemplazarlo, se necesitaba la regla de que una mujer podía en ese caso asumir la jefatura de la familia.

Cuando Dones estaba en la universidad, el país era controlado por el dictador comunista Enver Hoxha, que lo gobernó durante más de cuarenta años, hasta su muerte en 1985. Dones quería contar la historia de las vírgenes juradas, pero el régimen controlaba fuertemente a la prensa y no se permitía viajar al norte del país.

En 1988, Dones -entonces periodista en el canal de televisión del estado- huyó, en parte por frustración con el gobierno de su país. Se mudó a la región de habla italiana de Suiza, donde trabajó para la televisión suiza y escribió novelas.

Hace tres años se mudó a Rockville, donde continúa escribiendo y haciendo documentales para la televisión suiza. Ahora, tras escribir ocho libros de ficción, es una popular novelista en Italia y Albania; su novela más reciente, publicada este año en italiano y albanés, gira sobre una mujer de 34 años llamada Hana, que termina lamentando su decisión de vivir como virgen jurada. Para su libro, Dones investigó la tradición, que ha sido documentada por historiadores y sociólogos. Pero hasta hace poco no había visto nunca a una virgen jurada, excepto ese breve e involuntario encuentro con la virgen del rifle mientras hacía un documental sobre otro tema.

"Estaba feliz con la novela, pero quería verlas", dice Dones. "Estaba obsesionada por ellas".

Así que el año pasado Dones viajó para reunirse con ellas. En Albania sólo quedan de treinta a cuarenta vírgenes juradas, dice Dones, quizás con algunas más en las montañas aledañas de Kosovo y Serbia y Montenegro. Dones entrevistó a doce, de ancianas hasta chicas en los veinte. El documental fue emitido este año en la televisión suiza y ha sido aceptado por el Festival de Cine de la Mujer de Baltimore, que tendrá lugar en octubre. También está disponible a través de Dones Media, la compañía de producción con sede en Estado Unidos de la que Dones es copropietaria con la televisión suiza.

Durante toda la historia moderna, en las montañas del norte de Albania las mujeres han gozado de muy pocos derechos. No pueden votar en las elecciones locales, no pueden comprar tierras, se les prohíbe el acceso a un montón de oficios; en muchos establecimientos incluso ni siquiera pueden entrar. Un antiguo puñado de leyes llamado Kanun todavía se utiliza en el gobierno de la región. El Kanun dice: "Una mujer es un saco hecho para aguantar".

Otras prácticas tradicionales del norte fueron suprimidas por los comunistas, pero los políticos en Tirana simplemente nunca se preocuparon de si una mujer en las miserables y remotas montañas quería vestirse y trabajar como hombre.

Con los años las mujeres se convierten en vírgenes juradas por diferentes motivos. Algunas prestaban el juramento cuando moría el patriarca de la familia. Otras juraban motivadas por un feroz espíritu de independencia, y otras porque es el único modo de eludir un matrimonio convenido sin hacer caer en desgracia a la familia del novio elegido. El juramento se prestaba tradicionalmente frente a los viejos del pueblo, aunque algunas lo hacían en privado.

Una virgen que Dones entrevista en el documental, Shkurtan Jasanpapaj, llegó a ser la secretario local del Partido Comunista, el más alto cargo en su región. Estaba al mando de todos los hombres, y aunque ellos sabían la realidad de su anatomía, ejercía su autoridad sin discusión.

Interrogada sobre si se sentiría restringida en el matrimonio, la virgen Ivanaj responde: "Absolutamente. Más como aplastada que limitada... Aunque haya amor y armonía, sólo los hombres tienen el derecho de decidir. Yo quiero igualdad total o nada".

"Yo quería contar sus historias y respetar el modo en que las contaron", dice Dones. "Encontré en ellas un extremo sentido de la belleza. No son amargadas. Relatan sus historias con mucha dignidad... Se sienten cómodas en su papel".

Pero las vírgenes del documental de Dones reconocen que ese estilo de vida implica muchos sacrificios. Las mujeres pueden disfrutar de los derechos de los hombres, pero se les niega la femineidad. Nunca conocerán el placer de tener un compañero para toda la vida ni podrán tener hijos.

Sanie Vatoci, 50, que prestó su juramento cuando era adolescente y su padre había muerto, cuenta que ella poco a poco llegó a lamentar la vida que lleva ahora como solitaria conductora de camiones.

"Miraba a otras parejas que leían libros y miraban películas y me empecé a preguntar: ¿Por qué no tengo pareja? ¿Por qué me comporto como hombre?", dice Vatoci. "Debe haber algún hombre para mí".

Pero puede ser demasiado tarde para ella. Aunque el cine y la televisión penetran se han introducido en el norte de Albania, aunque las tradiciones mueran lentamente, Vatoci no podría nunca renunciar a su juramento, dice. Romper el juramento se castigaba con la muerte, y aunque Dones duda que ese castigo se aplique hoy, una virgen jurada desflorada sería de todos modos evitada, dice. Ciertamente no será nunca aceptada como mujer.

Ahora bajar de las montañas es más fácil para la gente. Viajar ya no se restringe. La ciudad llama. Y justo cuando muchos miembros de la nueva generación abandonan sus tierras ancestrales por la vida moderna, la vida moderna fluye gota a gota hacia las montañas. La opción entre ser mujer y tener los derechos de los hombres ya no es absoluta.

"Pregunté a las niñas de la región qué pensaban de las vírgenes juradas", dice Dones. "Dicen que las respetan, pero que nunca seguirían su ejemplo. No ahora".

Sanie Vatoci, la camionera, ha solicitado emigrar a Estados Unidos, donde desde hace siete años vive su hermana, y quizás allí, se imagina Vatoci, podría empezar de nuevo.

"Siente profundamente que lo que necesita es amar a alguien", dice Dones. "Y, por supuesto, no está loca. Sabe que quizás nunca encuentre a un hombre. Y quizás no podrá nunca empezar de nuevo a los cincuenta".

Aunque Vatoci no habla inglés, tiene las "habilidades de los hombres" y Dones piensa que podría surgir en Estados Unidos: "Fue a la escuela para ser mecánico de camiones. Sanie es un tipo rudo".

2008/07/06

> Erreportajea: Trans > ALBANESAS QUE VIVEN COMO HOMBRES

  • Albanesas que viven como hombres
  • El Universo, 2008-07-06 # Dan Bilefsky • Kruje, Albania
Pashe Keqi recuerda el día en que decidió convertirse en hombre, hace ya casi 60 años. Se cortó sus rizos largos y oscuros, cambió su vestido por los pantalones de su padre, se armó con un rifle de caza y renunció al matrimonio, los hijos y el sexo.

Durante siglos, en la cerrada y conservadora sociedad rural del norte de Albania, cambiar de sexo se consideraba una solución práctica para una familia con escasez de hombres.

Su padre murió en un duelo a muerte y no había ningún heredero varón. Siguiendo la costumbre, cuenta Keqi, de 78 años, hizo un voto de virginidad para toda la vida. Vivió como un hombre, el nuevo patriarca, con todas las características de la autoridad masculina, incluso la obligación de vengar la muerte de su padre.

Dice que hoy no lo haría, porque la igualdad sexual y la modernidad han llegado hasta Albania. Las chicas albanesas ya no quieren ser chicos. Sólo quedan Keqi y otras 40 vírgenes juradas.

“Antes, era mejor ser un hombre porque se consideraba que una mujer y un animal eran lo mismo”, dice Keqi, que tiene una voz chillona de barítono, se sienta con las piernas abiertas de par en par como un hombre y disfruta bebiendo un trago de raki, licor anisado local. “Creo que hoy sería divertido ser mujer”.

La tradición de la virgen jurada se remonta al Kanun de Leke Dukagjini, un código de conducta trasmitido oralmente entre los clanes del norte de Albania por más de 500 años. Según el Kanun, el papel de la mujer está estrictamente limitado: cuidar a los niños y mantener el hogar. Mientras que la vida de una mujer vale la mitad que la de un hombre, una virgen vale lo mismo: 12 bueyes.

Si el patriarca fallecía sin herederos masculinos, las mujeres solteras de la familia podrían encontrarse solas e impotentes. Al hacer el voto de virginidad, podían ser cabeza de familia, llevar un arma, poseer propiedades y moverse libremente.

Pasaban sus vidas en compañía de otros hombres, aunque la mayoría conservaba su nombre de mujer. Nadie se burlaba; las aceptaban en el ámbito público e incluso las alababan. Para más de una era la forma de reafirmar su autonomía o de evitar un matrimonio concertado.

“Deshacerse de su sexualidad y hacer la promesa de seguir vírgenes era el modo que tenían de acceder al ámbito público en una sociedad segregada y dominada por varones”, explica Linda Gusia, catedrática de estudios sobre sexo en la universidad de Pristina, Kosovo.

Los sociólogos señalan que no debe confundirse el juramento de permanecer virgen con la homosexualidad, un tabú arraigado en la Albania rural. Y las mujeres tampoco se sometían a operaciones de cambio de sexo.

Keqi, llamada pasha (señor) en su hogar, relata que decidió convertirse en el hombre de la casa a los 20 años.

Sus 4 hermanos se opusieron al Gobierno comunista de Enver Hoxha y fueron encarcelados o ejecutados. Era la única manera de mantener a su madre, a sus 4 cuñadas y a los 5 niños de éstas.

“Era completamente libre como hombre porque nadie sabía que era una mujer”, recuerda Keqi. “Podía ir a donde me diera la gana y nadie se atrevía a insultarme porque podía darles una paliza. Sólo estaba con hombres. No sé cómo hablan las mujeres. Nunca he sentido miedo”.

“Ahora hombres y mujeres son casi iguales”, dice Caca Fiqiri, cuya tía Qamile Stema (88 años) es la última virgen jurada de su aldea. “Respetamos mucho a las vírgenes juradas y las consideramos como hombres por su gran sacrificio”.

2008/03/14

> Berria: Martxoak 8 > IRUÑEA: "EL PATRIARCADO IBA ESTA VEZ ARMADO CON PELOTEROS"

  • Carga del 8 de Marzo en Iruñea
  • «El patriarcado iba esta vez armado con peloteros»
  • Militantes que desde hace 30 años celebran el 8 de marzo en Iruñea no podían creer que el sábado se les impidiera hacerlo. Otras personas se echaron a la calle junto a ellas como protesta. Y tanto unas como otras fueron agredidas. A una joven de 20 años le rompieron un hueso de la nariz. «El sábado, el patriarcado iba armado con porras y peloteros», resumieron ayer. Y se preguntan dónde quedan ahora las condenas a la violencia machista.
  • Gara, 2008-03-14 # Jasone Mitxeltorena

«El 8 de marzo es un día de homenaje a la mujer, y sirve de excusa para juntarnos y manifestarnos, con más razón y fuerza ante la prohibición. En los treinta años en que lo llevamos haciendo en Euskal Herria, nunca nadie nos ha puesto pegas; en todo el mundo salen a la calle». Así lo explicaba la activista de Emakume Internazionalistak Begoña Zabala, un día antes de la celebración ci- tada, con ocasión de la presentación de su libro, que da cuenta de esas tres décadas de reivindicación. Un ejemplo claro es la Comisión 8 de Marzo de Iruñea, que aúna a las mujeres que, en muy diversos ámbitos, trabajan durante el año por sus derechos. Con motivo de esta señalada fecha, se reúnen, debaten y se convocan las movilizaciones. Es una comisión ejemplar, ya que, dejando de lado las diferencias ideológicas, se enriquece de su propia pluralidad uniendo fuerzas en esa condición común: Ser mujeres.


Este año, su labor se ha visto obstaculizada por las autoridades españolas en Nafarroa. La excusa, la jornada de reflexión para las elecciones del domingo. Curiosamente, en lugares como Palma de Mallorca hubo movilizaciones con total normalidad; no se produjeron cargas, ni tan siquiera multas a los convocantes. Pero Nafarroa is different. La Comisión 8 de Marzo cuantificó ayer el número de personas aporreadas: más de 30. Una joven sentada en el suelo recibió hasta ocho golpes antes de poder huir. Es la «suerte» que corrieron muchas de las que decidieron sentarse en el suelo. Aunque al principio los agentes les pasaron por encima, una vez que hubieron despejado la Plaza del Castillo se ensañaron con ellas.


Una joven de 20 años, que se encontraba participando en la concentración junto a su madre aunque en ese momento se hallaba con sus amigas contemplando el ataque, recibió por detrás un golpe en plena cara: «Fue de repente, sin tiempo para nada», ha narrado su madre a GARA. «Sangraba mucho y la tuvimos que llevar a Urgencias. El parte médico habla de traumatismo facial. Tenía roto uno de los huesos propios de la nariz».


Al preguntársele si tiene intención de presentar alguna denuncia judicial por la agresión, responde con contundencia: «¿Para qué?». Al fin y al cabo, era el Tribunal Superior de Justicia de Nafarroa el que avaló la prohibición.


La carga no distinguió ni sexos ni edades: una mujer de 56 años se hallaba sola cuando los agentes le propinaron dos porrazos: «Me vi agredida, sin comerlo ni beberlo. Mi condición de ciudadana había desaparecido en ese momento», resume.


De la fiesta a la carga
La jornada del 8 de marzo había comenzado para las mujeres de modo festivo. Al mediodía, una alegre kalejira recorrió las calles de Alde Zaharra de Iruñea. Tras una comida popular, llegó la hora de la manifestación. Se había acordado citarse en la Plaza del Castillo al son de la batucada. «Las mujeres y las reivindicaciones feministas tuvimos nuestro espacio en las calles de Iruñea. Esta vez, además, superando todos los obstáculos legales que se nos quisieron imponer. Las mujeres de Iruñea dijimos que estaríamos en la calle, que celebraríamos el 8 de marzo y que las voces feministas se oirían por cada rincón de la vieja Iruñea. Y así fue», declararon ayer desde la Comisión en una rueda de prensa ofrecida en Iruñea.


Así, durante media hora se pudieron escuchar lemas que se han hecho populares durante 30 años, se repudió el machismo, se recordó a las mujeres muertas por la violencia de género y se reivindicó la libertad como derecho, libertad por ejemplo de poder decidir sobre su cuerpo, todo ello cantando y bailando. Fue una movilización que las organizadoras cifraron en más de 3.000 personas. «Hicimos realidad la promesa de salir a la calle, éramos miles de mujeres que nos sonreíamos con miradas cómplices. El unánime grito de `Gora borroka feminista!' nos unió en dignidad y fuerza para hacer frente a este sistema patriarcal», dijeron ayer. Un sistema patriarcal que no tardó en hacerse notar, a golpes. «El sábado se vistió de azul, con porras y peloteros, igual que el jueves anterior se había puesto la toga», explicaron en alusión a la carga y a la decisión judicial previa de vetar estas movilizaciones.


«No queremos más `macho man'»
«Sin poder asumir la victoria de la ciudadanía en la movilización, cargaron contra ella cuando ya se había dado por finalizada la misma. Cargaron por la espalda e indiscriminadamente. Cargaron con rabia contra una concentración pacífica con carácter reivindicativo pero también festivo», denuncia la Comisión, que muestra su total rechazo a lo que el delegado del Gobierno español, Vicente Ripa, ha calificado de «mínima fuerza imprescindible». Cerca en el tiempo pero lejos en los hechos queda el día en que el propio Ripa se reunió con las impulsoras de la campaña «Doce motivos contra la violencia de género».


Cuando agentes de la Policía española se presentaron ante la pancarta que encabezaba la concentración, las mujeres decidieron sentarse en el suelo con un doble objetivo: evidenciar el carácter pacífico de la movilización y defender su derecho a estar allí, en la calle. La Policía se incautó de la pancarta y, tras permanecer unos momentos ante la multitud sentada, se fueron. Les siguieron momentos de tensión, pero la actitud festiva de las manifestantes no cambió: «No queremos más `Macho Man», se les cantó a los agentes pertrechados con cascos y armados de porras, peloteros y pistolas.


La retirada de los «Macho Man» a las órdenes de Ripa se vivió como victoria, y al son de la batucada se decidió rodear el kiosko para, acto seguido, continuar la fiesta en Nabarreria. Pero la marcha se encontró con una barrera policial. No hubo tiempo siquiera a darse la vuelta, ya que llegaron los refuerzos policiales. En cuestión de segundos, los y las presentes en la Plaza del Castillo se vieron obligados a correr bajo disparos de los peloteros; aunque luego se pudo comprobar que no llevaban carga, provocaron una peligrosa estampida. Hubo muchas personas a las que no se les dio tiempo a apartarse. Otras muchas decidieron sentarse en el suelo para seguir reivindicando su derecho a permanecer en aquel espacio, y tanto ellas como quienes se limitaban a mirar la escena o a expresar su protesta recibieron una lluvia de porrazos.


La Comisión 8 de marzo tiene constancia de más de 30 personas contusionadas, pero se pregunta cuántas más quedarán sin saberse. Y es que, no contentos con desalojar la Plaza, las cargas se sucedieron por las calles Estafeta, Zapatería y Nabarreria... En este último punto sí hubo pelotazos; uno de ellos impactó contra el cristal de un bar de la plaza, que cayó encima de una persona que se hallaba en ese momento en el lugar totalmente ajena a lo que ocurría.


Al margen de la ilegitimidad de la actuación policial, la Comisión tenía ayer una pregunta añadida para el delegado del Gobierno: «Señor Ripa, ¿ésta es la mínima fuerza imprescindible?». Con las elecciones de por medio, pese a su virulencia la carga policial no ha deparado ninguna polvareda política. Entre los grupos parlamentarios, Nafarroa Bai presentó el martes una declaración institucional en la que considera «desmedida» y «desproporcional» la actuación policial. Añade que «la prohibición de la manifestación con motivo del día de reflexión no conllevaba la necesidad de responder con la fuerza, ya que existían otras opciones». UPN y PSN, por su parte, ni han abierto la boca.


«Nuestra dignidad no está en venta»
Pese a todo ello, desde la Comisión no se olvidan de dejar de «felicitar a todas las personas que el sábado hicieron suya la reivindicación feminista, y que sin miedo alzaron su voz por encima de las imposiciones y las prohibiciones. Consideramos que una vez más Iruñea y sus gentes hemos demostrado que nuestra dignidad no está en venta y que nuestra apuesta por cambiar esta sociedad es firme». Una sociedad gobernada por los que «intentaron acallar las voces rebeldes de Iruñea, pero a la vista está que no lo consiguieron». Y no lo hicieron debido a, tal y como agradecieron, «la ciudadanía de Nafarroa, y en especial a las mujeres por mostrar esa fuerza y contundencia en la defensa de nuestros derechos». Asimismo, animaron a «todos los agentes sociales a seguir implicándose en la lucha por los derechos de las mujeres, y a toda la población a no dar ni un paso atrás en la lucha feminista».


Pero tampoco quisieron dejar sin recordar «el silencio de todos los partidos partidos políticos de Nafarroa, que no han hecho el mínimo comentario ni ante la prohibición del día, ni tras su celebración». Se mostraron perplejas ante tal hecho. Y más de una se pregunta ante la evidencia: ¿Dónde quedan las condenas a la violencia contra las mujeres cuando en esta ocasión ha sido masiva y ejercida por las propias fuerzas policiales del Estado?

2008/03/09

> Erreportajea: Trans > MUJERES-HOMBRE DE LA REMOTA ALBANIA

  • Mujeres-hombre de la remota Albania
  • En las regiones del norte pervive el Kanun, código medieval y un rito arcaico: en una familia sin varones las 'vírgenes juradas' deben asumir su papel
  • El Correo, 2008-03-09 # Iñigo Domínguez
Habíamos oído hablar de las vírgenes de las montañas de Albania, pero no sabíamos si era una leyenda. En una sociedad muy masculina y patriarcal, cuando una familia se quedaba sin varones, porque se los mataban o no nacían, correspondía a una de las mujeres hacer de hombre. Y convertirse en uno. Cortarse el pelo, vestirse con ropas masculinas. No se casaba nunca, y de ahí su nombre, 'virgjina'. Las 'vírgenes juradas' eran una de las costumbres más arcaicas del Kanun, el código medieval de los clanes albaneses, que ha regido en el norte del país hasta hace poco... o todavía. No se sabe, no gusta demasiado hablar de ello.

Estas historias del Kanun, entre lo mítico y lo rural, reflejan el aislamiento ancestral de las regiones del norte. Albania fue un misterio hasta el XIX. Lord Byron la recorrió a caballo y a principios del XX la viajera inglesa Edith Durham la puso en el mapa. Llamó a los Balcanes «la tierra del pasado viviente». Ya entonces se discutía de Kosovo. En su libro 'High Albania' (1909) aparece una foto de una mujer-hombre. El comunismo prohibió el Kanun, pero dicen que aún quedan en los valles entre Kruma, Tropoje y Bajram Curri.

Pasamos la frontera en Prushi. La aduana kosovar, pagada por la ONU, es nueva. La albanesa, unos barracones de latón. Se calientan con leña. Los funcionarios son simpáticos y hablan de fútbol. Aquí desaparece la carretera, es un camino pedregoso que trazaron los italianos en los años 30. Y así sigue. A cinco por hora, destrozando el Volkswagen Golf, se van pasando aldeas. Al hablar del Kanun y las vírgenes todos niegan. Es una cosa antigua, que se ha perdido. Como en Sicilia, que la Mafia no existe. Porque el Kanun también es la venganza de sangre, 'gjakmarrja', su aspecto más terrible. Si alguien mata a otro, aunque sea accidentalmente, su familia tiene derecho a 'tomar la sangre' de la otra, a matar uno de sus hombres. La única opción para las víctimas es encerrarse en su casa, inviolable, o intentar sellar la paz con un mediador.

El Kanun, del siglo XV y unificado por el príncipe Lekë Dukag- jini, era la ley de la costumbre en una tierra sin ley. Sólo se puso por escrito en los años 30. «Hay que verlo en su tiempo, eran reglas para hacer paz, defender la tierra y las familias», explica un vecino. Reprimido por los turcos y el comunismo, ha resurgido en el caos de los noventa. Con Hoxha no había armas, pero en la revuelta de 1997 se saquearon un millón en los arsenales. El Kanun se ha extendido a ciudades como Shkodra con la inmigración, ha degenerado e incluso hoy se mata a mujeres y niños. El Comité Nacional de Reconciliación, ONG que pacifica litigios, calcula que unas 800 familias viven encerradas e involucradas en venganzas. Hasta hay que pedir permiso con el mediador para llevar un hijo al médico o al colegio. «La ley triunfará sobre el Kanun», ha dicho el primer ministro, Sali Berisha. No está mal para algo que no existe.

Una casa en el bosque
La búsqueda llevará tiempo y cerca de Zogaj acabamos echando la tarde en casa de Zenun Aliaj, entre cafés y una botella de 'raki', aguardiente, hablando de política, de otras cosas. Nos invitan a pasar la noche allí. Al cabo de unas horas existe todo. Admiten que conocen a una virgen, muy mayor. Señalan la montaña, un hilo de humo en medio del bosque. Ismet, un joven silencioso, de rostro anguloso y vestido de traje, decide llevarnos. El camino atraviesa pastos con niños que pastorean. Cruza un río saltando por piedras. Pasa entre los demenciales búnkeres construidos por Hoxha. Tras una hora de caminata se ve la casa. Nos hacen pasar al salón. Cortinas, alfombras, flores de plástico, es el lugar más cuidado. Según el Kanun, el huésped es el rey. En el pasillo hay una nevera y una lavadora. Tienen tele y vídeo. La 'virgen' está un poco enferma, casi sorda, pero va a bajar. Se oye crujir la madera en el piso de arriba. Desciende por las escaleras y finalmente aparece en la puerta.

El impacto no pasa con los minutos. Fatime Nimo Xhediaj, o Fatmir en su nombre masculino, tiene unos 85 años, no lo recuerda bien, y se mueve con gestos enérgicos, autoritarios. Le llaman 'bat', tratamiento de máximo respeto. Se pone a fumar, algo reservado a los hombres. También ha podido llevar armas, comprar y vender tierras, recibir huéspedes, viajar solo, participar en las asambleas. Es decir, tener derechos, porque las mujeres no pintaban nada. Kanun, artículo 58: «El marido tiene derecho a pegar y encadenar a su mujer si le desobedece». Una familia sin hombres o una mujer sola estaban perdidas. Ni siquiera heredaban. Por eso, católicas y musulmanas, se convertían en hombres. Socialmente, no sexualmente. «¿Por el aspecto del hombre se sabe la mujer que tiene!», dice con sorna. Es muy bromista. Fatime se hizo hombre con 12 ó 13 años porque era hija única. Tres años después tuvo un hermano, pero ya era tarde. «Ha sufrido toda la vida, sola, para que nosotras tengamos una vida mejor», dicen con gratitud su cuñada, de 70 años, y su sobrina, de 28, que es maestra.

La cuidan con cariño. «Ahora se vive mejor, yo he sufrido mucho. Oh, Dios. Trabajé cuatro años en la mina, empujando vagones, y no te podías quejar porque si te oía la Sigurimi (Policía secreta comunista)...». De niña, en 1944, vio a los nazis quemar esta casa. Cuando murieron sus padres se quedó con su hermano. Este invierno, como todos, los lobos arañaban la puerta. Al salir fuera, Fatmir cambia con la luz y se vuelve a transformar. En el fondo de sus ojos se ve a una mujer sola, a un ser desvalido, atrapado desde hace años. Se dice que quedan en Albania entre una docena y medio centenar como ella. Algunas son jóvenes.

2008/02/15

> Iritzia: Santiago Eraso > RELIGION Y PATRIARCADO

  • Religión y patriarcado
  • El Diario Vasco, 2008-02-15 # Santiago Eraso

Durante siglos, la crítica al proyecto de autonomía del ser humano, y en especial a la libre autodeterminación de las mujeres, ha sido el eje central de la doctrina de la Iglesia católica y otras creencias monoteístas que, en nombre de la ley moral natural, han impuesto sus dogmas contra la libertad de las personas. Los sectores más fundamentalistas de estas religiones se parecen cada día más los unos a los otros. En una carrera por no perder su identidad primigenia tratan de acentuar sus perfiles más conservadores, resaltando sus diferencias formales y rituales -la misa en latín y de espaldas a los asistentes, la recuperación de la presencia del velo islámico- para garantizar la fidelidad de sus feligreses más devotos, resaltar sus diferencias respecto a las otras religiones con las que compiten en el marco de una globalización feroz y frenar la avalancha de agnosticismo.


Los esfuerzos de muchos creyentes moderados por adaptar las supuestas leyes naturales a la evolución de los tiempos e intentar compaginar la espiritualidad con el avance del conocimiento -no hay más que recordar el Concilio Vaticano II o los estudios de los reformistas islámicos- se encuentran con las jerarquías y los sectores más conservadores de sus organizaciones que no sólo discuten sus propuestas renovadoras sino que, en muchos casos, también propugnan un retroceso a las interpretaciones originarias y arcaicas de los textos sagrados. En consecuencia, se produce un proceso de involución antihumanista y un movimiento reactivo contra el racionalismo individual que nos retrotrae a épocas en las que las personas eran «criaturas de dios», incapaces de pensar y actuar por sí mismas.


Muchas de estas regresiones conceptuales tienen un fuerte componente epistemológico androcéntrico y, por supuesto misógino, cuya premisa fundamental sigue siendo la exclusión de la mujer del ámbito público y su reclusión en el privado, vinculándola estrictamente al cuidado de la familia, entendida como la unidad esencial tradicional que funda una sociedad patriarcal, como sistema universal de dominación masculina.


Confío en que estas interpretaciones reaccionarias no regresen al tiempo en el que, como nos mostró el prestigioso especialista de la Historia de Roma de la Universidad de Oxford, Peter Brown, los primeros cristianos pensaban que las mujeres eran «hombres fallidos» porque sus cuerpos no habían logrado, durante la coagulación en el útero materno, acumular las mismas cantidades de calor y vitalidad espiritual que hacían que los hombres fueran hombres.


Sea como fuere, parece evidente que esa incomplitud femenina debe tener aún hoy cierta importancia si tenemos en cuenta que, en muchos casos, las teorías de las diferentes iglesias sobre la mujer se inscriben en interpretaciones anacrónicas, muy poco dignas de ser consideradas.

2008/01/14

> Iritzia: Margarita Pintos de Cea-Naharro > LA FAMILIA, ¿COMUNIDAD DE IGUALES?

  • La familia, ¿comunidad de iguales?
  • El País, 2008-01-14 # Margarita Pintos de Cea-Naharro · Teóloga y presidenta de la Asociación para el Diálogo Interreligioso en Madrid (ADIM).

En la concentración del pasado 30 de diciembre de la plaza de Colón (Madrid), los obispos españoles presentaron el matrimonio y la familia cristianos como modelo a seguir, más aún como el único válido. Fuera de ella, todo es apocalíptico: divorcio exprés, matrimonio gay, aborto, manipulación de los jóvenes en la educación, incluso disolución de la democracia. En otros documentos los obispos se han referido al pansexualismo que domina en la sociedad y han responsabilizado a la "revolución sexual" y a la "ideología de género" de multitud de dramas personales, rupturas matrimoniales, aumento de la violencia doméstica, etcétera. El panorama no puede ser más desolador de puertas de la Iglesia católica para fuera. ¿Son así las cosas?


Yo creo que estamos ante una clara ideologización del tema. La familia cristiana, presentada por los obispos como comunidad de iguales, ha funcionado históricamente como comunidad jerárquica y jerarquizada y, por tanto, como comunidad de desiguales. La institución familiar (cristiana) constituye la punta del iceberg y la máxima expresión de la dominación patriarcal y del sexismo, que tiene su traducción en las identidades del varón y de la mujer, en la distribución de roles y en el reparto de espacios y cargas.


Dos son las tradiciones sobre la familia que aparecen en el Nuevo Testamento. Una, la más citada en los documentos episcopales, incorpora los códigos domésticos que ordenaban las relaciones en el hogar según el modelo de la casa greco-romana. En ellos se hacen llamadas a los esclavos, a las mujeres y a los niños a someterse a sus amos, a sus maridos y a sus padres, respectivamente. Sirvan dos ejemplos como botón de muestra. Uno es de la Carta a los Efesios: "Que las mujeres respeten a sus maridos como si se tratase del Señor, pues el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y al mismo tiempo salvador del cuerpo, que es la Iglesia. Y como la Iglesia es dócil a Cristo, así también deben serlo plenamente las mujeres a sus maridos". Otro, de la primera Carta a Timoteo: "La mujer aprenda en silencio con plena sumisión. No consiento que la mujer enseñe ni domine al marido, sino que ha de estar en silencio. Pues primero fue formado Adán, y después Eva. Y no fue Adán el que se dejó engañar, sino la mujer que, seducida, incurrió en la transgresión". En contra de lo que se pensó durante siglos, ninguna de las dos cartas tiene como autor a Pablo de Tarso. Estos textos se desvían peligrosamente del mensaje originario del cristianismo.


A la segunda tradición pertenecen otros textos en los que Jesús de Nazaret cuestiona las estructuras patriarcales de la religión y la sociedad judías, que identificaban a la mujer con la maternidad. Jesús se opone a dicha identificación. Así se pone de manifiesto en dos escenas representativas. Cuando le anuncian que su madre y sus hermanos le están esperando, él responde: "Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica" (Lc 8, 19-21). La segunda escena describe el diálogo de Jesús con una mujer que piropea a voz en grito a su madre: "Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron" (Lc 11, 27). La respuesta es similar: "Más bien, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica". Estamos ante una clara relativización de la maternidad. Ambas escenas constituyen una invitación a las mujeres a emanciparse y a no quedarse en el papel de reproductoras.


El movimiento de Jesús fue una comunidad igualitaria de hombres y de mujeres que pronto se convirtió en una corriente de protesta contra las prácticas patriarcales vigentes en el interior del judaísmo y del Imperio. Las mujeres jugaron un papel central en el cristianismo incipiente, desempeñando funciones directivas, sin tener en cuenta cómo ejercían su sexualidad, es decir, si eran solteras, vírgenes, madres o viudas. En las comunidades paulinas se vivía también esta experiencia de esta igualdad. De ella deja constancia la Carta de Pablo de Tarso a los Gálatas: "Ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni judío ni gentil, ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno". En conclusión, la familia patriarcal no es un elemento constitutivo de la comunidad cristiana, sino una de sus más graves patologías.


Los creyentes en Jesús de Nazaret no somos simples fieles sometidos a la jerarquía, sino que formamos una comunidad comprometida en la construcción de una sociedad más justa, plural, y contraria a los fanatismos. Lo siento, señores obispos, pero la pluralidad y riqueza de nuestra tradición cristiana permite que pensemos de manera diferente a muchos de ustedes.

2008/01/06

> Iritzia: Juan José Tamayo > UNA CONSTRUCCION DEL PATRIARCADO

  • Una construcción del patriarcado
  • La familia se ha convertido en elemento de confrontación política, de trinchera ideológica y de deslegitimación del Gobierno. Los obispos no defienden la familia del Evangelio, sino la que legitima el funcionamiento de la Iglesia católica
  • Moceop, 2008-01-06 # Juan José Tamayo

La doctrina sobre la familia que defienden los obispos españoles no es la descripción de la realidad familiar como hoy funciona, y menos aún la idea que de ella se expresa en el Evangelio, sino la construcción ideológica que viene a reforzar el patriarcado en la sociedad y a legitimar la organización jerárquico-patriarcal de la Iglesia católica.


Lo reconocía Benedicto XVI: "Solo la fe en Cristo, solo la participación en la fe de la Iglesia salva a la familia" y "la Iglesia solo puede vivir si se salva la familia" (2 de marzo de 2006).


Ambas afirmaciones, sin embargo, me parecen incorrectas. La mejor contraprueba de la primera es el fracaso de muchas parejas casadas por la Iglesia, muchas de las cuales ven anulado su matrimonio por los tribunales eclesiásticos. Si solo la fe en Cristo salva a la familia, ¿por qué hay tantas familias cristianas que se rompen?


El argumento más contundente contra la segunda afirmación es que la Iglesia no se sustenta en la familia, sino en la comunidad cristiana. El mismo Jesús relativiza la familia dentro del movimiento que pone en marcha, como se ve cuando considera madre y hermanos a quienes escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica y pone en cuestión la vinculación intrínseca entre el ser mujer y la maternidad.


Los obispos tienen una concepción homófoba y excluyente del matrimonio: solo reconocen la modalidad heterosexual, que consideran, además, indisoluble. Bajo la guía de Benedicto XVI defienden que la "unión entre un hombre y una mujer, basada en el matrimonio" pertenece a la estructura natural de la familia, califican de "pseudomatrimonio" la unión entre personas del mismo sexo y afirman —no demuestran— que su visión familiar y matrimonial no son normas de la moral católica, sino "verdades elementales que conciernen a nuestra humanidad común". En Valencia, el Papa llegó a calificar el matrimonio heterosexual indisoluble de "patrimonio de la humanidad". El matrimonio y la familia son insustituibles y no admiten alternativas.


Para ello dicen apoyarse en el Génesis, que describe la creación del hombre y de la mujer. Pero el texto no se refiere al matrimonio ni a la familia, se sitúa en un contexto distinto del nuestro y pertenece a un género literario que no es el histórico, sino el simbólico. Hacer una lectura literal del texto y aplicarlo miméticamente al día de hoy me parece un ejercicio de fundamentalismo.


A esto cabe añadir que los obispos ofrecen una imagen catastrofista de la familia: el aumento de los divorcios y la facilidad para acceder a ellos (divorcio exprés), la plaga del aborto y el frecuente recurso a la esterilización, la mentalidad anticonceptiva y el rechazo de las normas morales en el ejercicio de la sexualidad dentro del matrimonio. Todo son nubarrones. ¿No aciertan a descubrir claros en el cielo de la familia? Pues existen, se lo aseguro, y muchos.


Lástima que las renuncias que se ven obligados a hacer les impidan a disfrutar de ellos. Habría que recordar a los obispos, con la antropología cultural y religiosa en la mano, que el matrimonio y la familia no son realidades fijas e inmutables, sino que han evolucionado a lo largo de la historia y siguen evolucionando hoy, como evoluciona todo lo humano. Sin embargo, ellos y los grupos que los apoyan tienden a ver perversión en la evolución.


La jerarquía eclesiástica y los movimientos católicos conservadores han convertido el tema de la familia en bandera de la identidad católica en España, en un momento de profunda crisis del catolicismo, de descrédito de esta Iglesia en la sociedad (es la institución peor valorada por los ciudadanos españoles: solo el 3% de los jóvenes dicen que es importante en su proyecto de vida), y de desafección de los propios católicos, que no siguen las orientaciones de los obispos en materia sexual ni comparten, en la práctica, su idea del matrimonio. La familia se ha convertido en elemento de confrontación política, de trinchera ideo- lógica frente a lo que la jerarquía llama "laicismo radical", y de deslegitimación del Parlamento y del Gobierno. Ese fue el sentido que quisieron dar los obispos españoles a la visita del Papa a Valencia para clausurar el Quinto Encuentro Mundial de la Familia.


En el mismo paradigma de confrontación se desarrolló el acto Por la familia cristiana el 30 de diciembre en Madrid, que contó con la presencia de la mayoría de obispos españoles y con el apoyo de Benedicto XVI. La manifestación no tenía una intencionalidad evangélica, sino claramente política, como pusieron de manifiesto los mensajes de los obispos que acusaron a la legislación española sobre la familia de inicua e injusta, de estar destruyendo los cimientos de la familia, de no respetar la Constitución, de ir camino de la disolución de la democracia. Llegaron a calificar al laicismo radical de "fraude que solo lleva al aborto y al divorcio exprés" y a afirmar que el actual ordenamiento jurídico español "ha dado marcha atrás respecto a la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU".


Yo creo que los mensajes episcopales transmitidos en la concentración de la plaza de Colón constituyen una clara deslegitimación del Estado de derecho. Lo que no me sorprende, porque, en los últimos años, es práctica habitual ocupar los espacios públicos para ir en contra de las instituciones públicas. A mi juicio, las leyes sobre la familia y el matrimonio aprobadas por el Parlamento no solo no atentan contra los derechos humanos, sino que, más bien, los amplían y reconocen a todos los ciudadanos y ciudadanas, sin discriminación por razones de sexo, etnia, religión, clase social, procedencia geográfica, discapacidad, etcétera