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2008/12/16

> Iritzia: JAIME MENDIA · EHGAM · E28 BIZKAIA > LOS DERECHOS HUMANOS, LA SEXUALIDAD Y LA IGLESIA CATOLICA

  • Los derechos humanos, la sexualidad y la Iglesia católica
  • Gara, 2008-12-16 # Jaime Mendia • Miembro de EHGAM en nombre de la Coordinadora 28J de Bizkaia
La libertad de orientación sexual no se limita a reconocer los derechos de quienes han logrado optar por modos de vida propios, sino que alude al conjunto de personas que, privadas de la posibilidad de ejercer su autonomía, sucumben, sin cuestionamientos, a la única opción legitimada socialmente: la heterosexualidad

La celebración la semana pasada del 60 aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos ha promovido la reflexión sobre lo que éstos significan en nuestra sociedad, sobre su grado de cumplimiento y, también, sobre las ausencias, las lagunas, que podemos percibir en dicha declaración.

Una de estas ausencias, significativa, es la referida a la sexualidad humana. Siendo, como es, la sexualidad un aspecto trascendental para el desarrollo pleno de todas las personas, esencial para el bienestar individual y colectivo, apenas aparece referida, tangencialmente, en algunos artículos.

El artículo 2, al decir que «toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo,...», habla del sexo biológico, no de la sexualidad de la persona.

En el artículo 12, cuando dice «nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques», tal vez podría entenderse, interpretándolo con buena intención, la sexualidad entre esos asuntos privados.

El artículo 16 habla de la familia, y dice «los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio... Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio... La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado». Podríamos pensar que no hace distinciones entre el sexo de los contrayentes.

El artículo 26, referido a la educación, dice «toda persona tiene derecho a la educación... La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad...», ¿incluye una educación sexual efectiva?

En 1997, el 13º Congreso Mundial de Sexología, celebrado en Valencia, promulgaba una declaración, la Carta de Derechos Sexuales, que sería ratificada el 26 de agosto de 1999 en el 14º Congreso Mundial de Sexología (Hong Kong, República Popular China) por la Asamblea General de la Asociación Mundial de Sexología, WAS. En tal declaración se reconoce que «los derechos sexuales son derechos humanos universales basados en la libertad, dignidad e igualdad inherentes a todos los seres humanos. Los derechos sexuales deben ser reconocidos, promovidos, respetados y defendidos por todas las sociedades con todos sus medios. La salud sexual es el resultado del reconocimiento y respeto de los derechos sexuales».

Once son los derechos sexuales: 1) derecho a la libertad sexual; 2) derecho a la autonomía, integridad y seguridad sexuales del cuerpo; 3) derecho a la privacidad sexual; 4) derecho a la equidad sexual; 5) derecho al placer sexual; 6) derecho a la expresión sexual emocional; 7) derecho a la libre asociación sexual; 8) derecho a la toma de decisiones reproductivas, libres y responsables; 9) derecho a la información basada en el conocimiento científico; 10) derecho a la educación sexual integral; 11) derecho a la atención de la salud sexual.

Como podemos comprobar, la distancia entre la Carta de Derechos Sexuales y la Declaración de Derechos Humanos es todavía abismal. Y lo seguirá siendo, por desgracia, si cada vez que alguien intenta, aunque sea tímidamente, incluir la sexualidad entre los aspectos protegidos por la Declaración, como ha ocurrido en esta ocasión en que el presidente francés Sarkozy ha propuesto modificar la declaración para rechazar las condenas a muerte por prácticas homosexuales, el Estado del Vaticano se erige en adalid de los retrógrados asesinos con argumentos tan convincentes como que «hay que evitar que los estados que no reconozcan la unión entre dos personas del mismo sexo como matrimonio sean puestos en la picota», en palabras del observador del Vaticano en la ONU, Celestino Migliore.

La decisión del Vaticano significa avalar las penas y ejecuciones que se aplican en la legislaciones de algunos países por no tener la orientación o identidad sexual mayoritaria, generando una marginación y discriminación que echa por tierra los principios básicos de respeto y dignidad emanados de la Declaración Universal de Derechos Humanos y de la Declaración de Yakarta, alejándose del mensaje de paz, amor, y fraternidad que dice ser su guía.

La decisión del Vaticano no se corresponde con la promulgación el 10 de diciembre de 1948 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Con tal declaración los estados adquirieron el compromiso de respetar y hacer cumplir unos derechos universales e indivisibles para todas las personas que permitan hacer efectivo el derecho a un nivel de vida digno y el ideal del ser humano libre.

En esta línea los derechos de las personas a no ser discriminadas en base a su orientación sexual e identidad de género deben ser vistos como indivisibles de los derechos humanos. Así, para el pleno disfrute del derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad personal se hace necesario la eliminación de las leyes que condenan a muerte, acosan y persiguen de forma implacable a gays, lesbianas y transexuales.

La libertad de orientación sexual no se limita a reconocer los derechos de quienes han logrado optar por modos de vida propios: las lesbianas, bisexuales, transexuales y transgénero, sino que alude al conjunto de personas que, privadas de la posibilidad democrática de ejercer su autonomía, sucumben, sin cuestionamientos, a la única opción legitimada socialmente: la heterosexualidad.

2008/12/13

> Iritzia: JAIME MENDIA · EHGAM > LOS DERECHOS HUMANOS, LA SEXUALIDAD, LA IGLESIA Y LA MADRE QUE LOS PARIO (A "TODOS ESOS")

  • Los Derechos Humanos, la Sexualidad, la Iglesia y la madre que los parió (a “todos esos”)
  • EHGAM-DOK, 2008-12-13 # Jaime Mendia • EHGAMkidea
La celebración esta semana del 60 aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos ha promovido la reflexión sobre lo que éstos significan en nuestra sociedad, sobre su grado de cumplimiento y, también, sobre las ausencias, las lagunas, que podemos percibir en dicha declaración.

Una de estas ausencias, significativa, es la referida a la sexualidad humana. Siendo, como es, la sexualidad un aspecto trascendental para el desarrollo pleno de todas las personas, esencial para el bienestar individual y colectivo, apenas aparece referida, tangencialmente, en algunos artículos. Así,

• El Artículo 2, al decir que “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo,…”, habla del sexo biológico, no de la sexualidad de la persona.

• En el Artículo 12, cuando dice “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.”, tal vez podría entenderse, interpretándolo con buena intención, la sexualidad entre esos asuntos privados.


• El Artículo 16 habla de la familia, y dice “Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio... Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio... La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.” Podríamos pensar que no hace distinciones entre el sexo de los contrayentes.


• El Artículo 26, referido a la educación, dice “Toda persona tiene derecho a la educación... La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad …”, ¿incluye una educación sexual efectiva?


En 1997, el 13º Congreso Mundial de Sexología, celebrado en Valencia, promulgaba una Declaración, la carta de Derechos Sexuales, que sería ratificada el 26 de agosto de 1999 en el 14º Congreso Mundial de Sexología (Hong Kong, República Popular China) por la Asamblea General de la Asociación Mundial de Sexología, WAS. En tal declaración se reconoce que “los derechos sexuales son derechos humanos universales basados en la libertad, dignidad e igualdad inherentes a todos los seres humanos. Los derechos sexuales deben ser reconocidos, promovidos, respetados y defendidos por todas las sociedades con todos sus medios. La salud sexual es el resultado del reconocimiento y respeto de los derechos sexuales”.


Once son los derechos sexuales: 1) derecho a la libertad sexual; 2) derecho a la autonomía, integridad y seguridad sexuales del cuerpo; 3) derecho a la privacidad sexual; 4) derecho a la equidad sexual; 5) derecho al placer sexual; 6) derecho a la expresión sexual emocional; 7) derecho a la libre asociación sexual; 8) derecho a la toma de decisiones reproductivas, libres y responsables; 9) derecho a la información basada en el conocimiento científico; 10) derecho a la educación sexual integral; 11) derecho a la atención de la salud sexual.

Como podemos comprobar, la distancia entre la Carta de Derechos Sexuales y la Declaración de Derechos Humanos es todavía abismal. Y lo seguirá siendo, por desgracia, si cada vez que alguien intenta, aunque sea tímidamente, incluir la sexualidad entre los aspectos protegidos por la declaración, como ha ocurrido en esta ocasión en que el presidente francés Sarkozy ha propuesto modificar la declaración para rechazar las condenas a muerte por prácticas homosexuales, el estado del Vaticano se erige en adalid de los retrógrados asesinos con argumentos tan convincentes como que “hay que evitar que los estados que no reconozcan la unión entre dos personas del mismo sexo como matrimonio sean puestos en la picota”, en palabras del observador del Vaticano en la ONU Celestino Migliore.

La decisión del Vaticano significa avalar las penas y ejecuciones que se aplican en la legislaciones de algunos países por no tener la orientación o identidad sexual mayoritaria, generando una marginación y discriminación que echa por tierra los principios básicos de respeto y dignidad emanados de la Declaración Universal de Derechos Humanos y de la Declaración de Yakarta, alejándose del mensaje de paz, amor, y fraternidad que dice ser su guía.

En esta línea los derechos de las personas a no ser discriminadas en base a su orientación sexual e identidad de género deben ser vistos como indivisibles de los derechos humanos. Así, para el pleno disfrute del derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad personal se hace necesario la eliminación de las leyes que condenan a muerte, acosan y persiguen de forma implacable a gays, lesbianas y transexuales.

La libertad de orientación sexual no se limita a reconocer los derechos de quienes han logrado optar por modos de vida propios: las lesbianas, bisexuales, transexuales y transgénero, sino que alude al conjunto de personas que, privadas de la posibilidad democrática de ejercer su autonomía, sucumben, sin cuestionamientos, a la única opción legitimada socialmente: la heterosexualidad.

La iglesia católica, a lo largo de los últimos mil y pico años, ha sido responsable de la infelicidad, dolor y muerte de millones de personas. La iglesia católica, con sus mensajes, es la principal culpable del machismo social y de cada una de las muertes de mujeres que ocurren en nuestra sociedad. La iglesia católica, con su postura sobre el preservativo y las relaciones sexuales, es la responsable directa de la muerte de millones de personas por SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual. Y la iglesia católica, con su negativa en esta ocasión a incluir en la declaración de derechos humanos el rechazo a las condenas por prácticas homosexuales, se hace responsable de todas las muertes que por esta causa ocurrieren en el futuro. Y, dado que la iglesia católica tiene a bien repetir eso de que “iglesia somos todos”, esperamos que se den por aludidos, precisamente, eso: todos. Todos los católicos, todas las que financian a la iglesia, todos los que van a misa, todas las que bautizan a sus niños, todos los que educan a sus hijas en colegios religiosos,…

2008/07/04

> Iritzia: José Antonio Méndez > GAYS

  • Gays
  • El crimen abominable de la pedofilia suele ser cometido, en un altísimo número de casos, por hombres adultos contra niños. Niños, más que niñas. Es decir, por pedófilos homosexuales. Sirva como ejemplo el repugnante caso de Álvaro I. G., “Nanisex”, que estos días está tan en boga, pero del que se omite, casualmente, el matiz de que es homosexual.
  • Religión en Libertad, 2008-07-04 # José Antonio Méndez

Cada vez que un caso de pederastia salpica a la Iglesia, las críticas a la sexualidad contenida por la castidad y el celibato se multiplican como hongos después de un chaparrón. El más repugnante de los pecados de la carne, la pedofilia, sirve a los que destilan odio, rencor y desprecio para cargar contra la moral sexual católica y, de paso, desenfundar su colección de insultos contra la cristiandad toda, especialmente contra obispos y sacerdotes: viciosos, lascivos, reprimidos, acomplejados, retrógrados, criminales, corruptos…


Benedicto XVI ha condenado con firmeza los abusos sexuales que se cometen en la Iglesia, y ha pedido públicamente que los seminarios sean un primer filtro para que ningún presbítero termine por cometer tan abominable crimen. Pero a los que vomitan bilis contra lo católico, eso les da igual. En todo caso, y a pesar de las palabras del Papa, siempre he pensado que la Iglesia suele gestionar de modo penoso estos hechos execrables. No siempre se ha actuado así, pero en no pocas ocasiones se ha echado tierra encima, e incluso se ha llegado a cambiar de parroquia al sacerdote corrupto, cuando en realidad deberían habérsele perdonado sus pecados (caso de que estuviese arrepentido) y después haberlo entregado a la Justicia, previa suspensión “ad divinis”. Que lo mejor que podría esperar un menorero, sea cura, político o electricista, es la castración química y la cárcel de por vida.


Más allá de las críticas a la Iglesia, hay un dato que nuestro sistema orwelliano de comunicación se empeña en silenciar. Pura espiral del silencio. El crimen abominable de la pedofilia suele ser cometido, en un altísimo número de casos, por hombres adultos contra niños. Niños, más que niñas. Es decir, por pedófilos homosexuales. Sirva como ejemplo el repugnante caso de Álvaro I. G., “Nanisex”, que estos días está tan en boga, pero del que se omite, casualmente, el matiz de que es homosexual. Ignoro si por la frecuente promiscuidad que rodea al mundo gay o por cualquier otro cortocircuito mental, la mayoría de los pederastas son homosexuales o han abusado indistintamente de niños y niñas. No digo que la mayoría de homosexuales sean pedófilos, sino que la mayoría de pedófilos son gays.


Hace unos días, la Coordinadora de gays y lesbianas que está preparando el Día del Orgullo Gay en el País Vasco emitió un comunicado en el que se defienden “las relaciones intergeneracionales”. ¿Ambiguo mensaje? Pues Jaime Mendia, portavoz de la coordinadora y miembro de la plataforma vasca gay EHGAM, se encargó de aclarar que es escandaloso “que se niegue a un niño de ocho años disfrutar del sexo”. La expresión “hijo de puta” fue la primera que me vino a la mente al escuchar sus palabras. Quizá fuese excesiva y poco caritativa, pero uno tiene estos prontos. Ante las críticas que ha recibido este tipejo, otro miembro de EHGAM ha dicho que su mensaje fue malinterpretado, y que Mendia se refería a que “los niños tienen sexualidad: juegan a médicos desde los ocho años”. Con lo que pasaría de hijoputa a mero degenerado…


En esta Semana del Orgullo Gay (en España se nos queda corto un solo día), las cadenas de televisión y los periódicos de todo signo, –incluidos ABC y La Razón, Antena 3 y Telemadrid–, le hacen la ola a los homosexuales, reivindican la visibilidad de las lesbianas, aplauden los contoneos de musculosos con alitas de mariposa y jadean exultantes ante los magreos multitudinarios. Como todos los años por estas fechas. Y, como todos los años por estas fechas, se echa de menos que alguno de los grandes medios tenga los arrestos necesarios para decir que no todos los homosexuales son trigo limpio, que las prácticas gays están muchas veces relacionadas con el vicio y la degeneración, y que no por ser lesbiana u homosexual se goza de inmunidad moral para pervertir.


Desgraciadamente, los grandes medios españoles –y europeos– prefieren bajarse los pantalones ante el mundo gay. Y luego, pasa lo que pasa…

2008/06/29

> Iritzia: El Correo Gallego > POLVORA... PARA JAIME MENDIA

  • Pólvora... Para Jaime Mendia
  • El Correo Gallego, 2008-06-29
  • portavoz de la Coordinadora Vasca del 28 de junio, que no ha tenido mejor idea que reivindicar lo sanísimo y oportuno que es defender las relaciones sexuales con los menores, porque según esta lumbrera, "la sexualidad infantil no puede ser secuestrada". Que este colectivo vasco de gais haga apología de las relaciones con niños es un disparate. La libertad de los menores debe estar siempre protegida por la ley. Y a ser posible... que no sea la de la selva.

2008/06/20

> Iritzia: Jaime Mendia > EL CEREBRO HOMOSEXUAL Y LA PIEDRA FILOSOFAL

  • El cerebro homosexual y la piedra filosofal
  • Los conceptos de «hombre», «mujer», «heterosexual», «homosexual» son creaciones sociales, culturales. Intentar buscar una explicación químico-biológica a un hecho social es tan quimérico como intentar encontrar la piedra filosofal que permita convertir el plomo en oro
  • Gara, 2008-06-20 # Jaime Mendia · Miembro de EHGAM

Periódicamente nos asaltan, con considerable eco mediático, estudios supuestamente científicos sobre las razones que puedan explicar la homosexualidad, la transexualidad, etc. Dependiendo del área en que son «expertos», estos científicos nos hablan de hormonas, de genes, de neurología... Éste es el caso publicado esta semana, en el que científicos del Departamento de Neurociencias en el Instituto Karolinska, en Estocolmo, pretenden haber encontrado en la similitud entre los cerebros de «hombres homosexuales» y «mujeres heterosexuales», así como entre «mujeres lesbianas» y «hombres heterosexuales», la explicación que tantos años llevaban buscando.


Curiosamente, nadie dedica esfuerzo ni dinero a tratar de comprender por qué hay personas a las que les gusta más el color azul que el amarillo, por ejemplo, aunque a veces llegan hasta a combinarlos en su ropa, o porqué prefieren comer pasta a sopa, aunque un día sin problema podrían, si se da la ocasión, comer una cosa y cenar otra. ¿Por qué esa diferencia con respecto a las preferencias sexuales? Evidentemente, porque los gustos sobre colores o comidas no son factores utilizados para estructurar nuestra sociedad.


El deseo sexual de todas las personas, de todos y cada uno de nosotros, es múltiple y además varía continuamente. La forma en que cada uno de nosotros vive la relación con su propio cuerpo también es múltiple y variada. Sin embargo, socialmente nos empeñamos en fijar la posición de cada persona, clasificándola, de forma inamovible, como «hombre», «mujer», «heterosexual», «lesbiana»...


En vez de asumir que nuestras múltiples identidades fluyen en el tiempo, yendo de aquí para allá, haciendo que ahora deseemos a este hombre, luego a esa mujer, ahora nos sintamos un poco más masculinos, luego tal vez un poco más femeninos (si es que llegamos a comprender qué significa exactamente eso; aunque, bien pensado, ¿para qué preocuparnos de tonterías como ésa?), en vez de sentir nuestro cuerpo y nuestro deseo libremente, fijamos una hetero-normatividad y una género-normatividad, y gastamos ingentes cantidades de dinero y el tiempo de excelentes científicos en tratar de comprender por qué no todas las personas se ajustan a ese mundo que hemos creado artificialmente.


En nuestra sociedad se ha implantado una moral médico-científica que, sustituyendo a la moral mágico-religiosa, ha cambiado a los pecadores sodomitas por personas con un cerebro de tamaño diferente al que les correspondería, y que ha condenado a los trans al infierno de la psiquiatrización y la esterilización química para adaptarlos a uno de los dos únicos géneros «científicamente» válidos.


Estas dos morales cumplen la misma función de control social, y por lo tanto resultan igualmente alienantes para todo ser humano.


Los conceptos de «hombre», «mujer», «heterosexual», «homosexual» son creaciones sociales, culturales. Intentar buscar una explicación químico-biológica a un hecho social es tan quimérico como intentar encontrar la piedra filosofal que permita convertir el plomo en oro. Y las personas implicadas en este proceso nos merecen la misma credibilidad que aquellos brujos-alquimistas de la Edad Media. Es decir, ninguna en absoluto.

2008/06/17

> Iritzia: JAIME MENDIA · EHGAM > EL CEREBRO HOMOSEXUAL Y LA PIEDRA FILOSOFAL

  • El cerebro homosexual y la piedra filosofal
  • EHGAM-DOK, 2008-06-17 # Jaime Mendia · Miembro de EHGAM

Periódicamente nos asaltan, con considerable eco mediático, estudios supuestamente científicos sobre las razones que puedan explicar la homosexualidad, la transexualidad, etc. Dependiendo del área en que son “expertos” estos científicos, nos hablan de hormonas, de genes, de neurología,…Éste es el caso publicado esta semana, en el que científicos del Departamento de Neurociencias en el Instituto Karolinska, en Estocolmo, pretenden haber encontrado en la similitud entre los cerebros de “hombres homosexuales” y “mujeres heterosexuales”, así como entre “mujeres lesbianas” y “hombres heterosexuales”, la explicación que tantos años llevaban buscando.


Curiosamente, nadie dedica esfuerzo ni dinero a tratar de comprender por qué hay personas a las que les gusta más el color azul que el amarillo, por ejemplo, aunque a veces llegan hasta a combinarlos en su ropa, o por qué prefieren comer pasta a sopa, aunque un día sin problema podrían, si se da la ocasión, comer una cosa y cenar otra. ¿Por qué esa diferencia con respecto a las preferencias sexuales? Evidentemente, porque los gustos sobre colores o comidas no son factores utilizados para estructurar nuestra sociedad.


Los deseos sexuales de todas las personas, de todos y cada uno de nosotros, es múltiple y además varía continuamente. La forma en que cada uno de nosotros vive la relación con su propio cuerpo también es múltiple y variada. Sin embargo, socialmente nos empeñamos en fijar la posición de cada persona, clasificándola, de forma inamovible, como “hombre”, “mujer”, “heterosexual”, “lesbiana”,…


En vez de asumir que nuestras múltiples identidades fluyen en el tiempo, yendo de aquí para allá, haciendo que ahora deseemos a este hombre, luego a esa mujer, ahora nos sintamos un poco más masculino, luego tal vez un poco más femenino (si es que llegamos a comprender qué significa exactamente eso; aunque, bien pensado, ¿para qué preocuparnos de tonterías como esa?), en vez de sentir nuestro cuerpo y nuestro deseo libremente, fijamos una hetero-normatividad y una género-normatividad, y gastamos ingentes cantidades de dinero y tiempo de excelentes científicos en tratar de comprender por qué no todas las personas se ajustan a ese mundo que hemos creado artificialmente.


En nuestra sociedad se ha implantado una moral médico-científica que, sustituyendo a la moral mágico-religiosa, ha sustituido a los pecadores sodomitas por personas con un cerebro de tamaño diferente al que les correspondería, y que ha condenado a los trans al infierno de la psiquiatrización y la esterilización química para adaptarlos a uno de los dos únicos géneros “científicamente” válidos. Estas dos morales cumplen la misma función de control social, y por lo tanto resultan igualmente alienantes para todo ser humano.


Los conceptos de “hombre”, “mujer”, “heterosexual”, “homosexual” son creaciones sociales, culturales. Intentar buscar una explicación químico-biológica a un hecho social es como intentar encontrar la piedra filosofal que permita convertir el plomo en oro. Y las personas implicadas en este proceso nos merecen la misma credibilidad que aquellos brujos-alquimistas de la Edad Media. Es decir, ninguna en absoluto.

2008/04/03

> Iritzia: JAIME MENDIA · EHGAM > LAS VICTIMAS DEL 11-M EN EL EUSKALDUNA

  • Las víctimas del 11-M en el Euskalduna
  • Gara, 2008-04-03 # Jaime Mendia · Miembro de EHGAM

Creemos que las víctimas del 11-M merecen nuestro cariño y nuestro respeto, nuestro reconocimiento y nuestro silencio ante el dolor dejado por su ausencia Vamos, matamos, volvemos, lloramos a nuestros muertos. Pero no pensamos en la enorme responsabilidad que tenemos en la muerte de todos esos miles de inocentes


EHGAM (Euskal Herriko Gay Askapen Mugimendua), el grupo en el que milito desde hace ya bastantes años, como miembro del Foro Vasco por los Derechos Humanos que es, va a estar presente este próximo viernes, día 4 de abril, en el Euskalduna con motivo del acto en recuerdo de las víctimas del 11-M.


EHGAM estará allí porque sus militantes creemos que las víctimas del 11-M merecen nuestro cariño y nuestro respeto, nuestro reconocimiento y nuestro silencio ante el dolor dejado por su ausencia. Sin ninguna duda, sin ninguna reserva.


Sin embargo, no nos sentimos cómodos con este acto. Al menos yo y más gente como yo, no nos sentimos cómodos. No con lo que dice, sino con todo lo que oculta. Oculta a la inmensa mayoría de las víctimas de esta guerra, y oculta a los culpables de todo este sufrimiento.


Porque, por más que intenten convencernos de que hace cuatro años unos «pirados asesinos» mataron a doscientos inocentes «que pasaban por allí», como si fuera uno de esos episodios que suelen ocurrir en los Estados Unidos cuando algún loco con arma de fuego se carga a todo el que se cruza a su paso; sabemos muy bien que no es eso lo sucedido en Madrid aquel 11 de marzo.


Nos encontramos ante unos tipos (me niego a llamarles hombres), Aznar y sus amigotes, avariciosos de poder y petróleo, fríos en su mente asesina, monstruosos en todo el sentido de la palabra, que inician una guerra ilegal (inmorales lo son todas las guerras) en la que mueren miles de civiles inocentes iraquíes, en manos del ejército invasor occidental. Ante esto, tenemos que tener claro que, en toda guerra, tan responsable de las muertes causadas es el soldado que dispara la bala como el obrero que la fabrica, el cocinero que le prepara la cena o el médico que le cura las heridas. (¡Y qué decir de los cuervos que le perdonan sus pecados del día y le dejan espiritualmente preparado para la matanza de la jornada siguiente! Esos no tienen perdón humano. Divino, seguro que sí: no hay invención humana con más tragaderas que cualquiera de sus dioses... para lo que les beneficia).


En esta guerra tenemos, enfrentados, un ejército agresor, el occidental, tecnológicamente muy avanzado, con otro, el iraquí, mucho más limitado de medios; y también tenemos unos sufridores claros, la población civil iraquí, que muere a miles en los bombardeos de sus ciudades. Pues bien, en un momento determinado de esta guerra una parte del ejército defensor consigue traspasar las líneas enemigas y atacar con suficiente virulencia su retaguardia como para causarle un daño tal que priva a parte de ese ejército (el compuesto por las tropas del Estado español) del apoyo necesario como para mantener la campaña, y le obliga a retirarse. Esto, aquí, en Madrid o en Miami, es una derrota en toda regla. España entró en guerra y la perdió. Y el gobierno responsable de tal fracaso, como ya ha ocurrido miles de veces antes en la sangrienta historia de la Humanidad, perdió el poder por ello. Puestos a perder, antiguamente los reyes al menos tenían la decencia de perder la cabeza cuando les pasaba algo así; lástima de siglo XXI.


Como consecuencia, nos quedan los muertos del 11-M, inocentes víctimas de los perros ejecutores de la guerra y de sus amos, los señores de esa guerra (¡Ah, esa imagen de las Azores!). Tan inocentes víctimas como sus compañeros de (mala) suerte bagdadíes, pero ¡cuidado!, no igualmente irresponsables. Las víctimas del 11-M son inocentes como la inmensa mayoría de los ciudadanos de este estado, pero, al igual que la inmensa mayoría de los ciudadanos del estado español, son responsables en parte de lo ocurrido, en la medida en que todos, tanto votantes del PP como de cualquier otra opción política, somos responsables de lo que elegimos, primero, y mantenemos, después, en el poder. Desde el que se pliega absolutamente a ese poder hasta el que daría su vida por destruirlo, somos igualmente responsables de todo lo que hace mientras está ahí. Porque todos nosotros aceptamos las reglas del juego que lo mantiene, y jugamos con sus cartas marcadas.


Vamos, matamos, volvemos, lloramos a nuestros muertos. Pero no pensamos en la enorme responsabilidad que tenemos en la muerte de todos esos miles de inocentes. Esto es lo que se nos está ocultando. O lo que nos estamos ocultando a nosotros mismos. Por eso hay que tener mucho cuidado con actos como el de esta semana en el Euskalduna.