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2008/10/28

> Erreportajea: Bestelakoak > UN ABRAZO ES UN MENSAJE POLITICO

  • Un abrazo es un mensaje político
  • El lenguaje corporal es decisivo en las relaciones institucionales. Las diferencias culturales y de género pueden degenerar en conflictos
  • El País, 2008-10-28 # Francesco Manetto

Ella acababa de llegar. Y él la recibió, en público, con un efusivo abrazo. Ha ocurrido más de una vez, y el episodio tal vez no tendría mayor trascendencia si sus protagonistas no hubiesen sido la canciller federal alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, en escenarios tan expuestos desde un punto de vista mediático como cumbres de la Unión Europea o visitas oficiales. Y, sobre todo, si la mandataria alemana no hubiese mostrado cierto recelo en las imágenes captadas por las cámaras. Además, una noticia difundida la semana pasada aseguraba que esas muestras de afecto del francés la molestan "un poco".


¿Se trata de un problema de incompatibilidad cultural? ¿O es más bien una cuestión de diferencias de género? Berlín no tardó en rechazar esos comentarios calificándolos de "bulo" y de "patraña en toda regla". Pero el caso es que, al margen de este desmentido, los modales y la gestualidad de ambos son diametralmente distintos. Y, como todos los lenguajes, incluso los no verbales desempeñan un papel fundamental en el terreno de la comunicación política. ¿De qué dependen estas actitudes? ¿Significa esto que los besos y los abrazos pueden ascender al rango de mensaje institucional? Y, sobre todo, ¿es cierto que en los círculos de poder las mujeres se enfrentan a códigos de conducta más masculinos?


La diputada socialista Mariví Monteserín, quien fuera la encargada de defender en el Parlamento la ley contra la violencia de género, lo tiene claro. "A los hombres les suele salir un instinto protector y seudopaternalista", explica. Por ello, no tienen reparo en abrazar a una colega en determinadas circunstancias, son más dados al compadreo y, por ejemplo, no dudan en "cogerte del hombro". Esto ocurría más a menudo hace unos años, pero, según cuenta Monteserín, "cuando eres la única mujer en una reunión de 25 hombres, te sientes el centro de atención sin pretenderlo".


En la menor presencia histórica de la mujer en la vida pública reside una de las causas de esta actitud, en opinión de la consejera de Estado Amparo Rubiales. "Los hombres suelen estar acostumbrados a tratar a las mujeres como tales, no como iguales", explica. Mientras que el piropo, aunque pueda resultar "agradable", no deja de ser algo estrictamente fuera de lugar en un contexto laboral o público.


De todas formas, para los expertos en comunicación es cierto que la gestualidad y lo no verbal transmiten a diario mensajes nada despreciables en la vida política. Y si, por ejemplo, esos modales paternalistas suelen remitir, según Rubiales, a una cultura de derechas, en opinión de Roberto Izurieta, docente de organización política de la Universidad George Washington y asesor de campañas, "en el ámbito de las relaciones internacionales, las relaciones personales desempeñan un papel importantísimo". "La química de los políticos puede detener o hacer avanzar de forma positiva los acuerdos y esas mismas relaciones diplomáticas". En una cumbre, en una cena, en una reunión entre representantes de distintos países o en un debate retransmitido por televisión, el uso del cuerpo, la postura, los movimientos de las manos, una sonrisa o incluso un beso pueden resultar aspectos decisivos. Todo tiene que ver, según los expertos, con el carácter, el sexo, la cultura o la procedencia de cada uno.


Las investigaciones del zoólogo y antropólogo británico Desmond Morris han demostrado, por ejemplo, que los árabes, los países mediterráneos y africanos pertenecen a culturas "de contacto", y por otro lado norteamericanos, escandinavos, anglosajones y asiáticos pertenecen a culturas de "no contacto". Y algunos estudios realizados en lugares públicos describen estas diferencias. Si una pareja finlandesa pasa, por ejemplo, una hora en una cafetería, las probabilidades de que se toquen, se acaricien o se besen son extremadamente menores que las de una pareja francesa o española.


Este tipo de diferencias pueden desembocar en auténticos malentendidos o incluso escenas algo embarazosas en un escenario institucional. Veamos un ejemplo. Hace unas semanas, la candidata estadounidense a la vicepresidencia por el partido republicano, Sarah Palin, recibió durante una reunión en Nueva York con el presidente paquistaní, Asif al Zardari, unos piropos que parecían trascender lo estrictamente diplomático. Zardari, según informaban varios medios, dirigió a Palin palabras como "usted es todavía más encantadora en persona", o "si insiste, podría abrazarla", desenfundando además una amplia sonrisa y acercándose más de lo habitual en EE UU a su interlocutora. Mientras Palin se mostró algo incómoda en las fotografías, el presidente paquistaní fue criticado por la prensa de Islamabad por su "excesiva" desenvoltura tan sólo unos meses después del asesinato de su esposa, Benazir Bhutto. Es decir, que en ese caso la comunicación de Zardari, según los expertos, falló por unos excesos a los que se añadía también un sesgo cultural.


Porque, sencillamente, no tiene las mismas características un cara a cara, por ejemplo, entre un estadounidense y un europeo, entre un noruego y un griego, o entre una estadounidense y un paquistaní. Las culturas de lengua árabe han desarrollado un lenguaje corporal que nada tiene que ver con la comunicación no verbal occidental. Incluso dentro de las llamadas culturas de contacto, además, existen diferencias significativas con sólo cruzar el Mediterráneo. En España, por ejemplo, a menudo, se saluda a un amigo con una palmadita en la nuca. Si se hace ese mismo gesto, por ejemplo, a un egipcio, se incurre en un agravio.


La comunicación no verbal puede incluso trascender una ofensa cuando hablamos de los círculos de poder. Porque, entre los políticos, la gestualidad es un rasgo del carácter que tiene mucho que ver con el carisma y con la proyección de una imagen ganadora. ¿De qué depende entonces ese éxito visual? "El carisma no es de una sola clase", apunta Ricardo Izurieta, que ha seguido de cerca la campaña de los candidatos a la presidencia de EE UU. "Porque el carisma es la emoción de quien está contento consigo mismo". Y, para estarlo, lo deseable consistiría en adaptar el protocolo, obviamente dentro de los límites de la decencia, al carácter de cada uno.


La elección de John McCain durante el primer debate con Obama, el pasado 30 de septiembre, fue por ejemplo lo que más llamó la atención de los expertos en comunicación y asesores de imagen. Y es que McCain apenas miró a su contrincante, mientras que Obama siempre se dirigía a su interlocutor en el plató. Se trató de una elección que probablemente influyó en muchos de los más de 50 millones de espectadores. "En las campañas electorales, las expresiones corporales y gestos constituyen aspectos fundamentales. No hay que olvidar que el acto del voto es, en definitiva, un acto de confianza, y la confianza es un sentimiento, es algo que pertenece a la esfera emocional. En un debate, por ejemplo, encontramos posturas, expresiones, caras que sobrepasan muchos conocimientos racionales e institucionales", explica Izurieta.


Pero, ¿cómo conseguir que un candidato proyecte esa confianza? ¿Además de la mirada, son necesarios unos abrazos, unas sonrisas, un llanto y una clara efusividad? Depende. En Italia, el primer ministro, Silvio Berlusconi, se ganó la simpatía de millones de votantes apareciendo en sus cadenas de televisión contando chistes o interpretando temas clásicos de la canción napolitana. Las lágrimas que velaron los ojos de Hillary Clinton mientras contestaba una pregunta sobre su estado de ánimo durante una entrevista en enero pasado fueron relacionadas con su victoria ante Obama en las primarias de New Hampshire, celebradas justo después de esa entrevista.


"Los buenos entrenadores de políticos en campañas electorales conocen una de las reglas básicas de la comunicación institucional", prosigue Izurieta. "Ante todo, no hay que tratar de cambiar la forma de ser de los candidatos. Es importante tener en cuenta que los debates, los encuentros y las relaciones internacionales e institucionales se desarrollan en escenarios antinaturales e incómodos por definición. Pues bien, hay que tratar que el candidato se encuentre, en cambio, cómodo. Y para sentirse cómodos hay que desarrollar ciertas habilidades de cada uno. Es un caso parecido al de los deportistas. Existen, además, técnicas para desarrollar ese tipo de carisma ante un público moderno, que percibe más y más la comunicación de la imagen como algo decisivo. Aquí se encuentra la importancia de la comunicación corporal".


Además de tener un sesgo de género y cultural, los gestos también revelan un aspecto temporal. Lo explica Enrique García Huete, director de la consultora y centro de formación Quality Psicólogos. "En la época de nuestros abuelos, nunca se les hubiese ocurrido dar un beso en la mejilla a una chica en público". Y es que, si por un lado el cuerpo y sus mensajes se adaptan a los cambios generacionales, también es verdad que existe un rasgo ancestral en nuestras expresiones o nuestros movimientos.


Por esta razón, en palabras de García Huete, un personaje de la esfera pública debería ser consciente de la necesidad de coherencia entre lenguaje verbal y no verbal. "Los primates se comunicaban entre sí a través de signos, y sólo después se desarrolló el lenguaje verbal", dice. Pero, ¿por qué tiene que haber coherencia? Pongamos un ejemplo. "Si alguien dice ante un auditorio 'voy a la izquierda' y al mismo tiempo levanta la mano hacia la derecha, la mayoría de los que escuchan y observan asumirá este mensaje: 'ese señor va hacia la derecha". Por eso es importante que las palabras vayan acompañadas de gestos coherentes. Empezando por la mirada.


"Y es que el contacto visual es lo fundamental. Si un interlocutor baja los ojos o no sostiene la mirada, por ejemplo, se puede llegar a creer que está mintiendo", añade este psicólogo acostumbrado al entrenamiento de personajes públicos en cuestión de comunicación no verbal. La distancia física entre personas también desempeña un papel muy importante. "Si, por ejemplo, alguien entra en nuestro campo de movimiento y reculamos, se suele producir un ruido que puede llegar a la interrupción de la comunicación que estábamos manteniendo".


Las mujeres, a este propósito, suelen sentirse menos nerviosas cuando su llamado espacio vital es invadido por otras mujeres, aunque sean desconocidas; sin embargo pueden reaccionar con más desconfianza si lo hace un hombre. Todo lo contrario ocurre, generalmente, en los códigos de conducta masculinos.


De todas formas, si bien son evidentes las diferencias culturales y de género, también existen algunas excepciones de la regla. Se trata de las expresiones de la cara. Al respecto ya Charles Darwin escribió, a finales del siglo XIX, La expresión de las emociones en los animales y en el hombre. En ese texto, el científico afirma que existen unas emociones ancestrales comunes, si llegamos a generalizar, a todos los mamíferos, de la raza humana al mono, pasando por ejemplo por los cánidos. Se trata de la cólera, la alegría la tristeza o el miedo. En particular, la manifestación pública de la alegría puede constituir la clave del éxito de un mensaje político. ¿Por qué? "Se dice que alrededor del 60% de las emociones y de lo que sentimos se puede leer en los gestos y las expresiones del rostro", comenta García Huete. "Y la gente, a veces de forma inconsciente, se fijará mucho en estos aspectos, así como en los movimientos de las manos".


En este ámbito gestual, los ademanes excesivos suelen transmitir inseguridad. Veamos dos casos opuestos. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tiene una gestualidad de las manos mucho más medida que líderes políticos como Silvio Berlusconi o Hugo Chávez. A este propósito se recuerda cuando el ministro de Exteriores del Gobierno de Aznar, Josep Piqué, fue señalado con unos cuernos por Berlusconi durante la foto de grupo de una cumbre europea celebrada en Cáceres 2002. Entonces Piqué restó importancia al incidente diciendo que se trataba de un problema de perspectiva y de un efecto visual. Cuestión de elegancia. Que, tanto expresada en palabras como en gestos, constituye la verdadera regla de oro en la comunicación personal e institucional.

  • La gramática de los gestos
  • La mirada. El contacto visual puede convertirse en uno de los aspectos más importantes de una conversación. El mirar hacia abajo, por ejemplo, se suele interpretar con una mentira.
  • El rostro. Alrededor del 60% de las emociones que sentimos se puede leer a través de las expresiones de la cara. Ya Darwin señaló que existen sentimientos que se manifiestan de forma parecida en todos los mamíferos: alegría, cólera, miedo o tristeza.
  • Las manos. El exceso de movimientos de las manos puede transmitir inseguridad, mientras que la carencia de ademanes comunica falta de expresividad.
  • La distancia. El espacio físico desempeña un papel decisivo. Si, por ejemplo, alguien entra en el llamado espacio vital de un interlocutor y éste recula, se suele producir una especie de ruido que, en casos extremos, puede degenerar en la interrupción de esa conversación.

2008/08/08

> Erreportajea: Sexualitatea > CHINA: SI MAO LEVANTARA LA CABEZA...

  • Si Mao levantara la cabeza…
  • Poligamia, pies vendados, mujeres sumisas… ¿No es hora de actualizar algunos tópicos sobre China? El gigante vive una revolución sexual sin precedentes, y blogs y sex shops —que aquí operan bajo el epígrafe de “establecimientos de planificación familiar”— son sólo la punta del iceberg. Así se divierten muchos chinos cuando no están viendo los Juegos.
  • El País, 2008-08-08 # Zigor Aldama

La libido flota en el ambiente a ritmo de hip-hop. Los rayos láser, la niebla artificial y los malabarismos con los que preparan cócteles imposibles los camareros de la barra crean un mundo irreal. Las gogós, enfundadas en tops rosas, se contonean en sus jaulas y provocan un frenesí que recorre la pista de baile. Una joven pareja baila enganchada por los piercings de sus labios a pocos metros de donde una chica se sienta a horcajadas sobre las piernas de su compañero, contoneándose de forma sensual y dejando a la vista la parte superior de un tanga rojo, prenda que vendió el año pasado un 43% más de unidades que en 2006.


En las mesas que forman el perímetro de la gigantesca sala de baile corre el Chivas de 18 años mezclado con refresco de té verde. El alcohol libera testosterona y feromonas. Hay solitarios que no pueden más y se dejan seducir por cantos de sirena. “Una mamada, 300 yuanes”. Entre las bambalinas del X-Ray Club se esconde un muestrario de libertad. Y de prácticas sexuales. La oscuridad hierve.


Podría ser Nueva York, Amsterdam o Barcelona, pero la escena pertenece a la noche de Shenzhen, una de las ciudades más pujantes de la China del siglo XXI, esa que trata de hacer borrón y cuenta nueva con su historia. Como muchos otros establecimientos de ocio, un sector que crece sin medida en el país de Mao, el X-Ray Club atrae a las clases media y alta de una urbe que hace tres décadas era un minúsculo poblado de pescadores y que ahora cuenta con ocho millones de almas poseídas por el desenfreno del desarrollismo económico. Los jóvenes dejan fluir su deseo en la intimidad de la multitud y tras una espesa cortina de humo y luces estroboscópicas. Buscan una desinhibición que, poco a poco, va escapando de las sombras de discotecas y night club para ver la luz en lugares públicos. Algo totalmente impensable hace sólo 10 años.


En Shanghai, a 1.500 kilómetros, dirección Norte, el calor es sofocante. Pero Xinjing y Zhao, de 21 y 23 años respectivamente, se han propuesto elevar un poco más la temperatura. El Bund, con la sobriedad de los edificios coloniales como telón de fondo y los colosales rascacielos de Pudong en la otra orilla del río, es el escenario ideal para un paseo romántico. Van de la mano y no tienen problema en hacerse arrumacos y en posar besándose para EP3. Xinjing incluso juega con el trasero de su novio. “¡Qué vergüenza!”, murmura a su paso una mujer de mediana edad. Para su asombro, y en un claro desafío al tradicional respeto por los mayores en China, los dos jóvenes se paran ante ella y comienzan a besarse de forma teatral. La mujer aprieta el paso y desaparece de su vista, bufando. La pareja se desternilla. “El problema de la gente mayor en este país es que no tiene ni idea de lo que es el amor, mucho menos de lo que ese concepto significa ahora. El valor del sexo fuera de la procreación es ciencia-ficción para ellos. Afortunadamente, eso está cambiando”, asegura Xinjing.


La vida sexual de estos dos estudiantes universitarios es un espejo de las estadísticas. Ella perdió la virginidad a los 17; él, un año después. La media nacional entre los menores de 30 se sitúa en los 17,6 amos, mientras que quienes ahora tienen entre 30 y 40 se lanzaron por primera vez a los 24. Xinjing y Zhao no están casados ni cohabitan, pero mantienen relaciones sexuales en un motel cercano a su universidad entre tres y cuatro veces por semana. “Y no somos los únicos. Muchas veces tenemos que esperar porque las 20 habitaciones están ocupadas. La gente no se mira para no pasar vergüenza, pero ahí estamos todos”, apunta él. No en vano, el número de estos establecimientos que ofrecen habitaciones por horas junto a centros de estudio se ha multiplicado por cuatro en el último lustro. Y es que en torno al 75% de la población urbana de China acepta el sexo prematrimonial, mientras que en 1989 el porcentaje era de sólo un 15%. Por su parte, la exigencia de que la novia sea virgen en el matrimonio, que no el novio, ha descendido del 67% al 21%.


Y el sexo ya no es sólo cosa del misionero. Xinjing reconoce sonrojada que, desde que descubrió los juguetes eróticos, el placer se ha intensificado. Fue la curiosidad la que les llevó a visitar uno de los mil sex shops de Shanghai (en Pekín hay unos 5.000, más que en Nueva York), que en China operan bajo el epígrafe de “establecimientos de ayuda sexual y planificación familiar”, aunque los productos estrella son los mismos que en el resto del mundo. Salvo por la pornografía, que está prohibida, y algún producto exótico. “Lo que más se vende son recetas de medicina tradicional que prometen efectos como los de la Viagra. Luego vienen los juguetes y la lencería provocativa, pero donde se ve mayor crecimiento de ventas es en los látigos y en los productos de rollo sadomaso”, explica el dependiente del local al que suele ir la pareja.


A Zhao le gusta utilizar un vibrador con todos los extras para poner a Xinjing a tono. No son únicos. El año pasado, las ventas del sector del juguete erótico, que produce el 70% de la mercancía en China, crecieron un 40% en el país, y las ferias celebradas en Guangzhou y Shanghai han reventado todas sus expectativas de asistencia. Eso sí, todavía es necesario leer bien las instrucciones de uso. “Hemos tenido que aprender con la experiencia, sacudiéndonos la vergüenza que se asocia al sexo, porque la educación al respecto en China es nula”, reconoce ella.


Todos los estudios realizados sobre el tema le dan la razón. “Aunque se admite la necesidad de introducir a los jóvenes en el arte del sexo, la mayoría de profesores no tiene las nociones necesarias para hacerlo, y resulta un desastre”, declaró al diario oficial China Daily Li Yinhe, una de las pocas sociólogas especializadas en sexología y considerada por Asian Weekly una de las 50 mujeres con mayor influencia del país. “Ese déficit es el que está provocando el aumento de abortos y la expansión de enfermedades de transmisión sexual”.


Xu Zhi es el nombre ficticio del responsable del área de ginecología de una importante clínica de Shanghai a la que EP3 ha acudido para contrastar los datos de un informe del investigador Yan Fengting, que asegura que el 65% de las mujeres que abortan en la capital económica de China son solteras, frente al 25% de 1999. Zhi confirma el dato y apunta otros puntos negros de la revolución sexual en China. “El número de abortos de adolescentes se ha triplicado en 10 años, y ahora nos llegan niñas, incluso de 12 años, que quieren experimentar y no saben cómo hacerlo de forma segura. Durante las vacaciones escolares, alrededor del 80% de intervenciones (cuyo precio ronda los 100 euros, o 50 sin anestesia) se practican en jóvenes de menos de 18 años”. También es este sector de la población el que hace mayor uso de la himenoplastia, un proceso quirúrgico para reconstruir el himen y recuperar la virginidad. “Pero en su mayoría son chicas de zonas rurales, donde los valores tradicionales son más estrictos”, apunta Zhi.


Para Zhao, la solución a este problema puede encontrarse en el quiosco de la esquina. La aparición de revistas urbanas destinadas al público joven, encabezadas por Cosmopolitan o FHM, que, curiosamente, está publicada por una agencia gubernamental, ha mejorado el conocimiento de sus lectores sobre las relaciones sexuales. Zhao es lector de la segunda, y reconoce que pasa de las chicas de portada, “que nunca enseñan nada”. Lo que le interesa son “los reportajes sobre sexo en los que se muestran las últimas tendencias y se dan consejos”. Xinjing se decanta por la publicación femenina y suele compartir con él los consejos de las chicas Cosmo para elegir pareja. “La prensa está cambiando. Han encontrado un mercado nuevo y a nosotros nos han hecho un regalo. Ya era hora”.


Al papel cuché se han unido las editoriales, que han encontrado un filón en los adolescentes que plasman en libros su caótica iniciación sexual. Wei Hui rompió la veda con Shanghai baby, y ya se le ha unido una miríada de nombres que venden millones de ejemplares a pesar de que sus obras son para muchos paradigma de la decadencia de la cultura china. En Beijing doll, por ejemplo, Chun Sue, abanderada de la generación X china, relata sus experiencias a partir de los 14 años con hombres mucho mayores, un caso cada vez más habitual entre las adolescentes.


Internet también pone su grano de arena en la transformación de la vida sexual de la población china. La censura es incapaz de interferir en la constelación de páginas web y blogs que describen relaciones sexuales. El Messenger y los foros sirven también como páginas de contactos en las que se concertan citas a ciegas, y hay empresas que, ante la falta de tiempo impuesta por la vida de las megaciudades, han puesto en marcha hasta páginas en las que se organizan citas exprés en paradas de metro. Tiempo máximo del ligue: 20 minutos.


Pero en el ciberespacio China tiene su reina particular: Li Li tiene 28 años y se ha acostado con más de cien hombres. De uno en uno, o varios a la vez. Sus experiencias sexuales, recogidas en un blog, han supuesto una explosión en la Red china y harían palidecer a la mismísima Melissa P. Su nombre, y su seudónimo, Muzi Mei, se han convertido en los dos elementos más buscados del país. Tanto, que el servidor del blog ha tenido que aumentar su capacidad para hacer frente a la demanda, más de diez millones de visitas diarias. Los intentos del Gobierno por acallarla han sido en vano. Aunque el formato en libro no ha visto la luz salvo en edición pirata, Li Li es ya el símbolo de la revolución sexual china. Pero Xu Anqi, sociólogo de la Universidad de Fudan, puntualiza: “No lo es porque cunda su ejemplo, sino porque muchos jóvenes se identifican con los sentimientos que ella expresa, y porque consigue que vean el sexo con otros ojos”.


En una entrevista concedida a la revista Time, Li asegura que lo único que hace es expresar su libertad a través del sexo. “Es mi vida, es mi cuerpo, y puedo hacer lo que me dé la gana con ellos”. Es esa libertad, más aún en una mujer, lo que ha llamado la atención de la juventud china. Ting Hong, de 24 años, no está de acuerdo con la promiscuidad de la que hace gala Li, pero sí con el fondo de su mensaje. “Durante mucho tiempo, la familia y el Gobierno han dictado lo que cada uno tenía que hacer con su cuerpo, e incluso con quién. Ahora serán los individuos quienes decidan. El sexo quizá sólo sea el primero de los muchos aspectos en los que se irán materializando las libertades individuales”.


Tang y Xiaomei tienen 19 años y residen en la antigua colonia británica de Hong Kong. Se las puede ver besándose frente a la bahía de Causeway los viernes y sábados por la noche, cuando el neón crea un telón de fondo incomparable. Están hartas del qué dirán, y hace tiempo que dejaron atrás el armario, un mueble en el que todavía se esconden muchos chinos. “La sociedad no está preparada, pero nunca lo estará si no le damos un par de bofetadas. Nosotras las soltamos en la familia, y después de la tormenta todo ha vuelto a su cauce”, resalta Xiaomei. Li Yinhe está de acuerdo. “La mayoría de homosexuales varones decide casarse con una mujer que preste poca atención al sexo y se contente con dinero. Es necesario que China entienda que no hay nada negativo en la homosexualidad. Afortunadamente, aquí no arrastramos la moralina de la religión, y sólo el valor de la familia tradicional impide la aceptación de las relaciones entre miembros del mismo sexo”.


Y ese pilar de la sociedad está en crisis. Según un estudio de la Academia de Ciencias Sociales de China, que publica datos oficiales, y, por tanto, generalmente conservadores, más de un tercio de la población acepta ya las relaciones extramatrimoniales. Shenzhen, rebautizada como “la ciudad de las concubinas”, es buen ejemplo de ello. Aquí residen miles de amantes de los nuevos ricos que han propiciado el boom industrial. Chicas jóvenes de la generación “del hijo único” que se ven atraídas por los bienes materiales que les ofrecen sus patrones, y que, a cambio, hacen realidad sus fantasías sexuales. “Es la reinvención del concubinato, una arraigada costumbre en las sociedades asiáticas que no conlleva el estigma de la prostitución”, explica Anqi.


Y es que en la China hipercapitalista del siglo XXI es más vergonzoso ser pobre que prostituta. Y no hay más que dar una vuelta por los suburbios de cualquier ciudad china para darse cuenta de que el negocio disfruta de buena salud, a pesar de que se trata de una actividad ilegal.


Pequeñas columnas rotatorias iluminadas anuncian la existencia de una peluquería, pero la ropa interior colgada en la puerta sugiere que dentro nadie se corta un pelo. Por si hay alguna duda, las peluqueras visten minifaldas que revelan más que cubren. “Hay que tener en cuenta que China tiene unos treinta millones de hombres más que de mujeres, y que éstos tienen sus necesidades sexuales. La prostitución cumple una función social, y en muchos casos ayuda a que las familias no se rompan”, sugiere el sociólogo de Fudan. Diferentes estimaciones calculan el número de meretrices chinas entre 5 y 10 millones.


Zhang y Xinjing no tienen nada en contra de la prostitución. E incluso le están dando vueltas a la idea de formar un trío con una. “O con uno”, matiza ella. A pesar de su atrevimiento, la pareja no se considera especial. Xinjing no se muerde la lengua: “No hay nada de malo en el sexo, siempre que sea consentido. Ya no somos camaradas, sino personas con necesidad de disfrutar de nuestro cuerpo. China está cambiando, y eso es positivo”.


Eso sí: ellos no tienen ninguna intención de hacerse un book desnudos el día de su boda, una tendencia en auge que se filtra luego en miles de blogs.


Tampoco esperan copiar la curiosa noche de bodas que se está popularizando entre los jóvenes de clases media y alta: todo comienza con un corro de amigos grabando en vídeo y tomando fotografías de los primeros momentos de los recién casados en la cama. A ser posible, desnudos y aparentando (todavía parece que no va más allá) mantener relaciones sexuales. Para darle más gracia al tema, hay quien coloca globos debajo del colchón, para que exploten al comienzo de la función. Es sólo la escenificación humorística y sin complejos de que el sexo ha dejado de ser tabú para estar en boca de todos.


OTRAS PEQUEÑAS REVOLUCIONES
Desde que Deng Xiaoping abrió las puertas, el capital no ha dejado de fluir. La clase media china ya roza los 300 millones de personas, cuyo consumo desaforado ha provocado otros pequeños milagros.


Internet. El ciberespacio ya no es un desconocido en China. Un total de 253 millones de habitantes están conectados, y su número crece un 20% anual. Internet es la ventana al exterior, aunque sus cristales no son transparentes. La censura impide ver fotografías de la masacre de Tiananmen o informarse sobre Tíbet, Taiwan o los derechos humanos. De momento, no les importa en exceso. Los videojuegos en la Red y el Messenger son suficientes.


Gastronomía.
De pelear por un bol de arroz a hacerle sombra a Ferran Adrià. La revolución económica no sólo ha sacado a 350 millones de chinos de la miseria absoluta. También ha provocado la entrada en tromba de las cadenas de comida rápida estadounidenses, y ha propiciado el nacimiento de una nueva generación de reputados chefs de nombres impronunciables. Los ojos rasgados ya miran de frente la cocina de autor.


Nuevos ricos.
Zapatillas Nike, pantalones Calvin Klein, camisa ralph lauren, bolso Louis Vuitton, frapuccino de Starbucks y el logo de BmW, Audi o Cadillac en el volante. Es el ideal de las clases pudientes de China, cuya renta se duplica cada década mientras su ahorro se reduce un 30%. Y es que la hoz y el martillo son ya sólo reflejo del sistema político de un país sumergido en el consumismo más brutal.

2008/08/04

> Berria: Politika > CUANDO LA LEY NO BASTA PARA CAMBIAR LA REALIDAD

  • Cuando la ley no basta para cambiar la realidad
  • Hay normas que no han cumplido ni de lejos el objetivo para el que fueron creadas. Su éxito depende del acuerdo de la gente
  • Público, 2008-08-04 # O. Carballar / R. Bocanegra · Sevilla

¿Dejarán de matar los hombres a las mujeres? ¿Dejarán de beber los jóvenes en la calle? ¿Dejarán de morir trabajadores en el tajo? Eso es lo que perseguían los promotores de la Ley contra la Violencia de Género, las leyes Antibotellón y la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. El problema es que ninguna de estas leyes ha conseguido, ni de lejos, su objetivo. Su publicación en el BOE no fue suficiente.


¿Por qué unas leyes cumplen su cometido y otras no? El catedrático emérito de Ciencias Políticas en la Universidad de Granada, José Cazorla, apunta que “la mayoría de las veces [no funcionan] porque no eran útiles y en otras porque había una tradición contraria”. O dicho de otra manera: los problemas que afrontaban eran enormes. Se trata de cambiar formas de actuar.


Un ejemplo es la Ley Integral contra la Violencia de Género, de la que el Gobierno ha admitido que no ha dado los resultados esperados. La vicepresidenta De la Vega pidió, recientemente, “la implicación de todos los ciudadanos para acabar con esta triste y vergonzosa” lacra. De ellos depende.


¿Ha acabado la ley de matrimonios homosexuales con la discriminación de gays y lesbianas? Tampoco. Hay quien la ha calificado de norma pedagógica. Se aplica, pero necesita, para superar el examen final, romper aún con la inercia. Al igual que la asignatura Educación para la Ciudadanía, cuya implantación se ha topado con fuertes resistencias.

Normas que se puedan aplicar
A los gobiernos les sale caro aplicar las normas que promulgan si no conectan con su electorado. Ya lo sentenció Napoleón Bonaparte: “No dictes una ley que no te veas capaz de cumplir”. El ejemplo de las leyes antibotellón es claro. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón (PP), dictó la suya cuando presidía la comunidad y la hizo cumplir: envió a la Policía a acabar con el epicentro del ruido en el Dos de Mayo.


Sin embargo, en Andalucía, el Gobierno socialista dictó una ley que pasaba el asunto a los ayuntamientos, abriéndoles la posibilidad de crear botellódromos. Su aplicación está siendo dispar –cada consistorio ha tomado sus propias decisiones– y polémica. Cazorla arremete contra esta regulación: “Que la policía te detenga por beber un vaso de vino en la calle pone en entredicho la utilidad de la policía”.


El éxito de las normas dependerá de “la utilidad real que la gente le atribuya”, remacha Cazorla. Este es uno de los caballos de batalla de la lucha contra el urbanismo salvaje. La Fiscalía ha llegado a acusar a la Administración de no aplicar con rigor las normas en materia de derribos. Y la censura de determinadas actividades no está tan clara, pues alcaldes imputados repiten victoria en las elecciones. El filósofo griego Aristóteles lo expresó así: “Hay leyes fundadas en las costumbres que son mucho más poderosas que las leyes escritas”. Los ciudadanos tienen la palabra.

2008/02/13

> Iritzia: Raquel Marco Landa > LAS ABUELAS RONCALESAS HACEN TOP-LESS EN SUECIA EN LOS AÑOS 70

  • Las abuelas roncalesas hacen top-less en Suecia en los años 70
  • Noticias de Gipuzkoa, 2008-02-13 # Raquel Marco Landa

De haber sido cierto, hubiera sido titular seguro. Más vale que nuestras abuelas no tuvieron que emigrar tan al norte como los países nórdicos, donde la libertad individual llegó mucho antes que aquí, y el despojo de tradiciones coercitivas para con la mujer o con el ser humano en general, tuvo lugar en un tiempo anterior al nuestro.


En los años 70, viví la gran experiencia de tener una abuela maravillosa, Juana se llamaba, a la que acompañaba a pasear las gallinas, a dar sal a las vacas en las piedras del barranco de Urralegui (Navarra), o a misa a la iglesia de Urzainqui. Ella vestía siempre de negro, con una sencilla bata, casi hasta los tobillos, manga larga, medias y zapatillas negras. Cuando iba a misa siempre llevaba la mantilla roncalesa. Una mantilla de tela recia negra que le cubría la cabeza y gran parte del torso. Ésta era la imagen típica y clásica de la mujer roncalesa, rondando los 70 años, en 1977.


Imagínese el lector, que estas mujeres con su idiosincrasia, su forma de vida, sus creencias, sus miedos, su pudor tuvieran que verse obligadas a dejar su valle, su tierra, su casa, su familia para emigrar, por causas económicas o políticas a tierras lejanas donde la vida estuviera mucho más evolucionada socialmente y donde hubiera un gobernante como el Sr. Rajoy que les obligara a adoptar las costumbres del país y tuvieran que vestir de tirantes, minifalda y tanga. En fin, imagínese cómo se sentirían nuestras abuelas. Intenten ponerse en su pellejo.


Me quedé asombrada cuando el Sr. Rajoy anunció su brillante idea de hacer firmar a los inmigrantes un contrato donde se les obligara a aceptar nuestras costumbres y tradiciones. Pero más perpleja me he quedado cuando el 54 % de los entrevistados en una encuesta apoyan esta idea. Entiendo que haya gente que los inmigrantes les molesten en muchos sentidos. Pero creo que se les puede dar un trato digno, primero por humanidad y segundo, porque los necesitamos. Quién si no iba a realizar la cantidad de trabajos que hacen y que no se cubren con los efectivos nacionales.


La asimilación de la inmigración no es un proceso fácil. Nosotros mismos estábamos emigrando hace cuatro días. Tenemos la ventaja de que estamos recibiendo inmigrantes años más tarde que otros países europeos. Podemos aprender de los errores que han cometido y copiar, en la medida de lo posible, lo bueno, lo que sirvió, lo que funcionó para que los inmigrantes se integren y la población los acepte. Si no nos encontraremos con problemas de difícil solución como en Francia, en Inglaterra, en Alemania, etc.


Por supuesto que hay que desterrar y prohibir en nuestro país tradiciones como la mutilación genital, pero también luchar contra la violencia de género, que no siendo una tradición se lleva la vida de muchas personas al año, erradicar tradiciones brutales como tirar una cabra del campanario de no sé qué iglesia o ir a admirar cómo los jóvenes intentan descabezar patos con una cuerda en el puerto de Lekeitio. En fin, que nosotros también tenemos dónde mirar.


La mayoría de los inmigrantes son gente buena, que sufren por el hecho de tener que emigrar e instalarse en un país en busca de una vida mejor, en busca de comida, en busca de un futuro para ellos y para sus hijos. A la mayoría le gustaría poder volver a su tierra y a su casa y no haber tenido que emigrar. Obviamente, como en todos los sitios, hay malhechores. Afortunadamente tenemos la justicia para pararles los pies. No hay que olvidar que cuando Colón "descubrió" América, entre los conquistadores se encontraban gentes de toda calaña. Llegamos, arrasamos con la población indígena, violamos a las mujeres y niñas, robamos todo lo que pudimos y encima los evangelizamos, haciéndoles renunciar a sus creencias y convirtiéndolos a nuestra religión, que era la buena.


Los países en desarrollo necesitan un compromiso del mundo occidental meditado, estudiado, real, serio y verdadero. No nos podemos acostumbrar a verle la cara a la muerte, personificada en estos hombres, mujeres y niños que llegan a nuestras costas en pateras, los que llegan, y que su desesperación es tal que prefieren arriesgar su vida antes que morir lentamente.


A pesar de que el Sr. Rajoy dijo que el cambio climático no existía, en países como Burkina Faso y otros, el desierto avanza 1 km. al año, la falta de lluvia, falta de vegetación, de comida hace que la gente se vea obligada a dejar sus aldeas. Los países en desarrollo son los primeros en sufrir las consecuencias del cambio climático. Sin embargo, el mundo occidental es el primer responsable, por nuestras industrias, automóviles, por nuestra polución, en definitiva, por nuestra insostenible forma de vida. Europa, EEUU, Japón tienen que invertir en los países en desarrollo, pero de una forma seria, en beneficio real de los mal llamados países pobres. Esto frenará la emigración, ya que no se puede acoger a todo el mundo. Pero mientras se creen organismos internacionales para luchar contra la pobreza y 40 años más tarde los países en desarrollo son más pobres que cuando se empezó, vamos por mal camino.


El Sr. Rajoy no dice qué costumbres van a tener que adoptar los inmigrantes, las suyas, las mías, las de mi vecino, las de la derecha, las de la izquierda, las del Opus, las de los ateos. Estamos en una sociedad plural, por suerte. No sé si incluye a los inmigrantes europeos que hay asentados en muchos lugares cálidos, por lo general, de la geografía española, que son dueños de pueblos, que viven en verdaderos guetos, que no hablan la lengua, que no cotizan y que utilizan los servicios sanitarios y otros, que montan tiendas con sus propios productos, etc. O si la firma de este contrato, es sólo para los inmigrantes que sí que utilizan nuestra sanidad y nuestros servicios, pero que cotizan y que cotizarían muchos más si se regularizara a todos los que están trabajando, en vez de ser, a veces, explotados por gente sin escrúpulos.


El teólogo de la liberación Jon Sobrino a su paso por Pamplona la semana pasada dijo que vivimos en una sociedad enferma, hay que humanizarla. Comparto esta máxima. Yo, Sr. Rajoy, le deseo, para que conozca qué es la humanidad, que tenga que emigrar en patera y que cuando llegue a buen puerto, soy generosa, le obliguen a ponerse un taparrabos, para que vea lo que vale un peine, un café o una barra de pan.