- 2008: el año en que el sueño no fue posible
- Col•lectiu Gai de Barcelona, 2008-12-31
La poderosa Iglesia Católica ha apostado por perpetuar la persecución i represión. Dice que no a la iniciativa europea de despenalizar la homosexualidad en todo el mundo, presentada en la ONU el noviembre pasado.
El otro día, nos decía un conocido que como en “botica”, también hay religiosos sensibles y “tolerantes”. Bien, no podemos estar de acuerdo: hay religiosos, nos consta, de cierta amabilidad y buenas palabras, pero no sabemos que ninguno de ellos haya puesto el grito en el cielo (nunca mejor dicho) después que el embajador del Vaticano en la ONU se pusiera en contra de la despenalización de la homosexualidad o depuse de oír las manifestaciones últimas de Rouco o Sistach. Así pues, queda claro, que, al menos no estan en desacuerdo o practican un seguidísimo becerril.
El problema para los que vivimos en éste primer mundo, aunque ya no estamos legalmente perseguidos (lo estuvimos: por los religiosos), aunque ya no nos maten con el beneplácito de la ley (lo hacían: los religiosos), es que la iglesia, sus miembros, practican una persecución mucho más discreta, incluso sibilina, pero persecución al fin y al cabo. Han sustituido las hogueras, que siempre dejan un regusto amargo en el ambiente, por una técnica basada en odio silencioso y ostracismo: te dan permiso para vivir pero en silencio i si de vez en cuando se escapa alguna paliza “bienintencionada”, alguna discriminación, algún maltrato, pues te aguantas, tampoco hay para tanto.
Un año triste en el que una vez más se perpetúa la persecución fóbica por activa y/o pasiva de aquellos que “trabajan” por Dios. Cristo que paradójicamente predicaba el amor hacia todos y no el odio irracional que manifiestan hacia los que aman en libertad y no según sus dogmáticas, arbritarias y arcaicas normas dictadas por los religiosos a su gusto y conveniencia.
Y, finalmente, un año triste donde, como colofón, hemos podido ver a las altas jerarquías de la Iglesia Católica de España y Catalunya, predicar en populosas y enormes misas ampliamente difundidas por los medios de comunicación públicos, en los que, sin demasiado pudor, se alienta el odio hacia cualquier relación que no sea la que ellos llaman “modelo cristiano de familia”.
Así pues, un vez más, como no heteronormativos víctimas de los abusos de la religión, por tanto de sus representantes, no nos queda más que exigir un estado laico, una educación no religiosa y el reparto de los bienes de la Iglesia entre el pueblo.