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2008/12/30

> Iritzia: Manuel Torres > POLITICAMENTE INCORRUPTO

  • Políticamente incorrupto
  • Deia, 2008-12-30 # Manuel Torres · Psicoanalista

Oscar Wilde dice que de lo sublime a lo ridículo hay sólo un paso, lo que, a mi modo de ver, guarda cierta consonancia con este bólido incontrolado llamado corrección política, que se desliza sin el menor sonrojo hasta alcanzar los ángulos más recónditos de nuestro mapa social, pero que, a medida que circula más libre y respetable enarbolando la bandera de la tolerancia y el respeto, aumenta también el cansancio de una ciudadanía cada vez más harta de sus propios excesos. Lo políticamente correcto se impone hasta conseguir que los libros de estilo de los periódicos se actualicen con más celeridad que un antivirus.

Un buen día, por ejemplo, los paralíticos dejan de llamarse así, para pasar a ser inválidos. Pero a alguien le parece que éste es un término vejatorio, y los convierte en minusválidos. Con eso y con todo, todavía hay quienes insisten en que el prefijo minus podría ser lesivo para la sensibilidad de alguien, pasando de inmediato a llamarse personas con movilidad reducida.

De esta guisa, y bajo dicho proceso evolutivo, un negro se torna afroamericano; los hombres pasan a ser la Humanidad; al patriotismo se le llama nacionalismo; a éste, separatismo; al matrimonio, vida en común; a la religión, fundamentalismo; a la moral, tolerancia; al terrorismo islámico, amenaza internacional; a las bandas latinas, grupos de amigos latinoamericanos; al dúo sacapuntas, escuela de Francfort, y así hasta acabar en una letanía de eufemismos tan ridículos como pacatos.

En fin, es lo que tiene vivir en una sociedad rica con preocupaciones de ricos, en la que lo políticamente correcto anega todos los órdenes de la vida pública, política, económica, moral, mediática, cultural, religiosa y, naturalmente, lingüística, hasta transfigurarlo en un poema.

Antes eran tipos con sotana, con uniformes grises, o subalternos de un dictador bendecido bajo el palio vaticano, los que regulaban cómo debíamos hablar, vestir, rezar, divertirnos, incluso pensar. Ahora, mucho más humanizado, es el espíritu progresista el que parece abrigar un sistema ético y moralizador -refrendado en las urnas- que dice ejercer bajo unos principios laicos, dialogantes, neutrales y, desde luego, contrarios a los dogmas viciados del pasado.

Los recientes casos ocurridos, tan disparatados como flagrantes, señalan algo de este vetusto guiñol: los crucifijos de la discordia (con la alarmante situación de la educación en este país); el caso de Sor Maravillas (tratado en el Congreso como si sus señorías no tuvieran asuntos más urgentes que atender); o el proceloso capítulo del aumento de pecho en una disco de Levante, que acabó por involucrar a ministerios, asociaciones feministas y agentes sociales de distinto pelaje, hasta instituir su total repulsa bajo la égida de un velado totalitarismo institucionalizado.

El caso me recuerda aquella tragedia hipócrita de los 70 que se cernió sobre Linda Lovelace, la heroína del porno-filme más rentable de toda la historia del cine, Garganta profunda, y del que ella apenas sacó una limosna. En la sociedad puritana de Nixon -que en ese momento no estaba para muchas bromas- la película fue triturada por el conservadurismo más reaccionario, escenificado con boicots sacrosantos a las puertas de los cines. Pero lo insólito es que también fue vapuleada con ferocidad por el feminismo más radical, al reprobar la utilización degradante de la mujer… en contra de las feministas menos beligerantes, que pregonaban la libre elección del ciudadano, sin censura ni cortapisas, de administrar su sexualidad como quisiera. Lovelace, desengañada y condenada por casi toda la sociedad norteamericana, fue dando tumbos hasta el último de sus días, finiquitados en un accidente de tráfico de 2002. Cuando extrajeron el cuerpo del amasijo en el quedó el coche, llevaba encima todo su capital: 56 dólares.

El lenguaje pude conducir al reduccionismo y, peor, el debate quedar en un discurso impostado y tramposo en aras (según dicen) de la igualdad, del respeto y la diversidad cultural, llegando a resultar tan cursi y ficticio como toser en el entreacto de una ópera. En España, el debate público se ha llenado de acusaciones de racismo, de homofobia, sexismo, maltrato animal, vejación a discapacitados, a otras religiones, etcétera. Y muchos se preguntan, sin por ello secundar ninguna de esas actitudes, si no habremos acabado también con la última reserva de sentido común. La publicidad televisiva ha sido, y es cada vez más, objetivo de esta observancia dogmática tanto en series de humor como en los propios anuncios, casi siempre supeditada a la desviación androcéntrica de los creativos, donde las demandas se buscan con tanto encono como el jabón va detrás de la mugre. El asunto llega a tal extremo que en algunos municipios, a las Navidades se las ha acabado llamando vacaciones de invierno, por respeto a la multiculturalidad, no vaya a ser que algún colectivo adscrito a otro credo se ofenda y nos llamen al orden, señalándonos de paso cómo se gestionan las cosas en democracia.

Estamos asistiendo a la última comedia mediática que encauza nuestro comportamiento social. Lo que llamamos "políticamente correcto" se termina imponiendo como una verdad irrebatible por la sencilla razón de que pensar de un modo distinto iría contra corriente. Cada vez más, ésta es una imagen que se ejerce expresando con tibieza cualquier tipo de opinión, no queriendo faltar al respeto a nuestro interlocutor, sobre todo si procede de una cultura distinta y distante (recuérdese la que se organizó por las caricaturas de Mahoma). Así, evitamos palabras malsonantes, calificativos duros, opiniones discordantes, hasta solo atrevernos a formular loas pueriles y fingidas. En definitiva, lo que inicialmente era sinónimo de mantener un talante conciliador, hoy en día viene a significar "censurar para prevenir".

Desde que a finales del siglo XVIII apareciera por vez primera esta manida expresión, en la sentencia de Chisholm vs. Georgia de la Corte Suprema de EEUU, el asunto ha corrido lo suyo. La actual adscripción de lo políticamente correcto engloba a la discriminación, represión, injusticia, exclusión, marginación por raza, por género, por minorías, lengua, orientación sexual, derechos de los animales, tolerancia hacia otras culturas…, hasta hacer del lenguaje (y de la ideología que lo articula) un absolutismo cultural engañoso y almidonado.

El lenguaje humano no es otra cosa que un sistema de signos convencional que late y se dinamiza con el propio devenir de su historia. Esa es la razón por la que hay un crisol de lenguas, y es por eso que los cambios son posibles y aceptables en un mismo idioma. Sin embargo, el lenguaje no puede quedar cautivo de lo políticamente correcto porque está enraizado en la propia cultura y en los avatares de su sociedad. Eso es lo que lo hace funcional para sus tareas sociales. No me cabe duda de que lo aquí dicho es políticamente incorrecto, pero alguien tenía que decirlo.

2008/12/23

> Erreportajea: Terminologia > LOS GAYER SE VAN DE COPETEQUES: LAS NUEVAS PALABRAS DE 2008

  • Las nuevas palabras de 2008
  • En el año que termina hemos aprendido a bailar ‘tecktonik’, el significado de ‘insaculación’ y lo excitante del ‘tuppersex’. Repasamos términos que se han colado en nuestro vocabulario.
  • 20 Minutos, 2008-12-23 # Clara Hernández
El mundo de la música y la moda nos brindaron el mayor número de nuevos vocablos durante los últimos doce meses. Pero también la televisión, los políticos e, incluso, sus meteduras de pata. Algunos de ellos ya forman parte del diccionario popular. Otros se refugian en círculos especializados.

Afterwork. Aunque aterrizaron en España hace dos años, no ha sido hasta ahora que se han popularizado estos bares de estética fashion y pinchos de alta cocina donde aparcar el estrés a la salida del trabajo.

Burkini. Los bañadores para mujeres musulmanas que cubren todo el cuerpo, excepto cara, manos y pies, ya han llegado a países europeos como Holanda, no sin desatar cierta polémica.

Copeteques. Algunos, en vez de irse de copas, se van de copeteques. Como Tamara Falcó.

C-walk. Baile que arrasa en institutos y que consiste en abrir y cerrar los pies de izquierda a derecha como si uno se estuviera deslizando sobre el suelo, siempre a ritmo de hip hop.

Dogging. Como el cruising, es un comportamiento sexual importado de Gran Bretaña. Se trata de quedadas con desconocidos para copular en lugares apartados y al aire libre. Se contacta por Internet.

Etnochic. Se aplica a la música (artistas como Vampire Weekend o MIA que utilizan elementos multiculturales pasados por el filtro del pop), pero también a la moda, a la decoración o a las joyas que muestran una visión revisada de lo oriental.

Europop. Aunque no es nuevo, es ahora cuando este término se prodiga en las revistas musicales para aludir al pop hecho en Europa y amante de los hits.

Floggers.
Es la última tribu urbana proveniente de Argentina. Sus rasgos: asiduos a redes sociales como Fotolog, hedonistas, escuchan música electrónica, calzan Converse, lucen camisetas de colores llamativos, pantalón pitillo y flequillo.

Gayer. Otra forma de decir gay que ahora triunfa entre el colectivo homosexual, principalmente el madrileño.

Google generation. El poder de Google es tal que hasta la Sociología le ha robado el nombre para clasificar a los jóvenes nacidos a partir de 1982.

Humildaz. El presidente del Gobierno y su tendencia a convertir las ‘d’ finales de las palabras en ‘z’ provocaron nuevos términos y muchas bromas. Uno de los eslóganes de su campaña se basó, además de en humildaZ, en prosperidaZ y en empleos de calidaZ.

Insaculación. Era una palabra olvidada, casi en desuso. José Bono la recuperó en el mes de abril ante unos atónitos diputados. Su significado: «introducir votos en un saco para proceder después a su escrutinio».

Manga-glam. La estética nipona arrasa entre los círculos a la última. El líder del grupo Tokio Hotel también ha sucumbido a ella:_espinosa cabellera negra digna de un cómic, delineador... ¡puro manga-glam!

Marea azul. La defensa de una triunfita dulce y pálida –Virginia– frente a sus compañeros provocó el nacimiento de un club de fans a su favor y su victoria final en el concurso. Ella era la niña azul. Sus seguidores, Marea Azul.

Miembra. Según la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, una comisión está formada no sólo por miembros, sino también por miembras. Aunque esta palabra no existe aún en el diccionario, no descartó que en un futuro fuera acuñada.

Red social. Aunque su uso en EE UU data ya de hace ocho años, su popularización en España se sitúa en 2008, cuando Facebook lanzó su versión española y la red Nettby hizo su aparición.

Tuppersex. Reuniones de mujeres en domicilios que tienen por fin la compraventa de juguetes eróticos: desde aceites y cremas para los preliminares, hasta vibradores o esposas.

Tecktonik. Esta nueva forma de bailar –un frenesí de brazos que giran y se retuercen sobre la cabeza, movimientos que beben de las fuentes del hip hop, del techno o del voguing– causa furor y en Francia y, tímidamente, se ha colado en nuestros hogares a través de Internet. Sus estrellas son los Yelle.

Tiki-taka. Juego futbolístico bonito, con muchos pases, elegante... El término surgió en 2007, pero este año fue su consagración gracias a la victoria de la selección española en la Eurocopa.

Viejuno. El espacio Muchachada Nui, un experto del humor absurdo y surrealista, creó en su programa la sección Mundo viejuno para recuperar imágenes de películas antiguas. Ahora la palabra, que goza de una gran aceptación popular, sirve para describir lo viejo, lo pasado de moda... o para insultar:_«Eres un viejuno».

2008/11/23

> Berria: Bestelakoak > "KINCON" CONTRA LOS ACADEMICOS DE LA RAE

  • 'Kincón' contra los académicos de la RAE
  • Unos creativos publicitarios crean una palabra para que sea recogida por el diccionario
  • El País, 2008-11-23 # Luis P. Beauregard · Madrid
La cabeza de un creativo publicitario es un mundo salvaje y descarado. Su trabajo consiste en que nuestros comportamientos se vean modificados junto a nuestros patrones de consumo. Una buena campaña puede hacer que compremos algo que no necesitamos, que cojamos cariño a algo que detestábamos o, según los creativos de la agencia Vitruvio-Leo Burnett, que comencemos a hablar con palabras que no existen.

Un chispazo de ingenio de dos creativos de esta agencia les ha hecho parir la palabra kincón, basándose en un criterio que adeuda más al cine que al léxico. El vocablo es una castellanización de King Kong, el icónico simio creado por Merian Cooper y Ernest Schoedsack en el clásico cinematográfico de 1933.

El palabro ha sido acuñado por Jorge López, de la agencia, para festejar un doble aniversario. Este 2008 el monstruo cumple 75 años de vida, mientras que el Festival Internacional de Cine de Sitges cumple 10 años. El certamen, que utiliza al simio en su logotipo, le ha regalado una campaña publicitaria.

Es así como ha nacido King Kong para siempre, un portal que recoge todos los recursos con los que kincón cuenta para hacer una proeza, volverse parte del lenguaje. Entre ellos una canción compuesta por Riki López y un vídeo en el que un kaiser, un kiwi y un keniata -algunas de las 200 palabras que comienzan con k en el diccionario de la RAE- piden la inclusión de la nueva palabra en el diccionario.

Dice José Antonio Bayona, el director de El Orfanato, que kincón es "cuando soñamos con esa persona amada que no nos ha correspondido". En Vitrubio aseguran que es "aquél que ha quedado prendado de un amor imposible". Hasta el momento, cerca de 2.400 personas han respaldado la propuesta en la página web en algo más de un mes. Es posible que sean ellas las únicas que conozcan la acepción de la palabra. En la agencia lo niegan. "Ha trascendido el producto", dice López, "el otro día una amiga le decía a otra: 'eres la más kincona', porque se había enamorado de un cura que además era gay".

José Manuel Blecua, secretario de la RAE dice que la iniciativa le parece "muy legítima y democrática" pero poco factible. "[La campaña] ignora la cualidad del nombre propio en la Lexicografía", asegura. El académico hace referencia a la facultad propia y única de los nombres, que es lo que nos hace excepcionales. "Viven con los elementos de su referencia, por ello no son iguales a otras palabras de la lengua".

Pero siempre hay una excepción a la regla, ¿no? Esto lo sabe Jorge López. "No es tan descabellado", dice el creativo. Se escuda diciendo que algunos personajes han entrado al diccionario. Allí están robinsón, por el personaje de Daniel Defoe; donjuán, por el Tenorio y lolita, la seductora niña de la novela de Vladimir Nabokov.

Blecua lo reconoce y defiende el uso -y existencia- de algunos adjetivos que derivan de la conducta de otros personajes de ficción. Entre ellos rocambolesco, chaplinesco y cantinfleada. "Pero Chaplin o Cantinflas", explica el secretario de la RAE, "no están en el diccionario".

"Nos hemos informado y sabemos que hay dos maneras de que una palabra entre al diccionario", dice Jorge López. La primera de ellas es que sea aprobada en la reunión que todos los jueves celebra el Pleno de la Academia. La propuesta puede venir de algún académico, de una de las 10 comisiones de trabajo o del Instituto de Lexicografía de la institución. La segunda forma es mediante consultas externas, en las que la gente puede hacer llegar comentarios sobre acepciones, así como señalar errores. Pero propuestas de palabras hay pocas, dice Blecua.

El equipo detrás de King Kong para siempre ha enviado a la escritora Ana María Matute dos cartas explicando la iniciativa. La autora de Los hijos muertos, que ocupa el sillón K mayúscula, aún no ha mostrado su parecer sobre kincón. "No queremos presionarla, pero nos gustaría saber que opina sobre todo esto", dice Jorge.

De esta forma King Kong ha dejado el Empire State de Nueva York para librar una batalla en la calle madrileña de Felipe IV, en la sede de la RAE. De perderla hay poco que lamentar. El paso a la Historia ya lo ha logrado.
El Cine, nuestro lenguaje

Hace exactamente una semana el cineasta José Luis Borau fue recibido como académico de número en la RAE para ocupar el sillón B mayúscula. El ingreso del director ha sido un verdadero motivo de celebración para cineastas y cinéfilos. Se trata del segundo realizador en entrar a la institución después de Fernando Fernán Gómez.

"El ser humano parece no haber caído en la cuenta de lo que realmente ha supuesto la irrupción del Cine en nuestra mente, y de rebote, en el afán de comunicarnos con el prójimo", dijo Borau ante los académicos en un discurso que rastreaba exhaustivamente las huella del cine en el lenguaje.

Antes, aseguró el octogenario cineasta "sólo contábamos con dos armas a la hora de expresarnos: el conocimiento directo, es decir, lo que le había ocurrido a uno, y el heredado, es decir, lo que nos hubiera transmitido algún semejante por haberle ocurrido a él".

Boreau cree que el relato visual, compuesto por las "imágenes vivas, ciertas o falsas, inmateriales y luminosas" ha trastocado la forma tradicional de conocer y darse a entender. "De ahí la tendencia a echar mano del recuerdo cinematográfico, de sus escenarios, de sus personajes, de sus diálogos, de los títulos incluso. Todo para entendernos mejor, para recrearnos o aprender con lo que vimos una vez. Para seguir tirando de la vida sin tanto esfuerzo", dijo.

2008/11/12

> Elkarrizketa: Eduardo Mendicutti > "UNA PARTE DEL COLECTIVO GAY RECHAZA AL MARIQUITA DE PUEBLO"

  • Eduardo Mendicutti: "Una parte del colectivo gay rechaza al mariquita de pueblo"
  • El escritor y televisivo participa en los actos del décimo aniversario del Centro Andaluz de las Letras en Granada
  • Granada Hoy, 2008-11-12

Si la risa es terapéutica, Eduardo Mendicutti y los suyos tienen asegurada una larga vida. Ayer participó en los actos del décimo cumpleaños del Centro Andaluz de las Letras con una charla sobre libros y lectura. Y leyó parte de su última novela, Ganas de hablar, donde reivindica la figura del "mariquita de pueblo", en la línea de otras obras con títulos como El palomo cojo.

-Su charla ha girado en torno al libro y la lectura. Ofrezca diez razones para leer.
-Hay muchísimas más. El libro es el mejor compañero, el mejor guía para viajar por tu alma y por la de otros. Es incluso el mejor guía turístico: en tiempos de mucha precariedad había quien viajaba simplemente leyendo la guía de ferrocarriles. Un libro es un buen vecino, se puede cotillear en ellos sin necesidad de perder el tiempo en el rellano de la escalera, asistir a reuniones elegantísimas, es el mejor cuidador de niños y pueden salir tan viajados como los niños de la Preysler.


-Leyendo sus títulos, 'El palomo cojo' o 'Yo no tengo la culpa de haber nacido tan sexy' se observa un entronque con otros títulos como 'El caso de la mujer asesinadita' de Mihura. ¿Respeto a la tradición?
-Ahí hay una tradición del humor español, con Jardiel Poncela por ejemplo o Mihura. Es un humor en principio más blanco, pero a veces minusvalorado, capaz de lo más lírico mediante el absurdo, de abrir una puerta a la imaginación, a las emociones... Pero, tradicionalmente, el sufrimiento ha tenido más prestigio que el humor.


-Pero su humor no deja de ser como la careta de un payaso, con mil historias y penurias detrás...

-Pero la gente prefiere la tristeza en primer plano. Pasa en todas parcelas, como en el cine, donde el Oscar casi siempre se lo dan al drama y no a la comedia.


-¿España es más una obra de Quevedo que de Góngora?
-Sin duda. Yo comprendo que algún amigo mío se lleve las manos a la cabeza, pero creo que el sarcasmo, el esperpento, bien analizado, es un retrato de la sociedad muy eficaz. El barroquismo está muy bien, tiene un gran fuste, pero esa otra mirada sobre la realidad descarnada está muy bien. Pertenece mucho al carácter español sea eso lo que sea.


-Ha hablado de amigos, caso de Luis García Montero, Caballero Bonald o Joaquín Sabina. ¿Cómo son sus veraneos en Rota?

-Es una especie de contubernio que han organizado Luis y Almudena Grandes, sobre todo, con Felipe Benítez Reyes, Pepe Caballero o Sabina. Supongo que acabará formándose una especie de comuna veraniega de escritores y anexos y se convertirá en algo enormemente fructífero. Entre risas y farra se habla de todo, y bien. Sobre todo se vive mucho, y como yo creo que la literatura se nutre de la vida creo que ahí hay un buen manantial.


-Como tertuliano político, ¿nada mejor que un escritor dada la política de ficción que algunos dicen que tenemos?
-Con ese planteamiento tiene toda la razón del mundo.


-¿Por qué en algunos sectores tiene fama de conservador? ¿Por colaborar en 'El Mundo'?

-Es posible. Es verdad que a veces he visto cosas en internet que me han dejado estupefacto, no sabes si es que no me entienden, si entienden lo que les da la gana... He leído cosas tremendas. Internet es un desbarajuste aunque entiendo su capacidad y sus posibilidades. Pero la falta de rigor y de garantías de que lo que lees es cierto es el punto flaco de internet.


-¿Algún comentario le ha llamado especialmente la atención?
-Fíjese, lo que más me llamó la atención fue cuando una chica, que había estado en una conferencia mía, escribió en un chat que le había encantado y que quería saber más cosas de mí, muchos piropos. Una persona le contestó: "No te fíes que es un tertuliano de María Teresa Campos". La otra acabó dando las gracias por el aviso.

-Su último libro, 'Ganas de hablar', habla del mariquita de pueblo, algo tan consustancial a este país como el toro de Osborne.
-Los pobres lo han pasado muy mal, aunque han sido muy divertidos. He querido reconocerlos, una parte del colectivo gay rechaza la figura el mariquita de pueblo. Me parece injusto porque uno puede ser muy culto y refinado pero esa gente ha dado la cara.


-En 'Los martes de la cuadra dorada' ha habido una media de menos de 25 personas por acto literario. ¿Qué opinión le merece?
-Es curioso. Yo creo que hay una diferencia notable entre las cosas que se organizan en grandes ciudades y las que se organizan en pueblos.

2008/11/04

> Iritzia: Vicente Torres > VESTIRSE POR LOS PIES

  • Vestirse por los pies
  • El País, 2008-11-04 # Vicente Torres • Valencia
Me ha sorprendido que en toda la semana pasada este periódico no haya publicado ningún comentario sobre la frase que le dedicó Mariano Rajoy a UPN, con ocasión de su ruptura política. No sé si se trata de autocensura o sencillamente que no se ha considerado importante. Para mí, ha sido el comentario más machista y casposo escuchado de un político en lo que va de año. Es una expresión pasada de moda, arcaica, propia del siglo pasado, de la España más profunda, que la mayoría de la gente ya no entiende. Entonces sólo los hombres llevaban pantalones, y por tanto "se vestían por los pies", mientras que las mujeres (en Europa) aún no los usaban y, por tanto, se ponían las batas o vestidos "por la cabeza".

Lo que Rajoy le dijo a UPN es que él seguía siendo un hombre, se supone que un "hombre de palabra", que no cambiaba de opinión ni de alianzas (¡nada más ajeno a la vida política real!), mientras que los de UPN son como las mujeres, se supone que volubles, tornadizas y poco dignas de confianza. Así de fuerte, y así de grave. Las modas de vestir han cambiado; ahora las mujeres también se visten por los pies, pero el lenguaje del señor Rajoy (y el pensamiento machista que hay detrás) sigue siendo decimonónico.

2008/11/01

> Erreportajea: Terminologia > ¿LA CORRECCION POLITICA SE HA VUELTO LOCA?

  • ¿La corrección política se ha vuelto loca?
  • Dos corrientes amenazan lo políticamente correcto: los 'talibanes' que exigen una asepsia máxima y los populistas que lo violan para brillar
  • El País, 2008-11-01 # Silvia Blanco

Es fácil que la corrección política se deslice con naturalidad hacia los extremos. Imagine un pueblo cualquiera en el que, al llegar diciembre, el Ayuntamiento anuncia que en las calles no habrá iluminación especial por Navidad, ni decoración por austera que sea, ni árbol que valga en la plaza. Que públicamente no se celebra. Y que el motivo no tiene nada que ver con la crisis, sino con la multiculturalidad. El objetivo es evitar que los vecinos que no sean cristianos se sientan ofendidos. Ya ha ocurrido. En Luton, Inglaterra, en 2006.

El ejemplo lo pone Edward Stourton, periodista y presentador del programa Today de BBC Radio 4, e ilustra una expresión que escucha a menudo desde hace tiempo: "¡La corrección política se ha vuelto loca!". Esa frase es también el motivo que le impulsó a escribir el libro It's a PC World (Un mundo políticamente correcto), que se publica esta semana en Reino Unido. "Aquí", explica por teléfono desde Londres, "mucha gente piensa que la corrección ha ido demasiado lejos, llegando a situaciones estúpidas".

El debate público en España se ha llenado de acusaciones de homofobia, racismo, xenofobia, sexismo, maltrato animal, desprecio por la discapacidad o por la religión. Y muchos se preguntan, sin por ello apoyar ninguna de esas actitudes, si se ha vaciado de sentido común. "Aumenta el recurso a la denuncia y aumenta, también, el cansancio del ciudadano, cada vez más harto del exceso de corrección política, en una escalada que roza el absurdo", analiza el sociólogo Enrique Gil Calvo.

Ahí está el "caso de las croquetas de Puri", la eliminación de la campaña del ministerio de Economía para incentivar la compra de letras del Tesoro. En la cuña de radio se oye una voz masculina argumentar así por qué no va a dejar a su mujer: "Pero tú estás loca [dirigiéndose a la psicóloga que se lo recomienda], si mi Puri es lo más grande. Cómo se nota que no has probado las croquetas de mi Puri". Se consideró que el anuncio empleaba un lenguaje sexista. La ministra de Igualdad, Bibiana Aído, ordenó que se retirara hace un mes a petición de una senadora del PP. Y lo hizo después de haberse iniciado en el cargo con el huracán provocado por el guiño a las feministas, al referirse a las "miembras". Pero no todo tiene que ver con las palabras. La publicidad es, cada vez más, el objetivo de las críticas, donde se impone el afán de no molestar a nadie. En una entrevista reciente con este periódico, Carlos Alija, subdirector del Club de Creativos, comentaba cómo al idear un anuncio no sólo se tiene en cuenta la ley y los márgenes de la autorregulación. Siempre planea "el fantasma de la corrección política, que hace que la creatividad no tenga toda la chispa que podría".

En las últimas dos semanas, Sony ha retirado medio millón de copias de su juego estrella, Little big planet, porque se ponía música a dos versos del Corán, lo que podría considerarse ofensivo para un jugador musulmán, cuya religión no admite acompañamiento instrumental de la palabra de Dios. El Consejo de Representantes de Minusválidos (Cermi) denunció el tratamiento "vejatorio, denigrante y humillante" de un personaje tartamudo que aparecía en la serie Lalola, que emite Antena 3. ¿Somos más sensibles, o más susceptibles? El problema es cuando "hay un nivel exacerbado de susceptibilidad", dice Gil Calvo. "Enseguida hay alguien que siente que le han pisado el callo". Para el productor ejecutivo de Zebra, "los colectivos son cada vez más reivindicativos, tienen más poder social y saben que van a tener una amplia repercusión mediática".

Examinemos la crítica de Cermi a Lalola, emitida en horario infantil. El productor Ejecutivo de Zebra, la empresa que la produce en España, confiesa su "sorpresa". Cuenta que el personaje tartamudo, que encarna a una nueva jefa, es "alguien con poder, y los empleados hacen chistes, es todo". Cuando adaptan un guión, explica, "tenemos muy en cuenta la corrección política, en el sentido de no herir a nadie. Evitamos temas religiosos o políticos y nunca se van a positivizar conductas antisociales. Esta franja horaria está reglamentada y lo último que nos interesa es alejar a ningún espectador".

Del otro lado, Juan Antonio Ledesma, presidente de Cermi, cree que la clave es "el sentido común. Se ha avanzado mucho en cómo los medios presentan a las personas con discapacidad. Antes eran invisibles, aunque sean cuatro millones de españoles. Pero no se trata de meterlos con calzador, por cuota, sino usando la persuasión. No es tan difícil. Tenemos un pacto con los anunciantes, por ejemplo, en el que pueden reunirse con nosotros, voluntariamente, antes de emitir el anuncio para curarse en salud".

El humor de la serie Aída, que emite Telecinco y acaba de ganar un premio Ondas, es de todo menos correcto. También tuvo una denuncia el año pasado a propósito de chistes sobre un personaje con síndrome de Shekel (enanismo). Alguien lo compara con un portero de futbolín. "El propio actor, que vino de Valencia para grabar el capítulo, estaba encantado", explica Antonio Sánchez, coordinador de guión de la serie. "Quisimos que Aída fuera costumbrista. La gente habla como habla, y a veces es incorrecta o chabacana. Esto es un barrio del extrarradio, en el que se viste de una manera, los decorados se adaptan y hay personajes al límite para reírnos justo de eso: un camarero machista y xenófobo (Mauricio), una vecina prostituta... Pero es que hay muchos mauricios, que se meten con los homosexuales, con los inmigrantes. No nos podemos poner una venda en los ojos".

Esa tendencia a radicalizarse no implica que la corrección política se deseche automáticamente. Stourton cree que es útil, por ejemplo, contra el racismo. "La idea de emplear un lenguaje y unos gestos que no ofendan a la gente por su condición sexual, religiosa o su procedencia es positiva", añade Jordi Rodríguez Virgili, profesor de Comunicación Política de la Universidad de Navarra.

De hecho, la corrección se tiene muy en cuenta. Se mira con lupa. Por ejemplo, a la hora de planificar un discurso electoral o un debate ante los medios de comunicación. Se calcula y ensaya el contenido, la puesta en escena, el lenguaje. Antoni Gutiérrez-Rubí es un experimentado asesor de políticos, entre ellos ministros o presidentes autonómicos, y autor del libro Políticas. Mujeres protagonistas de un poder diferenciado. "Cometer un error con sectores sociales vulnerables es un error muy importante para un político. Hay una preocupación constante por no ofender en materia de religión e inmigración. Para ser francos, no nace como algo natural, sino que tiene un punto preventivo que obliga a revisar el discurso", explica. ¿Qué es lo que más les cuesta corregir? "Sin duda, el sexismo. No se dan cuenta. Hay que estar muy encima, porque prevalece el punto de vista androcéntrico. Al hablar, se nota muchísimo cuando, en vez de ver la diversidad, vemos un hombre. Hay veces que bajas del escenario y te das cuenta que has hablado con total naturalidad de los derechos del hombre, en vez de los derechos. El lenguaje puede conducir al reduccionismo. Ocurre igual cuando se abordan cuestiones territoriales, ahí es fácil pensar en gente que vive en ciudades, y obviar el mundo rural". ¿No temen que resulte un discurso impostado, hueco? "El político que mejora en esto es valorado. Si por hablar correctamente parece vacío, es que no tiene ideas". Pero ahora, a la vuelta del péndulo aguarda la moda de la incorrección, con políticos que se jactan de llamar, supuestamente, a las cosas por su nombre.

Mientras unos se entrenan para ser políticamente correctos y en elaborar un discurso "democráticamente inclusivo", como lo llama Gutiérrez-Rubí, otros explotan exactamente lo contrario. El poder de la incorrección. Aznar es uno de sus últimos abonados. La semana pasada sacó a relucir su recién estrenada iconoclastia -ya se burló el año pasado de la campaña de la DGT No podemos conducir por ti-, ahora respecto a la ecología. Fue en la presentación de un libro del presidente checo Václav Klaus, en la que aseguró que compartía con él "la determinación de defender en libertad" sus "puntos de vista por mucho que molesten a los guardianes de lo políticamente correcto".

Ahí está Berlusconi criticando a Zapatero por formar el último Gobierno con ocho ministras y la vicepresidenta. Lo calificó de "demasiado rosa": "Nosotros no podemos hacerlo porque en Italia hay una prevalencia de hombres en política y no es fácil encontrar mujeres protagonistas preparadas para la actividad de Gobierno", soltó en abril Il Cavaliere. Ahí está Hugo Chávez un día sí y otro cargando contra Estados Unidos. El mes pasado, cuando expulsó al embajador de ese país para apoyar a Evo Morales, dijo: "Ya basta de tanta mierda de ustedes, yanquis de mierda". De vuelta a España, está Miguel Arias Cañete, secretario ejecutivo de Economía y Empleo del PP, con su nostalgia de los "camareros de antes": "La mano de obra inmigrante no es tan cualificada. Aquellos camareros maravillosos que teníamos, que le pedíamos un cortado, un nosequé, mi tostada con crema, la mía con manteca colorada, cerdo, y a mí uno de boquerones en vinagre y venían y te lo traían rápidamente y con una enorme eficacia", dijo en febrero.

El fenómeno ha contagiado a todo el debate público. Al tiempo que se multiplican las denuncias hacia la publicidad, la televisión, Internet o la ficción, el ciudadano cae en los brazos de Homer Simpson, Peter Griffin (Padre de familia), el doctor House, Dexter o Aída. ¿Dónde está el atractivo? ¿Se trata de una nueva especie de populismo? "Quien se desmarca claramente de la corrección política tiene garantizada la atención pública. Si el discurso políticamente correcto se percibe como hipócrita por una parte de la sociedad, un golpe de efecto puede ser muy persuasivo para la audiencia en la que se quiere influir", explica Luis de la Corte, psicólogo social y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid. Algo parecido opina Rodríguez Virgili. En su opinión, estas actitudes pueden llegar a ser valoradas como positivas por una parte de los ciudadanos, que "pueden interpretarlas como 'mira, este tipo tiene personalidad".

Mercedes Bengoechea, lingüista que estudia la feminización del lenguaje en los medios de comunicación, tiene claro en qué consiste el imán: "Estamos deseando que la gente se salte las normas. A Aznar le cargan los ecologistas como a otros les carga el feminismo, y se sienten muy liberados. La lengua es el pulso de la moral, y nunca es unitaria. Si hay incorrección es porque la gente es más sensible, más consciente, y la corrección política tiene peso".

El exceso alimenta el exceso. Las salidas de tono de algunos políticos posiblemente no serían tan efectistas de no existir el extremo contrario, cuando la corrección pierde su función de defensa de las minorías y se adentra en el eufemismo. Durante meses, la crisis no fue más que una "desaceleración" o un "periodo de dificultad" económica. Ahora se "rescatan" bancos. Un trasvase es una "canalización" o una "interconexión temporal de cuencas hídricas". "La consecuencia final es una desconfianza hacia los políticos, se desconectan del ciudadano", dice Rodríguez Virgili. Lo peor es que "el eufemismo hurta el debate público", añade. De la Corte señala que, a la hora de reflexionar "de forma libre y amplia" sobre aspectos centrales del debate, como los que afectan a la seguridad ciudadana, resultan difíciles de abordar, cuando no son directamente tabú. "Es necesario y legítimo que no se asocie automáticamente Islam y terrorismo, por supuesto. Pero el uso la expresión terrorismo internacional para referirnos a un terrorismo realmente ejercido por una minoría de musulmanes que profesan una versión radical del Islam constituye una práctica eufemística desorientadora y ridícula y una forma de autocensura". Esto, para Bengoechea, no supone ningún problema: "El eufemismo amortigua los movimientos depredatorios de la sociedad, equilibra la tendencia a machacar al otro, al diferente. Obliga a ponerse en su lugar. Y se ha avanzado infinitamente".

Un origen muy escurridizo
- "Intentar definir la corrección política es como tratar de escribir una historia neutral sobre Oriente Próximo", advierte el periodista de la BBC Edward Stourton en su libro It's a PC World (Un mundo políticamente correcto). A pesar de ello, hay cierto consenso respecto a cómo se ha ido utilizando la expresión a lo largo del tiempo:
- La corrección de Mao. Final de los años sesenta en Estados Unidos. Las universidades hierven. Una juvenil izquierda queda fascinada por El libro rojo de Mao, que se convierte en fenómeno editorial. En él se alude (o más bien se prescribe) a cuál es la línea ideológica "correcta".
- Una broma feminista. En los años ochenta, la expresión devino en una burla interna entre las feministas de Estados Unidos que cuestionaban la postura más ortodoxa del movimiento, por ejemplo, el llamado grupo antipornográfico, que condenaba las prácticas sexuales minoritarias de otras mujeres -sadomasoquistas, por ejemplo-.
- Derechización. Con el desmoronamiento del comunismo, a finales de los ochenta y principios de los noventa, la derecha utiliza el término para atacar a las corrientes de izquierda. Les acusa de radicales y considera que la corrección abusa de la libertad de expresión para intentar enmascarar así la intolerancia de la izquierda.
- Hoy. El término y el uso de la corrección política se han extendido, para designar al lenguaje y las actitudes que buscan no ofender a ningún colectivo social.

2008/10/09

> Berria: Terminologia > DEFINITIVAMENTE, "MIEMBRAS" NO EXISTE

  • Definitivamente, 'miembras' no existe
  • La decisión adoptada quiere 'respetar el castellano'
  • Para el Congreso no quedará rastro de una palabra que se dijo y que hizo historia
  • El Mundo, 2008-10-09 # Rafael J. Alvarez · Manuel Sánchez · Madrid

Lunes 9 de junio de 2008. Congreso de los Diputados. 17.15 horas. Habla Bibiana Aído: "Estoy convencida de que el compromiso con la igualdad de los miembros y miembras de esta Comisión será muy relevante a la hora de conseguir los objetivos que la sociedad española nos está reclamando".


Ayer, a cualquier hora. Acta oficial del Diario de Sesiones de la Comisión de Igualdad del 9 de junio de 2008 colgada en la web del Congreso: "Estoy convencida de que el compromiso con la igualdad de los miembros de esta Comisión será muy relevante a la hora de conseguir los objetivos que la sociedad española nos está reclamando". Agudeza visual: averiguar en menos de seis renglones cuál es la diferencia...


Taquigráficamente hablando, la diferencia es que el lenguaje no hace diferencias. Ellas están dentro de ellos, todos en el mismo saco. Hay 'miembras' a viva voz, pero no hay miembras por escrito. Así lo quiere el Congreso de los Diputados, que ha suprimido de la transcripción textual de la comparecencia de la ministra de Igualdad de aquel día una palabra que sí pronunció la ministra de Igualdad aquel día: 'Miembra'.


Los servicios de taquigrafía del Congreso registran la literalidad de todo lo que se habla en una intervención, pregunta parlamentaria o comparecencia. Es curioso ver cómo, a lo largo de cualquier sesión, las taquígrafas (abrumadora mayoría femenina en ese mundo de teclas imposibles) no pierden palabra y se van relevando unas a otras, armadas con unos cachivaches de los que cuelgan rollos de papel con lo dicho tal cual sólo un rato antes. Cuando la sesión termina, lo apuntado se transcribe para que quede en acta oficial. Pero no siempre lo que acaba publicado es lo que se dijo literalmente.


Ocurre con los acentos, los dejes regionales. Si un diputado suelta Egggpaña, una taquígrafa escribirá España. Que se lo digan a Bono. Ocurre hasta con lo que no se dice, pero sí se oye. Por ejemplo, cuando las actas del Diario de Sesiones señalan, siempre entre paréntesis, la palabra aplausos. Y ocurre con la sacralidad académica, la corrección lingüística, la pulcritud tan poco movible. La costumbre de los taquígrafos es no reflejar palabras que no estén en el DRAE, el Diccionario de la Real Academia Española.


Una costumbre, no una norma
Bien. Pero es sólo una costumbre, no una ley. No siempre lo que está en las actas está en el diccionario. Por ejemplo, SMS se ha transcrito textualmente: en el Boletín Oficial de las Cortes aparece una pregunta parlamentaria del diputado Miguel Ángel Heredia sobre "información de prestaciones de la Seguridad Social a través de SMS". Está en el Boletín del 27 de junio de 2008, sólo 18 días después del caso 'miembra'.


El asunto que nos ocupa cumplía a medias la costumbre taquigráfica del Congreso. No está el término 'miembra' en el DRAE, pero sí se dijo en sede parlamentaria. ¿Qué hacer?


La pregunta se posó entre las taquígrafas (son mayoría y marcan el género, que es lo que quiso poner de manifiesto la ministra al comprobar que el 90% de la comisión estaba formada por mujeres) que debían pasar al acta oficial el resultado de aquella tarde incendiaria. La decisión fue respetar el "correcto castellano".


Fuentes del Congreso cuentan hoy que, al día siguiente de la polémica, "hubo debate y discusiones" sobre la aparición o no de la palabra y había que respetar o no lo que quería decir Aído. "Una parte opinaba que había que respetar lo que la ministra había dicho conscientemente. Es decir, que no fue un 'lapsus'. De hecho, al día siguiente, ella defendió el uso de esa palabra y propuso su inclusión en el diccionario. Pero otros decían que 'miembra' no está en el diccionario, que era una invención y que no debía aparecer porque no pertenece a ninguna lengua".


Para la historia escrita del Congreso no quedará rastro alguno de una palabra que se dijo en el Congreso y que hizo historia. Sin que la ministra haya pedido su rectificación, que es la única vía por la que se pueden modificar las actas del Congreso de los Diputados.


Cuando los colegios del futuro hagan excursiones a las tripas de los leones de Las Cortes, ningún alumno encontrará algo que quizá le contó su abuelo. O su abuela.

2008/04/10

> Erreportajea: Sexismoa > NI VASCOS Y VASCAS, NI DIPUTADOS Y DIPUTADAS

  • Ni vascos y vascas, ni diputados y diputadas
  • Crecen las alternativas para evitar el masculino a pesar de la Academia. El nuevo Congreso se enfrenta a una moción para cambiar su nombre
  • El País, 2008-04-10 # Javier Rodríguez Marcos

¿Tienen sexo las palabras o, simplemente, género? ¿El hecho de que un término sea masculino o femenino depende de su evolución dentro de una cultura en la que, hasta hace poco, las mujeres eran invisibles o, por el contrario, depende de una serie de reglas gramaticales ajenas a toda ideología? ¿Se refiere también a las vascas el plural "vascos" o es necesario citar ambas formas como hace, incansable, el lehendakari Ibarretxe? ¿Están incluidas las diputadas en el nombre actual del Congreso de los Diputados? La gramática dice que sí, pero los lingüistas no acaban de ponerse de acuerdo. Y la polémica sobre el posible sexismo del lenguaje arrecia. ¿Una nueva batalla contra la discriminación o el enésimo artificio políticamente correcto?


En diciembre de 1978 murió Golda Meir y a más de uno le escandalizó que se hablara de ella como ex primera ministra israelí. Y eso a pesar de que la Real Academia Española había aceptado ya el femenino de ministro. Por no hablar de que, en 1925, Rafael Alberti había llamado a la luna "presidenta de la noche". Con el acceso de las mujeres a profesiones tradicionalmente ejercidas por los hombres han llegado las dudas sobre si la corrección política puede convivir con la gramatical. Es decir, si, en el camino de arquitectas, juezas y abogadas, Angela Merkel será algún día cancillera alemana o Soraya Sáenz de Santamaría, portavoza del PP.


El nombre de las profesiones es uno de los mayores campos de batalla contra el posible sexismo. El otro, y tal vez el más ruidoso, es el desdoblamiento de masculino y femenino -el compañeros y compañeras de Llamazares o el citado vascos y vascas de Ibarretxe-, llamativo por su uso fundamentalmente público y porque rompe una de las reglas más simples del lenguaje, clásica y muy anterior al SMS, la economía: decir todo lo posible con el menor número de palabras posible. Algo que, entre otras cosas y sexos aparte, hace que en ciertos contextos la palabra día incluya también a la noche.


La gramática española recuerda que en las lenguas románicas el masculino es el llamado género no marcado, es decir, que abarca a individuos de los dos sexos. Sirve para los seres humanos, claro, pero también para los animales. Cuando alguien dice que el oso es una especie en peligro de extinción incluye tanto a machos como a hembras. Para Ignacio Bosque, miembro de la RAE, el desdoblamiento es un artificio que distancia aún más el lenguaje de los políticos del lenguaje común. "Si uno habla del nivel de vida de los españoles, es absurdo añadir 'de las españolas'. Suena incluso ridículo", apunta. "Si yo le pregunto a alguien cómo están sus hijos se entiende que también le pregunto por sus hijas. No creo que sea discriminatorio". Bosque es ponente de la comisión que trabaja en la nueva gramática, que estará lista en dos años. La anterior era de 1931 y el esbozo para la renovación, de 1973. El académico insiste en que lo que algunos consideran el "ladrillo simbólico" del patriarcado no responde más que a una simple regla gramatical. La misma que funciona cuando se coordinan un sustantivo masculino y uno femenino. En "Juan y María han ido juntos", "juntos" es un masculino plural: "Así es el idioma, no hay otra forma de decirlo". El lingüista sostiene que incluso los políticos son conscientes de que la doble forma es artificial: "Cuando no tienen delante un micrófono hablan como todo el mundo". Incluso hablando en público los políticos se relajan. Al final del último Consejo de Ministros, la vicepresidenta del Gobierno aseguró, a vueltas con la sequía en Barcelona, que al final habría agua para todos "los barceloneses y las barcelonesas". Acto seguido añadió que en el mismo caso estarían los valencianos, los murcianos y los andaluces. Esta vez, sólo en masculino plural. "Quienes proponen el desdoblamiento se dan cuenta de que no pueden mantenerlo a ultranza", insiste Bosque.


Mercedes Bengoechea, decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares y estudiosa del sexismo en el lenguaje, está de acuerdo con su colega académico: usar el masculino y el femenino sistemáticamente es insostenible. Pero matiza: "Lo importante es que quede en la referencia personal, en los sustantivos". Además, recuerda que el desdoblamiento no es un invento nuevo. Está en el Cantar de Mío Cid, en el Libro de buen amor y en el romancero: "Allí se habla de hombres y mujeres, moros y moras... Es un recurso de la oralidad, es cierto, pero ahí está. Se encuentra hasta después de Cervantes, pero cuando aparecen las academias se crea una norma androcéntrica".


La Real Academia Española se fundó en 1713 y la primera mujer en ingresar en ella, la escritora Carmen Conde, lo hizo en 1978. De los 40 académicos actuales, sólo tres son mujeres. La novelista Ana María Matute, la científica Margarita Salas y la historiadora Carmen Iglesias. Con todo, Bengoechea no cree que el sexismo sea voluntario. Y ése es, en su opinión, el problema. "Ya sé que cuando alguien dice 'telespectadores' no tiene intención sexista", dice. "Es una herencia cultural. Como los toros. También heredamos palabras. Yo misma dejé de usar 'minusválido' porque dos alumnos me dijeron que, como afectados, les sonaba fatal. Preferían 'discapacitado'. Alguien tiene que abrirte los ojos".


Una de las salidas a la polémica del desdoblamiento es el uso de sustantivos colectivos -decir magistratura o justicia en lugar de jueces y juezas- y nombrar las instituciones según la actividad y no según el sexo -Colegio de la abogacía en lugar de Colegio de abogados-. Ignacio Bosque, que recuerda que la nueva gramática limita el desdoblamiento a situaciones en las que su ausencia podría ser malinterpretada -como en el caso de "los españoles y las españolas pueden servir en el Ejército"-, recuerda también que el uso de sustantivos colectivos no siempre funciona. El alumnado es, sí, el conjunto de los alumnos, pero "el conjunto de los enfermos no es la enfermería, ni el conjunto de los médicos es la medicina, ni el conjunto de los periodistas es el periodismo".


Con todo, el lenguaje político y legal ha sido el más vigilante ante el posible sexismo, aunque los legisladores siguen demorando la respuesta a la demanda de quienes piden que se reforme el artículo 14 de la Constitución, el que dice que todos los españoles son iguales ante la ley. ¿Están también las españolas en ese masculino plural? La gramática, ya vimos, dice que sí. Algunas teorías, que no. Entretanto, el Congreso corrigió en noviembre de 2006 los términos considerados sexistas en el nuevo estatuto andaluz. Se añadió "andaluzas" "pueblo andaluz" y "ciudadanía andaluza" donde sólo decía "andaluces". También se añadieron "funcionarias" y "ciudadanas". Todo ello haciendo caso omiso a un informe encargado a la RAE por el Parlamento sevillano.


En ocasiones, el colectivo es una solución fácil, como cuando la Ley de Soldados y Marineros se transformó en Ley de Tropa y Marinería. En otras, la manera de dar con una buena respuesta consiste en eliminar la pregunta. En noviembre de 2004 Convergència i Unió presentó una proposición no de ley para pedir que la futura reforma de la Constitución incluyera que el Congreso lo sea a secas y deje de ser sólo de los Diputados. "El plural masculino es gramaticalmente correcto, pero hace invisibles a las mujeres", afirmó en el debate la convergente Mercé Pigem. Reelegida el pasado 9 de marzo para una Cámara en la que, pese a la Ley de Igualdad, en esta legislatura habrá una mujer menos que en la anterior, la parlamentaria recuerda que se trataba de que "el nombre del Congreso no deje fuera a casi la mitad [menos del 36% en realidad] de sus miembros". Izquierda Unida llegó a plantear incluso que se denominara Congreso de los Diputados y de las Diputadas. Finalmente, la Comisión Mixta de los Derechos de la Mujer y la Igualdad de Oportunidades, formada por 38 mujeres y dos hombres, aprobó la propuesta catalana por unanimidad. La votación, con todo, no era vinculante y su puesta en práctica está supeditada a que la actualización de la Carta Magna vaya más allá de lo propuesto por el propio Gobierno, fundamentalmente reformar el Senado y terminar con la discriminación de la mujer en la sucesión real. "El PSOE se comprometió", afirma Pigem, "pero hay que seguir vigilantes". La legislatura que ahora comienza dirá. Aunque no parece claro que la Constitución vaya a tocarse demasiado, sigue en el aire una medida que a pioneras como Clara Campoamor o Victoria Kent, parlamentarias en los años treinta, les habría resultado de un futurismo intrépido, muy posible pero poco probable. Ellas se llamaban a sí mismas "diputado".


Aun así, el interés de las Cortes está por eliminar en lo posible el lenguaje sexista, siguiendo una sensibilidad cada vez más extendida en la Administración. En 1999 el Ayuntamiento de Madrid decretó que cuando se mencionaran en sus documentos puestos ocupados por personas concretas, se utilizara "el género masculino o femenino que a la persona concreta corresponda". También había decidido modificar sus formularios para evitar formas como "el titular", "el firmante" o "el que suscribe". También los diccionarios han cambiado. En las definiciones se tiende cada vez más a usar "persona que" en lugar del tradicional "el que". "En el fondo, los académicos no están tan en desacuerdo", apunta Mercedes Bengoechea, que recuerda que la publicidad ha empezado también a evitar fórmulas sexistas: "Nos hace visibles para que compremos más, pero es un síntoma". La filóloga, que es una de las impulsoras de Nombra.en.red, una base de datos del Instituto de la Mujer con alternativas para evitar el sexismo, afirma que buena parte de nuestro sentido de la corrección tiene que ver con la costumbre: "Hace 14 años un novelista español dijo que jamás se extendería la forma 'presidenta'. Y hoy la sociedad lo dice con naturalidad. Lo que suena raro es oír 'la presidente'. Si desde que fue elegida se hubiera llamado 'cancillera' a Angela Merkel nos sonaría normal. Pero me temo que ya no se va a feminizar. Ya lo hemos oído mucho".


Ignacio Bosque, sin embargo, recuerda que "canciller" es un nombre común (es decir, masculino y femenino a la vez) en cuanto al género, como otros terminados en -er (ujier, sumiller). Y no se desdobla: "Tiene que ver con paradigmas morfológicos. Estas cosas no son gratuitas. Cuando la Academia propone una solución es porque la ha pensado. Hay que fijarse en un paradigma completo. Existen razones puramente gramaticales para que las cosas sean así".


También son comunes sustantivos acabados en -ista como "pianista" o "artista". Otros, como "modista", también lo son, aunque "modisto" esté cada vez más extendido. Siempre hay casos particulares. En España se dice "clienta", algo que en América es muy raro. La nueva gramática, insisten los académicos, no impondrá una forma. Sólo explicará el uso que hacen los hablantes. Por ejemplo, que jueza está generalizado en Argentina, Costa Rica y Venezuela, pero no en México ni en España. Aunque, paradojas de la lentitud, tal vez lo esté cuando se publique la nueva norma. La política de la RAE es no imponer términos cuyo uso no se ha extendido. Es lo que sucede con "matrimonio", todavía no recogido en el diccionario académico como "unión legal de dos personas del mismo o de distinto sexo": "Si se reúne suficiente documentación de este uso nuevo, tendrá que estar", afirma el profesor Bosque. "La Academia refleja el uso que los hablantes hacen del idioma, no el que los políticos dicen que debe hacerse. Y es evidente que en la lengua común el desdoblamiento, por ejemplo, no se usa porque no hace ninguna falta".


Para quienes vigilan el supuesto sexismo lingüístico, las razones puramente gramaticales no son tan puras. Están, dicen, cargadas de ideología. Ésa es la base del problema y ahí la sintonía parece imposible. Todo el mundo está de acuerdo en que las lenguas no son el resultado de actos conscientes de los hablantes. Pero hay quien sostiene que esa inconsciencia está llena de prejuicios. Para aquéllos, las convenciones lingüísticas no son un reflejo directo de la sociedad. Para éstos, no hay otro más directo: "Se dice que la sintaxis son reglas inocentes y sin ideología porque se ha olvidado la sociedad y la historia que creaba esas reglas patriarcales", recuerda Mercedes Bengoechea. "Quedan restos de su origen. Una lengua nativa norteamericana, por ejemplo, habla de 'pájaros, fuego, mujeres y otros animales peligrosos'. Es curioso que entrasen en la misma categoría. El uso del masculino es una regla gramatical, sí, pero no ajena a la realidad. La lucha de los defensores de la neutralidad del lenguaje también es ideológica, como la nuestra, pero ellos no lo reconocen".


Bosque, en efecto, no comparte las razones extralingüísticas. "Existe discriminación, pero no en el lenguaje, en la vida: laboral y social. Ésa es la verdadera discriminación de las mujeres. La lingüística es falsa". Ambos filólogos coinciden, no obstante, en que los posibles cambios, sean los que sean, tendrán que venir de un uso mayoritario. "Yo evito el lenguaje sexista en lo posible, pero, como decana, por ejemplo, no impongo nada en los asuntos de mi facultad. Debe ser algo natural. También yo hace 20 años pensaba de otra manera", dice Bengoechea. No valen las imposiciones. Las palabras serán de quien sea, rezaba la vieja sentencia africana, pero la canción es nuestra.