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2008/01/21

> Elkarrizketa: Serge Klarsfeld > "EL DRAMA DEL GENOCIDIO LO ES DE LA CULTURA EUROPEA Y CRISTIANA"

  • Entrevista: Serge Klarsfeld · Historiador
  • "El drama del genocidio lo es de la cultura europea y cristiana"
  • El País, 2008-01-21 # Octavi Martí · París

El y su esposa, famosos 'cazadores de nazis', localizaron a una superviviente de Auschwitz que rescató 200 fotografías realizadas por la SS, las únicas de la llegada de trenes con prisioneros a ese campo. Ahora se publican en un libro.


Serge Klarsfeld (Bucarest, 1935) es historiador y abogado. No le interesan las leyes, pero sí la justicia. Él y su esposa Beate se han hecho famosos como cazadores de nazis. La organización nazi Odessa intentó asesinarles. Tienen dos hijos, Arno y Lida. El padre de Klarsfeld, resistente en la misma organización que François Mitterrand, fue detenido por los alemanes en 1943. Murió en Auschwitz tras salvar la vida de su esposa y sus dos hijos.


Serge, a partir de los años sesenta, abandonó su pasión por Balzac y Stendhal, así como su empleo en la televisión pública, para ocuparse de la historia de todos y cada uno de los 76.000 deportados judíos franceses. Y encontró 200 imágenes, realizadas por los nazis, las únicas que documentan la llegada de los trenes de prisioneros a Auschwitz y su posterior selección. Ahora se publican en el libro Auschwitz. El álbum fotográfico de la tragedia (Metáfora). Klarsfeld presenta hoy la edición española, en el Círculo de Bellas Artes, de Madrid, a las 19,30.


Pregunta. ¿Qué recogen las imágenes del libro?
Respuesta. Se trata de una colección de 200 fotos, casi con seguridad tomadas todas ellas por la misma persona, que muestran la llegada, entre el 15 de mayo y el 15 de junio, al campo de concentración y posterior exterminio de miles de judíos húngaros en Auschwitz. Son fotos que muestran cómo se organiza, ya en los andenes de la estación, la selección entre quiénes son enviados directamente a la cámara de gas y quiénes van a ser utilizados como trabajadores forzados. Son como los llamados manuscritos del mar Muerto. Es el último testimonio de la existencia de miles de personas.


P. ¿Quién sacó las fotografías y por qué?
R. En Auschwitz estaba prohibido sacar fotos. Sólo podían hacerlo los responsables del servicio de antropometría, que fotografiaban a los prisioneros para ficharles. Bruno Walter, un antiguo obrero en paro, era el jefe del servicio y Ernst Hoffamann, que había sido profesor, era su ayudante. Ellos tomaron las fotos. Las otras imágenes que poseemos de Auschwitz son las tomadas por la Resistencia en el interior del campo, esas que muestran una mujer desnuda, corriendo, y otras dos en que vemos cómo sacan los cadáveres de las cámaras de gas.


P. ¿Por qué quedan tan pocas imágenes?

R. Porque los nazis las destruyeron. Las 200 de Auschwitz fueron rescatadas por una superviviente, Lili Jacob, que las encontró en el campo de Dora, al que había llegado después que los alemanes abandonaran Auschwitz por el avance de los soviéticos. Y en las fotos ella se reconoció y llegó a identificar a varios de sus familiares.


P. Las fotos estaban ordenadas a partir de criterios "técnicos".

R. Hay algunas leyendas informativas. En la primera de ellas se habla del trasplante de los judíos de Hungría. El término "trasplante" supone traslado y reubicación, no comporta ninguna idea de muerte. Luego se habla de "selección de hombres aptos para el trabajo" o de "hombres no aptos para el trabajo". Y no ser apto significaba la muerte inmediata pero eso no se ve en las fotos. Sólo en un par o tres de imágenes se hace evidente la violencia reinante.


P. ¿Por qué se ha tardado tantos años en conocer la totalidad de las fotos del álbum?

R. Porque en la inmediata posguerra, Lili Jacob vendió a los supervivientes de la comunidad judía de Praga el derecho a sacar copias para poder comprar un billete y emigrar a Estados Unidos. Luego, con la instauración del comunismo, las imágenes quedaron en el Museo judío de Estado de Praga y un juego de copias fue donado al Museo de Auschwitz. Pero nada se decía de su procedencia. En 1964, en un proceso celebrado en Francfort, contra antiguos nazis, las fotos permitieron identificar a algunos guardianes de las SS y Lily Jacob las presentó. Había pasado a llamarse Lili Zelmanovic.


P. ¿Y cómo la localizó?

R. Me puse a buscarla poco tiempo después. En Francfort me explicaron que vivía en Miami pero, una vez allí, no había ninguna mujer que se llamase así. Contraté a un detective que enseguida descubrió que el señor Zelmanovic había muerto y que ella ahora respondía a otro apellido. Se había casado con Eric Meier, un alemán y antiguo resistente y soldado contra el nazismo. Fui a su casa y, al principio, se mostraba reticente a recibirme. Cuando le dije que conocía el número con que la habían tatuado al entrar al campo (un número que ella se había hecho borrar) aceptó hablar conmigo.


P. ¿Y cómo le convenció para que se desprendiera de las fotografías?

R. Enseguida tanto a ella como a Eric les pareció lógico que aquel álbum no siguiese estando en su casa, sino que había que donarlo al pueblo judío, en Jerusalén, al Yad Vashem, el memorial del genocidio. Con mi esposa Beate les organizamos el viaje a Jerusalén. Luego, en 1980, publicamos una primera edición del álbum, en francés y en inglés.


P. Sorprende la tardanza en revelar el conjunto de las fotos, su origen y su historia.

R. Cuando terminó la II Guerra Mundial no había un gran interés en hablar del genocidio judío. Era el momento de los ganadores, de los soldados heroicos, de los generales que habían ganado la guerra. Se celebraba a quienes habían tenido un papel activo en el desarrollo de la guerra. Los judíos aparecían en un papel pasivo. Eran los nazis quienes les habían elegido para ese papel. Ni siquiera tenían derecho a abjurar de la religión, que sí lo tuvieron en otras persecuciones. Y para buena parte de Europa esos judíos del Este eran algo así como gitanos, gente aparte, con otra cultura, pobres. En el Viejo Continente de 1930 eran casi los únicos no cristianos. No se les tenía en gran estima. El drama del genocidio es un drama de la civilización europea y cristiana. Luego, la guerra fría, con la división del mundo en dos bloques, no facilitó las cosas.


P. Entonces, las personas que aparecen en la fotografía ¿son judíos húngaros?

R. Sí y no. Son judíos de Rutenia, de una zona vecina a los Cárpatos, que había pertenecido al Imperio Austro-húngaro hasta 1918; luego, pasó a ser territorio eslovaco; a partir de 1939, húngaro y, una vez acabada la guerra, soviético. Hoy, la región forma parte de Ucrania.


P. Usted ha contribuido a que el ex presidente francés Jacques Chirac rompiera con la explicación histórica del gaullismo y reconociera la responsabilidad de la República Francesa en la deportación de miles de judíos.
R. No. La responsabilidad no es de la República, sino de Francia. La República había dejado de existir, pero el mariscal Pétain y su primer ministro Pierre Laval, al frente del régimen de Vichy, simbolizan Francia. No eran personajes de segunda fila. Laval, como ministro de la III República, había viajado a Moscú, Berlín y Washington. Pero también hay que decir que el 75% de los judíos que vivían en Francia sobrevivió y eso fue así gracias a los franceses. El 25% que murió fue a causa de Vichy.

2008/01/09

> Iritzia: Carlos Jiméz Villarejo > YA PUEDE NEGARSE EL GENOCIDIO NAZI

  • Polémica sentencia del Tribunal Constitucional
  • Ya puede negarse el genocidio nazi
  • Eliminar el castigo del negacionismo no fortalece la libertad de expresión y puede afectar a la convivencia
  • El Periódico de Catalunya, 2008-01-09 # Carlos Jiménez Villarejo · Exfiscal anticorrupción
Hace tiempo, un juzgado de Barcelona condenó al titular de la Librería Europa de Barcelona por dos delitos de genocidio, uno consistente en negar o justificar el exterminio nazi de los judíos, y el otro en llamar a la discriminación, al odio y a la violencia por motivos racistas. La condena quedó en suspenso porque la Audiencia de Barcelona, antes de resolver definitivamente, planteó, relativizando ya los hechos, que, ante "meras opiniones sobre hechos históricos", el primer delito podría contradecir el derecho fundamental a la libertad de expresión y, por tanto, ser inconstitucional. Finalmente, siete años después, el Tribunal Constitucional, con una fuerte oposición en su seno, ha resuelto que la acción de negar los delitos de genocidio está amparada por aquel derecho y la libertad de cátedra, y carece de relevancia penal. Por tanto, ya puede afirmarse impunemente que el nazismo, el estalinismo y otros regímenes totalitarios no llevaron a cabo desplazamientos forzosos de población y no cometieron asesinatos, torturas o violaciones en masa.


Conviene recordar los hechos que fundaron la condena: "El acusado Pedro Varela Geiss (...) ha venido procediendo de forma habitual y continuada (...) a la distribución, difusión y venta de todo tipo de materiales en soporte documental y bibliográfico, libros, publicaciones, cartas, carteles, etcétera, en los que, de forma reiterada e inequívocamente vejatoria para el grupo social integrado por la comunidad judía, se negaba la persecución y genocidio sufridos por dicho pueblo durante el periodo histórico de la segunda guerra mundial". Ante tales hechos, la resolución del alto tribunal --de la que es ponente Eugeni Gay-- es gravemente errónea y preocupante. Las razones son obvias. La mera negación de genocidios constatados y acreditados implica un grave y evidente menosprecio hacia las personas que los sufrieron y un atentado contra toda la sociedad, en cuanto constituye una incitación al odio contra determinados colectivos per razones racistas o xenófobas. La tesis del tribunal, que elimina el castigo penal de esa conducta no fortalece la libertad de expresión, sino que más bien representa un serio peligro de que pueda generarse un clima de aceptación y olvido de tales delitos. Ello es manifiestamente improcedente en el seno de una sociedad democrática, y además propicia el surgimiento de brotes de violencia racial o étnica.


Sentencias anteriores del Constitucional, tras subrayar que el derecho a la libertad de expresión no es absoluto, recordaban, en relación con los crímenes nazis, que ha de distinguirse entre lo que son "meras afirmaciones, dudas u opiniones acerca del Holocausto (...)" y "aquellas opiniones que presentaren juicios ofensivos, que no se limitaran a aportar correcciones exclusivamente personales de la historia sobre las persecuciones de los judíos, o sobre cualquier otro tipo de homicidio cometido, sino que conllevaren imputaciones efectuadas en descrédito o menosprecio de las víctimas del mismo, que no podrían quedar amparadas por el derecho reconocido en el art. 20.1 a) CE".


Precisamente, la acción tipificada por el artículo 607.2 del Código Penal, la negación del delito de genocidio, consiste no solo en la mera difusión de ideas u opiniones sobre los fenómenos genocidas, sino en que esta difusión, con un propósito discriminador y ofensivo para las víctimas, trata de generar un estado de opinión favorable al genocidio planificado y sistemático. Y es lo que dicho precepto castiga en las dos formas de negación o justificación: la presentación del delito de genocidio como un acto justo en términos tales que supone una incitación, por indirecta que sea, a su comisión.


Precisamente por todo ello, la propuesta de decisión marco relativa a la lucha contra el racismo y la xenofobia (Consejo de la UE del 20 de abril de 2007) fija la obligación de los estados miembros de adoptar medidas que garanticen el castigo no solo de la apología pública de los crímenes de genocidio, sino también de la negación o trivialización flagrante de los mismos, a los casos en que "la conducta se ejecute de tal manera que pueda implicar una incitación a la violencia o al odio" contra el grupo social afectado. Es decir, la propuesta mencionada sigue el criterio que estaba vigente en el Código Penal español. Y, desde luego, no se plantea duda alguna acerca de que la negación de los crímenes de genocidio obliga a los estados a adoptar medidas punitivas siempre que concurra el propósito ya mencionado.


Es significativo que el fiscal se opusiera a la posición del Constitucional y reconociera el resurgimiento en los últimos tiempos de movimientos xenófobos --claramente inspirados en los postulados defendidos en su día por el nacionalsocialismo-- cuya expansión puede generar un notable riesgo de desestabilización del sistema democrático, lo que constituye una justificación suficiente para el mantenimiento de dicho delito, así como para la injerencia estatal en el derecho a la libertad de expresión respecto de aquellas opiniones o juicios de valor que pudieran atentar contra el interés general. Siempre con el fin de evitar que, por medio de la difusión de ideas o doctrinas de contenido xenófobo o discriminatorio, llegasen a la opinión pública un conjunto de mensajes que pudieran generar planteamientos claramente contrarios a los derechos humanos y favorables a la comisión de delitos contra la humanidad.