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2008/12/01

> Iritzia: Josebe Egia > PERPLEJA ME DEJAN

  • Perpleja me dejan
  • Gara, 2008-12-01 # Josebe Egia

Pues sí. Estoy perpleja ante la cantidad de hombres que se han sentido agredidos por mi reflexión de la semana pasada en torno a que, ante la violencia de género, el silencio es cómplice. Hasta Bikin, fuera de toda sospecha de machismo, no lo ha comprendido. Y eso que intenté matizar al máximo el artículo en cuestión, precisamente para evitar sentimientos de culpabilidad a los hombres en general.


Es curiosa la repugnancia que sienten los hombres ante cualquier generalización respecto a ellos mismos. «Yo no soy un género, sino una persona», contestan ante cualquier manifestación de sorpresa por su falta de implicación en la lucha contra la violencia hacia las mujeres. Sin embargo, no existe el mismo rechazo a la hora de generalizar sobre las mujeres, ni por parte de ellos ni de las propias mujeres, mucho más dispuestas a analizar el problema como colectivo que como consecuencia de actitudes individuales. La diferencia de planteamiento es tan curiosa que cuando se habla del asesinato de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas, muchos hombres se preguntan: ¿qué les pasa a las mujeres?, cuando la pregunta lógica es: ¿qué les pasa a los hombres?


Porque lo raro es que todavía sean tan pocos los que se han agrupado para trabajar este tema. Lo normal -ante la gravedad del problema- sería que muchos hombres estuvieran dispuestos a dedicar su tiempo y su esfuerzo para mostrar rechazo a los agresores. Que miles de padres se sintieran preocupados por la formación sexista -actitudes prepotentes hacia las mujeres- que transmiten a sus hijos o que reciben sus hijos en la escuela, en su entorno, a través de los medios de comunicación, de los juegos violentos... Lo asombroso es que la mayoría de los hombres piense que el problema de las agresiones machistas no tiene nada que ver con ellos -ya que ellos no son agresores-, mientras que la mayoría de las mujeres creemos que tiene que ver con nosotras, aunque no hayamos sido agredidas personalmente.


Volviendo a la complicidad del silencio, dice Robert Connell -sociólogo australiano- que «la mayoría de los hombres somos cómplices del proyecto dominante de masculinidad aunque no logremos practicarlo totalmente, ya que a fin de cuentas todos los hombres nos `beneficiamos' del machismo de otros hombres». Pone como ejemplo de ello que «cada vez que un hombre maltrata a una mujer, se reafirma el mensaje de que los hombres tenemos poder sobre las mujeres. Así, muchos otros hombres individuales no necesitamos golpear a las mujeres porque basta con que unos lo hagan para que todas las mujeres `agarren la seña': Los hombres tienen el permiso cultural de maltratar a las mujeres si sienten amenazado su poder». De ahí su teoría de la complicidad: «Al ser cómplices no nos ponemos en la línea frontal del machismo. Otros hacen el trabajo sucio; otros son los malos de la película aunque todos saquemos ventaja».


Conclusión: Chicos, ¡no os enfadéis conmigo! Más bien pensad en qué podéis hacer cada día para contribuir a erradicar la violencia de género.

2008/11/24

> Iritzia: Josebe Egia > SILENCIO COMPLICE

  • Silencio cómplice
  • 2008-11-24 # Josebe Egia

Mañana es el Día Internacional contra la Violencia de Género. Esta violencia contra las mujeres que es el pan de cada día y se produce en distintos ámbitos, como han denunciado en el Parlamento de Gasteiz organizaciones feministas y asociaciones de mujeres, a la vez que exigían la puesta en marcha real de recursos contra esta violencia en todas sus expresiones.


Hay un dato que ha hecho público el Departamento de Interior que resulta estremecedor: el tramo de edad que más mujeres agredidas aglutina actualmente -más del 52% del total- se sitúa entre los 23 y los 40 años. A su vez, especialistas en esta materia dejan claro que no existe un perfil ni prototipo de maltratador -los hay de todas las edades y en todos los estratos sociales- y son los que están dando la voz de alarma de que el maltrato de género está siendo protagonizado por chicos de 18 a 25 años. Algo estamos haciendo rematadamente mal para que una generación que, teóricamente, ha crecido en una cultura más igualitaria reproduzca los peores patrones masculinos de la cultura patriarcal.


No cabe duda de que la relación de los jóvenes y de los hombres en general con la violencia hacia las mujeres resulta muy compleja. Con independencia de su complejidad, se trata de una relación que afecta a todos los hombres, de forma directa o indirecta: hay demasiados hombres que practican la violencia. Mientras tanto, la gran mayoría de los hombres ha permanecido en silencio ante esta violencia y, con ese silencio, han permitido que ésta continúe. No se trata de culpabilizar a los hombres, ya que, incluso para los muchos que no la utilizan, sus vidas también se han visto profundamente afectadas por la construcción de esa misma masculinidad que entraña el uso de la violencia.


De todos modos, se puede apreciar una «complicidad» masculina en el modo que los hombres tratan a las mujeres: a veces con chistes y, otras, con conductas más degradantes. Quizás esa complicidad es una de las pocas formas que aprendieron para establecer camaradería entre ellos y, desde ella, se sienten seguros para ser aceptados por los demás hombres. Romperla puede poner en riesgo la amistad con los otros, y, sin embargo, es uno de los elementos necesarios para erradicar la violencia de género. Es necesaria la implicación de los hombres contra la violencia, rompiendo la complicidad entre sus machismos.


Desde esta perspectiva, es oportuna la iniciativa de Emakunde a través de Gizonduz para involucrar a los hombres de la CAV firmando la «Carta de los hombres vascos por la igualdad y contra la violencia de género». Quien quiera suscribirla puede hacerlo a través de la página www.euska di.net/gizonduz. El jueves la firmaron algunos parlamentarios y hoy el lehendakari presidirá en Bilbo un acto basado en este objetivo. Es de saludar el compromiso de los hombres que están firmando la carta. Está bien que los políticos la suscriban, siempre y que se trate de una postura de verdad, no vaya a pasar como con los alardes: mucha declaración y poco compromiso real.

2008/11/03

> Iritzia: Josebe Egia > AISHA

  • Aisha
  • Gara, 2008-11-03 # Josebe Egia
La semana pasada, pródiga en noticias que me gustaría comentar en este txoko, nos ha dejado una que ha pasado prácticamente inadvertida. Lleva nombre de mujer y proviene de África.

Aisha Ibrahim Dhuhulow, somalí de 23 años, fue enterrada hasta el cuello y, después, apedreada hasta la muerte por medio centenar de hombres ante una multitud de personas que contemplaban el «espectáculo». El líder islámico de Kismayo -al sur de Somalia- aseguró que la mujer había confesado ser adultera y había demandado la Sharia y su lapidación. Esto se contradice totalmente con lo que testifican quienes vieron la ejecución. Aisha, arrastrada a la plaza atada de pies y manos, fue metida en el agujero entre gritos de protesta que el saco negro que cubría su cabeza no ahogaba. Cuando sus familiares pretendieron acercarse, se encontraron con los disparos de los guardias islamistas que mataron a un niño.

La familia de la joven negó que Aisha hubiera confesado la comisión de adulterio y que ella hubiera pedido que la lapidaran. Una de sus hermanas consideró la ejecución «contraria a la religión y a la lógica» -e inhumana, injusta, inmoral, indigna, brutal, despiadada, cruel, sanguinaria... añadiría yo- y aseguró que para matar a una adúltera al menos debe haber cuatro testigos de la relación, incluida la penetración, así como la confesión del hombre, del que, por cierto, en este caso no se sabe nada.

Aisha Ibrahim Dhuhulow, no ha podido contar con el apoyo que tuvo la nigeriana Amina Lawal en 2001, cuando fue condenada por un tribunal islámico a morir lapidada y gracias a la labor de organizaciones de derechos humanos locales y una campaña mundial en su favor se consiguió dejar sin efecto su sentencia de muerte. Los familiares de Aisha reclaman a la comunidad internacional que «detenga y castigue a los responsables», pero no parece que su petición vaya a tener ningún eco. Pasará como con la propia lapidación.

Para lo que sí se utilizan estas infamias es para acrecentar interesadamente la islamofobia. Se insiste en presentar al Islam como una religión violenta y expansiva, identificando Islam y fundamentalismo, cuando esto no es así. En el Corán no figuran ni lapidación, ni ablación, ni infibulación, ni malos tratos a mujeres. Lo que sucede, como con el fundamentalismo de otras religiones, es que prevalecen la interpretación y las normas elaboradas por los hombres. Las mujeres no reciben el mismo trato que éstos ni en la ley ni ante los tribunales, y son especialmente vulnerables a juicios sin las debidas garantías porque, debido a su mayor tasa de analfabetismo, es más probable que firmen confesiones de delitos que no han cometido.

Con la lapidación de Aisha ha coincidido la celebración en Barcelona del III Congreso de Feminismo Islámico. Romper con los tópicos, reivindicar derechos y religión y abrir una brecha en el estereotipo que dice que el Islam es una religión intrínsecamente ligada a la misoginia son algunos de los objetivos de sus participantes. Agur Aisha.

2008/10/06

> Iritzia: Josebe Egia > NO NOS DEJAN BORRARNOS

  • No nos dejan borrarnos
  • Gara, 2008-10-06 # Josebe Egia

Los estados español y francés nos obligan a ser parte de ellos y la Iglesia católica, ahora con el apoyo impagable del Tribunal Supremo, también nos fuerza a seguir engrosando sus números queramos o no. Poco le importa que cada vez haya un mayor número de personas que en su día -cuando no podían decidir- fueron bautizadas y ahora quieran dejar de formar parte de una institución que jamás han escogido y que trata de imponer una ideología que está en contra de sus propias creencias. Vamos, que la libertad de conciencia, a ella que tanto apela a la conciencia, le importa un bledo.


La declaración de apostasía es el único medio que la Iglesia católica reconoce, en principio, para que una persona bautizada deje de pertenecer a ella de forma voluntaria, ya que no ejercer la práctica religiosa -en 2004 sólo el 28,4% de las y los católicos del estado español se declaraban practicantes- si no hay una manifestación formal de abandono de la Iglesia no tiene ningún efecto. Pero apostatar, hasta ahora, era una auténtica prueba de resistencia, porque la Iglesia se ha dedicado a poner todas las trabas burocráticas posibles a las declaraciones de apostasía. Ahora, con la sentencia del TS que permite a la Iglesia burlar la Ley de Protección de Datos -a la que hasta ahora se acogían quienes querían apostatar para hacer desaparecer sus datos de los libros de bautismo- va a resultar una misión casi imposible.


En este camino se quedan, de momento, las casi 500 peticiones de apostasía que dentro de la campaña que ha realizado para darse de baja de la Iglesia católica -por machista, patriarcal, homófoba, clasista y antidemocrática- ha tramitado la Asamblea de Mujeres de Bizkaia ante la Agencia Estatal de Protección de Datos, por lo que habrá que buscar otros caminos. El jurídico es el recurso de amparo individual ante el Tribunal Constitucional. El político, forzar al Gobierno español a que legisle a favor de la libertad de conciencia, para dar cauce legal a la demanda y derecho a la apostasía de forma pública.


Vista la connivencia que increíblemente se está dando entre el Gobierno y la Iglesia católica, parece claro que éste no va por ese camino. De hecho en octubre de 2007 ya se salió por la tangente ante la propuesta de IU de crear por ley un registro estatal de autoexpulsados de la Iglesia. Los funerales de Estado católicos, las tomas de posesión de cargos públicos presididas por crucifijos y, sobre todo, la injusta financiación de esta Iglesia -a pesar de sus manifestaciones en defensa de la familia tradicional, su frontal rechazo al matrimonio homosexual, o contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía, por citar sólo sus «cruzadas» más recientes- indican que el PSOE no apuesta realmente por un Estado laico.


Habrá que presionar, pues, para ejercer el legítimo derecho de apostatar y no seguir figurando en estadísticas que se utilizan como argumento para mantener privilegios, denunciando, una vez más, que los poderes públicos no se pueden plegar a los intereses de la jerarquía católica.

2008/04/07

> Iritzia: Josebe Egia > REVUELTO EL PATIO JUDICIAL

  • Revuelto el patio judicial
  • Gara, 2008-04-07 # Josebe Egia

Sí, el patio judicial está revuelto. Ha trascendido de tal modo a la opinión pública la desidia con que se trabaja en algunos -demasiados- juzgados, que el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) no ha tenido más remedio que intervenir. El caso concreto es la actuación judicial con Santiago del Valle. Este fue juzgado en 2002 por abusos a su hija, no se dictó Sentencia hasta 2005 y, por error, se le dejó en libertad. Probablemente este desaguisado no se habría conocido sin la circunstancia de que Santiago del Valle es el principal sospechoso de la muerte de Mari Luz Cortés, la niña asesinada en Huelva. Hoy el CGPJ decidirá cómo sancionar al juez Tirado, si con el traslado forzoso, la suspensión o la separación de la carrera judicial.


El CGPJ, ante estos hechos, ha decidido reformar su sistema de inspección, lo que, seguro, es necesario. Tan necesario como que haya un mayor control de la salud mental de las y los jueces. La propia comisión disciplinaria del CGPJ acaba de admitir una realidad conocida en la judicatura: hay jueces y juezas con graves problemas de salud mental que continúan en sus puestos de trabajo y toman decisiones sobre la vida de las y los ciudadanos. Incluso la Asociación Jueces para la Democracia viene exigiendo un mayor control de la salud mental del colectivo.


Hay profesiones que, por la trascendencia y responsabilidad social de su trabajo, exigen un mayor control sobre la salud mental de quienes las ejercen. Se da el caso de que para ser bombero, policía o piloto hay que demostrar que se está en pleno uso de las facultades mentales. Sin embargo, un juez o una jueza -que decide sobre la vida y hacienda de las y los ciudadanos- no. Tampoco se evalúa este aspecto durante sus años de ejercicio profesional. ¿Y si tiene un trastorno bipolar o esquizofrenia? ¿O es una persona con problemas de personalidad, como algunas de las que sufrimos más directamente en Euskal Herria? Pues... el nivel de indefensión de la ciudadanía es casi total.


Y digo casi, porque recientemente -tras mucho pelear y con un costo económico importante- el matrimonio formado por Vanesa de las Heras y Susana Meseguer ha conseguido que el CGPJ suspendiera en sus funciones al juez Ferrín Calamita, por retardo malicioso en la administración de justicia. Este venía impidiendo de forma ilegal la adopción por De las Heras de la hija de Meseguer. Un proceso que suele durar un mes está enquistado desde mayo de 2006 por este juez de Murcia que es capaz de dilatar sine die procesos sólo por sus convicciones religiosas y se destaca por las resoluciones contra el colectivo homosexual.


En teoría, el trabajo de una o un juez se ejercita de forma totalmente independiente, sin interferencias ideológicas, y se basa en argumentos razonados extraídos de la legalidad vigente. Algo así como si fueran seres angelicales de otro mundo. Lo malo es que conocemos la práctica que, en muchísimas ocasiones, es el reverso de esta moneda.

2008/03/31

> Iritzia: Josebe Egia > DOBLE EXCLUSION

  • Doble exclusión
  • Gara, 2008-03-31 # Josebe Egia

Una vez más este fin de semana las calles vascas se han hecho eco de una reivindicación: los derechos básicos para las personas inmigrantes y gitanas y la promulgación o modificación de las leyes necesarias para hacerlos efectivos. La XI Marcha contra el Racismo y la Xenofobia, que con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial se celebra los 21 de marzo, este año se ha retrasado por la Semana Santa, y ha contado con la adhesión de 49 organismos, conscientes de que la sociedad vasca no está exenta de racismo y xenofobia.


¡Vaya que si existe! No hay más que ver cómo tratamos en general a las y los inmigrantes. Unas veces con temor, otras con desprecio o ignorándolas, y otras, la mayoría, explotándolas sin rubor aprovechando que tienen menores niveles de protección. Pues bien, todo esto se acrecienta si hablamos de mujeres inmigrantes. Del mismo modo que está demostrado que en la práctica totalidad de los ámbitos existe discriminación hacia las mujeres vascas, podemos afirmar que las mujeres inmigrantes están doblemente excluidas: por ser mujer y por ser inmigrante. Doble exclusión que se entrecruza y se refuerza en uno y otro sentido. Muchas veces se abusa de ellas aprovechando la situación de indefensión que conlleva su condición de inmigrante -mucho más si no tiene papeles- y muchas otras se abusa de las inmigrantes mujeres por su propia condición de mujer previamente excluida.


La situación de ilegalidad, de inestabilidad laboral y de falta del permiso de residencia en que se encuentran la mayoría de estas mujeres les provoca una sensación de tensión y estrés constante. A su vez, esta situación de irregularidad les hace más vulnerables al acoso o a la violencia ya que, por temor a ser expulsadas, no denuncian estas situaciones y ni siquiera buscan asesoramiento jurídico.


Por otra parte, los empleos a los que pueden optar son precarios, con sueldos bajos y largas jornadas laborales -servicio doméstico, cuidado de criaturas, personas ancianas y discapacitadas, hostelería...-. Eso cuando no se ven abocadas a la prostitución por extorsiones, deudas contraídas o como única forma de supervivencia. Todo ello ha generado una percepción social simplista sobre las mujeres inmigrantes. La realidad, sin embargo, muestra una gran variedad de situaciones.


Cada vez un mayor número de mujeres inicia por su cuenta el proyecto migratorio con el fin de lograr una mayor independencia; escapar de las normas a las que se ven sometidas en algunos de sus países de origen -matrimonios convenidos, repudio, violencia de género- o simplemente normas morales y religiosas que las cohíben en su proyecto de vida. Así, el colectivo de mujeres inmigrantes es tan heterogéneo como las sociedades de las que forman parte. Por tanto, de cara a su necesaria integración sin discriminaciones, tanto desde las instituciones como desde la sociedad civil, no puede existir una mirada única hacia ellas, sino diversificada y alejada de estereotipos.

2008/01/07

> Iritzia: Josebe Egia > INTOLERANCIA Y MIEDO: DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

  • Intolerancia y miedo: dos caras de la misma moneda
  • Gara, 2008-01-07 # Josebe Egia

A David le apalearon salvajemente unos cobardes. David es gay. Sus agresores, además de intolerantes y miedosos, no sabemos lo que son. Es muy probable que la violencia de estos «machitos» tenga que ver con el reflejo de su propio miedo a la homosexualidad latente que tienen -tenemos- y de la que no quieren -ni queremos- ser conscientes. En definitiva, han aplicado ese refrán viejo de «dime de que alardeas y te diré de que careces».


Hay un hecho que, aunque demostrado, se suele ocultar y, sin embargo, es importante comprenderlo: todas las personas tenemos la capacidad inherente de reaccionar sexualmente tanto con personas del mismo sexo como con las del sexo opuesto. Otra cuestión es que la educación ha canalizado nuestra respuesta sexual hacia personas del otro sexo. A pesar de ello, cada persona tiene su propio modo instintivo de identificación sexual. Muy pocas tienen sentimientos totalmente homosexuales o heterosexuales durante toda su vida. Un gran porcentaje de heterosexuales ha sentido atracción hacia personas de su mismo sexo. La sexualidad humana no es como dos caras opuestas: la heterosexual y la homosexual, sino que incluye una rica variación de posibilidades. Sin embargo, a través del género, nuestra cultura desde la infancia nos ha inculcado valores que refuerzan la heterosexualidad.


Las investigaciones del doctor Kinsey demostraron que cerca de un 10% de la humanidad es principalmente homosexual. El porcentaje de la población que es gay o lesbiana es considerado sin importar el período histórico o la cultura bajo estudio. La única diferencia es el grado de aceptación hacia la homosexualidad de cada sociedad. También cerca de un 10% de la población humana es zurda. Hace doscientos años esto era considerado como la marca de la brujería, un signo de perversión. La fobia hacia la brujería fue tan fuerte que se llegó a torturar y matar gente por ser zurda. Tales actos pueden sonarnos hoy increíbles. Seguramente en el futuro se recordará con asombro la fobia hacia gays y lesbianas y los riesgos de ejercer como tales en pleno siglo XXI. Las fobias son miedos irracionales que pueden afectar a personas teóricamente sanas. Hay a quienes les aterra entrar en un ascensor, y quienes sudan frío al pensar en subir a un avión. Pues bien, la homofobia y la lesbofobia es un miedo intenso y sin razón a gays y lesbianas. La gente homofóbica, que les odia y teme por igual, se dedica a perpetuar ideas falsas sobre estas personas que pueden ser muy hirientes e incluso crueles, a veces con chistes, otras menospreciándoles, o, en casos extremos, utilizando la violencia.


Por eso me emociona David, y las personas como él. Son valientes. Saben las consecuencias sociales que implica vivir claramente su opción sexual y deciden hacerlo, a riesgo de tropezar con homófobos... a los que hay que encerrar urgentemente.